Normas de higiene del celador en el área quirúrgica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 279

Autor principal (primer firmante): Ancuta Catalina

Fecha recepción: 24/09/2026

Fecha aceptación: 21/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 279

Autores:

  • Ancuta Catalina
  • Elena Lucica Stefaniu
  • Marta Morón Ocaso
  • Ana María Albacar Galve
  • José Francisco Ramos Labrador
  • Jose Lasala Martin

Resumen

El celador es un profesional imprescindible dentro del equipo multidisciplinar del área quirúrgica, cuya labor incide de manera directa en la seguridad del paciente y en la prevención de infecciones nosocomiales. Este artículo describe las principales normas de higiene que debe observar el celador en el quirófano: higiene de manos, uso correcto del uniforme quirúrgico, circulación por las distintas zonas del bloque quirúrgico, manejo de material contaminado y actuación ante residuos biosanitarios. Se revisan también las recomendaciones de los organismos sanitarios de referencia y se subraya la importancia de la formación continuada, como la que proporcionan los cursos de cincuenta horas orientados a la actualización de conocimientos en esta materia. Se concluye que el cumplimiento riguroso de estas normas por parte del celador contribuye de forma decisiva a la seguridad quirúrgica global.

Palabras clave: celador; higiene; área quirúrgica; quirófano; asepsia; prevención de infecciones.

Introducción

El área quirúrgica constituye uno de los entornos hospitalarios donde el riesgo de infección es más elevado, debido a la manipulación de tejidos internos y a la ruptura de la barrera cutánea del paciente. En este contexto, el celador desempeña funciones que van más allá del traslado de pacientes y del apoyo logístico: su comportamiento higiénico influye directamente en el mantenimiento de la asepsia del entorno quirúrgico.

Aunque el celador no participa en el acto quirúrgico propiamente dicho, su presencia habitual en zonas restringidas, semirrestringidas y de acceso libre del bloque quirúrgico obliga a que conozca y aplique con rigor los protocolos de higiene establecidos por cada centro sanitario. La falta de formación o de concienciación en este ámbito puede convertirse en una vía de transmisión de microorganismos con consecuencias graves para el paciente.

Por otro lado, el trabajo del celador en quirófano no se limita a un único momento del proceso quirúrgico, sino que abarca la fase previa a la intervención, el propio desarrollo de la cirugía y el periodo posterior, incluyendo el traslado del paciente a reanimación o a la planta de hospitalización. En cada una de estas fases existen riesgos específicos de contaminación que deben ser conocidos y controlados, lo que convierte la higiene en una tarea transversal a toda la jornada laboral del celador y no en un conjunto de normas aisladas que solo se aplican en momentos puntuales.

Objetivos

Objetivo general

Analizar las principales normas de higiene que debe cumplir el celador en el área quirúrgica para contribuir a la seguridad del paciente.

Objetivos específicos

  • Describir las medidas de higiene personal y del uniforme exigibles al celador en quirófano.
  • Identificar las normas de circulación y comportamiento en las distintas zonas del bloque quirúrgico.
  • Analizar el papel del celador en el manejo de material y residuos contaminados.
  • Destacar la importancia de la formación continuada del celador en materia de higiene hospitalaria.

Métodos

Se ha realizado una revisión narrativa de la bibliografía disponible sobre higiene hospitalaria, prevención de infecciones nosocomiales y funciones del celador en el bloque quirúrgico. Para ello se han consultado protocolos institucionales, guías de sociedades científicas y publicaciones especializadas en gestión sanitaria y Enfermería quirúrgica, así como los contenidos habituales de los programas de formación de cincuenta horas dirigidos a celadores y auxiliares de área quirúrgica. La búsqueda se centró en artículos y documentos publicados en los últimos diez años, priorizando aquellos con aplicación práctica directa al puesto de celador.

Resultados

La higiene de manos constituye la medida individual más eficaz para prevenir la transmisión de microorganismos. El celador debe realizar el lavado de manos con agua y jabón o con solución hidroalcohólica antes y después de cualquier contacto con el paciente, con material quirúrgico o con superficies del quirófano, siguiendo los cinco momentos recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

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En cuanto al uniforme, el acceso a las zonas restringidas del bloque quirúrgico exige el cambio de la ropa de calle por pijama quirúrgico exclusivo del área, gorro que cubra por completo el cabello, calzado específico o cubrezapatos y, cuando el protocolo del centro lo indique, mascarilla quirúrgica. El uniforme no debe salir de la zona quirúrgica ni utilizarse fuera de ella.

Respecto a la circulación, el bloque quirúrgico se organiza habitualmente en tres zonas: no restringida, semirrestringida y restringida. El celador debe conocer los límites de cada una y evitar desplazamientos innecesarios entre ellas, minimizando así la contaminación cruzada. El traslado de pacientes debe realizarse por los circuitos establecidos, diferenciando cuando sea posible el circuito limpio del circuito sucio.

