Cuidados hospitalarios en pacientes pediátricos con pancreatitis aguda

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 227

Autor principal (primer firmante): Monica Ramos Cañada

Fecha recepción: 21/09/2026

Fecha aceptación: 18/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 227

Autores:

  • Monica Ramos Cañada
  • Natalia Miro Ferrer
  • Saudy Mauden Gómez Álvarez
  • Awa Kouyate Diabate
  • Tamara Calero Bajoz
  • Francisco José Marín Gaspar

Palabras clave: pancreatitis aguda, pediatría, dolor abdominal, fluidoterapia, nutrición enteral, cuidados hospitalarios, complicaciones.

Resumen

La pancreatitis aguda es un proceso inflamatorio del páncreas que puede aparecer durante la infancia y presentar una evolución variable, desde cuadros leves de resolución rápida hasta formas graves asociadas a alteraciones sistémicas y complicaciones locales. El dolor abdominal, las náuseas y los vómitos constituyen algunas de las manifestaciones más frecuentes.

La atención hospitalaria debe comenzar con una valoración clínica completa que permita confirmar el diagnóstico, identificar la posible etiología y determinar la gravedad. El control del dolor constituye una de las prioridades asistenciales y debe realizarse mediante analgesia adaptada a las necesidades del niño. La administración de líquidos intravenosos debe individualizarse y reevaluarse según la evolución clínica, diuresis y estado hemodinámico.

La alimentación oral precoz se recomienda cuando existe tolerancia y no es necesario mantener un ayuno prolongado de forma sistemática. Cuando no puede alcanzarse una ingesta suficiente, debe favorecerse la nutrición enteral. Durante el ingreso es necesario vigilar posibles complicaciones como alteraciones hidroelectrolíticas, insuficiencia respiratoria, lesión renal, colecciones pancreáticas o necrosis. Los cuidados de Enfermería incluyen control del dolor, balance hídrico, tolerancia alimentaria y vigilancia de signos de deterioro. La educación del niño y su familia y la identificación de la causa son fundamentales para prevenir nuevos episodios.

Abstract

Acute pancreatitis is an inflammatory process of the pancreas that may occur during childhood and have a variable course, ranging from mild and rapidly resolving episodes to severe forms associated with systemic disturbances and local complications.

Abdominal pain, nausea and vomiting are among the most common manifestations.

Hospital care should begin with a complete clinical assessment to confirm the diagnosis, identify the possible aetiology and determine severity. Pain control is one of the main priorities and should be provided through analgesia adapted to the child’s needs.

Intravenous fluid administration should be individualised and reassessed according to clinical evolution, urine output and haemodynamic status.

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Early oral feeding is recommended when tolerated and prolonged fasting should not be routinely maintained. When adequate oral intake cannot be achieved, enteral nutrition should be favoured. During hospitalisation, potential complications such as fluid and electrolyte disorders, respiratory failure, kidney injury, pancreatic collections or necrosis should be monitored. Nursing care includes pain assessment, fluid balance, feeding tolerance and monitoring for signs of deterioration. Education of the child and family and identification of the cause are essential to prevent further episodes.

Introducción

La pancreatitis aguda es una enfermedad inflamatoria del páncreas que también puede aparecer durante la infancia y adolescencia. Aunque comparte algunas características con la enfermedad observada en adultos, las causas y determinadas particularidades de su manejo pueden ser diferentes.

En pediatría pueden intervenir enfermedades biliares, traumatismos abdominales, medicamentos, infecciones, alteraciones metabólicas y factores genéticos, entre otras causas.

El diagnóstico requiere habitualmente la presencia de al menos dos de tres elementos: dolor abdominal compatible, elevación de amilasa o lipasa al menos tres veces por encima del límite superior de normalidad y hallazgos de imagen compatibles.

La mayoría de los niños presenta una evolución favorable mediante tratamiento de soporte. Sin embargo, algunos pacientes desarrollan formas graves que necesitan una vigilancia más estrecha y, ocasionalmente, ingreso en cuidados intensivos.

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Los cuidados hospitalarios deben dirigirse hacia el control de los síntomas, mantenimiento de una adecuada perfusión, nutrición precoz y detección de complicaciones.

Desarrollo

Manifestaciones clínicas

El dolor abdominal constituye el síntoma más habitual.

