Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 211
Autor principal (primer firmante): David Navarro Alvarez
Fecha recepción: 31/07/2026
Fecha aceptación: 17/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 211
Autores:
- David Navarro Álvarez
- Mikel Zabaleta Vergara
- Ana Gloria Borbolla Sánchez
Introducción
Los sistemas sanitarios actuales precisan que su actividad se mantenga más allá de la jornada habitual de cualquier trabajador ya que esta ha de ser una atención continuada durante las 24 horas del día y los 7 días de la semana, y para garantizar este servicio se ha de desarrollar mediante turnos (mañana, tarde, noches y fines de semana) de un amplio colectivo lo que incluye profesionales como administración, mantenimiento, limpieza, celadores… Por mencionar a unos pocos. En numerosos estudios, ha quedado demostrado que esta turnicidad mantenida en el tiempo puede influir de manera significativa en la salud física y psicológica, en el descanso, así como en sus relaciones personales y rendimiento laboral a medio o largo plazo.
Desarrollo
El cuerpo humano está regulado por ritmos biológicos o conocidos como ritmos circadianos, los cuales controlan funciones esenciales para la supervivencia como el sueño y la temperatura corporal o el metabolismo. Trabajar a turnos, especialmente si incluyen noches y rotaciones frecuentes, altera estos ritmos y ello dificulta que el organismo mantenga un equilibrio entre la actividad y el descanso. Trabajar fuera de un horario continuado y bien equilibrado multiplica los efectos negativos para la salud. Una de las consecuencias más comunes es la alteración del sueño debido a que estos trabajadores viven en un cambio constante de sus ritmos biológicos, ya que no permiten que el cerebro y el resto del cuerpo se adapten a las constantes variaciones. Dormir durante el día no sustituye completamente al descanso nocturno, ya que tiene inconvenientes como la luz ambiental, el ruido y las obligaciones de cada individuo. Este descanso deficiente, cuando es mantenido en el tiempo da como resultado fatiga acumulada, falta de concentración y una sensación de cansancio permanente. Esta falta de descanso reparador nocturno puede llegar a tener repercusión en la salud física. Diversas investigaciones han llegado a la conclusión de que el trabajo a turnos está relacionado con un incremento del riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, hipertensión, obesidad, diabetes tipo 2, así como problemas gastrointestinales, favoreciendo con ello la aparición de resfriados, gripes, etc., por tener bajas defensas, si bien estas enfermedades no se presentan en todos los individuos por igual es innegable que los cambios constantes y mantenidos en el tiempo hacen difícil mantener hábitos saludables, tanto en la alimentación como el descanso de calidad, favoreciendo con ello estilos de vida menos saludables que terminan repercutiendo negativamente en la salud del individuo.
La salud mental puede verse afectada por el aislamiento social que produce la turnicidad. Si bien la mayor parte de la población realiza sus actividades familiares y de ocio en horarios diurnos, los trabajadores a turnos deben descansar en estos mismos periodos. Esta misma situación complica la participación en eventos familiares y acontecimientos sociales de mayor o menor importancia, produciendo con ello un aislamiento forzado y con ello insatisfacción personal.
En el ámbito laboral, esta fatiga cronificada por los años hace que nuestro rendimiento profesional se vea afectado, lo que conlleva una menor capacidad de atención y por ende una mayor probabilidad de errores que deriven en un accidente en el que además perjudiquemos a terceros, como los pacientes, familiares y compañeros de trabajo, por ejemplo. Si a todo esto le sumamos la sensación / percepción de que los turnos se están distribuyendo de forma desigual, tenemos un factor que favorece que los conflictos laborales estallen, disminuyendo por ello la satisfacción en el trabajo, y afectando nuevamente al trato que proporcionamos a los pacientes.
Las actividades de la vida diaria están pensadas para personas que tienen horarios diurnos, y esta está dividida por bloques que podríamos dividir entre diurnos, nocturnos y fin de semana. Ciertos bloques tienen más valor que otros, ya que estos se dedican a actividades que la sociedad considera de mayor importancia. En consecuencia, trabajar no solo significa renunciar a una cantidad de tiempo determinada, sino a renunciar a tiempo libre, el cual podríamos dedicar a actividades personales familiares o de ocio. No debemos olvidar que todo este desgaste añadido a la presión que puede originar el trabajo llega de una forma u otra al ámbito familiar del trabajador, ya que todos estos cambios terminan por alterar la conciliación familiar, sobre todo si hay hijos menores porque los constantes cambios de turnos hacen difícil desarrollar actividades familiares, cuidado de hijos, o atención de personas dependientes por mencionar solo unos pocos, generando por ello tensiones dentro del hogar, pudiendo con ello afectar negativamente en la salud mental tanto del trabajador como de su familia.
Es por ello por lo que, los diferentes organismos públicos deben adoptar todas las medidas preventivas a su alcance como así establece la (LGS 1471986), en el capítulo IV artículo 21 y la ley demandada prevención de riesgos laborales 31/1995 del 8 de noviembre el artículo 10 de dicha ley regula las actuaciones referentes a la salud laboral como así queda señalado en el capítulo IV del título primero de la ley 14/1986 de 25 de abril para así reducir el impacto del trabajo a turnos al mínimo posible. Un ejemplo de estas medidas podría pasar por planificación de turnos progresivos, respeto a los tiempos mínimos de descanso, limitar lo máximo posible el número de noches a realizar por cada trabajador, además de promocionar hábitos de vida saludables en la que entraría una higiene del sueño y la vigilancia por parte de las instituciones de la salud de los empleados, consiguiendo con ello que cualquier problema de salud derivado de dicha turnicidad pudiera ser detectado, subsanado y corregidos los protocolos de salud que procedan lo antes posible.
Conclusión
Aunque la turnicidad es necesaria para que el sistema de salud funcione y los ciudadanos puedan obtener un servicio de alta calidad y humano, no sería justo olvidar que todo este peso que recae sobre los “hombros” del personal sanitario y NO sanitario termina por hacer mella en la salud de todos los actores involucrados, como así atestigua la evidencia científica.
Es por ello por lo que promover una adecuada organización de los turnos, respetar los periodos de descanso y fomentar hábitos saludables no solo beneficia al trabajador, sino que contribuye a mejorar la calidad del servicio (prestada como percibida), la seguridad y el buen ambiente en el puesto de trabajo y todo ello garantiza el funcionamiento de todo el sistema sanitario.
Bibliografía
- Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el trabajo (INSST). Riesgos psicosociales. Ficha 20: Trabajo a turnos. Disponible en: https://www.insst.es/materias/riesgos/riesgos-psic osociales/ficha-20-trabajo-a-turnos
- Instituto Nacional de seguridad y salud en el trabajo (INSST). NTP 455: Trabajo a turnos y nocturno: aspectos organizativos. https://www.insst.es/documentacion/colecciones-tec nicas/ntp-notas-tecnicas-de-prevencion/13-serie-nt p-numeros-436-a-470-ano-1998/ ntp-455-trabajo-a-turnos-y-nocturno-aspectos-organ izativos-1998
- Ministerio de Sanidad y Salud Laboral HTTPS://www.sanidad.gob.es/areas/saludLaboral


