Código ictus: actuación de Enfermería en la atención al ictus

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 131

Autor principal (primer firmante): Laura Armendáriz Pérez

Fecha recepción: 07/10/2026

Fecha aceptación: 03/11/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 131

Autores:

  • Laura Armendáriz Pérez
  • Joseba Setas Armendariz
  • Alba Zubieta Cordón
  • Natalia Antón Aldivar
  • Rocio Ausejo Valles
  • Ana María López Martínez

Resumen

  • Introducción: El ictus constituye una emergencia neurológica tiempo-dependiente que requiere una actuación rápida, coordinada y protocolizada. La reducción del tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas hasta el diagnóstico y tratamiento puede influir de manera determinante en el pronóstico funcional. El Código Ictus permite organizar la respuesta asistencial y facilitar el acceso precoz de las personas afectadas a los tratamientos disponibles.
  • Objetivo: Describir la actuación de Enfermería ante el Código Ictus, desde la identificación inicial de la persona con sospecha de ictus hasta su atención hospitalaria, destacando las intervenciones dirigidas a reducir los tiempos asistenciales, prevenir complicaciones y garantizar la continuidad de cuidados.
  • Metodología: Se realizó una revisión bibliográfica con búsqueda sistematizada de literatura científica relacionada con el ictus agudo, Código Ictus, cuidados de Enfermería, unidades de ictus, trombólisis intravenosa y tratamiento endovascular. Se consultaron documentos oficiales y publicaciones científicas, priorizando guías de práctica clínica, revisiones sistemáticas, metaanálisis y documentos específicos sobre cuidados enfermeros.
  • Resultados: La actuación enfermera resulta fundamental en la identificación precoz del ictus, activación del circuito asistencial, valoración neurológica, monitorización, control de constantes, determinación de glucemia, establecimiento de acceso vascular, preparación para pruebas diagnósticas y tratamientos de reperfusión, prevención de la aspiración y vigilancia de complicaciones. La evidencia reciente muestra que la participación de personal de Enfermería especializado en ictus puede reducir los tiempos de tratamiento y mejorar determinados resultados clínicos.
  • Conclusiones: Enfermería desempeña un papel esencial dentro del Código Ictus. La formación específica, la utilización de protocolos estandarizados, la coordinación multidisciplinar y la vigilancia continua permiten optimizar los tiempos asistenciales y aumentar la seguridad de la persona atendida. La actuación enfermera debe integrarse en todas las fases del proceso, desde la identificación inicial hasta la rehabilitación y continuidad de cuidados.

Palabras clave: ictus; Código Ictus; enfermería; accidente cerebrovascular; cuidados de enfermería; trombólisis; trombectomía; unidad de ictus; urgencias; cuidados neurológicos.

Introducción

El ictus constituye una de las principales causas de mortalidad, discapacidad y pérdida de calidad de vida. En España representa un importante problema de salud pública y requiere una respuesta asistencial organizada que permita disminuir las consecuencias derivadas de la lesión cerebral aguda.

Desde el punto de vista clínico, el ictus puede clasificarse fundamentalmente en isquémico y hemorrágico. El ictus isquémico se produce por la interrupción del flujo sanguíneo cerebral como consecuencia de la oclusión de una arteria, mientras que el ictus hemorrágico se relaciona con la extravasación de sangre dentro del tejido cerebral o de los espacios que lo rodean.

La presentación clínica es variable, aunque determinados síntomas de instauración brusca deben hacer sospechar inmediatamente un ictus: alteración del lenguaje, pérdida de fuerza o sensibilidad, asimetría facial, alteraciones visuales, dificultad para caminar, pérdida del equilibrio, cefalea intensa de aparición súbita o disminución del nivel de conciencia.

El ictus agudo constituye una emergencia neurológica en la que el tiempo es un factor determinante. La actuación precoz permite reducir los retrasos diagnósticos y terapéuticos y aumentar las posibilidades de acceder a tratamientos de reperfusión cuando están indicados.

La Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud, actualizada en 2024, establece un modelo de atención basado en la coordinación entre niveles asistenciales y profesionales, así como en la disponibilidad de circuitos organizados que permitan proporcionar una atención rápida y especializada. [1]

El Código Ictus constituye una herramienta de organización asistencial destinada a facilitar la identificación y atención urgente de las personas con sospecha de ictus que puedan beneficiarse de tratamientos específicos.

La actuación de Enfermería es fundamental dentro de este circuito. El personal de Enfermería participa en la valoración inicial, identificación de signos de alarma, recogida de información temporal, monitorización, control de constantes, determinación de glucemia, canalización de accesos vasculares, preparación para las pruebas diagnósticas, administración y vigilancia de tratamientos y prevención de complicaciones.

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La importancia de esta intervención se encuentra respaldada por evidencia científica reciente. Un metaanálisis publicado en 2025, que incluyó ocho estudios, observó que la participación de personal de Enfermería especializado en ictus se asociaba con una reducción aproximada de 20 minutos en el tiempo puerta-aguja, un incremento de la utilización de trombólisis intravenosa y mejores resultados funcionales a los tres meses. [2]

Posteriormente, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que incluyó 32 estudios sobre intervenciones lideradas por Enfermería, también encontró una reducción significativa de los tiempos puerta-aguja y mejoras en determinados indicadores neurológicos y funcionales. [3]

Por ello, la formación y especialización del personal de Enfermería implicado en el Código Ictus constituyen elementos relevantes para optimizar la atención.

Objetivos

Objetivo general

Describir la actuación de Enfermería en la atención integral de la persona con sospecha de ictus dentro del circuito de Código Ictus.

Objetivos específicos

  1. Identificar los principales signos y síntomas de sospecha de ictus.
  2. Describir las actuaciones enfermeras iniciales ante una persona con sospecha de ictus.
  3. Analizar la importancia de la activación precoz del Código Ictus.
  4. Describir la valoración y monitorización enfermera durante la fase hiperaguda.
  5. Identificar los principales cuidados relacionados con los tratamientos de reperfusión.
  6. Analizar las complicaciones que deben ser vigiladas por Enfermería.
  7. Describir los cuidados iniciales en la Unidad de Ictus.
  8. Destacar la importancia de la educación sanitaria y la continuidad de cuidados.

Metodología

Se realizó una revisión bibliográfica con búsqueda sistematizada sobre la actuación de Enfermería en la atención a la persona con ictus agudo y la organización del Código Ictus.

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Se consultaron documentos oficiales del Ministerio de Sanidad, guías de práctica clínica y literatura científica disponible en bases de datos biomédicas.

Los términos utilizados en la estrategia de búsqueda incluyeron, entre otros:

  • “stroke”
  • “acute stroke”
  • “stroke code”
  • “code stroke”
  • “stroke nursing”
  • “nursing care”
  • “stroke nurse”
  • “thrombolysis”
  • “thrombectomy”
  • “stroke unit”
  • “acute ischemic stroke”

Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, guías clínicas, documentos de consenso y estudios centrados en la atención enfermera.

La información se organizó en las siguientes áreas:

  • Identificación del ictus.
  • Activación del Código Ictus.
  • Valoración inicial.
  • Monitorización.
  • Diagnóstico urgente.
  • Tratamiento de reperfusión.
  • Prevención de complicaciones.
  • Cuidados en Unidad de Ictus.
  • Educación sanitaria.
  • Continuidad asistencial.

Se realizó una síntesis descriptiva y cualitativa de la evidencia disponible.

El presente trabajo se considera una revisión bibliográfica con búsqueda sistematizada, y no una revisión sistemática formal, al no haberse realizado un protocolo específico de revisión sistemática con selección independiente por varios revisores y evaluación exhaustiva del riesgo de sesgo de todos los estudios incluidos.

Resultados

Identificación precoz del ictus

La primera actuación ante una posible situación de ictus consiste en reconocer rápidamente los síntomas.

