Manejo del paciente con delirium hospitalario

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 226

Autor principal (primer firmante): Francisco José Marín Gaspar

Fecha recepción: 21/09/2026

Fecha aceptación: 18/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 226

Autores:

  • Francisco José Marín Gaspar
  • Monica Ramos Cañada
  • Natalia Miro Ferrer
  • Saudy Mauden Gómez Álvarez
  • Awa Kouyate Diabate
  • Tamara Calero Bajoz

Palabras clave: delirium, hospitalización, deterioro cognitivo, seguridad del paciente, cuidados de enfermería, prevención, geriatría.

Resumen

El delirium es un síndrome neuropsiquiátrico agudo caracterizado por alteraciones fluctuantes de la atención, conciencia y otras funciones cognitivas. Aparece con frecuencia durante la hospitalización, especialmente en personas mayores, pacientes con deterioro cognitivo previo, enfermedad aguda grave, alteraciones metabólicas o exposición a determinados medicamentos. Su presencia se asocia con mayor riesgo de complicaciones, prolongación de la estancia, deterioro funcional y mortalidad.

El manejo debe comenzar con la identificación precoz del cuadro y la búsqueda de factores precipitantes potencialmente reversibles. Infecciones, deshidratación, dolor, hipoxia, alteraciones metabólicas, retención urinaria, estreñimiento y medicamentos pueden actuar como desencadenantes. La valoración clínica debe diferenciar el delirium de la demencia y de otros trastornos neuropsiquiátricos.

Las intervenciones no farmacológicas constituyen la base del tratamiento e incluyen reorientación frecuente, mantenimiento del ciclo sueño-vigilia, movilización precoz, corrección de déficits sensoriales, hidratación adecuada y reducción de estímulos innecesarios. Los fármacos antipsicóticos no deben utilizarse de forma rutinaria y se reservan para situaciones seleccionadas en las que existe agitación grave con riesgo para el propio paciente o para terceros. El abordaje multidisciplinar y la prevención de factores desencadenantes resultan fundamentales para disminuir la duración y gravedad del delirium.

Abstract

Delirium is an acute neuropsychiatric syndrome characterised by fluctuating disturbances in attention, awareness and other cognitive functions. It commonly occurs during hospitalisation, especially in older adults, patients with pre-existing cognitive impairment, severe acute illness, metabolic disorders or exposure to certain medications. Its presence is associated with an increased risk of complications, prolonged hospital stay, functional decline and mortality.

Management should begin with early identification of the condition and investigation of potentially reversible precipitating factors. Infections, dehydration, pain, hypoxia, metabolic disturbances, urinary retention, constipation and medications may act as triggers. Clinical assessment should distinguish delirium from dementia and other neuropsychiatric disorders.

Non-pharmacological interventions are the cornerstone of treatment and include frequent reorientation, maintenance of the sleep-wake cycle, early mobilisation, correction of sensory deficits, adequate hydration and reduction of unnecessary stimuli. Antipsychotic drugs should not be used routinely and should be reserved for selected situations in which severe agitation poses a risk to the patient or others. A multidisciplinary approach and prevention of precipitating factors are essential to reduce the duration and severity of delirium.

Introducción

El delirium constituye una alteración aguda y fluctuante del estado mental que aparece con frecuencia durante la hospitalización.

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Su característica principal es la alteración de la atención, acompañada habitualmente de cambios en el nivel de conciencia, pensamiento desorganizado, alteraciones perceptivas y cambios en el comportamiento.

Puede desarrollarse en pocas horas o días y variar considerablemente a lo largo de una misma jornada.

La presentación hiperactiva, caracterizada por agitación e inquietud, suele reconocerse con facilidad. Sin embargo, el delirium hipoactivo puede manifestarse mediante somnolencia, disminución de la interacción y apatía, por lo que puede pasar inadvertido.

La forma mixta combina características de ambos tipos.

La identificación precoz resulta especialmente importante porque el delirium suele indicar la existencia de una enfermedad aguda o de varios factores precipitantes simultáneos.

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Desarrollo

Factores de riesgo

La edad avanzada constituye uno de los principales factores predisponentes.