Suele localizarse en epigastrio y puede irradiarse hacia la espalda.

En niños pequeños la localización puede resultar poco precisa y manifestarse simplemente mediante irritabilidad o rechazo de la alimentación.

También son frecuentes las náuseas y los vómitos.

La intensidad del dolor no permite determinar por sí sola la gravedad de la pancreatitis.

Valoración inicial

El niño debe ser valorado de forma sistemática desde su llegada.

Deben registrarse frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, presión arterial, temperatura y saturación de oxígeno.

También es necesario valorar el estado de hidratación, perfusión periférica y nivel de conciencia.

La presencia de taquicardia persistente, hipotensión, dificultad respiratoria o disminución de la diuresis puede indicar una evolución más grave.

La reevaluación periódica resulta fundamental durante las primeras horas.

Confirmación diagnóstica

La elevación de lipasa y amilasa ayuda a establecer el diagnóstico.

La lipasa suele utilizarse especialmente debido a su mayor especificidad pancreática y a que permanece elevada durante más tiempo.

Sin embargo, el nivel alcanzado por las enzimas no permite establecer directamente la gravedad.

No resulta necesario esperar a que los valores se normalicen para considerar que existe mejoría clínica.

La evolución debe valorarse mediante el conjunto de síntomas y signos.

Estudios de imagen

La ecografía abdominal constituye una de las primeras técnicas utilizadas, especialmente para valorar una posible causa biliar.

También puede proporcionar información sobre el páncreas y estructuras abdominales.

La tomografía computarizada no necesita realizarse de forma rutinaria en todos los niños con un cuadro típico.

Puede reservarse para pacientes con diagnóstico dudoso, mala evolución o sospecha de complicaciones. Las recomendaciones pediátricas de NASPGHAN sitúan la ecografía entre las pruebas iniciales y reservan CT o MRI para casos más complejos o seleccionados.

Identificación de la etiología

La búsqueda de la causa forma parte de la valoración inicial.

Deben conocerse medicamentos recientes, traumatismos abdominales e infecciones previas.

También se investigan antecedentes familiares de pancreatitis y episodios similares anteriores.

Las pruebas iniciales pueden incluir enzimas hepáticas, bilirrubina, triglicéridos y calcio.

Los episodios recurrentes requieren un estudio más amplio debido a la posibilidad de factores estructurales o genéticos.

Dolor

El control del dolor constituye una de las principales prioridades.

Debe utilizarse una escala adecuada a la edad y capacidad de comunicación. El dolor intenso puede necesitar analgésicos opioides.

No existe una indicación general para evitar estos medicamentos cuando son clínicamente necesarios.

Debe reevaluarse regularmente la respuesta después de administrar analgesia.

Un incremento brusco o cambio en las características del dolor obliga a reconsiderar la evolución.

Náuseas y vómitos

Los vómitos pueden dificultar la hidratación y alimentación. Los antieméticos pueden utilizarse cuando están indicados. Debe registrarse la frecuencia y características de los episodios.

La persistencia de vómitos importantes puede justificar temporalmente la administración intravenosa de líquidos.

La colocación sistemática de una sonda nasogástrica no resulta necesaria en todos los pacientes.

Fluidoterapia

La pérdida de líquidos producida por vómitos, disminución de la ingesta y respuesta inflamatoria puede favorecer la hipovolemia.

La reposición debe realizarse con soluciones cristaloides y ajustarse a la situación clínica.

Las recomendaciones pediátricas respaldan inicialmente el uso de cristaloides, como lactato de Ringer o suero fisiológico, con posterior ajuste según la respuesta.

La cantidad administrada no debe mantenerse de forma automática sin reevaluar al paciente.

Balance hídrico

El control de entradas y salidas permite valorar la respuesta a la fluidoterapia. Debe registrarse la ingesta oral, líquidos intravenosos, vómitos y diuresis.

En niños pequeños puede ser necesario pesar los pañales.

El peso diario puede aportar información adicional cuando existe riesgo de cambios importantes en el volumen corporal.

Un balance positivo excesivo puede indicar sobrecarga.

Diuresis

La diuresis constituye un parámetro útil para valorar la perfusión.

Una disminución progresiva requiere revisar hidratación, función renal y estado hemodinámico.

