La importancia de la formación en reanimación cardiopulmonar (RCP) en el entorno sanitario: una competencia que debe alcanzar a todo el personal

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 318

Autor principal (primer firmante): Rubén López Arbesú

Fecha recepción: 28/09/2026

Fecha aceptación: 25/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 318

Autores:

  • Rubén López Arbesú
  • Olga López de Zubiría Martínez

Objetivo

La parada cardiorrespiratoria (PCR) es una de las situaciones clínicas más graves y apremiantes a la hora de actuar a las que se puede enfrentar un profesional sanitario. La interrupción de la actividad cardiaca efectiva produce la ausencia de circulación sanguínea y por tanto una disminución del aporte de oxígeno a los órganos vitales, especialmente el cerebro.

El objetivo de este artículo es poner de manifiesto la importancia de que el personal que desarrolla su actividad profesional en el ámbito sanitario disponga de conocimientos básicos y actualizados en reanimación cardiopulmonar (RCP). Esta formación debe alcanzar, evidentemente, a los profesionales sanitarios, cuya capacitación será la adecuada a sus responsabilidades y competencias profesionales, pero también debería extenderse a todo el conjunto de trabajadores no sanitarios que desarrollan su actividad en hospitales, centros de salud, centros sociosanitarios y otras instalaciones asistenciales.

Celadores, personal administrativo, trabajadores de limpieza, lavandería, cocina, mantenimiento, seguridad o servicios auxiliares pueden encontrarse en cualquier momento ante una persona que sufra una parada cardiorrespiratoria. Aunque sus funciones profesionales no sean asistenciales, forman parte del entorno sanitario y pueden desempeñar un papel fundamental durante los primeros minutos de una emergencia.

La finalidad es dotar a este personal de conocimientos suficientes para reconocer una situación de posible PCR, solicitar ayuda de manera inmediata y comenzar las maniobras básicas de reanimación hasta la llegada del personal cualificado.

Desarrollo

En una parada cardiorrespiratoria (PCR), una actuación rápida y adecuada es determinante.

La PCR se caracteriza por la pérdida de conciencia y la ausencia de una respiración normal, como consecuencia de la interrupción de la circulación efectiva. Ante una persona que no responde y no respira con normalidad, debe considerarse la posibilidad de una PCR y actuar inmediatamente. En estas circunstancias, los primeros minutos son fundamentales. La ausencia prolongada de circulación provoca una disminución progresiva del aporte de oxígeno a los tejidos y puede ocasionar lesiones neurológicas irreversibles. Por este motivo, la actuación de la primera persona que presencia la emergencia puede resultar determinante.

Aunque en un centro sanitario existen profesionales cualificados para atender esta emergencia, no quita que cualquier trabajador que presencie inicialmente dicha emergencia tenga que esperar pasivamente a que llegue el equipo de reanimación. La respuesta debe comenzar inmediatamente.

¿En qué consiste la RCP?

La RCP tiene como finalidad mantener de forma artificial una circulación sanguínea mínima a través de compresiones torácicas, proporcionando oxígeno a los órganos vitales hasta conseguir recuperar la circulación espontánea o hasta que se establezca una atención avanzada.

Publica TFG cuadrado 1200 x 1200

Ante una persona inconsciente que no respira normalmente, el reanimador debe comprobar que el entorno es seguro, valorar la respuesta de la persona y solicitar ayuda. Una vez identificada la posible parada, deben iniciarse las compresiones torácicas. En el adulto, las compresiones se realizan colocando el talón de una mano en el centro del tórax, aproximadamente sobre la mitad inferior del esternón, y la otra mano sobre la primera. Los brazos deben mantenerse extendidos y las compresiones deben realizarse con una frecuencia aproximada de 100-120 por minuto, alcanzando una profundidad de 5-6 centímetros, permitiendo posteriormente la expansión completa del tórax.

Cuando el reanimador dispone de formación y medios adecuados, la RCP convencional combina 30 compresiones torácicas con dos ventilaciones. En aquellas personas que no estén capacitadas, las compresiones torácicas continuas constituyen una alternativa que permite comenzar de inmediato la actuación.

La técnica puede parecer sencilla desde el punto de vista teórico, pero realizar una RCP eficaz requiere entrenamiento práctico. La posición de las manos, la frecuencia, la profundidad de las compresiones y la minimización de las interrupciones son aspectos que influyen en la calidad de la reanimación.

