Conoce los tipos de filtros solares

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 784

Autor principal (primer firmante): Noelia Cabero Aguilera

Fecha recepción: 24/07/2026

Fecha aceptación: 20/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 784

Autores:

Noelia Cabero Aguilera (TCAE)

Rosa María Lumbreras Gómez (TCAE)

Lorena Royo Villalba (DUE)

Javier Artal Lázaro (DUE)

Inés Lapresta Quílez (DUE)

Celia Lastanao Adán (DUE)

Categoría profesional: TCAE y DUE

Palabras clave: protector solar, filtro mineral, filtro físico, filtro químico, radiación ultravioleta, rayo UVA, rayo UVB, quemadura solar, cáncer de piel

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Introducción

Cada verano, cuando llega el momento de comprar un protector solar, muchas personas se encuentran con una gran variedad de productos. En sus envases aparecen términos como filtro mineral, filtro físico, filtro químico, protección de amplio espectro o piel sensible. Aunque esta información puede parecer complicada, entenderla es mucho más sencillo de lo que parece y ayuda a elegir el protector más adecuado para cada persona.

Desarrollo

Una de las dudas más frecuentes en la consulta dermatológica es si los protectores solares minerales son mejores que los químicos o si unos protegen más que otros. La realidad es que ambos tipos son eficaces cuando están correctamente formulados y se utilizan de manera adecuada. La diferencia principal no está en la cantidad de protección que ofrecen, sino en la forma en la que actúan sobre la radiación ultravioleta y en las características de cada formulación.

Para entender estas diferencias conviene recordar que la radiación ultravioleta procedente del sol está formada principalmente por rayos UVA y UVB. Ambos pueden producir daños en la piel. Los rayos UVB son los responsables de la mayoría de las quemaduras solares, mientras que los UVA penetran más profundamente y participan en el envejecimiento cutáneo y en el desarrollo de diferentes tipos de cáncer de piel. Por ello, cualquier protector solar de calidad debe ofrecer protección frente a ambos tipos de radiación.

Durante muchos años los protectores solares se clasificaban simplemente en filtros físicos y filtros químicos. Sin embargo, actualmente muchos especialistas prefieren hablar de filtros minerales y filtros orgánicos, ya que esta denominación describe mejor su composición y evita algunas confusiones.

Los filtros minerales contienen pequeñas partículas de origen inorgánico, siendo las más utilizadas el óxido de zinc y el dióxido de titanio. Estos ingredientes llevan décadas empleándose en dermatología y destacan por su elevada estabilidad frente a la radiación solar.

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Tradicionalmente se explicaba que estos filtros actuaban únicamente formando una barrera que reflejaba los rayos solares, como si fueran un espejo. Sin embargo, las investigaciones más recientes han demostrado que este concepto es una simplificación. En realidad, los filtros minerales reflejan una pequeña parte de la radiación, pero también absorben una cantidad importante de energía ultravioleta, transformándola en calor de baja intensidad que resulta inocuo para la piel. Es decir, su mecanismo de acción combina ambos procesos.

Una de las principales ventajas de los filtros minerales es su excelente tolerancia cutánea. Al permanecer sobre la superficie de la piel y presentar un bajo potencial irritante, suelen recomendarse en personas con piel muy sensible, dermatitis atópica, rosácea o antecedentes de reacciones alérgicas a determinados cosméticos. También son una opción habitual en niños pequeños, especialmente cuando existe una piel especialmente delicada.

Durante muchos años estos protectores tenían un inconveniente importante: dejaban una capa blanca bastante visible sobre la piel. Esto ocurría porque las partículas minerales eran relativamente grandes y reflejaban la luz visible. Gracias al desarrollo de nuevas tecnologías, las formulaciones actuales utilizan partículas mucho más pequeñas y consiguen un acabado más transparente y agradable desde el punto de vista estético.

Por otro lado, los filtros químicos, conocidos actualmente como filtros orgánicos, están formados por moléculas capaces de absorber la radiación ultravioleta antes de que esta alcance las capas más profundas de la piel. Cuando la energía solar entra en contacto con estas moléculas, se transforma en una pequeña cantidad de calor que el organismo elimina sin dificultad.

Dentro de este grupo existe una amplia variedad de ingredientes, como avobenzona, octocrileno, octisalato, homosalato, bis-etilhexiloxifenol metoxifenil triazina o bemotrizinol, entre otros. Cada uno presenta un perfil diferente de absorción, por lo que los fabricantes suelen combinar varios filtros en un mismo producto para conseguir una protección amplia frente a los rayos UVA y UVB.

