Actuación de Enfermería ante el shock anafiláctico: revisión bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 692

Autor principal (primer firmante): Arain Larumbe Iturgaiz

Fecha recepción: 22/07/2026

Fecha aceptación: 18/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 692

Autores:

Arain Larumbe Iturgaiz

Mirian Galar Diaz

Ana Romero Azorín

Categoría profesional:

Graduado/a en Enfermería

Resumen

La anafilaxia es una reacción de hipersensibilidad sistémica grave, de inicio súbito y potencialmente mortal, cuya incidencia ha aumentado en las últimas décadas. Constituye una urgencia médica en la que el reconocimiento precoz de los signos y síntomas, así como la instauración inmediata del tratamiento, resultan determinantes para el pronóstico del paciente. El profesional de Enfermería desempeña un papel esencial tanto en la fase aguda del episodio como en el seguimiento posterior, incluyendo la educación sanitaria orientada a la prevención de nuevas reacciones.

El objetivo de esta revisión bibliográfica es describir la actuación de Enfermería ante un shock anafiláctico, atendiendo al reconocimiento clínico, al protocolo de actuación inmediata —con especial atención a la administración de adrenalina intramuscular como tratamiento de primera línea— y al papel educativo y preventivo de Enfermería. Se realizó una búsqueda bibliográfica en las principales bases de datos científicas, seleccionando guías clínicas de referencia y artículos originales de los últimos años. Los resultados confirman que la adrenalina intramuscular constituye el pilar del tratamiento y que la actuación protocolizada, ágil y coordinada del equipo de Enfermería reduce la morbimortalidad asociada. Se concluye que la formación continuada del personal de Enfermería y la disponibilidad de protocolos claros son elementos clave para una atención segura y eficaz ante esta emergencia.

Palabras clave:

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Anafilaxia; shock anafiláctico; adrenalina; Enfermería; urgencias; alergia

Introducción

La anafilaxia se define como una reacción de hipersensibilidad generalizada o sistémica, grave y potencialmente mortal, caracterizada por un inicio rápido de los síntomas y por el compromiso simultáneo de dos o más órganos o sistemas (piel y mucosas, sistema respiratorio, cardiovascular o digestivo), o bien por hipotensión aislada tras la exposición a un alérgeno conocido (2,3).

Desde el punto de vista fisiopatológico, la mayoría de los episodios se producen por un mecanismo de hipersensibilidad tipo I mediado por inmunoglobulina E (IgE), en el que la reexposición a un alérgeno provoca la degranulación de mastocitos y basófilos y la liberación masiva de histamina y otros mediadores inflamatorios, responsables de la vasodilatación, el aumento de la permeabilidad vascular, el broncoespasmo y el edema de mucosas característicos del cuadro (5).

La incidencia de la anafilaxia ha aumentado en las últimas décadas (2,4). Los alimentos, los fármacos (especialmente antibióticos betalactámicos y antiinflamatorios no esteroideos) y las picaduras de himenópteros se encuentran entre las causas más frecuentes en la población general, mientras que en el ámbito hospitalario cobran especial relevancia los fármacos administrados por vía parenteral, los medios de contraste yodados y el látex (1,5).

La anafilaxia constituye una urgencia tiempo-dependiente en la que los minutos transcurridos hasta la administración de adrenalina intramuscular condicionan de forma directa el desenlace clínico (1,2,4). Sin embargo, diversos estudios señalan que el reconocimiento del cuadro y el uso de adrenalina como tratamiento de primera línea siguen siendo subóptimos entre los profesionales sanitarios, incluido el personal de Enfermería, lo que subraya la necesidad de reforzar la formación específica en este ámbito (6,7).

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En este contexto, el personal de Enfermería, por su posición como primer interviniente en múltiples entornos asistenciales (consultas de alergología, unidades de hospitalización, atención primaria, servicios de urgencias o centros educativos), desempeña un papel decisivo tanto en la detección precoz de los signos de alarma como en la ejecución ágil del protocolo terapéutico y en la posterior educación del paciente y su familia para la prevención de nuevos episodios (6,7).