Debe expresarse en relación con el peso del niño cuando se necesita una monitorización estrecha.

Una diuresis adecuada junto con una mejoría de constantes puede indicar una respuesta favorable a la reposición.

La oliguria persistente requiere una nueva valoración.

Riesgo de sobrecarga

La administración excesiva de líquidos puede producir edema y empeorar la función respiratoria.

Debe vigilarse especialmente a los pacientes con enfermedades cardíacas o renales previas.

La aparición de dificultad respiratoria, edema importante o aumento rápido de peso obliga a reevaluar la fluidoterapia.

La reposición debe dirigirse hacia objetivos clínicos y no únicamente hacia el cumplimiento de una fórmula.

Alimentación precoz

Tradicionalmente se mantenía a los pacientes en ayuno hasta la desaparición del dolor y normalización de las enzimas.

Actualmente se favorece la alimentación precoz.

Cuando el niño presenta tolerancia y no existen contraindicaciones puede iniciarse alimentación oral sin esperar a la normalización completa de las enzimas pancreáticas.

Las recomendaciones de NASPGHAN y sus documentos específicos sobre nutrición pancreática pediátrica respaldan la utilización precoz del aparato digestivo.

Dieta oral

La alimentación puede adaptarse inicialmente a la tolerancia del paciente.

No resulta necesario comenzar obligatoriamente con una dieta exclusivamente líquida y avanzar lentamente durante varios días.

Debe evitarse imponer restricciones innecesarias que reduzcan la ingesta.

La presencia de dolor o náuseas después de comer debe valorarse individualmente. El objetivo es recuperar progresivamente una alimentación suficiente.

Nutrición enteral

Cuando el niño no puede cubrir sus necesidades mediante alimentación oral debe considerarse nutrición enteral.

Esta vía resulta preferible a la nutrición parenteral siempre que el tubo digestivo pueda utilizarse.

Puede administrarse por sonda nasogástrica o mediante otras vías según las necesidades. Mantener el estímulo intestinal contribuye a preservar la función de la barrera digestiva. La estrategia debe adaptarse al estado nutricional y gravedad.

Nutrición parenteral

La nutrición parenteral no constituye la primera opción de rutina.

Se reserva para aquellos pacientes en los que la nutrición enteral no es posible o resulta insuficiente durante periodos relevantes.

Su utilización necesita una valoración individualizada.

Debe controlarse glucemia, electrolitos y posibles complicaciones relacionadas con los accesos venosos.

El objetivo debe ser volver a utilizar la vía digestiva en cuanto resulte posible.

Estado nutricional

Debe registrarse peso y valorar el estado nutricional.

Los episodios prolongados o recurrentes pueden afectar a la ingesta y provocar pérdida de peso.

Los pacientes con desnutrición previa necesitan una atención especialmente cuidadosa.

Nutrición clínica puede colaborar cuando existen dificultades para mantener un aporte adecuado.

La valoración debe formar parte del abordaje integral y no limitarse únicamente a las formas graves.

Alteraciones de glucemia

El páncreas interviene en la regulación de la glucosa.

Durante un episodio agudo pueden aparecer alteraciones de glucemia.

Debe controlarse especialmente en cuadros graves y en pacientes con enfermedades metabólicas previas.

La hiperglucemia significativa requiere valoración y tratamiento individualizado. También deben evitarse periodos prolongados de ayuno innecesario.

Alteraciones electrolíticas

Los vómitos y la fluidoterapia pueden modificar los electrolitos.

Deben controlarse sodio, potasio, calcio y otros parámetros según la situación. Las alteraciones deben corregirse de manera individualizada.

Los pacientes con pérdidas digestivas importantes pueden necesitar controles más frecuentes.

El tratamiento debe basarse en valores analíticos y manifestaciones clínicas.

Función renal

La creatinina y la diuresis deben vigilarse especialmente en las formas moderadas o graves.

La hipovolemia puede producir deterioro de la función renal.

Una reposición adecuada puede prevenir o corregir parte de este problema.

Sin embargo, la persistencia de lesión renal puede indicar una mayor gravedad. Los medicamentos potencialmente nefrotóxicos deben revisarse.

Función respiratoria

Las formas graves pueden asociarse con alteraciones pulmonares. Debe vigilarse saturación de oxígeno y frecuencia respiratoria.

