Hueso trapecio

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 224

Autor principal (primer firmante): Lizeth Fabiola Aguilar Ale

Fecha recepción: 20/09/2026

Fecha aceptación: 17/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 224

Autores:

  • Lizeth Fabiola, Aguilar Ale
  • Ana Isabel, Cuesta Navarro
  • María Pilar, Ledesma Portero
  • Gemma Abadía García
  • Alejandro López Artigas
  • Nuria Esteban Catalán

Categoría: Enfermería, TCAE, celadores, administrativo, técnico superior de laboratorio, servicios generales.

Palabras clave: huesos, cuerpo humano, esqueleto, movimiento, estructura.

Introducción

El hueso trapecio es uno de los ocho huesos que forman el carpo de la mano y ocupa una posición fundamental en la región radial de la muñeca, en el lado correspondiente al pulgar. Se encuentra en la fila distal del carpo, inmediatamente distal al escafoides y lateral al trapezoide. Su característica anatómica más importante es que se articula con la base del primer metacarpiano para formar la articulación carpometacarpiana del pulgar, una articulación especialmente móvil que permite realizar movimientos como la oposición, la abducción, la aducción, la flexión y la extensión del pulgar. Gracias a esta articulación, la mano humana puede realizar movimientos de precisión y prensión que son fundamentales para numerosas actividades cotidianas.

El carpo está formado por ocho huesos que se organizan en dos filas. La fila proximal está constituida por el escafoides, el semilunar, el piramidal y el pisiforme. La fila distal está formada por el trapecio, el trapezoide, el hueso grande y el ganchoso. El trapecio es el hueso más lateral de la fila distal y se encuentra directamente relacionado con el primer metacarpiano. Esta posición le permite actuar como una estructura de transición entre el carpo y el pulgar.

Desarrollo

El trapecio tiene una forma irregular y presenta diferentes superficies articulares. Su superficie proximal se articula principalmente con el escafoides. En la región medial se relaciona con el trapezoide y puede presentar una pequeña superficie de contacto con el segundo metacarpiano. Su superficie distal se articula principalmente con la base del primer metacarpiano y constituye la superficie esencial para el movimiento del pulgar.

La relación entre el trapecio y el escafoides es importante porque conecta la fila proximal con la fila distal del carpo. El escafoides participa en la transmisión de las fuerzas procedentes del radio, mientras que el trapecio las distribuye hacia el pulgar y el segundo metacarpiano. De esta forma, ambos huesos forman parte de una cadena mecánica que permite transmitir las cargas desde el antebrazo hacia la mano.

El trapecio también se articula con el trapezoide. Esta articulación se encuentra en la parte medial del hueso y presenta una movilidad relativamente limitada. Los huesos de la fila distal del carpo están unidos por fuertes ligamentos y funcionan en gran medida como una unidad estable. Esta estabilidad proporciona una base firme sobre la que puede moverse el primer metacarpiano.

Otra relación importante se establece entre el trapecio y el segundo metacarpiano. Esta conexión contribuye a estabilizar la base del índice y permite transmitir fuerzas entre el pulgar y el segundo radio de la mano. La proximidad entre el trapecio, el trapezoide y el segundo metacarpiano crea una región relativamente estable en comparación con la articulación del pulgar, que necesita una movilidad mucho mayor.

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La superficie distal del trapecio presenta una configuración muy característica. Se trata de una superficie articular con forma de silla de montar, que se corresponde con otra superficie recíprocamente curvada situada en la base del primer metacarpiano. Esta configuración se denomina articulación sellar o en silla de montar. La forma de ambas superficies permite movimientos amplios en diferentes direcciones.

La articulación entre el trapecio y el primer metacarpiano recibe el nombre de articulación trapeciometacarpiana o carpometacarpiana del pulgar. Es una de las articulaciones más importantes de toda la mano. Su configuración biconcavoconvexa permite que el pulgar se mueva en diferentes planos y que pueda enfrentarse a los demás dedos.

La movilidad de esta articulación es fundamental para la oposición del pulgar. La oposición consiste en llevar el pulgar hacia la palma y rotarlo de manera que su superficie pueda enfrentarse a las superficies de los otros dedos. Este movimiento permite realizar la pinza entre el pulgar y el índice, sujetar objetos pequeños, abrochar botones, escribir, utilizar herramientas y realizar numerosas actividades de precisión.

La articulación trapeciometacarpiana permite movimientos de flexión y extensión, abducción y aducción, además de movimientos combinados de rotación. La oposición no es simplemente un movimiento producido en un único plano, sino que requiere una combinación coordinada de flexión, abducción y rotación del primer metacarpiano sobre el trapecio.

