Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 901
Autor principal (primer firmante): Jesusa Alba Antolín
Fecha recepción: 27/07/2026
Fecha aceptación: 23/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 901
Jesusa Alba Antolín
Antonio Raúl Castillo Ortuño
Ana Cristina Zapater Marín
Belén Gómez Hevia
Ana María Albacar Galve
Ana María Cidraque Tesan
Resumen
El ayuno intermitente se ha popularizado como estrategia para perder peso y mejorar la salud metabólica, con resultados prometedores en personas con sobrepeso u obesidad. Diversas revisiones y ensayos clínicos muestran mejoras en perímetro de cintura, grasa corporal, perfil lipídico, presión arterial e insulina en ayunas, aunque en muchos casos no supera a una dieta clásica de restricción calórica. Sin embargo, también se han descrito efectos adversos (hambre intensa, cefaleas, irritabilidad, problemas digestivos) y dudas sobre su seguridad y eficacia a largo plazo, especialmente en esquemas muy estrictos. Este texto revisa los beneficios y perjuicios del ayuno intermitente, así como las precauciones necesarias antes de adoptarlo de forma prolongada.
Palabras clave:
Ayuno intermitente, alimentación restringida en el tiempo, pérdida de peso, metabolismo, riesgos, efectos secundarios, salud cardiovascular.
Introducción
El ayuno intermitente agrupa diferentes patrones de alimentación que alternan periodos de ingesta con periodos de ayuno, sin especificar necesariamente qué alimentos comer, sino cuándo hacerlo. Una de sus formas más conocidas es la alimentación restringida en el tiempo (time‑restricted eating, TRE), que concentra la ingesta diaria en ventanas de 8–10 horas y deja el resto del día en ayuno.
En los últimos años, estudios en humanos han analizado su impacto en peso, glucosa, lípidos y otros marcadores de salud, mientras que otros trabajos empiezan a señalar posibles riesgos, sobre todo cuando las ventanas de comida son demasiado cortas o se aplica sin supervisión médica.
Desarrollo
Una amplia revisión tipo “umbrella review” que integra ensayos clínicos aleatorizados concluye que el ayuno intermitente, en personas con sobrepeso u obesidad, puede:
Disminuir el perímetro de cintura, la grasa corporal y el índice de masa corporal.
Reducir colesterol LDL, triglicéridos, colesterol total e insulina en ayunas.
Bajar ligeramente la presión arterial sistólica y mejorar la resistencia a la insulina.
Aumentar el colesterol HDL y mantener mejor la masa libre de grasa que algunas dietas hipocalóricas continuas.
En estudios de alimentación restringida en el tiempo en personas con síndrome metabólico, reducir la ventana de ingesta a unas 8–10 horas se ha asociado con pequeñas pero significativas mejoras en hemoglobina glicosilada, presión arterial, peso y perfil lipídico, sin efectos adversos graves en el corto plazo.
Algunos trabajos sugieren que el ayuno intermitente podría mejorar la sensibilidad a la insulina y ciertos marcadores inflamatorios, lo que, en teoría, reduciría el riesgo cardiometabólico. No obstante, varios ensayos han encontrado que, para la pérdida de peso, el ayuno intermitente no es claramente superior a la restricción calórica diaria tradicional cuando las calorías totales son similares.
Perjuicios y efectos secundarios
Como ocurre con cualquier patrón de alimentación restrictivo, el ayuno intermitente no está exento de riesgos. Entre los efectos secundarios descritos se encuentran:
- Hambre intensa, antojos y sensación de debilidad.
- Cefaleas, mareos y dificultades de concentración.
- Problemas digestivos como estreñimiento, hinchazón o reflujo.
- Irritabilidad, cambios de humor y alteraciones del sueño.
- Mal aliento, deshidratación y necesidad frecuente de orinar.
Una revisión divulgativa advierte que, en personas vulnerables, el ayuno intermitente puede facilitar déficits de nutrientes, hipoglucemias, deshidratación y, a largo plazo, problemas de salud si la ingesta durante la ventana de comida es pobre en calidad. Además, se desaconseja en personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, embarazadas o lactantes, adolescentes, personas frágiles, pacientes con determinadas enfermedades crónicas o bajo medicación que pueda provocar hipoglucemias.
Riesgos cardiovasculares y dudas a largo plazo
Un estudio reciente que analizó datos de más de 19 000 adultos observó que quienes limitaban de forma muy estricta su ventana de comida a menos de 8 horas al día tenían un riesgo significativamente mayor de mortalidad cardiovascular en comparación con quienes repartían su alimentación en 12–14 horas. Esta asociación no prueba causalidad, pero ha generado preocupación sobre los efectos de ayunos extremos prolongados, especialmente en personas con factores de riesgo cardiovascular.
Por otra parte, algunos ensayos han mostrado que la pérdida de peso con ciertos esquemas de ayuno puede acompañarse de pérdida de masa muscular, y no solo de grasa, lo que en población mayor o sedentaria podría incrementar fragilidad y empeorar la salud a largo plazo. Además, la adherencia a estos protocolos no siempre es buena: muchas personas abandonan por hambre, incomodidad social o dificultad para encajar las ventanas de comida en su rutina laboral y familiar.
¿Para quién puede ser útil?
El ayuno intermitente puede ser una herramienta válida para algunas personas con sobrepeso u obesidad que buscan una forma estructurada de reducir la ingesta calórica, siempre que:
- Se realice con supervisión profesional, al menos al inicio.
- La dieta dentro de la ventana de comida sea de calidad, rica en frutas, verduras, legumbres y proteínas adecuadas.
- Se combine con actividad física y buen descanso.
- No exista historia de trastornos alimentarios ni condiciones médicas que lo desaconsejen.
No es una solución mágica ni la única vía para mejorar la salud metabólica; en muchos casos, una dieta equilibrada hipocalórica clásica ofrece resultados similares con menos riesgo de efectos secundarios.
Conclusión
El ayuno intermitente puede aportar beneficios en términos de pérdida de peso, reducción de perímetro de cintura, mejora del perfil lipídico y de la sensibilidad a la insulina en adultos con sobrepeso u obesidad, especialmente cuando se aplica como parte de un programa integral de cambio de estilo de vida. Sin embargo, su efectividad no parece muy superior a la de una restricción calórica continua bien planificada, y se asocia a efectos secundarios frecuentes y a dudas relevantes sobre su seguridad a largo plazo, sobre todo en protocolos muy estrictos.
No es adecuado para todas las personas y puede ser peligroso en determinados grupos, por lo que no debería iniciarse sin valorar la situación clínica individual y, preferiblemente, con asesoramiento profesional. Para la mayoría, la clave seguirá siendo mantener una alimentación variada y equilibrada, moverse más, dormir bien y evitar el tabaco y el exceso de alcohol, usando el ayuno intermitente, si se elige, como una herramienta más y no como una solución milagrosa.
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