Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 29
Autor principal (primer firmante): Rocío Ausejo Vallés
Fecha recepción: 05/10/2026
Fecha aceptación: 01/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 29
Autores:
- Rocío Ausejo Valles
- Alba Zubieta Crodón
- Laura Chivite Felipe
Resumen
La crisis asmática constituye una de las causas frecuentes de atención por patología respiratoria en los servicios de urgencias y puede presentar una gravedad variable, desde episodios leves hasta exacerbaciones potencialmente mortales. Se caracteriza por un empeoramiento agudo o subagudo de los síntomas respiratorios y de la función pulmonar, pudiendo producir disnea intensa, sibilancias, tos y opresión torácica. La identificación precoz de los signos de gravedad y el inicio rápido del tratamiento son fundamentales para evitar complicaciones.
El objetivo de este trabajo es analizar la actuación enfermera ante el paciente con crisis asmática atendido en el servicio de urgencias. Para ello, se realizó una revisión bibliográfica de la evidencia científica disponible sobre la valoración inicial, monitorización, tratamiento y cuidados enfermeros durante las exacerbaciones asmáticas.
Los resultados muestran que la actuación enfermera debe centrarse en la valoración de la gravedad, el control de constantes vitales, la monitorización de la saturación de oxígeno, la valoración del patrón respiratorio y la administración de los tratamientos prescritos. Entre las principales intervenciones destacan la administración de broncodilatadores inhalados, oxigenoterapia controlada cuando está indicada, corticosteroides sistémicos y, en determinados casos graves, bromuro de ipratropio o sulfato de magnesio.
Asimismo, la vigilancia continua permite detectar signos de deterioro como dificultad respiratoria intensa, agotamiento, alteración del nivel de conciencia o disminución marcada de la saturación de oxígeno. La educación sanitaria y la correcta utilización de los dispositivos de inhalación son también fundamentales para prevenir nuevas exacerbaciones.
En conclusión, la crisis asmática requiere una atención rápida, sistematizada y multidisciplinar. El personal de Enfermería desempeña un papel esencial en la valoración inicial, monitorización, administración segura del tratamiento, detección de complicaciones y educación sanitaria del paciente.
Palabras clave: crisis asmática, asma, enfermería, urgencias, broncodilatadores, educación sanitaria
Introducción
El asma es una enfermedad respiratoria crónica caracterizada por síntomas respiratorios variables como sibilancias, disnea, opresión torácica y tos, asociados a una limitación variable del flujo espiratorio. Las exacerbaciones representan un empeoramiento agudo o subagudo de los síntomas y de la función pulmonar respecto a la situación habitual del paciente. 1
Las crisis asmáticas pueden presentar diferente grado de gravedad. Algunas responden adecuadamente al tratamiento inicial, mientras que las exacerbaciones graves pueden evolucionar rápidamente hacia insuficiencia respiratoria y requerir asistencia avanzada. La valoración de la frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno, función pulmonar y estado clínico permite establecer la gravedad de la exacerbación. 1,2
Entre las manifestaciones clínicas más frecuentes se encuentran la disnea, tos, sibilancias, opresión torácica y dificultad para hablar. En las exacerbaciones graves pueden aparecer utilización de musculatura accesoria, taquipnea, taquicardia, hipoxemia, agotamiento, somnolencia, confusión o ausencia de ruidos respiratorios, signos que requieren una actuación urgente. 1
Los servicios de urgencias constituyen un punto fundamental para la atención de los pacientes con exacerbaciones asmáticas. La valoración inicial debe realizarse de manera rápida y sistemática, iniciando el tratamiento mientras se determina la gravedad del episodio. Las recomendaciones actuales señalan la importancia de valorar la vía aérea, respiración y circulación, además de monitorizar la respuesta al tratamiento de forma frecuente. 1
En este contexto, el personal de Enfermería desempeña un papel fundamental en la atención del paciente con crisis asmática. Entre sus funciones destacan la valoración respiratoria, monitorización de constantes, control de la saturación de oxígeno, administración de medicación prescrita, vigilancia de la respuesta al tratamiento y detección precoz de signos de deterioro. 1,3
Además de la actuación durante la fase aguda, la educación sanitaria constituye una intervención importante para disminuir el riesgo de futuras exacerbaciones. La correcta utilización de los inhaladores, la adherencia al tratamiento, el reconocimiento de síntomas de alarma y la elaboración de un plan de acción personalizado forman parte de las estrategias recomendadas para el autocuidado del asma. 1,2
Por todo ello, resulta importante analizar la actuación enfermera ante el paciente con crisis asmática en el servicio de urgencias, destacando las intervenciones dirigidas a estabilizar al paciente, prevenir complicaciones y favorecer la continuidad de los cuidados.