Durante la abducción, el pulgar se aleja de la palma y del segundo dedo. Durante la aducción vuelve hacia la mano. La flexión lleva el pulgar hacia la palma, mientras que la extensión lo aleja. La combinación de estos movimientos permite realizar la oposición y la reposición, que consiste en devolver el pulgar desde una posición de oposición hacia su posición inicial.

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La configuración en silla de montar proporciona una gran movilidad, pero también implica que la estabilidad ósea intrínseca de la articulación sea relativamente limitada. Las superficies articulares son relativamente poco profundas y no encajan de forma completamente cerrada. Por este motivo, la estabilidad depende en gran medida de los ligamentos y de los músculos que rodean la articulación.

Entre los principales elementos estabilizadores de la articulación trapeciometacarpiana se encuentran diferentes ligamentos. Entre ellos destaca el ligamento oblicuo anterior, también denominado ligamento palmar o ligamento en pico. También son importantes el ligamento dorsorradial, el ligamento oblicuo posterior y los ligamentos intermetacarpianos. Todos ellos trabajan conjuntamente para mantener la base del pulgar alineada durante los movimientos.

El ligamento dorsorradial desempeña un papel especialmente importante en la estabilidad de la articulación. Se encuentra en la parte dorsal y radial y ayuda a limitar determinados desplazamientos del primer metacarpiano. Su función es especialmente relevante durante los movimientos que generan fuerzas hacia la región dorsorradial.

El ligamento oblicuo anterior se encuentra en la región palmar y participa en la estabilidad de la articulación durante diferentes posiciones del pulgar. La función conjunta de los ligamentos palmares y dorsales permite que el primer metacarpiano tenga una gran movilidad sin perder completamente la congruencia con el trapecio.

Además de los ligamentos, los músculos desempeñan un papel esencial en la estabilidad dinámica de la articulación trapeciometacarpiana. Los músculos tenares y otros músculos que actúan sobre el pulgar generan fuerzas que controlan la posición del primer metacarpiano. La musculatura permite adaptar continuamente la posición del pulgar a las necesidades de cada movimiento.

La eminencia tenar está formada por músculos que intervienen directamente en la movilidad del pulgar. Entre ellos se encuentran el abductor corto del pulgar, el flexor corto del pulgar y el oponente del pulgar. Estos músculos actúan sobre el primer metacarpiano y la falange proximal y permiten realizar movimientos finos y precisos.

El músculo oponente del pulgar tiene una función especialmente importante porque participa en la oposición. Su contracción produce una combinación de movimientos del primer metacarpiano que permite que la yema del pulgar se enfrente a los demás dedos. La articulación trapeciometacarpiana proporciona la movilidad necesaria para que esta acción muscular sea eficaz.

El trapecio también presenta una prominencia en su cara palmar. Esta estructura constituye una referencia anatómica importante y participa en las inserciones ligamentarias y en la formación de la región radial del túnel carpiano. El retináculo flexor se fija en diferentes prominencias óseas del carpo, entre ellas el tubérculo del trapecio y el tubérculo del escafoides en el lado radial.

El túnel carpiano es un conducto osteofibroso situado en la cara palmar de la muñeca. Por él pasan el nervio mediano y los tendones de los músculos flexores de los dedos y del pulgar. El trapecio contribuye a formar uno de los límites de este conducto. Esta relación es importante porque demuestra que el hueso no participa únicamente en el movimiento del pulgar, sino también en la arquitectura de la muñeca.

El trapecio participa además en la transmisión de fuerzas durante la prensión. Cuando una persona agarra un objeto, las fuerzas generadas por los músculos del antebrazo y de la mano se transmiten a través de los metacarpianos y del carpo.

Una parte importante de las fuerzas que actúan sobre el pulgar se concentra en la articulación trapeciometacarpiana. Estudios biomecánicos han demostrado que las fuerzas en esta articulación pueden ser considerablemente superiores a las fuerzas aplicadas directamente en la punta del pulgar durante determinados tipos de pinza.

Esta elevada carga mecánica ayuda a explicar por qué la articulación trapeciometacarpiana es susceptible de desarrollar cambios degenerativos. La articulación debe combinar dos características aparentemente opuestas: una gran movilidad y una capacidad suficiente para soportar cargas importantes. La anatomía en silla de montar permite la movilidad, pero también genera zonas en las que el cartílago puede estar sometido a fuerzas repetidas.

La artrosis de la articulación trapeciometacarpiana es una de las enfermedades degenerativas más frecuentes de la base del pulgar. Se caracteriza por el deterioro progresivo del cartílago articular, estrechamiento del espacio articular, formación de osteofitos y cambios en el hueso subcondral. Puede producir dolor, pérdida de fuerza y dificultad para realizar movimientos de pinza y prensión.

La artrosis trapeciometacarpiana puede aparecer con el envejecimiento, aunque también intervienen factores mecánicos, anatómicos y ligamentarios. La laxitud de los ligamentos puede permitir un desplazamiento excesivo del primer metacarpiano sobre el trapecio. Este movimiento anormal puede aumentar las fuerzas de cizallamiento y favorecer el deterioro progresivo del cartílago.

