Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 936
Autor principal (primer firmante): Claudia Gómez Madrid
Fecha recepción: 27/07/2026
Fecha aceptación: 23/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 936
Autores:
- Claudia Gómez Madrid (GRADO DE ENFERMERÍA)
- María Carmen Monturiol Zamudio (TCAE)
- Pavel Sarnovskiy-Gonsales Kondratiuk (GRADO DE ENFERMERÍA)
- Laura Calvo Romero (GRADO DE ENFERMERÍA)
- Alejandra Romero Osorio (GRADO DE ENFERMERÍA)
- Lizeth Estefanía Villamil Alcivar (GRADO DE ENFERMERÍA)
Categoría: GRADO DE ENFERMERÍA
PALABRA CLAVE: ENFERMEDADES / INMUNOMEDIADAS / CUARTA DOSIS / COVID 19 / INMUNOGENICIDAD HUMORAL / VACUNACIÓN / ANTICUERPOS
Introducción
Las personas que viven con Enfermedades Inflamatorias Inmunomediadas (IMID) como la artritis reumatoide, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa o la psoriasis se han enfrentado a un desafío adicional durante la pandemia: la respuesta de su sistema inmunitario a las vacunas. Debido tanto a la desregulación propia de estas patologías como a los tratamientos inmunosupresores necesarios para controlarlas, la eficacia de las vacunas suele estar bajo la lupa.
La administración de la cuarta dosis (o segundo refuerzo) de la vacuna contra el COVID-19 ha sido una estrategia clave para proteger a este grupo vulnerable. La pregunta central de la investigación clínica reciente es: conseguir que esta cuarta dosis despierte una respuesta de anticuerpos efectiva y duradera en pacientes con IMID
Inmunogenicidad humoral
Cuando se habla de inmunogenicidad humoral, nos referimos a la capacidad que tiene una vacuna para estimular la producción de anticuerpos (inmunoglobulinas) específicos por parte de las células B del sistema inmune. Estos anticuerpos actúan como la primera línea de defensa, bloqueando o "neutralizando" el virus antes de que infecte a las células.
En la población general, el esquema primario y los primeros refuerzos demostraron una excelente respuesta humoral. Sin embargo, en pacientes con IMID, los estudios iniciales mostraron que los niveles de anticuerpos decaían con mayor rapidez o ni siquiera alcanzaban los umbrales óptimos tras las primeras dosis.
El impacto de la cuarta dosis: ampliación y durabilidad
Los datos clínicos acumulados evidencian que la cuarta dosis actúa como un ecualizador inmunitario indispensable para este colectivo. Sus beneficios principales se resumen en tres puntos clave:
- Rescate de "no respondedores": Pacientes que mostraron una respuesta muy débil o nula tras la tercera dosis lograron finalmente la seroconversión (producción detectable de anticuerpos) tras recibir el segundo refuerzo.
- Mayor amplitud de neutralización: La cuarta dosis no solo eleva la cantidad total de anticuerpos, sino que mejora la "calidad" de estos, permitiéndoles reconocer y neutralizar de mejor manera a variantes y subvariantes del virus.
- Prolongación de la memoria inmune: Aunque los niveles de anticuerpos decaen de forma natural con los meses, el pico alcanzado tras la cuarta dosis prolonga la ventana de protección en comparación con el declive acelerado observado tras la tercera dosis.
El factor determinante: el tipo de tratamiento inmunosupresor
La respuesta humoral tras la cuarta dosis no es uniforme; depende en gran medida del fármaco que tome el paciente. Los estudios diferencian claramente el impacto de las terapias:
Medicación / Terapia – Impacto en la Respuesta Humoral
- Terapias de depleción de células B (ej. Rituximab): Alto impacto negativo. Al eliminar las células encargadas de fabricar anticuerpos, la respuesta humoral sigue siendo muy baja incluso tras la cuarta dosis. En estos casos, la inmunidad celular (células T) cobra mayor protagonismo.
- Corticoides a dosis altas y Metotrexato: Impacto moderado. Pueden atenuar la velocidad y el pico de producción de anticuerpos. En ocasiones, los especialistas recomiendan pausar brevemente el metotrexato tras la vacunación para optimizar la respuesta.
- Anti-TNF y otros biológicos (ej. Infliximab, Adalimumab): Impacto leve a moderado. Se observa una reducción ligera en los títulos de anticuerpos en comparación con controles sanos, pero la cuarta dosis logra compensar significativamente esta brecha, elevando la protección a niveles seguros.
A pesar de que ciertos fármacos frenan la producción de anticuerpos (respuesta humoral), la inmunidad celular mediada por linfocitos T suele mantenerse notablemente activa en la mayoría de los pacientes con IMID, lo que reduce el riesgo de padecer formas graves de la enfermedad o requerir hospitalización.
Conclusión
Los estudios clínicos respaldan firmemente las pautas de vacunación de refuerzo. En los pacientes con enfermedades inflamatorias inmunomediadas, la cuarta dosis de la vacuna contra el COVID-19 no es un exceso, sino una necesidad inmunológica.
Salvo en ventanas terapéuticas muy específicas (como tratamientos recientes con Rituximab), esta dosis adicional logra ensanchar y sostener la protección humoral, devolviendo a los pacientes con IMID una seguridad inmunitaria muy cercana a la de la población general. La monitorización personalizada por parte del reumatólogo o gastroenterólogo sigue siendo la mejor herramienta para coordinar los tiempos de vacunación y tratamiento.
Bibliografía
- https://www.elsevier.es/es-revista-Medicina-clinic a-2-artículo-inmunogenicidad-humoral-tras-vacunaci on-con-S0025775325002143.
- https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/ S0025775325002143.
- https://PubMed.ncbi.nlm.nih.gov/40378626/.