La aparición brusca de una alteración neurológica debe considerarse sospechosa hasta demostrar lo contrario.

Entre los signos más frecuentes se encuentran:

  • Asimetría facial.
  • Debilidad o pérdida de sensibilidad de un brazo o una pierna.
  • Alteración del habla o de la comprensión.
  • Dificultad para caminar.
  • Pérdida brusca del equilibrio o coordinación.
  • Alteraciones visuales.
  • Cefalea intensa de instauración brusca.
  • Alteración del nivel de conciencia.

La identificación precoz permite activar rápidamente el circuito asistencial.

Un dato esencial es determinar el momento exacto de inicio de los síntomas o, cuando este no pueda establecerse, la última hora en la que la persona fue vista sin síntomas.

Este dato debe registrarse y comunicarse al equipo asistencial porque puede condicionar la posibilidad de recibir tratamiento de reperfusión.

Activación del Código Ictus

El Código Ictus constituye un sistema organizado de coordinación asistencial destinado a facilitar la atención urgente de las personas con sospecha de ictus.

Su funcionamiento requiere coordinación entre los servicios de emergencias, Atención Primaria, urgencias hospitalarias, neurología, radiología, unidades de ictus y, cuando corresponde, equipos de neurorradiología intervencionista.

La Estrategia en Ictus del SNS establece la necesidad de disponer de vías asistenciales organizadas y coordinadas que permitan proporcionar atención especializada con la mayor rapidez posible. [1]

La activación precoz permite preparar los recursos necesarios y reducir retrasos.

La participación de Enfermería comprende:

  • Identificación de signos de alarma.
  • Recogida de información clínica.
  • Determinación de la hora de inicio.
  • Monitorización.
  • Preparación de la persona atendida.
  • Canalización de acceso vascular.
  • Extracción de muestras cuando estén indicadas.
  • Preparación para las pruebas diagnósticas.
  • Preparación para tratamientos de reperfusión.
  • Comunicación con el equipo multidisciplinar.

Valoración inicial de enfermería

Una vez activado el Código Ictus, la valoración enfermera debe realizarse de manera rápida y estructurada.

Valoración neurológica

Debe valorarse el nivel de conciencia, lenguaje, movilidad, sensibilidad, pupilas y presencia de déficits neurológicos.

La National Institutes of Health Stroke Scale (NIHSS) permite cuantificar de forma estandarizada la gravedad del déficit neurológico, facilita la comunicación entre profesionales y permite objetivar cambios en la situación clínica. [4]

La utilización de escalas debe realizarse por personal formado y conforme al protocolo del centro.

Constantes vitales

La valoración inicial debe incluir:

  • Presión arterial.
  • Frecuencia cardiaca.
  • Frecuencia respiratoria.
  • Saturación de oxígeno.
  • Temperatura.
  • Glucemia capilar.

La monitorización permite detectar alteraciones que puedan modificar la actuación terapéutica o empeorar el pronóstico.

Glucemia

La determinación de glucemia es esencial porque la hipoglucemia puede producir manifestaciones neurológicas similares a las del ictus.

La guía AHA/ASA 2026 recomienda corregir la hipoglucemia significativa y evitar estrategias de control intensivo de la hiperglucemia que puedan incrementar el riesgo de hipoglucemia. [5]

Control de la presión arterial

Las alteraciones de la presión arterial son frecuentes durante la fase aguda del ictus.

El control debe realizarse de acuerdo con la situación clínica y con el tratamiento previsto.

La presión arterial adquiere especial importancia cuando la persona es candidata a tratamiento de reperfusión, ya que deben cumplirse los criterios establecidos para administrar el tratamiento de forma segura.

La enfermera debe realizar controles seriados y comunicar inmediatamente cifras o cambios clínicamente relevantes.

No debe realizarse una reducción brusca de la presión arterial sin indicación clínica y sin seguir el protocolo establecido.

Acceso vascular y extracción de muestras

La canalización de un acceso venoso permite disponer de una vía para administrar medicación y tratamientos cuando estén indicados.