También aumentan el riesgo la demencia, deterioro cognitivo previo, déficit visual o auditivo, fragilidad y antecedentes de delirium.

Los pacientes con múltiples enfermedades crónicas presentan una mayor vulnerabilidad.

Una intervención quirúrgica importante, especialmente en personas mayores, puede favorecer su aparición.

El riesgo aumenta cuando varios factores predisponentes se combinan con desencadenantes agudos.

Factores precipitantes

La infección constituye una causa frecuente.

También pueden desencadenarlo deshidratación, hipoxia, alteraciones de sodio, glucosa u otros parámetros metabólicos.

El dolor no tratado puede contribuir de forma importante.

La retención urinaria y el estreñimiento deben considerarse especialmente en pacientes que no pueden comunicar claramente sus síntomas.

Los cambios bruscos de medicación y determinados fármacos pueden actuar igualmente como desencadenantes.

Medicamentos relacionados con delirium

Los medicamentos con propiedades anticolinérgicas presentan especial importancia.

Las benzodiacepinas, determinados antihistamínicos, opioides y otros fármacos pueden favorecer alteraciones cognitivas.

Esto no significa que deban retirarse siempre.

Debe revisarse la indicación, dosis y necesidad de cada tratamiento.

La polifarmacia aumenta la probabilidad de interacciones y efectos adversos.

La conciliación farmacológica forma parte del estudio de cualquier nuevo delirium.

Presentación clínica

El paciente puede presentar dificultad para mantener la atención durante una conversación.

Puede distraerse fácilmente o no ser capaz de seguir instrucciones sencillas. La orientación temporal suele alterarse inicialmente.

También pueden aparecer cambios en memoria, lenguaje y percepción.

Las alucinaciones, especialmente visuales, pueden producirse durante determinados episodios.

La fluctuación es una característica fundamental: el estado puede ser aparentemente normal durante algunos periodos y empeorar posteriormente.

Delirium hiperactivo

La forma hiperactiva puede manifestarse mediante inquietud, agitación, agresividad o intento de levantarse repetidamente.

El paciente puede retirar vías, sondas u otros dispositivos. Esta presentación aumenta el riesgo de caídas y lesiones.

La agitación no debe interpretarse automáticamente como un problema exclusivamente conductual.

Debe buscarse siempre una causa clínica que pueda estar produciendo malestar o confusión.

Delirium hipoactivo

El delirium hipoactivo suele presentar un mayor riesgo de infradiagnóstico. El paciente permanece somnoliento, habla poco y disminuye su actividad. Puede parecer simplemente cansado o deprimido.

Sin embargo, esta forma también se asocia con complicaciones importantes. La reducción brusca del nivel habitual de interacción debe investigarse.

La valoración sistemática permite detectar estos casos antes de que aparezca un deterioro mayor.

Diagnóstico

El diagnóstico es fundamentalmente clínico.

Debe demostrarse una alteración aguda de la atención y cognición con evolución fluctuante.

Es necesario conocer el estado basal del paciente.

La información de familiares y cuidadores puede resultar esencial para establecer si existe un cambio reciente.

Existen herramientas estructuradas, como el Confusion Assessment Method, que pueden apoyar la detección.

En cuidados intensivos pueden utilizarse instrumentos adaptados a pacientes críticos.

Diferenciación de la demencia

La demencia presenta habitualmente una evolución progresiva durante meses o años. El delirium se desarrolla de forma aguda.

Sin embargo, ambos pueden coexistir.

Las personas con demencia tienen un riesgo elevado de desarrollar delirium durante una enfermedad aguda.

Cuando aparece una alteración brusca en un paciente con deterioro cognitivo previo no debe atribuirse automáticamente a la propia demencia.

Debe investigarse un posible factor desencadenante.

Valoración inicial

La evaluación debe comenzar con constantes vitales y estado general.

Es necesario valorar saturación de oxígeno, glucemia, hidratación y dolor. También debe comprobarse la presencia de fiebre.

La exploración debe buscar signos de infección, retención urinaria, estreñimiento y otras causas potenciales.

Los estudios analíticos y pruebas complementarias deben dirigirse según la sospecha clínica.

