Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 313
Autor principal (primer firmante): Ana Isabel Cuesta Navarro
Fecha recepción: 28/09/2026
Fecha aceptación: 25/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 313
Autores:
- Ana Isabel, Cuesta Navarro
- María Pilar, Ledesma Portero
- Gemma Abadía García
- Alejandro López Artigas
- Nuria Esteban Catalán
- Lizeth Fabiola, Aguilar Ale
Categoría: Enfermería, TCAE, Celadores, Administrativo, Técnico superior de laboratorio, servicios generales.
Palabras clave: huesos, cuerpo humano, esqueleto, movimiento, estructura.
Introducción
El periostio es una membrana especializada de tejido conjuntivo que recubre la superficie externa de la mayor parte de los huesos del organismo. Se trata de una estructura fina, pero muy importante para el mantenimiento, crecimiento, nutrición, reparación y adaptación del tejido óseo. Aunque puede parecer una simple cubierta que protege al hueso, el periostio contiene vasos sanguíneos, nervios, fibras de colágeno y células capaces de participar en la formación de tejido óseo. Por esta razón, debe considerarse una estructura viva y activa, estrechamente relacionada con las funciones mecánicas y metabólicas del hueso. El periostio cubre prácticamente toda la superficie externa de los huesos, excepto las regiones donde existe cartílago articular y determinadas zonas especializadas de inserción.
En los huesos largos, el periostio está especialmente desarrollado alrededor de la diáfisis, es decir, la porción alargada y central del hueso. En esta región forma una cubierta que rodea el hueso compacto y establece una separación entre el tejido óseo y las estructuras blandas que lo rodean. En las epífisis, las superficies que participan directamente en las articulaciones están cubiertas por cartílago articular y no por periostio. Esta distribución permite que las superficies articulares puedan realizar movimientos suaves y reducir la fricción durante el funcionamiento de las articulaciones.
Desarrollo
Desde el punto de vista histológico, el periostio presenta dos capas principales. La capa externa se denomina capa fibrosa y está formada principalmente por tejido conjuntivo denso. Contiene abundantes fibras de colágeno, fibroblastos, fibras elásticas, vasos sanguíneos y nervios. Esta capa proporciona resistencia mecánica y permite que el periostio se mantenga unido a la superficie del hueso. La segunda capa, situada más profundamente, se denomina capa cambial, osteogénica o celular. Contiene células osteoprogenitoras y osteoblastos, especialmente durante las etapas de crecimiento y reparación.
La capa fibrosa externa funciona como una especie de envoltura resistente. Las fibras de colágeno se organizan formando una red que proporciona estabilidad y resistencia frente a las fuerzas que actúan sobre el hueso. Esta capa también se relaciona con los tejidos conjuntivos que rodean al hueso y con las estructuras encargadas de mantenerlo unido a los músculos y tendones. La cantidad y organización de las fibras pueden variar según la región del hueso y las necesidades mecánicas a las que está sometida.
La capa interna o cambial contiene células con capacidad osteogénica. Las células osteoprogenitoras pueden diferenciarse en osteoblastos, que son las células responsables de producir nueva matriz ósea. Esta característica convierte al periostio en una estructura especialmente importante para el crecimiento en grosor de los huesos y para la reparación de determinadas lesiones. Durante el desarrollo, esta actividad contribuye al aumento del diámetro de los huesos largos. En el adulto, las células del periostio conservan capacidad de respuesta y pueden participar en procesos de remodelación y reparación.
Una de las funciones principales del periostio es proporcionar nutrición al tejido óseo. Aunque el hueso contiene una matriz mineralizada que puede parecer poco activa, es un tejido vivo que necesita oxígeno y nutrientes. El periostio contiene una red de vasos sanguíneos que contribuye a proporcionar irrigación a las regiones externas del hueso. Estos vasos se relacionan con los vasos que penetran hacia el interior del tejido óseo a través de diferentes conductos. De esta forma, existe una conexión entre la circulación periférica y la circulación interna del hueso.
En los huesos largos, la irrigación procedente del periostio es especialmente importante para las regiones corticales externas. Los vasos sanguíneos pueden penetrar desde el periostio hacia el hueso compacto a través de canales perforantes y conectarse con los sistemas vasculares internos. La existencia de esta red permite mantener la actividad de los osteocitos y de otras células óseas. Además, durante determinados procesos de reparación, el aumento de la vascularización del periostio puede favorecer la llegada de células y nutrientes necesarios para la formación de tejido nuevo.