También facilita la obtención de muestras analíticas necesarias según la situación clínica y los protocolos establecidos.

Estas actuaciones deben realizarse de manera eficiente evitando retrasos innecesarios.

En el Código Ictus, cada intervención debe valorarse en función de su utilidad y de su posible impacto sobre el tiempo hasta el tratamiento.

Preparación para las pruebas diagnósticas

La neuroimagen urgente constituye un elemento esencial en la valoración de la persona con sospecha de ictus.

La tomografía computarizada craneal sin contraste permite identificar hemorragia intracraneal y orientar la toma de decisiones terapéuticas.

En determinadas situaciones pueden ser necesarias técnicas adicionales de imagen vascular o de perfusión para seleccionar candidatos a tratamientos de reperfusión.

La guía AHA/ASA 2026 enfatiza que, cuando la persona es candidata a trombólisis intravenosa dentro de la ventana terapéutica establecida, no deben producirse retrasos innecesarios por pruebas de imagen multimodal adicionales cuando estas no sean necesarias para la decisión terapéutica. [5]

La Enfermería participa en la preparación, traslado seguro y monitorización de la persona durante el proceso diagnóstico.

Tratamiento de reperfusión

En el ictus isquémico agudo, los principales tratamientos de reperfusión son la trombólisis intravenosa y el tratamiento endovascular mediante trombectomía mecánica.

La selección del tratamiento depende de factores clínicos, temporales y radiológicos.

La guía AHA/ASA 2026 establece que, en personas adultas elegibles para trombólisis intravenosa dentro de las primeras 4,5 horas, debe iniciarse el tratamiento lo antes posible. La guía contempla tanto alteplasa como tenecteplasa en las situaciones indicadas. [5]

También reconoce la posibilidad de realizar trombólisis en determinadas personas seleccionadas con ictus de inicio desconocido o con ventanas temporales ampliadas mediante criterios avanzados de imagen. [5]

En relación con la trombectomía mecánica, las indicaciones se han ampliado a determinados perfiles de pacientes y situaciones clínicas, incluyendo algunos casos seleccionados hasta 24 horas desde el último momento conocido sin síntomas. [5]

Estas decisiones corresponden al equipo médico responsable, mientras que Enfermería desarrolla un papel esencial en la preparación, administración, monitorización y vigilancia.

Cuidados de enfermería durante la trombólisis intravenosa

Durante la administración del tratamiento trombolítico se requiere vigilancia estrecha.

Las actuaciones enfermeras incluyen:

  • Monitorización neurológica.
  • Control de presión arterial.
  • Control de frecuencia cardiaca.
  • Vigilancia del nivel de conciencia.
  • Observación de signos de sangrado.
  • Vigilancia de la aparición de cefalea intensa.
  • Detección de vómitos o deterioro neurológico.
  • Control de posibles reacciones adversas.
  • Registro de las actuaciones.

La aparición de un deterioro neurológico brusco o de signos compatibles con una complicación hemorrágica debe comunicarse inmediatamente.

Los controles y la frecuencia de monitorización deben realizarse conforme al protocolo establecido para el tratamiento utilizado.

Cuidados durante la trombectomía mecánica

La trombectomía mecánica permite extraer mediante técnicas endovasculares el trombo responsable de determinadas oclusiones arteriales.

Enfermería participa en las fases preprocedimiento, durante el procedimiento y posteriores.

Las principales actuaciones incluyen:

  • Preparación de la persona.
  • Comprobación de accesos vasculares.
  • Monitorización.
  • Preparación del material necesario.
  • Coordinación del traslado.
  • Vigilancia durante el procedimiento.
  • Control del lugar de punción.
  • Valoración neurológica posterior.
  • Vigilancia hemodinámica.
  • Detección precoz de complicaciones.

La actuación concreta dependerá de la organización del centro y del procedimiento anestésico utilizado.