Objetivos
Objetivo general
Analizar la actuación enfermera ante el paciente con crisis asmática en el servicio de urgencias.
Objetivos específicos
- Describir las principales características y manifestaciones clínicas de la crisis asmática.
- Identificar los criterios de gravedad de las exacerbaciones asmáticas.
- Describir las principales intervenciones de Enfermería en el servicio de urgencias.
- Analizar las medidas dirigidas a prevenir complicaciones respiratorias.
- Destacar la importancia de la educación sanitaria y la correcta utilización de los inhaladores.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa con el objetivo de analizar la evidencia científica disponible sobre la actuación enfermera ante el paciente con crisis asmática en el servicio de urgencias.
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo en bases de datos científicas y recursos especializados como PubMed, SciELO, Dialnet y Google Académico. Asimismo, se consultaron guías clínicas y documentos de organismos científicos relacionados con el diagnóstico y tratamiento del asma, especialmente la Global Initiative for Asthma (GINA) y las recomendaciones BTS / NICE / SIGN.
Las palabras clave utilizadas fueron: “crisis asmática”, “exacerbación asmática”, “acute asthma exacerbation”, “asthma attack”, “Enfermería”, “urgencias”, “emergency nursing”, “bronchodilator” y “cuidados de Enfermería”. Estos términos se combinaron mediante los operadores booleanos “AND” y “OR”.
Como criterios de inclusión se seleccionaron guías de práctica clínica, artículos científicos, revisiones sistemáticas y documentos especializados publicados en español o inglés, priorizando aquellos relacionados con el manejo de las exacerbaciones asmáticas, la atención en urgencias y las intervenciones de Enfermería.
Se excluyeron publicaciones duplicadas, documentos no relacionados con el ámbito sanitario y aquellos que no aportaban información relevante para los objetivos establecidos.
Resultados
Concepto y características de la crisis asmática
La exacerbación asmática se define como un empeoramiento agudo o subagudo de los síntomas y de la función pulmonar respecto al estado habitual del paciente. Puede aparecer en personas con diagnóstico previo de asma o constituir la primera manifestación de la enfermedad. 1
La gravedad de la exacerbación puede variar desde síntomas leves o moderados hasta cuadros graves y potencialmente mortales. La valoración debe considerar la intensidad de la disnea, frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno y función pulmonar, además de la capacidad del paciente para hablar y su estado de conciencia. 1
La identificación precoz de los pacientes con signos de gravedad es fundamental, ya que las exacerbaciones graves requieren tratamiento inmediato y una vigilancia estrecha. La presencia de somnolencia, confusión o un tórax silencioso puede indicar una situación de riesgo vital y requiere asistencia urgente. 1
Manifestaciones clínicas
Las principales manifestaciones clínicas de una crisis asmática incluyen disnea, tos, sibilancias y opresión torácica. La intensidad de estos síntomas puede variar a lo largo del episodio y depende de la gravedad de la exacerbación. 1,2
En las exacerbaciones leves o moderadas, el paciente puede presentar aumento de la frecuencia respiratoria, disnea y sibilancias, aunque mantiene la capacidad para hablar en frases. En los cuadros graves puede presentar dificultad para hablar, postura inclinada hacia delante, utilización de musculatura accesoria, taquipnea, taquicardia y disminución de la saturación de oxígeno. 1
En los casos de mayor gravedad pueden aparecer agotamiento, alteración del nivel de conciencia y disminución o ausencia de ruidos respiratorios. Estos signos indican un deterioro importante de la función respiratoria y requieren una intervención inmediata. 1
Valoración inicial enfermera
La valoración inicial debe realizarse de forma rápida y sistemática, priorizando la identificación de signos de insuficiencia respiratoria. El abordaje inicial debe incluir la valoración de la vía aérea, respiración y circulación, junto con una evaluación de la gravedad de la exacerbación. 1
Las principales actuaciones enfermeras incluyen:
- Valoración de la frecuencia y patrón respiratorio.
- Control de frecuencia cardíaca y presión arterial.
- Monitorización de la saturación de oxígeno.
- Valoración de la presencia e intensidad de las sibilancias.
- Identificación del uso de musculatura accesoria.
- Valoración de la capacidad para hablar.
- Evaluación del nivel de conciencia.
- Identificación de signos de agotamiento respiratorio.
- Valoración del flujo espiratorio máximo cuando sea posible y esté indicado.