Objetivos

General

Describir la actuación de Enfermería ante un shock anafiláctico, desde el reconocimiento clínico hasta el tratamiento inmediato, el seguimiento y la educación para la salud.

Específicos

  • Identificar los signos y síntomas de alarma que permiten un diagnóstico precoz de la anafilaxia.
  • Describir el protocolo de actuación inmediata de Enfermería, incluyendo la administración de adrenalina intramuscular como tratamiento de primera línea.
  • Analizar las causas más frecuentes de retraso o infrautilización de la adrenalina en la práctica clínica.
  • Examinar el papel de Enfermería en la educación sanitaria del paciente y su familia, orientada a la prevención de nuevos episodios.
  • Destacar la importancia de la formación continuada y el entrenamiento mediante simulación en la mejora de la actuación del personal de Enfermería ante esta emergencia.

Métodos

Se ha realizado una revisión bibliográfica narrativa mediante la búsqueda en las bases de datos PubMed, Cuiden, Scielo y Google Académico, así como en el repositorio de guías de práctica clínica de las sociedades científicas de referencia en alergología.

Se emplearon los descriptores en inglés «anaphylaxis», «anaphylactic shock», «epinephrine», «adrenaline», «nursing care» y «emergency management», así como sus equivalentes en español («anafilaxia», «shock anafiláctico», «adrenalina», «cuidados de Enfermería»), combinados mediante los operadores booleanos AND/OR.

Criterios de inclusión:

  • Guías de práctica clínica de sociedades científicas de referencia (EAACI, WAO, GALAXIA)
  • Artículos de revisión y estudios originales publicados preferentemente en los últimos cinco años (2020-2025), salvo los documentos considerados clásicos o de referencia histórica en la definición de la anafilaxia
  • Textos disponibles en español o inglés, con acceso a texto completo

Criterios de exclusión:

  • Documentos que no abordaran de forma específica el manejo clínico o el papel de Enfermería en la anafilaxia
  • Artículos de opinión sin respaldo bibliográfico
  • Trabajos duplicados en varias bases de datos (se consideró una única vez la referencia)

El proceso de selección de los documentos, desde su identificación hasta su inclusión final, se resume en la Figura 1.