No existe una batería universal de pruebas válida para todos los pacientes.

Infecciones

Las infecciones urinarias, respiratorias y otras infecciones pueden precipitar delirium. En personas mayores la presentación puede ser poco específica.

La aparición de confusión aislada no confirma por sí sola una infección urinaria.

Debe evitarse tratar bacteriurias asintomáticas únicamente porque exista delirium sin otros datos clínicos.

El diagnóstico debe integrar síntomas, exploración y pruebas complementarias.

Hipoxia

La disminución de oxígeno puede producir alteraciones cognitivas. Debe medirse la saturación y valorar el estado respiratorio.

Una nueva necesidad de oxígeno requiere investigar la causa.

El tratamiento debe dirigirse tanto a corregir la hipoxemia como a tratar la enfermedad responsable.

La mejoría de la oxigenación puede contribuir a reducir el delirium cuando este factor actúa como desencadenante.

Dolor

El dolor puede favorecer confusión, especialmente cuando el paciente no puede expresarlo adecuadamente.

Debe evaluarse utilizando escalas adaptadas a la capacidad cognitiva. El tratamiento insuficiente puede aumentar la agitación.

Sin embargo, dosis excesivas de determinados analgésicos también pueden empeorar el estado mental.

El objetivo consiste en conseguir un control adecuado mediante una estrategia individualizada.

Hidratación

La deshidratación constituye un desencadenante frecuente y potencialmente reversible. Debe valorarse la ingesta, diuresis, mucosas y parámetros analíticos.

Cuando el paciente puede beber debe favorecerse la ingesta oral.

La fluidoterapia intravenosa puede ser necesaria en situaciones seleccionadas.

Debe evitarse también la sobrecarga de volumen en pacientes con insuficiencia cardíaca o renal.

Retención urinaria

La retención puede producir dolor, inquietud y deterioro cognitivo.

Debe considerarse especialmente después de cirugía, cambios farmacológicos o inmovilidad.

La palpación y el uso de métodos no invasivos pueden ayudar a detectarla. El tratamiento depende de la causa.

La colocación de una sonda urinaria debe evitarse cuando no es necesaria, ya que también puede favorecer nuevas complicaciones.

Estreñimiento

El estreñimiento importante puede actuar como factor precipitante. Debe conocerse el patrón habitual y la fecha de la última deposición.

La inmovilidad, cambios de alimentación y opioides pueden favorecerlo.

El manejo incluye hidratación, movilidad y tratamiento farmacológico cuando está indicado.

Los tactos rectales u otras exploraciones deben realizarse únicamente cuando existe una indicación clínica.

Reorientación

Las medidas de orientación son una de las principales intervenciones no farmacológicas.

Debe explicarse al paciente dónde se encuentra y qué está ocurriendo. Los relojes y calendarios visibles pueden ayudar.

También resulta útil mantener una rutina diaria predecible. La repetición debe realizarse con tranquilidad.

Corregir de forma confrontativa las ideas erróneas puede aumentar la ansiedad y no suele resultar útil.

Participación familiar

La presencia de personas conocidas puede reducir la desorientación.

La familia puede ayudar a mantener conversaciones sobre acontecimientos familiares y rutinas habituales.

También aporta información sobre el comportamiento basal.

La participación debe adaptarse a las circunstancias del paciente y de la unidad.

Los familiares deben recibir orientación sobre cómo comunicarse sin aumentar la confusión.

Sueño

La alteración del ciclo sueño-vigilia es frecuente.

Durante la noche deben reducirse el ruido y las interrupciones innecesarias. La iluminación debe favorecer una diferenciación clara entre día y noche.

Durante el día conviene mantener al paciente despierto y activo cuando sea posible. Las siestas prolongadas pueden dificultar posteriormente el sueño nocturno.

Los hipnóticos no deben utilizarse de forma automática.

Movilización precoz

La inmovilidad puede empeorar el delirium y producir pérdida funcional.

Debe favorecerse la movilización desde fases tempranas cuando resulte clínicamente segura.

El paciente puede comenzar con sedestación, transferencias y posteriormente marcha. La fisioterapia puede ser necesaria en personas con debilidad importante.