Prevención de la aspiración y disfagia

La disfagia es una complicación frecuente tras un ictus y puede aumentar el riesgo de aspiración y neumonía.

Por este motivo, la persona no debe iniciar alimentación, hidratación o medicación oral hasta que se haya realizado el cribado o valoración de la deglución conforme al protocolo correspondiente.

La guía AHA/ASA 2026 mantiene la importancia del cribado de disfagia antes de iniciar la ingesta oral. [5]

Las actuaciones enfermeras incluyen:

  • Identificación de signos de disfagia.
  • Aplicación del cribado cuando corresponda.
  • Prevención de la aspiración.
  • Higiene oral.
  • Vigilancia durante la alimentación.
  • Coordinación con logopedia y otros profesionales.
  • Adaptación de las medidas de seguridad según la valoración.

Entre los signos de alarma pueden encontrarse tos durante la ingesta, cambios en la voz, babeo, dificultad para manejar secreciones o alteraciones evidentes durante la deglución.

Control de temperatura

La hipertermia durante el ictus agudo se ha relacionado con peores resultados clínicos.

La temperatura debe controlarse de manera periódica.

Ante la aparición de fiebre debe investigarse la causa y aplicarse el tratamiento indicado.

Las actuaciones enfermeras pueden incluir monitorización de la temperatura, administración del tratamiento prescrito, aplicación de medidas físicas cuando estén indicadas y vigilancia de la evolución.

Oxigenación y función respiratoria

La función respiratoria debe valorarse especialmente en personas con disminución del nivel de conciencia, alteraciones de la deglución, vómitos o afectación neurológica grave.

Debe monitorizarse la saturación de oxígeno y observarse la aparición de signos de dificultad respiratoria.

La administración de oxígeno debe realizarse cuando esté indicada y de acuerdo con el protocolo correspondiente, evitando su utilización rutinaria en personas sin hipoxemia.

Prevención de complicaciones

Durante la fase aguda pueden aparecer diversas complicaciones.

Entre las principales se encuentran:

  • Broncoaspiración.
  • Neumonía.
  • Edema cerebral.
  • Hemorragia intracraneal.
  • Crisis epilépticas.
  • Alteraciones de glucemia.
  • Fiebre.
  • Alteraciones de la presión arterial.
  • Arritmias.
  • Tromboembolismo venoso.
  • Úlceras por presión.
  • Caídas.
  • Deshidratación.
  • Malnutrición.

La vigilancia enfermera continuada permite detectar precozmente modificaciones en el estado clínico.

La evidencia científica sobre cuidados enfermeros destaca la importancia de la monitorización, prevención de complicaciones y valoración funcional durante la hospitalización. [6]

Atención en la Unidad de Ictus

Las Unidades de Ictus permiten proporcionar una atención especializada y organizada a personas que han sufrido un accidente cerebrovascular.

La Estrategia en Ictus del SNS considera las Unidades de Ictus un elemento fundamental de la organización asistencial. [1]

La actuación enfermera incluye una valoración continua de:

  • Estado neurológico.
  • Nivel de conciencia.
  • Constantes vitales.
  • Deglución.
  • Movilidad.
  • Eliminación.
  • Nutrición e hidratación.
  • Integridad cutánea.
  • Riesgo de caídas.
  • Riesgo de complicaciones.
  • Estado emocional.
  • Necesidades de la persona y su familia.

La atención debe orientarse a favorecer la recuperación y prevenir complicaciones desde las primeras fases.

Importancia de la enfermería especializada en ictus

La especialización del personal de Enfermería puede contribuir a mejorar la eficiencia del proceso asistencial.

El metaanálisis de Kumar et al., publicado en 2025, incluyó ocho estudios y encontró que la participación de personal de Enfermería especializado se asociaba con una reducción del tiempo puerta-aguja de 19,71 minutos, un aumento de la tasa de trombólisis intravenosa y mejores resultados funcionales. También observó una reducción de la mortalidad a los tres meses, aunque los autores señalan la necesidad de seguir generando evidencia. [2]

En 2026, otra revisión sistemática y metaanálisis que incluyó 32 estudios encontró una reducción significativa del tiempo puerta-aguja y mejoras en determinadas medidas neurológicas y funcionales asociadas a intervenciones lideradas por Enfermería. [3]

Estos resultados apoyan la incorporación de profesionales de Enfermería con formación específica en los equipos de atención al ictus.