Resultados

  • Reconocimiento clínico. El diagnóstico de la anafilaxia es fundamentalmente clínico. Los criterios diagnósticos más utilizados, propuestos inicialmente por el Segundo Symposium del NIAID/FAAN, consideran altamente probable el diagnóstico ante la aparición aguda de un cuadro cutáneo-mucoso (urticaria generalizada, prurito, eritema, edema de labios, lengua o úvula) acompañado de compromiso respiratorio o cardiovascular; o bien ante la aparición rápida de dos o más de los siguientes signos tras la exposición a un alérgeno probable: afectación cutáneo-mucosa, compromiso respiratorio, hipotensión y síntomas gastrointestinales persistentes; o ante una hipotensión aislada tras la exposición a un alérgeno conocido para ese paciente (3). Tanto las guías europeas como las españolas mantienen estos criterios como referencia para la práctica clínica diaria (1,4).
  • Actuación inmediata de Enfermería. Ante la sospecha de anafilaxia, la primera medida terapéutica debe ser la administración de adrenalina por vía intramuscular en la cara anterolateral del muslo, ya que constituye el tratamiento de primera línea recomendado de forma unánime por las guías internacionales y nacionales, sin que exista ninguna contraindicación absoluta para su uso en este contexto (1,2,4,5). De forma simultánea, Enfermería debe: retirar o detener la exposición al posible desencadenante (por ejemplo, suspender la perfusión del fármaco implicado); colocar al paciente en decúbito supino con las piernas elevadas (o en posición lateral de seguridad si presenta vómitos, y semisentado si predomina la disnea, evitando en todos los casos la bipedestación brusca); solicitar ayuda y activar al equipo de emergencias; administrar oxígeno a alto flujo; canalizar una vía venosa periférica para la reposición de volumen con cristaloides si existe hipotensión; y monitorizar de forma continua la tensión arterial, la frecuencia cardíaca, la saturación de oxígeno y el nivel de consciencia (1,2,4). La dosis de adrenalina puede repetirse cada 5-15 minutos si no se observa mejoría clínica (1,2). La secuencia completa de actuación se resume en la Figura 2.
  • Tratamiento de segunda línea. Los antihistamínicos y los corticoides pueden emplearse como tratamiento coadyuvante para el control de los síntomas cutáneos, pero en ningún caso deben sustituir ni retrasar la administración de adrenalina, un error de actuación descrito con frecuencia en la literatura y asociado a un peor pronóstico (1,2,5).
  • Papel de Enfermería en el seguimiento y la educación para la salud. Tras la estabilización del paciente, el papel educativo de Enfermería resulta fundamental: instrucción en el uso correcto del autoinyector de adrenalina, elaboración de un plan de acción por escrito ante una posible reexposición, refuerzo de las pautas de evitación del alérgeno identificado y derivación a la consulta de alergología para completar el estudio etiológico. Diversos estudios señalan, no obstante, un conocimiento y una confianza limitados entre el personal sanitario —incluido el de Enfermería— respecto al manejo de la anafilaxia (6), lo que subraya la necesidad de reforzar la formación específica. En este sentido, la literatura revisada indica que la formación estructurada mediante simulación de alta fidelidad, en equipos interprofesionales de Enfermería, Medicina y farmacia, mejora de forma significativa la seguridad, la coordinación y la rapidez de la actuación ante este tipo de emergencias (7).

Discusión

Las principales guías clínicas internacionales y nacionales coinciden en situar la adrenalina intramuscular como el pilar del tratamiento de la anafilaxia y en advertir sobre el infrauso persistente de este fármaco en la práctica clínica, motivado en ocasiones por dudas diagnósticas, temor a los efectos adversos o un uso prioritario e injustificado de antihistamínicos y corticoides (1,2,4). Esta discrepancia entre la evidencia disponible y la práctica real se confirma también en el ámbito del conocimiento del personal sanitario, donde diversos estudios evidencian carencias formativas relevantes en el reconocimiento y manejo de la anafilaxia, incluido el colectivo de Enfermería (6). Esto subraya la necesidad de reforzar la formación continuada, tanto en el reconocimiento clínico del cuadro como en la ejecución segura del protocolo de actuación.

En esta línea, la evidencia revisada apunta a que la simulación de alta fidelidad y el trabajo en equipos interprofesionales (Enfermería, Medicina y farmacia) mejoran de forma tangible la coordinación y la seguridad de la actuación ante esta emergencia (7), lo que sugiere que este tipo de formación debería incorporarse de manera sistemática en los planes de formación continuada de los servicios que atienden a pacientes con riesgo de anafilaxia, como es el caso de las consultas de alergología.

Asimismo, la evidencia disponible sobre determinados aspectos del manejo de la anafilaxia continúa siendo limitada y de baja calidad metodológica (1,2), lo que dificulta establecer recomendaciones firmes en algunos puntos concretos del protocolo. Es el caso, por ejemplo, del tiempo óptimo de observación tras la resolución del episodio agudo: mientras algunas fuentes sitúan el riesgo de reacción bifásica en un rango amplio (entre el 1% y el 20% de los casos, con un intervalo de aparición de hasta 72 horas), otras defienden que periodos de observación de 4-6 horas son suficientes en la mayoría de los pacientes sin factores de riesgo adicionales. Esta falta de consenso evidencia la necesidad de impulsar nuevas líneas de investigación clínica en este campo, así como de individualizar la duración de la observación en función del perfil de riesgo de cada paciente (número de dosis de adrenalina requeridas, gravedad del episodio inicial o antecedentes de reacción bifásica).