Una de las grandes ventajas de los filtros orgánicos es que permiten desarrollar protectores muy ligeros, fáciles de extender y prácticamente invisibles sobre la piel. Esto favorece que muchas personas los utilicen en la cantidad adecuada y los reapliquen con mayor facilidad, algo fundamental para que la protección sea realmente eficaz.

No obstante, algunas personas pueden desarrollar irritación o alergia a determinados componentes, aunque este tipo de reacciones son poco frecuentes. En estos casos, el dermatólogo puede recomendar protectores formulados exclusivamente con filtros minerales.

Existe la creencia de que los filtros químicos son perjudiciales para la salud porque penetran en la piel. Sin embargo, las agencias reguladoras europeas revisan periódicamente la seguridad de todos los ingredientes utilizados en cosmética. El Comité Científico de Seguridad de los Consumidores de la Unión Europea (SCCS) y la Comisión Europea autorizan únicamente aquellos filtros cuya seguridad ha sido evaluada dentro de las concentraciones permitidas. Esto significa que los protectores solares comercializados legalmente en Europa cumplen estrictos controles de calidad y seguridad.

En los últimos años también ha aumentado el interés por el posible impacto ambiental de algunos filtros solares, especialmente en ecosistemas marinos. Aunque gran parte de la investigación continúa en desarrollo, algunos países han limitado el uso de determinados ingredientes en zonas con arrecifes de coral especialmente sensibles. Como respuesta, muchos fabricantes han desarrollado formulaciones más respetuosas con el medio ambiente y envases cada vez más sostenibles.

En la práctica clínica, la mayoría de los dermatólogos no recomienda un tipo de filtro por encima del otro de forma general. La elección depende principalmente de las características de la piel y de las preferencias del usuario. Una persona con piel grasa puede sentirse más cómoda utilizando un fluido ligero con filtros orgánicos, mientras que alguien con dermatitis o piel extremadamente sensible puede obtener mejores resultados con un protector mineral.

También existen productos que combinan filtros minerales y orgánicos. Estas formulaciones aprovechan las ventajas de ambos sistemas para conseguir una protección muy amplia, una buena estabilidad frente a la radiación solar y una textura cosméticamente agradable. De hecho, muchos de los protectores solares más utilizados actualmente pertenecen a este grupo.

Más allá del tipo de filtro, existen otros aspectos que deben tenerse en cuenta al elegir un protector solar. Es recomendable que ofrezca protección de amplio espectro, es decir, frente a rayos UVA y UVB, que tenga un factor de protección solar (FPS) de al menos 30, y que se adapte al tipo de piel. Actualmente existen formulaciones específicas para piel grasa, piel seca, piel con tendencia acneica, deportistas, niños o personas con manchas cutáneas.

Otro aspecto importante es recordar que ningún protector solar ofrece una protección absoluta. Incluso utilizando un FPS 50+, una pequeña parte de la radiación consigue llegar a la piel. Por ello, la fotoprotección debe entenderse como un conjunto de medidas que incluyen evitar la exposición durante las horas de máxima intensidad solar, utilizar ropa adecuada, gafas de sol homologadas y sombreros, además de aplicar el protector en cantidad suficiente y renovarlo cada dos horas o después del baño.

La investigación en fotoprotección continúa avanzando. Actualmente se desarrollan nuevos filtros con mayor estabilidad, mejor perfil ambiental y texturas más agradables que favorecen la adherencia al tratamiento. Paralelamente, también se estudian ingredientes antioxidantes capaces de complementar la acción de los filtros solares frente al daño oxidativo producido por la radiación ultravioleta. Aunque estos avances son prometedores, los especialistas recuerdan que el éxito de la protección solar sigue dependiendo, sobre todo, del uso correcto del producto.

Conclusión

Los protectores solares minerales y los orgánicos son herramientas eficaces para proteger la piel frente a los efectos nocivos de la radiación ultravioleta. Lejos de competir entre sí, ambos ofrecen ventajas que permiten adaptarse a las necesidades de cada persona. Los filtros minerales destacan por su excelente tolerancia en pieles sensibles, mientras que los orgánicos suelen ofrecer texturas más ligeras y cosméticamente más aceptadas. La elección debe basarse en las características de la piel, las preferencias individuales y las recomendaciones del profesional sanitario. Más importante que el tipo de filtro es utilizar el protector de forma correcta, aplicarlo en cantidad suficiente y combinarlo con otras medidas de fotoprotección.

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