La formación debe contemplar:

  • Reconocimiento de signos y síntomas.
  • Código Ictus.
  • Escalas neurológicas.
  • Tratamientos de reperfusión.
  • Monitorización.
  • Disfagia.
  • Prevención de complicaciones.
  • Cuidados en Unidad de Ictus.
  • Rehabilitación.
  • Educación sanitaria.

Educación sanitaria y continuidad de cuidados

La actuación enfermera no finaliza con la estabilización de la fase aguda.

La recuperación tras un ictus requiere continuidad asistencial y prevención secundaria.

La educación sanitaria debe abordar factores modificables como:

  • Hipertensión arterial.
  • Diabetes mellitus.
  • Dislipemia.
  • Tabaquismo.
  • Consumo excesivo de alcohol.
  • Sedentarismo.
  • Alimentación inadecuada.
  • Falta de adherencia terapéutica.

La persona y su entorno deben conocer los principales signos de alarma de un nuevo ictus y saber cuándo solicitar atención urgente.

La planificación del alta debe realizarse de manera coordinada, teniendo en cuenta las necesidades funcionales, cognitivas, sociales y familiares.

Enfermería participa en la transición entre el hospital, Atención Primaria, rehabilitación y domicilio, favoreciendo la continuidad de los cuidados.

Discusión

La atención al ictus requiere una respuesta asistencial basada en rapidez, coordinación y protocolización.

La actualización de la Estrategia en Ictus del SNS establece un modelo integral que abarca prevención, atención hiperaguda, organización asistencial, diagnóstico, tratamiento, Unidades de Ictus, neurorrehabilitación y continuidad asistencial. [1]

En este modelo, Enfermería constituye un elemento esencial.

La identificación precoz de los síntomas permite activar el Código Ictus y poner en marcha los recursos necesarios. Una vez activado, diferentes intervenciones enfermeras se desarrollan de forma simultánea a la valoración médica y las pruebas diagnósticas.

La recogida de la hora de inicio de los síntomas o del último momento conocido sin síntomas resulta especialmente importante, puesto que puede condicionar la elegibilidad para determinados tratamientos.

La evidencia reciente demuestra que la incorporación de personal de Enfermería especializado puede reducir los tiempos hasta la reperfusión.

El metaanálisis de Kumar et al. encontró una reducción cercana a 20 minutos en el tiempo puerta-aguja en los equipos con participación de Enfermería especializada. [2]

Este resultado tiene especial importancia porque la guía AHA/ASA 2026 subraya que, en las personas candidatas a trombólisis intravenosa, el tratamiento debe iniciarse lo antes posible y deben evitarse retrasos innecesarios. [5]

La actuación enfermera también resulta esencial en la prevención de complicaciones.

La valoración de la deglución antes de la ingesta oral, la monitorización de constantes, la vigilancia neurológica, el control de glucemia y temperatura y la prevención de la aspiración forman parte de los cuidados fundamentales.

La formación específica adquiere especial importancia porque los tratamientos y criterios de selección de pacientes evolucionan de forma continua.

La guía AHA/ASA publicada en 2026 incorpora nuevas recomendaciones sobre trombólisis, trombectomía, manejo de la glucemia y disfagia, por lo que los protocolos locales deben actualizarse periódicamente. [5]

Otro aspecto relevante es la coordinación multidisciplinar.

El Código Ictus no constituye una actuación exclusiva de un determinado profesional, sino un sistema en el que participan múltiples disciplinas.

La Enfermería actúa como elemento de conexión entre diferentes fases del proceso asistencial y mantiene una vigilancia continua que permite detectar cambios clínicos de forma precoz.