En el manejo de material, el celador colabora en el transporte de instrumental estéril, muestras biológicas y ropa usada, debiendo respetar en todo momento el principio de no contaminar lo limpio y de aislar correctamente lo contaminado. Los residuos biosanitarios se depositan en los contenedores específicos según su clasificación, evitando manipulaciones innecesarias y respetando las normas de bioseguridad del centro.

Otro aspecto relevante es la higiene ambiental del quirófano. Aunque la limpieza de superficies y equipos suele corresponder al personal de limpieza y Enfermería, el celador debe evitar comportamientos que dificulten esta labor, como apoyar material sobre superficies no destinadas a ello, tocar innecesariamente elementos estériles o transitar por zonas recién desinfectadas antes de que se complete el tiempo de secado indicado. Asimismo, en el traslado de pacientes, el celador debe comprobar que las camillas y sillas de ruedas se encuentran limpias y desinfectadas antes de su uso, y notificar cualquier incidencia de suciedad visible al personal responsable.

También resulta destacable la actuación del celador ante posibles accidentes biológicos, como el contacto accidental con fluidos corporales durante el traslado de un paciente o de material contaminado. En estos casos, debe conocer el protocolo de actuación del centro, que habitualmente incluye el lavado inmediato de la zona afectada, la comunicación del incidente al servicio de prevención de riesgos laborales y el registro correspondiente, con el fin de garantizar tanto su propia seguridad como la del resto del equipo.

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Finalmente, la formación continuada resulta un elemento clave. Los cursos de cincuenta horas dirigidos a celadores de área quirúrgica permiten actualizar conocimientos sobre asepsia, bioseguridad, gestión de residuos y actuación ante situaciones de riesgo biológico, reforzando así la aplicación práctica de las normas de higiene. Este tipo de formación, además, favorece la homogeneización de criterios entre los distintos profesionales de un mismo servicio, reduciendo la variabilidad en la aplicación de los protocolos y mejorando la coordinación con el resto del equipo quirúrgico.

Discusión

Los resultados obtenidos coinciden con la literatura consultada en señalar que la seguridad del paciente quirúrgico depende de la actuación coordinada de todo el equipo, incluido el personal no sanitario como el celador. Si bien las funciones asistenciales directas corresponden a otros profesionales, el celador forma parte activa de la cadena de prevención de infecciones, especialmente en lo relativo a circulación, transporte de material y gestión de residuos.

Se observa además que el nivel de cumplimiento de estas normas mejora significativamente cuando el celador recibe formación específica y periódica, frente a aquellos casos en los que el aprendizaje se limita a la observación informal de compañeros. Esto refuerza la conveniencia de incorporar de manera sistemática programas formativos, como los cursos de cincuenta horas, dentro de los planes de formación continuada de los servicios de salud.

Como limitación, cabe señalar que los protocolos de higiene pueden variar entre centros hospitalarios, por lo que las recomendaciones generales deben adaptarse siempre a la normativa interna de cada institución.

Asimismo, conviene subrayar que la responsabilidad de la seguridad quirúrgica no recae de forma exclusiva en el celador, sino que forma parte de un sistema de barreras múltiples en el que intervienen cirujanos, anestesistas, personal de Enfermería y servicios de limpieza. No obstante, la cadena de prevención de infecciones es tan resistente como su eslabón más débil, por lo que descuidar la formación o la supervisión del personal no sanitario puede comprometer el esfuerzo conjunto del resto del equipo. En este sentido, futuras líneas de trabajo podrían orientarse a evaluar de forma cuantitativa el impacto de programas formativos específicos, como los cursos de cincuenta horas, sobre indicadores concretos de infección nosocomial.

Conclusiones

El celador desempeña un papel relevante en el mantenimiento de la asepsia del área quirúrgica. El cumplimiento riguroso de la higiene de manos, el uso correcto del uniforme quirúrgico, el respeto a la circulación por zonas y el manejo adecuado de material y residuos contaminados constituyen pilares fundamentales de su actuación diaria. La formación continuada, a través de programas como los cursos de cincuenta horas, resulta determinante para mantener actualizados estos conocimientos y reforzar una cultura de seguridad compartida por todo el equipo del bloque quirúrgico.

Bibliografía

  1. Organización Mundial de la Salud. Directrices de la OMS sobre higiene de las manos en la atención sanitaria. Ginebra: OMS; 2009.
  2. Ministerio de Sanidad. Guía de recomendaciones para el diseño y organización del bloque quirúrgico. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2018.
  3. Fuentes García A, López Romero A. Manual del celador de instituciones sanitarias. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2020.
  4. Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Guideline for Isolation Precautions: Preventing Transmission of Infectious Agents in Healthcare Settings. Atlanta: CDC; 2019.
  5. Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene. Recomendaciones de bioseguridad en el área quirúrgica. Madrid: SEMPSPH; 2021.