Calidad de vida en supervivientes de cáncer y papel de Enfermería Comunitaria

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 40

Autor principal (primer firmante): Maitane Oroz Astrain

Fecha recepción: 05/10/2026

Fecha aceptación: 01/11/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 40

Autores:

  • Maitane Oroz Astrain. Categoría profesional: Enfermería
  • Iñigo Pérez Laso. Categoría profesional: Enfermería
  • Silvia Gutierrez Vázquez. Categoría profesional: Enfermería
  • Cristina Martinez Barandalla. Categoría profesional: Enfermería
  • Lorea Apesteguia Bardi. Categoría profesional: Enfermería
  • Raquel Villanueva Goyeneche. Categoría profesional: Enfermería

Resumen

El aumento de la supervivencia al cáncer plantea nuevas necesidades físicas, psicológicas y sociales tras finalizar el tratamiento. La calidad de vida es multidimensional y no depende únicamente de los síntomas físicos, sino también del bienestar emocional, las relaciones sociales, la recuperación de la vida cotidiana y la adaptación. La calidad de vida de los supervivientes con cáncer se ha relacionado con la actividad física, el apoyo social, la información y el autocuidado. La Enfermería Comunitaria desempeña un papel estratégico mediante la valoración integral, educación sanitaria, promoción del autocuidado, detección de problemas emocionales y coordinación asistencial.

Palabras clave: cancer survivors, quality of life, primary care, community nursing y supportive care.

Introducción

Los avances experimentados en el diagnóstico precoz y el tratamiento del cáncer han producido un incremento progresivo de la supervivencia. En España, aproximadamente el 50 % de las personas diagnosticadas de cáncer viven al menos cinco años después del diagnóstico, aunque la supervivencia presenta importantes diferencias según el tipo de tumor. Los datos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) muestran una tendencia positiva de la supervivencia en la mayoría de los tipos de cáncer.

Este aumento de la supervivencia plantea un nuevo reto para los sistemas sanitarios: atender las necesidades de las personas que han finalizado el tratamiento oncológico. La supervivencia no implica necesariamente la recuperación completa del estado de salud previo al cáncer. Los supervivientes pueden presentar cambios físicos, psicológicos, sociales y laborales relacionados tanto con la propia enfermedad como con sus tratamientos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la atención a la supervivencia como una parte integral de la atención oncológica, incluyendo la vigilancia de recurrencias, el manejo de efectos a largo plazo, la prevención de nuevos cánceres y la promoción de la salud.

La calidad de vida de los supervivientes de cáncer se evalúa mediante cuestionarios estandarizados y validados. Uno de los más utilizados es el European Organisation for Research and Treatment of Cancer Quality of Life Questionnaire-Core 30 (EORTC QLQ-C30). Consta de 30 ítems y evalúa el funcionamiento físico, emocional, cognitivo y social, el desempeño de roles, el estado global de salud y diferentes síntomas relacionados con la enfermedad y sus tratamientos, como fatiga, dolor, náuseas, insomnio o pérdida de apetito. Estos instrumentos permiten identificar áreas que pueden afectar al bienestar y orientar las intervenciones dirigidas a mejorar la calidad de vida.

Objetivos

Objetivo general

Analizar la calidad de vida de los supervivientes de cáncer y determinar el papel de Enfermería Comunitaria en la atención y seguimiento de sus necesidades.

Objetivos específicos

  1. Identificar las principales dimensiones físicas, psicológicas y sociales que influyen en la calidad de vida de los supervivientes de cáncer.
  2. Analizar el papel de Enfermería Comunitaria en el seguimiento de los supervivientes y en la promoción de estrategias dirigidas a mejorar su calidad de vida.

Métodos

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa de la literatura científica publicada durante los últimos diez años abarcando el periodo comprendido entre 2016 y 2026. Se consultaron bases de datos bibliográficas relacionadas con las ciencias de la salud, principalmente PubMed / MEDLINE, CINAHL y Scopus. Asimismo, la búsqueda se completó con documentos de organismos oficiales y sociedades científicas, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN) y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis y estudios observacionales o experimentales realizados en población adulta superviviente de cáncer.