La aparición de taquipnea, aumento del trabajo respiratorio o hipoxemia requiere una valoración rápida.

Puede ser necesaria oxigenoterapia.

Los pacientes con insuficiencia respiratoria significativa pueden necesitar traslado a una unidad de cuidados intensivos pediátricos.

Pancreatitis grave

La gravedad pediátrica se relaciona especialmente con la aparición de complicaciones locales o sistémicas y fallo orgánico.

El deterioro hemodinámico, respiratorio o renal requiere una intensificación de los cuidados.

Estos pacientes necesitan monitorización frecuente.

La detección precoz facilita la derivación hacia unidades con capacidad de soporte avanzado.

La clasificación de la pancreatitis pediátrica dispone de criterios específicos desarrollados por NASPGHAN.

Necrosis pancreática

La necrosis constituye una complicación infrecuente pero relevante.

Su diagnóstico suele realizarse mediante pruebas de imagen cuando la evolución clínica lo justifica.

La presencia de necrosis no significa automáticamente que exista infección.

Las formas estériles pueden manejarse de manera conservadora en determinados pacientes.

El tratamiento debe realizarse conjuntamente con gastroenterología pediátrica, cirugía y otros especialistas.

Infección

Los antibióticos no deben utilizarse de forma profiláctica únicamente por el diagnóstico de pancreatitis.

Su indicación aparece cuando existe una infección demostrada o una sospecha clínica suficientemente elevada.

La fiebre aislada puede deberse al propio proceso inflamatorio. Debe investigarse el foco antes de iniciar tratamientos innecesarios.

La utilización responsable de antibióticos disminuye efectos adversos y resistencias.

Colecciones pancreáticas

Durante la evolución pueden aparecer colecciones líquidas. Muchas desaparecen espontáneamente.

La presencia de una colección no implica necesariamente la necesidad de drenaje.

Las intervenciones dependen de la aparición de infección, dolor persistente, obstrucción u otras complicaciones.

Las decisiones deben realizarse en equipos con experiencia.

Pancreatitis biliar

La litiasis biliar constituye una posible causa durante la infancia, especialmente en determinados grupos de riesgo.

La ecografía ayuda a detectar cálculos.

Debe valorarse la presencia de obstrucción biliar.

Algunos pacientes pueden necesitar procedimientos endoscópicos o cirugía.

El tratamiento de la causa resulta fundamental para reducir el riesgo de recurrencia.

Pancreatitis traumática

Los traumatismos abdominales pueden producir lesiones pancreáticas.

Debe investigarse especialmente después de golpes directos sobre el abdomen.

Los traumatismos relacionados con bicicletas constituyen un mecanismo descrito durante la infancia.

La valoración puede requerir pruebas de imagen específicas.

El tratamiento depende del grado de lesión y posibles complicaciones asociadas.

Pancreatitis farmacológica

Determinados medicamentos pueden relacionarse con pancreatitis. Debe revisarse la medicación habitual y reciente.

La asociación debe valorarse cuidadosamente antes de atribuir el episodio a un fármaco concreto.

Cuando existe una relación probable puede ser necesario suspenderlo o sustituirlo. La decisión debe considerar el beneficio del medicamento y otras posibles causas.

Movilización

El dolor puede hacer que el niño permanezca encamado.

Cuando la situación lo permite debe favorecerse una movilización progresiva.

Permanecer inmóvil durante periodos innecesarios puede aumentar el cansancio y retrasar la recuperación funcional.

La actividad debe adaptarse a la tolerancia.

Un control adecuado del dolor facilita levantarse y recuperar las actividades habituales.

Descanso

Durante las fases de mayor dolor es necesario garantizar periodos de descanso.

Las intervenciones asistenciales deben organizarse intentando evitar interrupciones innecesarias.

El sueño puede verse afectado por el dolor, vómitos y el propio entorno hospitalario. La analgesia adecuada mejora el descanso.

En niños pequeños debe facilitarse la presencia del cuidador siempre que la organización lo permita.

Cuidados de enfermería

Enfermería desempeña un papel fundamental en la vigilancia continuada.

Debe controlar dolor, constantes, diuresis, balance hídrico y tolerancia alimentaria. También debe observar la frecuencia de vómitos y posibles cambios abdominales. La respuesta a la analgesia y fluidoterapia debe quedar registrada.