El periostio también tiene una importante función sensitiva. Contiene numerosas fibras nerviosas y terminaciones relacionadas con la percepción del dolor. Esta característica explica por qué las lesiones que afectan al periostio pueden producir un dolor intenso. El tejido óseo mineralizado en sí mismo tiene una inervación diferente, mientras que el periostio constituye una de las estructuras más sensibles asociadas al hueso. Las fibras nerviosas también pueden participar en la regulación del flujo sanguíneo y en diferentes procesos relacionados con la respuesta del tejido ante una lesión.
La sensibilidad del periostio tiene una importancia protectora. Cuando una fuerza excesiva, un traumatismo o una lesión afecta a un hueso, las terminaciones nerviosas del periostio pueden detectar el daño y transmitir señales al sistema nervioso. La percepción del dolor favorece que la persona limite el movimiento de la región lesionada y evite aumentar el daño. Por tanto, la inervación del periostio no solamente está relacionada con la sensación dolorosa, sino que contribuye a mecanismos de protección del aparato locomotor.
Otra función esencial del periostio es participar en el crecimiento óseo. Los huesos largos aumentan su longitud principalmente mediante procesos relacionados con las placas epifisarias, pero también aumentan su diámetro mediante crecimiento por aposición. En este proceso se deposita nuevo tejido óseo en la superficie externa del hueso. Las células osteoprogenitoras y los osteoblastos presentes en el periostio participan activamente en esta formación de tejido. Al mismo tiempo, en la superficie interna se produce remodelación para permitir que la cavidad medular aumente progresivamente de tamaño.
El crecimiento por aposición permite que el hueso aumente su grosor sin perder su organización interna. El periostio deposita nuevas capas de tejido en la superficie externa, mientras que el endostio participa en procesos de resorción en las superficies internas. Esta actividad coordinada permite modificar progresivamente el diámetro y la estructura del hueso. La regulación de estos procesos depende de factores genéticos, hormonales, nutricionales y mecánicos.
El periostio también desempeña un papel importante en la reparación de las fracturas. Cuando se produce una fractura, los tejidos que rodean el hueso reaccionan rápidamente. El periostio puede participar en la formación de un nuevo tejido que contribuye a unir los fragmentos óseos. Las células osteoprogenitoras presentes en su capa interna pueden proliferar y diferenciarse en células formadoras de hueso. Además, determinadas células pueden participar en la formación de cartílago durante las primeras fases de reparación.
Durante la reparación de una fractura se forma progresivamente un callo de tejido que proporciona estabilidad y permite la reconstrucción del hueso. El periostio constituye una fuente importante de células y señales necesarias para este proceso. La respuesta periostal puede ser especialmente importante en determinadas fracturas y lesiones. La vascularización de esta membrana también favorece el suministro de oxígeno y nutrientes necesarios para la actividad celular.
La capacidad regenerativa del periostio ha despertado un gran interés en la investigación sobre reparación ósea. Las células procedentes del periostio pueden presentar características de células progenitoras y participar en la formación de diferentes tejidos relacionados con la reparación musculoesquelética. Estas propiedades han llevado a estudiar el periostio como una posible fuente de células y estructuras útiles en medicina regenerativa y en ingeniería de tejidos.
El periostio también sirve como punto de fijación para diferentes estructuras. Los tendones y ligamentos pueden establecer conexiones firmes con el hueso mediante fibras de colágeno que se continúan con el tejido óseo. Entre las estructuras más importantes se encuentran las fibras perforantes de Sharpey. Estas fibras penetran desde el periostio hacia las capas externas del hueso y ayudan a mantener la membrana firmemente unida a la superficie ósea. También participan en la fijación de determinadas estructuras conjuntivas al esqueleto.
Esta función de anclaje es especialmente importante porque los músculos generan fuerzas que deben transmitirse al esqueleto. Los tendones conectan los músculos con los huesos y transmiten las fuerzas producidas por la contracción muscular.
Para que esta transmisión sea eficaz, la unión entre los tejidos blandos y el hueso debe ser resistente. El periostio participa en esta interfaz y contribuye a mantener la estabilidad de las conexiones entre el hueso y las estructuras que lo rodean.