Las ayudas técnicas habituales deben mantenerse disponibles.

La movilización también contribuye a reducir el estreñimiento y mejorar el sueño.

Déficits visuales y auditivos

La pérdida de estímulos sensoriales aumenta la desorientación.

El paciente debe disponer de sus gafas y audífonos cuando los utiliza habitualmente. Las prótesis deben estar correctamente colocadas y funcionando.

La comunicación debe adaptarse a posibles déficits.

Hablar desde una posición visible y utilizar frases claras puede mejorar la comprensión.

Entorno

La habitación debe mantenerse ordenada y evitar cambios innecesarios. Un exceso de estímulos puede aumentar la agitación.

Sin embargo, un entorno completamente privado de estímulos puede favorecer desorientación.

Debe buscarse un equilibrio que permita descanso y orientación. Los objetos familiares pueden resultar útiles.

Los traslados de habitación deberían limitarse cuando no aportan un beneficio clínico.

Prevención de caídas

El delirium aumenta considerablemente el riesgo.

Debe valorarse movilidad, necesidad de ayuda y comportamiento. El sistema de llamada debe permanecer accesible.

La cama debe situarse en una posición segura y el entorno mantenerse despejado. La vigilancia debe adaptarse al riesgo.

Las restricciones físicas no deben utilizarse como primera opción.

Restricciones físicas

Las restricciones pueden aumentar la agitación y producir lesiones. También favorecen inmovilidad y deterioro funcional.

Su utilización debe reservarse para situaciones excepcionales y seguir los protocolos correspondientes.

Antes deben intentarse medidas ambientales, supervisión y tratamiento de la causa.

Cuando se utilizan deben revisarse frecuentemente y retirarse en cuanto dejen de ser necesarias.

Dispositivos invasivos

Las vías, sondas y otros dispositivos pueden aumentar el malestar y la agitación. Debe revisarse diariamente si continúan siendo necesarios.

Retirar dispositivos innecesarios reduce oportunidades para que el paciente se los arranque y disminuye el riesgo de infecciones.

La minimización de procedimientos invasivos constituye una medida importante en la prevención del delirium.

Tratamiento farmacológico

El tratamiento principal consiste en corregir los factores desencadenantes y aplicar medidas no farmacológicas.

Los antipsicóticos no acortan de forma consistente la duración del delirium y no se recomiendan de manera rutinaria.

Pueden considerarse cuando existe agitación intensa que representa un riesgo inmediato y las medidas no farmacológicas resultan insuficientes.

La dosis debe ser la mínima necesaria y durante el menor tiempo posible.

Haloperidol

El haloperidol se ha utilizado tradicionalmente para controlar agitación grave.

Debe valorarse el riesgo de efectos extrapiramidales y prolongación del intervalo QT.

En pacientes con enfermedad de Parkinson o demencia con cuerpos de Lewy puede producir un empeoramiento importante y generalmente debe evitarse.

La indicación debe revisarse diariamente.

Su utilización debe considerarse una medida temporal y no el tratamiento del delirium en sí mismo.

Benzodiacepinas

Las benzodiacepinas pueden empeorar la confusión y no constituyen un tratamiento rutinario.

Existen excepciones importantes, como el delirium relacionado con abstinencia de alcohol o benzodiacepinas.

En estas situaciones sí pueden desempeñar un papel fundamental. Fuera de estas indicaciones deben utilizarse con precaución.

La sedación excesiva aumenta además el riesgo de aspiración, caídas e inmovilidad.

Delirium postoperatorio

Los pacientes quirúrgicos presentan un riesgo aumentado, especialmente después de intervenciones mayores.

La prevención comienza antes del procedimiento mediante identificación de factores de riesgo y revisión farmacológica.

Después de la cirugía deben controlarse dolor, oxigenación, hidratación y movilización. La retirada precoz de sondas y catéteres innecesarios puede ayudar.

El delirium no debe considerarse una consecuencia inevitable de la edad avanzada o de la cirugía.

Cuidados intensivos

El ambiente de las unidades de críticos incluye múltiples factores capaces de favorecer delirium.

