Las autolesiones en adolescentes: eficacia de los talleres de gestión emocional dirigidos por Enfermería comunitaria en institutos

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 872

Autor principal (primer firmante): Juncal Mateo Bueno

Fecha recepción: 25/07/2026

Fecha aceptación: 21/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 872

Autores:

  1. Juncal Mateo Bueno.
  2. María Aznar Chicote.
  3. Nuria Lagota Frago.
  4. Sandra Quílez Artal.
  5. Carolina Giner Pérez.
  6. Irene Clavería Carcas.

Categoría: DUE.

Palabras clave: etapa, adolescencia, cambios, habilidades, emociones, relaciones, vulnerabilidad, jóvenes, autolesiones, emergido.

Introducción

La adolescencia constituye una etapa de profundos cambios físicos, psicológicos y sociales en la que se consolida la identidad personal y se desarrollan las habilidades necesarias para afrontar las demandas de la vida adulta. Durante este periodo, la intensidad de las emociones, la presión académica, las relaciones con los iguales, el uso de las redes sociales y los conflictos familiares pueden aumentar la vulnerabilidad emocional de los jóvenes. Las autolesiones no suicidas han emergido como un importante problema de salud pública debido a su creciente prevalencia y a las repercusiones que generan sobre el bienestar físico y psicológico de los adolescentes. Estas conductas consisten en provocarse daño de forma intencionada sobre el propio cuerpo, generalmente mediante cortes, quemaduras o golpes, sin que exista una intención directa de provocar la muerte. Aunque no deben confundirse con el comportamiento suicida, su presencia constituye un importante indicador de malestar emocional y un factor de riesgo para futuras conductas suicidas.

La evidencia científica señala que las autolesiones suelen utilizarse como una estrategia desadaptativa para aliviar emociones intensas, reducir la ansiedad, gestionar sentimientos de vacío o afrontar situaciones de estrés. Su origen es multifactorial e implica la interacción de factores individuales, familiares, sociales y ambientales. Entre los elementos más frecuentemente asociados se encuentran la baja autoestima, la impulsividad, la dificultad para regular las emociones, los antecedentes de experiencias traumáticas, el acoso escolar, la violencia, los conflictos familiares y determinados trastornos de salud mental, como la depresión o los trastornos de ansiedad. Ante esta realidad, la prevención precoz adquiere una importancia fundamental, siendo el ámbito educativo un espacio privilegiado para desarrollar intervenciones dirigidas a promover la salud mental y fortalecer los recursos personales de los adolescentes.

Papel de Enfermería comunitaria

La Enfermería comunitaria desempeña un papel esencial en este escenario gracias a su experiencia en promoción de la salud, educación sanitaria y prevención de conductas de riesgo. La colaboración entre los centros educativos y los profesionales de atención primaria permite desarrollar programas dirigidos a mejorar la alfabetización emocional, fortalecer la resiliencia y proporcionar herramientas de afrontamiento saludables antes de que aparezcan problemas más graves. Los talleres de gestión emocional representan una de las estrategias preventivas con mayor potencial para favorecer el bienestar psicológico de los adolescentes y reducir la aparición de conductas autolesivas.

Las autolesiones suelen aparecer como consecuencia de dificultades para identificar, comprender y expresar adecuadamente las propias emociones. Muchos adolescentes describen estas conductas como una forma de aliviar temporalmente el sufrimiento psicológico, recuperar la sensación de control o disminuir la tensión emocional acumulada. Sin embargo, el alivio experimentado suele ser breve y favorece la repetición del comportamiento, estableciendo un círculo difícil de romper sin apoyo profesional. Por ello, las intervenciones preventivas deben centrarse en proporcionar alternativas saludables para afrontar el malestar emocional y desarrollar habilidades que permitan gestionar las dificultades cotidianas de manera adaptativa.

Objetivos de los talleres

Los talleres de gestión emocional dirigidos por Enfermería comunitaria tienen como objetivo enseñar a los adolescentes a reconocer sus emociones, comprender su función y aprender estrategias eficaces para regularlas. Estas intervenciones suelen combinar contenidos teóricos con actividades participativas, dinámicas grupales, resolución de casos prácticos y ejercicios de reflexión personal. Entre las competencias trabajadas destacan la identificación de emociones, la comunicación asertiva, la resolución de conflictos, el manejo del estrés, la autoestima, la empatía y las habilidades para solicitar ayuda cuando sea necesario. La metodología participativa favorece un clima de confianza que facilita la expresión emocional y reduce el estigma asociado a los problemas de salud mental.