Por tanto, la formación continuada, la protocolización y la evaluación de indicadores de calidad deben considerarse elementos prioritarios en la organización de la atención al ictus.

Conclusiones

El ictus constituye una emergencia neurológica tiempo-dependiente en la que la rapidez de actuación puede condicionar las posibilidades terapéuticas y el pronóstico.

El Código Ictus permite estructurar la respuesta asistencial y coordinar los diferentes niveles y profesionales implicados.

Enfermería desempeña un papel fundamental desde los primeros momentos de atención, participando en la identificación del ictus, activación del circuito, valoración inicial, monitorización, preparación diagnóstica y administración y vigilancia de los tratamientos de reperfusión.

La valoración de la glucemia, el control de constantes, la vigilancia neurológica, la prevención de la aspiración, el cribado de disfagia, el control de temperatura y la detección precoz de complicaciones constituyen intervenciones esenciales.

La evidencia científica reciente indica que la participación de personal de Enfermería especializado puede reducir los tiempos de tratamiento y mejorar determinados resultados clínicos.

La atención debe mantenerse durante todo el proceso asistencial, incluyendo la Unidad de Ictus, rehabilitación, educación sanitaria y planificación del alta.

La formación continuada, los protocolos estandarizados, la coordinación multidisciplinar y la evaluación de indicadores de calidad son elementos fundamentales para optimizar la atención.

En definitiva, una actuación enfermera rápida, protocolizada y basada en la evidencia constituye un componente esencial del Código Ictus y puede contribuir a mejorar la seguridad y los resultados de las personas atendidas por ictus.

Bibliografía

  1. Ministerio de Sanidad. Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud. Actualización 2024. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2024. NIPO: 133-24-118-7.
  2. Kumar A, Kumar M, Verma P, Pal R, Nagi M, Mahesh KV, et al. Effects of stroke nurse-led acute stroke management on treatment time benchmarks, intravenous thrombolysis rates, and patient outcomes: a systematic review and meta-analysis. J Stroke Cerebrovasc Dis. 2025;34(2):108216. doi:10.1016/j.jstrokecerebrovasdis.2024.108216. PMID:39740694.
  3. Effectiveness of Nurse-Led Intervention on the Management of Patients With Stroke: A Systematic Review and Meta-Analysis. Int J Nurs. 2026. doi:10.1111/ijn.70115. PMID:41786364.
  4. Lyden P. Using the National Institutes of Health Stroke Scale: A Cautionary Tale. Stroke. 2017;48(2):513-519. doi:10.1161/STROKEAHA.116.016888.
  5. Prabhakaran S, Gonzalez NR, Zachrison KS, Adeoye O, Alexandrov AW, et al. 2026 Guideline for the Early Management of Patients With Acute Ischemic Stroke: A Guideline From the American Heart Association/American Stroke Association. Stroke. 2026. doi:10.1161/STR.0000000000000513.
  6. Green TL, McNair ND, Hinkle JL, Middleton S, Miller ET, Perrin S, et al. Care of the Patient With Acute Ischemic Stroke (Posthyperacute and Prehospital Discharge): Update to 2009 Comprehensive Nursing Care Scientific Statement. Stroke. 2021;52(5):e179-e197. doi:10.1161/STR.0000000000000357. PMID:33691469.
  7. Kumar S, Chou SH-Y, Smith CJ, Nallaparaju A, Laurido-Soto OJ, Leonard AD, et al. Addressing Systemic Complications of Acute Stroke: A Scientific Statement From the American Heart Association. Stroke. 2025;56(1):e15-e29. doi:10.1161/STR.0000000000000477. PMID:39633600.
  8. Powers WJ, Rabinstein AA, Ackerson T, Adeoye OM, Bambakidis NC, Becker K, et al. Guidelines for the Early Management of Patients With Acute Ischemic Stroke: 2019 Update to the 2018 Guidelines. Stroke. 2019;50:e344-e418. doi:10.1161/STR.0000000000000211.