El periostio también interviene en la adaptación del hueso a las cargas mecánicas. Los huesos están sometidos continuamente a fuerzas producidas por el peso corporal, la actividad muscular y los movimientos. El periostio contiene células capaces de responder a determinados estímulos mecánicos y contribuir a modificar la formación de tejido óseo. De esta manera, puede participar en cambios relacionados con el tamaño y la forma del hueso a lo largo del tiempo.
Esta capacidad de adaptación tiene especial importancia en los huesos largos. Durante la actividad física, el fémur, la tibia, el húmero y otros huesos reciben fuerzas de compresión, tensión y torsión. El tejido periostal puede responder a estos estímulos mediante cambios en la actividad de sus células. La adaptación permite mantener una estructura adecuada para las demandas mecánicas del organismo.
La relación entre carga mecánica y actividad del periostio constituye uno de los mecanismos mediante los cuales el esqueleto puede modificar su arquitectura durante la vida.
Con el envejecimiento se producen cambios en el periostio. Puede disminuir su grosor y modificarse la actividad de las células osteoprogenitoras. También pueden cambiar las propiedades de las fibras de colágeno, la vascularización y la capacidad de respuesta ante estímulos mecánicos o lesiones. Estos cambios pueden contribuir a una menor capacidad de reparación y adaptación del hueso. Sin embargo, el periostio continúa desempeñando funciones importantes durante toda la vida.
El periostio también puede participar en respuestas frente a diferentes enfermedades o lesiones. Los traumatismos, las infecciones, algunos tumores y determinadas alteraciones articulares pueden producir cambios en su estructura y actividad. En estudios de imagen, la reacción del periostio puede proporcionar información sobre determinados procesos patológicos. La forma, distribución y características de la respuesta periostal pueden ayudar a los profesionales sanitarios a valorar la naturaleza de una lesión ósea.
La relación entre periostio y endostio también es fundamental para comprender el mantenimiento del hueso. Mientras que el periostio recubre la superficie externa, el endostio reviste diferentes superficies internas, incluida la cavidad medular. Ambos contienen células capaces de participar en la formación y resorción del tejido óseo. La actividad coordinada de las superficies externas e internas permite regular el grosor, la forma y la resistencia del hueso.
En los huesos largos, esta coordinación es especialmente evidente durante el crecimiento. Mientras el periostio añade tejido en la superficie externa, el endostio puede eliminar tejido en la superficie interna. De esta forma, la cavidad medular aumenta de tamaño mientras el diámetro externo del hueso también puede incrementarse. Este mecanismo permite mantener una relación adecuada entre resistencia y peso del hueso.
El periostio no debe confundirse con el endostio. El periostio se encuentra en la superficie externa, mientras que el endostio se localiza en superficies internas del hueso. Ambos son tejidos conjuntivos relacionados con la actividad ósea, pero presentan localizaciones y características diferentes. El periostio tiene una relación especialmente importante con la nutrición de la superficie cortical, la sensibilidad, el crecimiento en grosor, las inserciones y la reparación.
En conjunto, el periostio puede considerarse una interfaz dinámica entre el hueso y los tejidos blandos que lo rodean. Esta membrana integra componentes vasculares, nerviosos, celulares y mecánicos. Su estructura permite proteger y nutrir el hueso, proporcionar células capaces de formar tejido nuevo, transmitir fuerzas y participar en la respuesta frente a lesiones. Las investigaciones actuales también han ampliado la visión tradicional del periostio, considerándolo una estructura capaz de responder a señales mecánicas, metabólicas, hormonales, vasculares y nerviosas. [4,7]
Conclusión
En conclusión, el periostio es una membrana especializada que recubre la superficie externa de la mayoría de los huesos y desempeña numerosas funciones esenciales. Está formado principalmente por una capa fibrosa externa y una capa interna celular u osteogénica. Contiene fibras de colágeno, vasos sanguíneos, nervios y células osteoprogenitoras que participan en el mantenimiento y formación del tejido óseo.
Sus funciones incluyen proporcionar nutrición, sensibilidad, crecimiento en grosor, adaptación mecánica, fijación de músculos, tendones y ligamentos y participación en la reparación de las fracturas. En los huesos largos, estas funciones son especialmente importantes porque el periostio contribuye al crecimiento y mantenimiento de estructuras sometidas a grandes cargas mecánicas. Su capacidad de responder a estímulos y participar en la regeneración demuestra que no es una simple cubierta protectora, sino un tejido vivo y dinámico imprescindible para la salud y funcionalidad del sistema esquelético.
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