Por último, cabe destacar que la mayoría de las guías y estudios revisados proceden de contextos hospitalarios o de urgencias, mientras que la literatura específica sobre la actuación de Enfermería en consultas ambulatorias de alergología —como el contexto propio de esta revisión— resulta comparativamente más escasa, lo que representa una limitación de la evidencia disponible y, a su vez, una oportunidad para futuras publicaciones enfermeras en este ámbito.

Conclusiones

La anafilaxia constituye una urgencia vital en la que la rapidez y la correcta secuencia de actuación resultan determinantes para el pronóstico del paciente. La adrenalina intramuscular es el tratamiento de primera línea y su administración no debe demorarse ante la sospecha clínica, independientemente del entorno asistencial en el que se produzca el episodio.

El personal de Enfermería, por su papel como primer interviniente en numerosos contextos asistenciales —incluidas las consultas de alergología—, debe conocer con precisión los signos de alarma y el protocolo de actuación, además de asumir un papel activo en la educación del paciente y su familia para la prevención de futuros episodios.

La evidencia revisada muestra que persisten carencias formativas relevantes entre los profesionales sanitarios, incluido el personal de Enfermería, en el reconocimiento y manejo de la anafilaxia. En este sentido, la formación continuada y estructurada, incluyendo el entrenamiento mediante simulación en equipos interprofesionales, así como la disponibilidad de protocolos claros y actualizados, son elementos clave para garantizar una atención segura y eficaz ante esta emergencia.

Por último, se evidencia la necesidad de ampliar la producción científica enfermera específica sobre el manejo de la anafilaxia en el ámbito de las consultas de alergología, un contexto asistencial con menor representación en la literatura actual pese a su relevancia clínica.

Figuras

Figura 1. Proceso de selección bibliográfica.

Figura 2. Protocolo de actuación de Enfermería ante el shock anafiláctico.

Ver imágenes al final del artículo.

Bibliografía

  1. Muraro A, Worm M, Alviani C, Cardona V, DunnGalvin A, Garvey LH, et al. EAACI guidelines: anaphylaxis (2021 update). Allergy. 2022;77(2):357-377.
  2. Cardona V, Ansotegui IJ, Ebisawa M, El-Gamal Y, Fernandez Rivas M, Fineman S, et al. World Allergy Organization anaphylaxis guidance 2020. World Allergy Organ J. 2020;13(10):100472.
  3. Sampson HA, Muñoz-Furlong A, Campbell RL, Adkinson NF Jr, Bock SA, Branum A, et al. Second symposium on the definition and management of anaphylaxis: summary report. J Allergy Clin Immunol. 2006;117(2):391-397.
  4. Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), Sociedad Española de Medicina de Emergencias (SEMES), Sociedad Española de Urgencias Pediátricas (SEUP). Guía GALAXIA 2022: guía de actuación en anafilaxia. Madrid: SEAIC; 2022.
  5. Pflipsen MC, Vega Colon KM. Anaphylaxis: recognition and management. Am Fam Physician. 2020;102(6):355-362.
  6. González-Díaz SN, Villarreal-González RV, Fuentes-Lara EI, Salinas-Díaz MDR, de Lira-Quezada CE, Macouzet-Sánchez C, et al. Knowledge of healthcare providers in the management of anaphylaxis. World Allergy Organ J. 2021;14(11):100599.
  7. MacDonald S, Manuel A, Dubrowski A, Bandrauk N, Law R, Curran V, et al. Emergency management of anaphylaxis: a high fidelity interprofessional simulation scenario to foster teamwork among senior nursing, medicine, and pharmacy undergraduate students. Cureus. 2018;10(7):e2915.

Anexos: PDF