Resultados

La calidad de vida de los supervivientes de cáncer es un concepto multidimensional que incluye el bienestar físico, psicológico y social. La supervivencia al cáncer no implica necesariamente la recuperación completa de la calidad de vida. Los supervivientes pueden presentar necesidades persistentes relacionadas con el estado físico, el bienestar psicológico, las relaciones sociales y la adaptación a la vida cotidiana. Existen cambios debidos a las consecuencias a largo plazo de la enfermedad y a sus tratamientos.

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La percepción de la calidad de vida de los supervivientes de cáncer es subjetiva y está influida por diferentes dimensiones de su experiencia después de la enfermedad. Los estudios cualitativos muestran que los supervivientes no valoran su calidad de vida únicamente en función de la presencia o ausencia de síntomas físicos, sino también en relación con su bienestar psicológico, sus relaciones sociales, su capacidad para recuperar la normalidad y la posibilidad de retomar sus actividades habituales.

Amat et al. describen que, incluso tras finalizar el tratamiento, los supervivientes pueden presentar necesidades relacionadas con síntomas físicos, funcionamiento psicológico, relaciones sociales y adaptación a la vida cotidiana. Del mismo modo, muestran que las dimensiones psicológica y social fueron las que presentaron mayor relevancia entre los supervivientes, por encima de los aspectos exclusivamente físicos.

La etapa posterior al tratamiento puede estar acompañada de incertidumbre ante una posible recaída, cambios de rol, dificultades para recuperar la vida cotidiana y necesidad de información y apoyo. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) señala que las consecuencias a largo plazo del cáncer y sus tratamientos pueden afectar a la calidad de vida durante años o incluso décadas después del diagnóstico.

Entre los factores asociados a una mejor calidad de vida, la actividad física constituye uno de los factores potencialmente modificables. Yan et al. mostraron que quienes presentaban niveles elevados de actividad física valoraban mejor su calidad de vida, tanto a nivel físico como emocional, en comparación con los supervivientes sedentarios. Marmol et al. añaden que las intervenciones basadas en el ejercicio físico obtienen un efecto mayor sobre la calidad de vida cuando se combinan con estrategias dirigidas al bienestar psicológico.

Otros factores relacionados con una mejor adaptación a la supervivencia son el acceso a información adecuada, el apoyo de los profesionales sanitarios, el apoyo social y la capacidad para desarrollar estrategias de autocuidado. Por el contrario, la presencia persistente de síntomas físicos, dificultades psicológicas, problemas en las relaciones sociales o alteraciones en la vida cotidiana puede repercutir negativamente en la calidad de vida.

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Discusión

La supervivencia al cáncer debe entenderse como una etapa específica dentro del proceso asistencial y no simplemente como el final del tratamiento oncológico. El incremento de la supervivencia hace necesario desplazar parte de la atención hacia la prevención de complicaciones, la promoción de hábitos saludables y la recuperación de la calidad de vida.

La calidad de vida de los supervivientes de cáncer debe abordarse desde una perspectiva integral. La supervivencia no supone necesariamente la desaparición de las consecuencias de la enfermedad y sus tratamientos, ya que pueden persistir alteraciones físicas, psicológicas y sociales que condicionan la vida cotidiana. En este sentido, las dimensiones psicológica y social adquieren una especial relevancia durante la etapa de supervivencia, lo que indica que el seguimiento no debería centrarse exclusivamente en la situación clínica o en la aparición de una posible recaída.

Los resultados obtenidos muestran una relación entre la actividad física y una mejor percepción de la calidad de vida. A su vez, añaden que los beneficios son mayores cuando la actividad se acompaña de distintas estrategias que fomentan el bienestar psicológico. Estos resultados apoyan la necesidad de promover estilos de vida saludables durante la supervivencia, adaptando las recomendaciones a las características, capacidades y preferencias de cada persona.

Sin embargo, la actividad física no debe considerarse un factor aislado. La calidad de vida de los supervivientes está condicionada por múltiples elementos, entre ellos las secuelas del tratamiento, el bienestar emocional, las relaciones sociales, la recuperación de las actividades habituales y el acceso a información y apoyo. Por este motivo, las intervenciones dirigidas a supervivientes deberían ser individualizadas y abordar de forma conjunta las diferentes dimensiones de la calidad de vida.