La RCP mantiene una circulación artificial, pero algunas paradas requieren además una desfibrilación eléctrica. El desfibrilador eléctrico automático (DEA) permite analizar el ritmo cardíaco y determinar si está indicada una descarga. Por este motivo, el personal que trabaja en un centro sanitario debería conocer dónde se encuentran los desfibriladores disponibles, cómo acceder a ellos y cuál es el procedimiento establecido por el centro para su uso.

El DEA puede ser empleado por personas que hayan recibido formación básica. Su utilización precoz, cuando está indicada, constituye uno de los elementos fundamentales de la denominada cadena de supervivencia.

publica-articulo-revista-ocronos

Esta cadena comprende, de forma simplificada, el reconocimiento precoz de la emergencia, la activación del sistema de respuesta, la RCP de calidad, la desfibrilación precoz cuando esté indicada y la posterior atención especializada y cuidados posparada.

Un hospital o centro de salud constituye un entorno complejo en el que trabajan conjuntamente numerosas categorías profesionales. Un celador puede encontrarse trasladando a un paciente cuando este pierde la conciencia; un administrativo puede presenciar una parada en una sala de espera; un trabajador de la limpieza encontrarse con una persona inconsciente en un pasillo; un empleado de cocina puede sufrir o presenciar una emergencia en las instalaciones del centro, y un trabajador de mantenimiento puede ser la primera persona que encuentre a un paciente o compañero en situación crítica.

En todos estos casos existe un elemento común: los primeros segundos de actuación pueden depender de una persona cuya función profesional no es sanitaria y por ello la formación básica en RCP debería contemplarse como una herramienta de seguridad dentro de la organización sanitaria, proporcionando a este personal no sanitario unas competencias básicas que le permitan realizar tres actuaciones fundamentales: reconocer, alertar y actuar.

Todos los trabajadores de un centro sanitario deberían saber qué hacer ante una parada cardiorrespiratoria.

Este aprendizaje no debería limitarse a la memorización de una secuencia de actuación. Se trata de una habilidad práctica que requiere entrenamiento. Por tanto, la realización periódica de cursos, simulaciones y ejercicios permite familiarizarse con el proceso a seguir durante una RCP. Además, los simulacros pueden mejorar la coordinación entre los diferentes profesionales y permitir detectar deficiencias en los protocolos de actuación.

Esta formación también puede contribuir a disminuir el temor a intervenir. Ante una situación de parada, la ausencia de actuación puede ser mucho más perjudicial que cometer pequeños errores técnicos durante los primeros momentos. Lo esencial es reconocer la emergencia y comenzar cuanto antes una respuesta adecuada.

Conclusión

La reanimación cardiopulmonar constituye una intervención fundamental ante la parada cardiorrespiratoria y debe formar parte de la cultura de seguridad de cualquier centro sanitario. La capacitación debe alcanzar, en diferentes niveles, a todas las personas que desarrollan actividad dentro de estos centros.

Los profesionales sanitarios requieren una formación acorde con sus competencias y responsabilidades clínicas, mientras que el personal no sanitario debe disponer, como mínimo, de conocimientos básicos que le permitan reconocer una posible PCR, activar inmediatamente los mecanismos de emergencia e iniciar las primeras maniobras de reanimación, pues su actuación durante los primeros minutos puede facilitar que la cadena de supervivencia se ponga en marcha sin demora.

Por tanto, la RCP no debería extenderse exclusivamente como una competencia del personal sanitario, sino como una herramienta transversal de seguridad dentro del entorno sanitario. En definitiva, un centro sanitario verdaderamente preparado para afrontar una parada cardiorrespiratoria es aquel en el que todo su personal conoce su papel dentro de la cadena de supervivencia, independientemente de que sus funciones sean asistenciales, administrativas, técnicas o de servicios generales.

Bibliografía

  1. European Resuscitation Council (ERC) (2025) Guías ERC 2025 de resucitación: Soporte vital básico del adulto.
  2. Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC).(2025). Recomendaciones del Plan Nacional de RCP
  3. Carcerdo Argüelles,L.,Pérez Regueiro, I., García Fernández, J.A., & Lana, A. (2021) Formación y conocimientos sobre soporte vital básico de la Guardia Civil.