- Identificación de antecedentes de exacerbaciones graves y factores desencadenantes. 1,2
La función pulmonar puede evaluarse mediante el flujo espiratorio máximo o el volumen espiratorio forzado, aunque en pacientes con exacerbaciones graves la valoración clínica y la respuesta al tratamiento tienen especial importancia. 1
Intervenciones de enfermería en urgencias
Los cuidados enfermeros deben orientarse a mejorar la ventilación, corregir la hipoxemia cuando exista y favorecer una respuesta rápida al tratamiento.
Entre las principales intervenciones destacan:
- Colocar al paciente en una posición que facilite la respiración, generalmente sentado.
- Mantener una vigilancia continua del estado respiratorio.
- Monitorizar la saturación de oxígeno.
- Administrar oxigenoterapia controlada cuando esté indicada.
- Administrar broncodilatadores inhalados prescritos.
- Administrar bromuro de ipratropio en las exacerbaciones moderadas o graves cuando esté indicado.
- Administrar corticosteroides sistémicos según prescripción.
- Preparar y administrar otros tratamientos prescritos en caso de mala respuesta.
- Valorar periódicamente la respuesta clínica al tratamiento.
- Mantener acceso venoso cuando la situación clínica lo requiera.
- Registrar la evolución del paciente y las intervenciones realizadas. 1,3
Los agonistas beta2 de acción corta constituyen uno de los principales tratamientos iniciales de las exacerbaciones. Las recomendaciones actuales señalan también la utilización temprana de corticosteroides sistémicos en las exacerbaciones moderadas o graves. 1
En determinadas exacerbaciones graves que no responden adecuadamente al tratamiento inicial puede considerarse el uso de sulfato de magnesio intravenoso. La evidencia disponible indica que su utilidad se concentra principalmente en pacientes con exacerbaciones graves o refractarias al tratamiento inicial, por lo que no se recomienda su utilización rutinaria en todos los pacientes. 1,4
Monitorización y valoración de la respuesta al tratamiento
La monitorización continua constituye una de las principales responsabilidades de Enfermería durante la atención del paciente con crisis asmática. La evolución debe valorarse de forma repetida después de iniciar el tratamiento para comprobar la mejoría o identificar signos de deterioro. 1
Los parámetros que deben vigilarse incluyen:
- Saturación de oxígeno.
- Frecuencia respiratoria.
- Frecuencia cardíaca.
- Trabajo respiratorio.
- Presencia de sibilancias.
- Capacidad para hablar.
- Estado de conciencia.
- Flujo espiratorio máximo o función pulmonar cuando sea posible.
- Evolución de la disnea y sensación de opresión torácica. 1
Las recomendaciones GINA establecen que la evolución clínica debe evaluarse frecuentemente y que la función pulmonar puede volver a medirse aproximadamente una hora después del tratamiento inicial cuando sea posible. 1
La ausencia de respuesta al tratamiento, el empeoramiento de la disnea, la disminución del nivel de conciencia o la aparición de un tórax silencioso deben considerarse signos de alarma y requieren una reevaluación inmediata y la posible escalada del nivel asistencial. 1
Prevención de complicaciones
Las exacerbaciones graves pueden evolucionar hacia insuficiencia respiratoria, hipoxemia, agotamiento muscular y necesidad de ventilación no invasiva o invasiva. Por ello, la identificación precoz del deterioro constituye una de las principales prioridades de los cuidados enfermeros. 1
La monitorización continua y la valoración frecuente permiten detectar cambios clínicos y facilitar una actuación rápida. En pacientes con mala respuesta al tratamiento inicial debe mantenerse una vigilancia estrecha y solicitar valoración especializada cuando sea necesario. 1
La administración correcta y precoz de los tratamientos prescritos contribuye a disminuir la gravedad de la exacerbación. El bromuro de ipratropio puede utilizarse como tratamiento añadido en determinadas exacerbaciones, especialmente en aquellas de mayor gravedad. 1,3
Educación sanitaria y prevención de nuevas crisis
La educación sanitaria es fundamental para reducir el riesgo de nuevas exacerbaciones. El paciente debe conocer su enfermedad, identificar los síntomas de empeoramiento y saber utilizar correctamente los dispositivos inhaladores. 4,5,6
Entre las principales intervenciones educativas de Enfermería destacan:
- Enseñar la técnica correcta de utilización del inhalador.
- Comprobar que el paciente realiza correctamente la técnica antes del alta.
- Explicar la finalidad de los diferentes medicamentos.
- Fomentar la adherencia al tratamiento de mantenimiento.
- Identificar posibles factores desencadenantes.
- Recomendar evitar el humo del tabaco y otros irritantes respiratorios.
- Explicar los signos y síntomas que requieren atención médica urgente.
- Favorecer la elaboración y utilización de un plan de acción personalizado.