En este contexto, la Enfermería Comunitaria ocupa una posición estratégica, debido a la continuidad y proximidad de la Atención Primaria a la población. La enfermera comunitaria puede realizar una valoración integral del superviviente, identificando problemas que pueden pasar desapercibidos cuando el seguimiento se centra exclusivamente en la ausencia de recaída de la enfermedad. La valoración integral no debe estar centrada únicamente en síntomas físicos, sino también en aspectos emocionales, sociales y funcionales.

La enfermera también puede desarrollar intervenciones educativas dirigidas a potenciar el autocuidado y la autonomía. La educación sanitaria sobre actividad física, alimentación saludable, abandono del tabaco, consumo de alcohol, manejo de síntomas y adherencia a las recomendaciones de seguimiento puede favorecer que el superviviente adopte un papel activo en el cuidado de su salud. Asimismo, es capaz de detectar las dificultades emocionales y sociales y orientar hacia distintos recursos sanitarios o comunitarios. Las intervenciones de autocuidado han mostrado resultados prometedores sobre la calidad de vida, especialmente cuando combinan diferentes estrategias y fomentan la participación activa de la persona.

Otro aspecto fundamental es la detección precoz de problemas emocionales. La enfermera comunitaria puede identificar signos de ansiedad, depresión, miedo a la recurrencia o aislamiento social y establecer las intervenciones correspondientes o derivar a otros profesionales cuando sea necesario. Esto resulta especialmente importante, ya que las necesidades psicosociales constituyen uno de los pilares de intervención en los cuidados tras la enfermedad.

La coordinación asistencial constituye igualmente una función esencial. La atención al superviviente requiere comunicación entre Atención Primaria, Oncología y otros profesionales sanitarios. La evidencia indica que los modelos de atención en Atención Primaria pueden obtener resultados comparables a los modelos basados exclusivamente en atención especializada en diferentes resultados de salud. La comunicación y la información adecuada son aspectos especialmente relevantes para los supervivientes, que pueden presentar incertidumbre y necesidades diferentes a lo largo del tiempo. Enfermería puede contribuir a proporcionar información adaptada, reforzar la autonomía del paciente y facilitar la coordinación entre Atención Primaria, Atención Hospitalaria y otros recursos disponibles.

Sin embargo, debe señalarse que la evidencia específica sobre Enfermería Comunitaria en supervivientes a largo plazo todavía es limitada. Las revisiones disponibles muestran resultados favorables de las intervenciones enfermeras, pero también heterogeneidad en las intervenciones, el tipo de cáncer, el tiempo transcurrido desde el tratamiento y los instrumentos utilizados para medir la calidad de vida. Por ello, son necesarios estudios que evalúen específicamente modelos de seguimiento liderados por enfermeras comunitarias y su impacto a medio y largo plazo. Además, parte de la evidencia sobre intervenciones se concentra en determinados tipos de cáncer, especialmente cáncer de mama, por lo que son necesarios más estudios que permitan conocer las necesidades de supervivientes a largo plazo y valorar la eficacia de intervenciones desde el ámbito comunitario.

Conclusiones

El aumento de la supervivencia al cáncer ha generado una población creciente de personas que pueden presentar necesidades físicas, psicológicas y sociales después de finalizar el tratamiento. La calidad de vida debe constituir uno de los principales objetivos de la atención durante esta etapa, y no limitarse exclusivamente al control de la recurrencia de la enfermedad.

La evidencia disponible indica que las intervenciones enfermeras pueden mejorar determinadas dimensiones de la calidad de vida, favorecer el autocuidado y contribuir a la satisfacción y continuidad de los cuidados. El seguimiento comunitario puede favorecer una atención centrada en la persona y no únicamente en la enfermedad.

El desarrollo de modelos estructurados de seguimiento de supervivientes con cáncer podría contribuir a ofrecer una atención continuada, integral y centrada en las necesidades individuales de los supervivientes. No obstante, resulta necesario ampliar la investigación para determinar qué intervenciones enfermeras son más eficaces y sobre qué grupo de población.

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