La ventilación mecánica, sedación, inmovilidad y alteraciones del sueño contribuyen al riesgo.

La reducción de sedación cuando sea clínicamente posible y la movilización precoz forman parte de las estrategias preventivas.

La detección mediante herramientas específicas permite identificar especialmente las formas hipoactivas.

La participación familiar puede mantenerse adaptándose a las características de la unidad.

Nutrición

Debe valorarse la capacidad para alimentarse de manera segura.

La confusión puede dificultar el uso de cubiertos y reducir la ingesta. El paciente puede necesitar ayuda o supervisión.

Debe prestarse atención al riesgo de aspiración cuando existe somnolencia. La alimentación oral debe mantenerse siempre que sea segura.

La desnutrición y deshidratación pueden prolongar el deterioro funcional.

Cuidados de enfermería

Enfermería ocupa una posición fundamental por su contacto continuado con el paciente.

Puede detectar fluctuaciones del estado mental que no aparecen durante valoraciones puntuales.

El registro debe reflejar cambios en atención, orientación, sueño, movilidad y comportamiento.

También resulta esencial la vigilancia de ingesta, eliminación y dolor.

La información recogida permite identificar posibles factores precipitantes y evaluar la respuesta a las medidas instauradas.

Prevención

La prevención resulta más eficaz que tratar un delirium ya establecido.

Los programas multicomponente incluyen orientación, movilización, hidratación, control del dolor, mejora del sueño y corrección de déficits sensoriales.

Estas intervenciones deben dirigirse especialmente a pacientes con factores predisponentes.

Evitar medicamentos innecesarios y reducir dispositivos también contribuye.

La prevención debe comenzar desde el ingreso y mantenerse durante toda la hospitalización.

Educación de la familia

Los cuidadores necesitan comprender que el cambio de comportamiento forma parte de un síndrome médico agudo.

La fluctuación puede resultar desconcertante, especialmente cuando el paciente presenta momentos de aparente normalidad.

Debe explicarse que la recuperación puede ser gradual.

La familia puede colaborar manteniendo una comunicación calmada y aportando elementos familiares.

También debe conocer que el delirium no equivale necesariamente a una demencia permanente.

Planificación del alta

El delirium puede no haberse resuelto completamente en el momento del alta.

Debe comprobarse si el paciente ha recuperado su nivel cognitivo y funcional previo. Cuando persisten alteraciones puede ser necesario un seguimiento específico.

La conciliación farmacológica debe eliminar tratamientos introducidos únicamente para controlar temporalmente la agitación si ya no resultan necesarios.

La familia debe conocer qué cambios deberían motivar una nueva valoración.

Conclusión

El delirium hospitalario es un síndrome agudo y fluctuante que aparece con frecuencia en pacientes vulnerables y constituye un indicador de enfermedad o alteración subyacente.

Su reconocimiento precoz resulta fundamental, especialmente en las formas hipoactivas que pueden pasar inadvertidas.

El manejo debe dirigirse prioritariamente a identificar y corregir los factores precipitantes. Infecciones, hipoxia, deshidratación, dolor, alteraciones metabólicas, retención urinaria, estreñimiento y medicamentos son causas frecuentes y potencialmente reversibles.

Las intervenciones no farmacológicas constituyen la base del tratamiento. La reorientación, mantenimiento del sueño, movilización precoz, hidratación y utilización de gafas y audífonos pueden reducir la gravedad y duración del cuadro.

La inmovilización y las restricciones físicas deben evitarse siempre que sea posible porque pueden aumentar la confusión y producir nuevas complicaciones.

Los antipsicóticos no deben utilizarse de forma rutinaria. Su empleo debe limitarse a situaciones de agitación grave con riesgo inmediato y durante el menor tiempo posible.

La prevención mediante estrategias multicomponente resulta especialmente importante en pacientes de edad avanzada o con deterioro cognitivo previo.

Finalmente, la coordinación entre profesionales y la participación de la familia permiten identificar cambios, mantener la orientación y favorecer la recuperación. El delirium debe considerarse siempre un problema clínico que requiere valoración activa y no una consecuencia inevitable de la hospitalización.

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