Diversos estudios han demostrado que los programas escolares de educación emocional producen mejoras significativas en la regulación emocional, la autoestima y las habilidades sociales de los adolescentes. Además, se ha observado una disminución de síntomas relacionados con ansiedad, depresión y estrés, factores estrechamente vinculados con la aparición de autolesiones. Aunque estas intervenciones no eliminan completamente el riesgo, sí contribuyen a aumentar los factores de protección y a reducir la probabilidad de que los jóvenes recurran a estrategias perjudiciales para afrontar situaciones de malestar.

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La Enfermería comunitaria ocupa una posición privilegiada para liderar este tipo de programas debido a su formación en educación para la salud y a su conocimiento del entorno familiar y comunitario. Su intervención no se limita a impartir contenidos, sino que incluye la detección precoz de adolescentes en situación de vulnerabilidad, la identificación de factores de riesgo y la derivación a otros profesionales cuando se detectan necesidades de atención especializada. Asimismo, el trabajo coordinado con orientadores escolares, psicólogos, docentes y familias permite ofrecer una respuesta más completa e integrada.

Beneficios

Uno de los principales beneficios de estos talleres es la normalización del diálogo sobre la salud mental. Muchos adolescentes experimentan miedo, vergüenza o culpa al hablar de sus emociones, lo que dificulta la búsqueda de ayuda. La creación de espacios seguros dentro del entorno educativo favorece la expresión de sentimientos y contribuye a reducir el estigma asociado al malestar psicológico. La presencia de profesionales de Enfermería facilita además la transmisión de información basada en la evidencia científica y promueve una visión positiva del cuidado de la salud mental como parte del bienestar general.

La participación de las familias constituye otro elemento fundamental para el éxito de estas intervenciones. Los talleres dirigidos exclusivamente a los adolescentes obtienen mejores resultados cuando se complementan con actividades formativas para padres y cuidadores. Informar sobre los cambios emocionales propios de la adolescencia, enseñar señales de alerta y ofrecer pautas de comunicación favorece la detección temprana de situaciones de riesgo y fortalece el apoyo familiar. Del mismo modo, la coordinación con el profesorado permite identificar cambios de comportamiento, dificultades académicas o problemas de convivencia que puedan requerir una intervención específica.

La evaluación periódica de estos programas resulta imprescindible para valorar su eficacia y garantizar su mejora continua. La utilización de cuestionarios sobre regulación emocional, autoestima, habilidades sociales o bienestar psicológico permite medir los cambios producidos tras la intervención y adaptar los contenidos a las necesidades reales del alumnado. Asimismo, el seguimiento a medio y largo plazo facilita conocer el mantenimiento de los beneficios obtenidos y orientar futuras estrategias preventivas.

En los últimos años, la creciente preocupación por la salud mental infanto-juvenil ha impulsado el desarrollo de políticas educativas y sanitarias que promueven la incorporación de programas de educación emocional dentro del currículo escolar. La evidencia científica respalda que las intervenciones preventivas desarrolladas en los institutos resultan más eficaces cuando se mantienen de forma continuada, implican a toda la comunidad educativa y se integran dentro de una estrategia global de promoción de la salud.

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Conclusión

Las autolesiones en adolescentes constituyen un importante problema de salud pública debido a su creciente frecuencia y a las graves repercusiones que pueden generar sobre el bienestar físico, psicológico y social de los jóvenes. Su aparición refleja, en muchas ocasiones, dificultades para gestionar el malestar emocional y pone de manifiesto la necesidad de desarrollar estrategias preventivas que fortalezcan los recursos personales antes de que estas conductas se consoliden. La prevención debe abordarse desde un enfoque integral que contemple factores individuales, familiares, escolares y comunitarios.

Los talleres de gestión emocional dirigidos por Enfermería comunitaria en los institutos representan una intervención preventiva eficaz para mejorar la regulación emocional, potenciar la autoestima, favorecer habilidades de afrontamiento saludables y disminuir factores de riesgo relacionados con las autolesiones. Además de proporcionar conocimientos, estos programas crean espacios de confianza donde los adolescentes pueden expresar sus emociones, aprender a pedir ayuda y desarrollar competencias que favorecen su bienestar psicológico.

La participación activa de la Enfermería comunitaria en el ámbito educativo refuerza el papel de la promoción de la salud mental como parte esencial de los cuidados. La colaboración entre profesionales sanitarios, docentes, orientadores y familias permite construir entornos escolares más seguros, inclusivos y sensibles a las necesidades emocionales de los adolescentes. Apostar por programas de educación emocional basados en la evidencia supone invertir en la prevención de conductas autolesivas, mejorar la calidad de vida de los jóvenes y promover una generación con mayores recursos para afrontar los desafíos personales y sociales de la vida adulta.

Bibliografía

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