Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 7–Julio 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 7: 535
Autor principal (primer firmante): Rebeca De La Orden Gil
Fecha recepción: 17/06/2025
Fecha aceptación: 14/07/2025
Ref.: Ocronos. 2025;8(7): 535
Autores:
Rebeca de la Orden Gil
Neha Stella Costa Fandos
María Remedios Martín Naranjo
María Silvia Carmona Martínez
Jara Cosculluela Orús
María Pilar Mañas López
Categoría: TCAE / Enfermera
Palabras clave: morbilidad diferenciada, equidad en salud, determinantes sociales, políticas sanitarias, variables.
Introducción
La salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino un estado de bienestar físico, mental y social que se ve influido por múltiples determinantes, entre los que se encuentra el género. Incorporar la perspectiva de género en el análisis de la morbilidad y la equidad en salud permite comprender cómo las diferencias sociales y estructurales entre mujeres, hombres y personas no binarias afectan su estado de salud, acceso a servicios, y calidad de atención recibida.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha destacado que el género, como construcción social, determina roles, relaciones y oportunidades, y que su interacción con otros factores como clase social, etnia, orientación sexual o discapacidad genera desigualdades sistemáticas en salud. Este artículo analiza cómo integrar de manera íntegra la perspectiva de género en los estudios de morbilidad y en las políticas de salud con el objetivo de avanzar hacia una equidad efectiva y no meramente formal.
Fundamentos de la perspectiva de género en salud
El género es un determinante social de la salud porque influye en los estilos de vida, las condiciones de trabajo, la exposición a riesgos, las relaciones de poder y la forma en que se experimenta la enfermedad. Mientras el sexo biológico se refiere a diferencias anatómicas y fisiológicas, el género engloba las normas, valores y expectativas que la sociedad asigna a cada sexo.
Esto tiene implicancias directas en la salud: por ejemplo, las mujeres tienen mayores tasas de enfermedades crónicas no transmisibles, como la fibromialgia o la depresión, mientras que los hombres presentan más muertes por causas externas como accidentes y suicidios, en parte debido a normas de masculinidad asociadas con la negación del autocuidado o la exposición al riesgo.
Género y acceso a servicios de salud
Las barreras de género en el acceso a los servicios sanitarios son múltiples. Pueden ser materiales (falta de recursos económicos o tiempo por sobrecarga de cuidados), culturales (roles de género que minimizan los síntomas en mujeres o patologizan sus emociones), o estructurales (personal no capacitado en diversidad de género, horarios inflexibles, atención centrada en varones como norma universal).
El reconocimiento de estas barreras es esencial para garantizar la equidad. No basta con ofrecer los mismos servicios a toda la población: se deben diseñar políticas diferenciadas que respondan a las necesidades específicas de cada grupo, desde una óptica interseccional.
Morbilidad diferenciada por género
Diferencias en patrones de enfermedad
La morbilidad, entendida como la presencia de enfermedad en una población, presenta patrones claramente diferenciados por género. Las mujeres suelen reportar mayores niveles de morbilidad, especialmente en lo relativo a enfermedades crónicas, dolor persistente, ansiedad y depresión. En contraste, los hombres tienen una esperanza de vida menor y presentan mayores tasas de enfermedades cardiovasculares a edades tempranas.
Estas diferencias no se explican únicamente por factores biológicos, sino también por variables socioculturales: los hombres suelen retrasar la búsqueda de atención médica, mientras que las mujeres acuden más a los servicios, pero enfrentan una mayor invisibilización de sus síntomas.
Sesgos en diagnóstico y tratamiento
Numerosos estudios han demostrado que existen sesgos de género en la práctica clínica. Las mujeres son menos propensas a ser derivadas a pruebas diagnósticas complejas o a recibir tratamientos agresivos, incluso cuando presentan los mismos síntomas que los varones. Además, dolencias tradicionalmente femeninas, como la migraña o la fatiga crónica, han sido históricamente minimizadas o estigmatizadas.
Estos sesgos afectan la calidad del diagnóstico y del tratamiento, contribuyendo a una atención desigual. La capacitación en género y salud es una herramienta fundamental para revertir estas prácticas discriminatorias.
Perspectiva de género y equidad en salud
Qué implica equidad en salud
La equidad en salud no significa ofrecer lo mismo a todas las personas, sino garantizar que todas tengan las mismas oportunidades de alcanzar su máximo potencial de salud, independientemente de su género, origen étnico, nivel socioeconómico o condición migratoria.
Desde esta mirada, integrar el enfoque de género es indispensable: una política sanitaria que no reconozca las desigualdades de género no puede considerarse equitativa. Esto incluye desde asegurar el acceso a salud sexual y reproductiva hasta combatir la violencia de género como problema de salud pública.
Políticas públicas con enfoque de género
Algunos países han avanzado en el diseño de políticas con perspectiva de género, incluyendo presupuestos sensibles al género, programas de salud materna basados en derechos, estrategias contra el cáncer de mama o la salud mental en mujeres.
Sin embargo, muchos sistemas de salud continúan reproduciendo desigualdades por la falta de desagregación de datos por sexo y género, la escasa representación de mujeres en cargos directivos del sector salud, o la ausencia de estrategias para incluir a personas trans y no binarias en los servicios.
Interseccionalidad y género en salud
La interseccionalidad permite comprender cómo múltiples formas de discriminación se entrelazan y afectan la salud de ciertos grupos de manera desproporcionada. Por ejemplo, una mujer indígena o una persona trans migrante enfrentan no solo desigualdades de género, sino también racismo, xenofobia y transfobia en el sistema de salud.
Aplicar una perspectiva interseccional en salud implica:
- Recoger datos desagregados no solo por sexo, sino también por etnia, nivel educativo, territorio y orientación sexual.
- Formar al personal en diversidad cultural y sexual.
- Diseñar servicios adaptados a las realidades específicas de cada comunidad.
Propuestas para integrar la perspectiva de género en salud
Educación y formación profesional
Es imprescindible que las carreras de ciencias de la salud incorporen la formación en género, no como un contenido optativo, sino como parte estructural del currículo. Solo así se podrá desmontar el androcentrismo médico y los estereotipos que perpetúan la desigualdad.
Investigación con enfoque de género
La producción científica en salud debe incorporar variables de sexo y género en todas sus etapas: diseño, recolección de datos, análisis y difusión. Se necesita fomentar estudios que visibilicen las enfermedades más prevalentes en mujeres o las vivencias sanitarias de personas trans y no binarias.
Planificación con enfoque de género
Los ministerios de salud deben realizar diagnósticos de situación con enfoque de género y aplicar este criterio en la planificación, ejecución y evaluación de sus políticas. El monitoreo constante y participativo es clave para evitar retrocesos.
Las organizaciones feministas, de mujeres y de diversidad sexual deben ser incluidas como actores clave en el diseño de políticas públicas sanitarias. Su experiencia en el territorio enriquece la construcción de respuestas integrales.
Conclusión
La incorporación íntegra de la perspectiva de género en la salud, la morbilidad y la equidad no es solo un imperativo ético, sino una condición necesaria para mejorar la calidad y eficacia de los sistemas de salud. No se trata de añadir un «complemento» a las políticas existentes, sino de transformar los marcos conceptuales y operativos desde una lógica inclusiva, interseccional y basada en derechos humanos.
Reducir la inequidad en salud implica reconocer las diferencias, escuchar las voces históricamente silenciadas y construir servicios capaces de atender las diversas necesidades de mujeres, hombres y personas no binarias. El desafío es colectivo y urgente.
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