La detección de un deterioro permite modificar rápidamente el plan terapéutico.

Papel del TCAE

Los TCAE colaboran en la atención de las necesidades básicas durante el ingreso.

Pueden observar cambios en el comportamiento, tolerancia alimentaria, vómitos y eliminación.

También participan en higiene, confort y movilización.

Los niños pequeños pueden expresar el aumento del dolor mediante irritabilidad o rechazo de actividades.

Cualquier cambio significativo debe comunicarse a Enfermería.

Atención emocional

El dolor intenso y los procedimientos pueden generar miedo. La información debe adaptarse a la edad.

Antes de realizar pruebas o intervenciones debe explicarse lo que ocurrirá de forma comprensible.

Los cuidadores pueden colaborar en la tranquilidad del niño.

Las técnicas de distracción y el acompañamiento pueden disminuir la ansiedad relacionada con los procedimientos.

Pancreatitis recurrente

Algunos niños presentan nuevos episodios después de recuperarse.

La pancreatitis aguda recurrente requiere una valoración especializada. Pueden existir alteraciones anatómicas, metabólicas o genéticas.

NASPGHAN dispone además de recursos específicos para niños con pancreatitis recurrente o crónica destinados a facilitar la continuidad cuando necesitan atención urgente en diferentes centros.

La identificación de la causa puede permitir establecer medidas preventivas.

Preparación del alta

El alta puede plantearse cuando existe una mejoría clínica clara.

El dolor debe encontrarse controlado mediante tratamiento adecuado. El niño debe mantener una hidratación y alimentación suficientes.

No debe existir una complicación que requiera vigilancia hospitalaria. La familia debe recibir información sobre el tratamiento y seguimiento.

Educación familiar

Los progenitores deben conocer los síntomas que requieren una nueva valoración.

La reaparición de dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, fiebre o incapacidad para mantener una hidratación adecuada justifican consulta.

Cuando se identifica un factor causal deben explicarse las medidas específicas para prevenir recurrencias.

También debe evitarse administrar medicamentos por iniciativa propia si previamente se ha sospechado una posible causa farmacológica.

Seguimiento

La mayoría de los episodios aislados presenta una evolución favorable.

Sin embargo, determinados pacientes necesitan seguimiento por gastroenterología pediátrica.

Los episodios recurrentes, etiología no aclarada o existencia de complicaciones justifican una valoración especializada.

El seguimiento permite identificar cambios hacia pancreatitis recurrente o crónica. También facilita valorar el crecimiento y estado nutricional.

Conclusión

La pancreatitis aguda pediátrica presenta generalmente una evolución favorable, aunque algunos pacientes pueden desarrollar complicaciones y necesitar una hospitalización prolongada.

La atención debe comenzar con una valoración estructurada destinada a confirmar el diagnóstico, identificar la posible causa y detectar signos de gravedad.

El dolor constituye uno de los principales problemas durante el ingreso y debe tratarse de forma precoz mediante analgesia adaptada a la edad y situación clínica.

La fluidoterapia debe individualizarse y reevaluarse mediante constantes vitales, perfusión, diuresis y balance hídrico. Una administración insuficiente puede favorecer hipoperfusión, mientras que el exceso puede producir sobrecarga y complicaciones respiratorias.

La alimentación oral precoz debe favorecerse cuando exista tolerancia. El ayuno prolongado no constituye una medida necesaria de rutina. Cuando la ingesta oral no resulta suficiente, la nutrición enteral es preferible siempre que pueda utilizarse el aparato digestivo.

Durante la hospitalización deben vigilarse función renal, electrolitos, glucemia y situación respiratoria, especialmente en pacientes con formas graves.

La utilización de antibióticos profilácticos no está indicada de forma sistemática. Su administración debe reservarse para situaciones en las que existe una infección demostrada o suficientemente sospechada.

Enfermería y TCAE desempeñan un papel fundamental mediante el control del dolor, hidratación, eliminación, alimentación y cambios del estado general.

Finalmente, identificar la etiología permite prevenir recurrencias. Los niños con episodios repetidos o causas no aclaradas necesitan un estudio especializado y un seguimiento continuado para detectar posibles formas recurrentes o crónicas.

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