- Informar sobre la importancia del seguimiento médico después de una exacerbación.
Las recomendaciones actuales señalan que los pacientes con asma deben disponer de un plan de acción personalizado y recibir educación sobre el tratamiento y la utilización de los inhaladores. La técnica inhalatoria debe revisarse periódicamente y especialmente después de una exacerbación o cuando se modifique el dispositivo.
Discusión
Los resultados obtenidos muestran que la crisis asmática constituye una situación clínica que requiere una valoración rápida y sistemática en los servicios de urgencias. La evidencia actual recomienda evaluar la gravedad mediante parámetros clínicos y funcionales, iniciando el tratamiento de forma precoz y reevaluando la respuesta del paciente de manera frecuente.
El personal de Enfermería desempeña un papel esencial desde el primer contacto con el paciente. La valoración de la frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, frecuencia cardíaca, trabajo respiratorio y nivel de conciencia permite identificar rápidamente a aquellos pacientes que presentan mayor riesgo de deterioro.
La administración precoz de broncodilatadores constituye una de las principales intervenciones durante la exacerbación. Los agonistas beta2 de acción corta forman parte del tratamiento inicial y pueden administrarse mediante inhalador presurizado con cámara espaciadora o mediante nebulización según la gravedad y las características del paciente.
Asimismo, los corticosteroides sistémicos tienen un papel importante en las exacerbaciones moderadas y graves, por lo que Enfermería debe garantizar su administración según la prescripción y vigilar la evolución clínica posterior.
En determinadas situaciones, el bromuro de ipratropio puede añadirse al tratamiento broncodilatador inicial. La evidencia disponible indica que su utilización como tratamiento complementario puede mejorar determinados resultados clínicos, especialmente en pacientes con exacerbaciones más graves.
Por otro lado, el sulfato de magnesio intravenoso puede considerarse en pacientes con exacerbaciones graves que presentan una respuesta insuficiente al tratamiento inicial. Las revisiones sistemáticas muestran resultados favorables en determinados pacientes graves, aunque no justifican su utilización rutinaria en todas las exacerbaciones.
La monitorización constituye otro de los pilares de la atención enfermera. La evolución de la saturación de oxígeno, frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca, trabajo respiratorio y estado de conciencia debe vigilarse de manera continuada. La aparición de somnolencia, confusión, agotamiento o tórax silencioso puede indicar un deterioro grave y requiere una actuación inmediata.
Además, la educación sanitaria tiene una importancia especial en estos pacientes. La evidencia y las recomendaciones clínicas actuales destacan que la correcta utilización de los inhaladores, la adherencia al tratamiento, el reconocimiento precoz de los síntomas y la existencia de un plan de acción personalizado pueden contribuir a reducir el riesgo de nuevas exacerbaciones.
Por tanto, la actuación enfermera no debe limitarse al tratamiento del episodio agudo, sino que debe incluir intervenciones educativas y preventivas. La revisión de la técnica inhalatoria antes del alta, la identificación de factores desencadenantes y la información sobre los signos de alarma permiten mejorar la autonomía del paciente y favorecer la continuidad de los cuidados.
En conjunto, los resultados ponen de manifiesto que Enfermería desempeña un papel fundamental en todas las fases de atención al paciente con crisis asmática: valoración inicial, monitorización, administración de tratamiento, detección de complicaciones y educación sanitaria.
Conclusiones
La crisis asmática constituye una situación frecuente en los servicios de urgencias que puede presentar una gravedad variable y evolucionar rápidamente hacia una insuficiencia respiratoria potencialmente grave.
El personal de Enfermería desempeña un papel fundamental en la valoración inicial del paciente, identificando signos de gravedad mediante la valoración del patrón respiratorio, saturación de oxígeno, frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca y estado de conciencia.
La administración precoz y segura de los tratamientos prescritos, especialmente broncodilatadores y corticosteroides, constituye una intervención esencial para mejorar la situación clínica del paciente y prevenir complicaciones.
La monitorización continua y la reevaluación frecuente permiten detectar precozmente signos de deterioro y facilitar la escalada de cuidados cuando sea necesaria.
Asimismo, la educación sanitaria representa una herramienta fundamental para prevenir nuevas exacerbaciones. La correcta utilización de los inhaladores, la adherencia al tratamiento, el reconocimiento de signos de alarma y el establecimiento de un plan de acción personalizado favorecen el autocuidado del paciente.
Por todo ello, la formación continua del personal de Enfermería en el manejo de las exacerbaciones asmáticas resulta fundamental para proporcionar una atención rápida, segura, eficaz e integral en el servicio de urgencias.
Bibliografía
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