Los síntomas suelen incluir dolor localizado en la base del pulgar, especialmente durante actividades que requieren fuerza de pinza. Abrir un frasco, girar una llave, escribir, utilizar tijeras o sujetar objetos puede provocar molestias. También puede aparecer pérdida progresiva de fuerza y, en fases avanzadas, deformidad de la base del pulgar.

La exploración física puede incluir la palpación de la articulación trapeciometacarpiana y determinadas maniobras que comprimen o movilizan el primer metacarpiano sobre el trapecio. El dolor provocado durante estas maniobras puede orientar hacia una lesión de la articulación. Las radiografías permiten valorar el espacio articular, la presencia de osteofitos y otros cambios degenerativos. La tomografía computarizada puede proporcionar una representación más detallada de la anatomía y de los cambios óseos.

Además de la artrosis, el trapecio puede sufrir fracturas. Las fracturas de este hueso son menos frecuentes que las fracturas del escafoides, pero pueden producirse después de traumatismos importantes o por fuerzas transmitidas desde el primer metacarpiano. Debido a su relación con la articulación del pulgar, una fractura que afecte a la superficie articular puede alterar considerablemente la función del primer radio.

Las fracturas del trapecio pueden ser extraarticulares o intraarticulares. Las fracturas intraarticulares son especialmente importantes porque pueden alterar la congruencia de la articulación trapeciometacarpiana. Si la superficie articular no recupera una alineación adecuada, puede aumentar el riesgo de dolor y degeneración posterior.

El tratamiento de las lesiones del trapecio depende de la naturaleza y gravedad de la lesión. Las fracturas estables y sin desplazamiento importante pueden tratarse mediante inmovilización y seguimiento. Cuando existe desplazamiento significativo o afectación importante de la superficie articular, puede ser necesario realizar una reducción y fijación para recuperar la anatomía.

La articulación entre el trapecio y el escafoides también puede desarrollar cambios degenerativos. Esta región forma parte de la articulación escafotrapeciotrapezoidea, que participa en la transmisión de fuerzas entre el escafoides y la fila distal del carpo. La degeneración de esta zona puede provocar dolor en la región radial de la muñeca y limitar determinados movimientos.

La articulación escafotrapeciotrapezoidea es especialmente importante para la estabilidad del lado radial del carpo. El trapecio se encuentra en una posición estratégica entre el escafoides, el trapezoide, el primer metacarpiano y el segundo metacarpiano. Esta disposición permite distribuir las fuerzas entre diferentes radios de la mano.

El trapecio también tiene importancia en la evolución de determinadas deformidades del pulgar. Cuando la articulación trapeciometacarpiana pierde estabilidad, el primer metacarpiano puede desplazarse progresivamente hacia una posición de subluxación. Este desplazamiento modifica la alineación del pulgar y puede aumentar la dificultad para realizar movimientos de pinza y oposición.

Durante la oposición del pulgar, el primer metacarpiano no solamente se desplaza sobre el trapecio, sino que también realiza una rotación alrededor de su eje longitudinal. Este componente rotacional es fundamental para orientar la superficie palmar del pulgar hacia los otros dedos. La articulación trapeciometacarpiana es capaz de producir este complejo movimiento gracias a la forma de sus superficies articulares y a la acción coordinada de los músculos.

La articulación trapeciometacarpiana puede considerarse una de las estructuras que más contribuyen a la capacidad manipulativa de la mano humana. Sin esta articulación, el pulgar tendría una movilidad mucho más limitada y no podría realizar una oposición eficaz. Por tanto, aunque el trapecio sea un hueso pequeño, su función tiene consecuencias importantes sobre la capacidad funcional de toda la mano.

El desarrollo del trapecio se produce durante la maduración del carpo. Como ocurre con los demás huesos carpianos, inicialmente se desarrolla como una estructura cartilaginosa y posteriormente aparece un centro de osificación. Durante el crecimiento, el hueso adquiere progresivamente su forma adulta y establece sus relaciones definitivas con el escafoides, trapezoide, metacarpianos y demás estructuras.

La vascularización del trapecio procede de las redes arteriales de la muñeca y de la mano. Los vasos sanguíneos permiten mantener la vitalidad del hueso y proporcionan los nutrientes necesarios para su metabolismo y reparación. En comparación con el escafoides, las complicaciones vasculares graves del trapecio son menos características.

Desde el punto de vista anatómico, el trapecio puede localizarse mediante referencias superficiales en la base del pulgar. La articulación trapeciometacarpiana se encuentra aproximadamente en la región donde comienza el primer metacarpiano y puede identificarse mediante palpación durante los movimientos del pulgar. Esta localización es importante durante la exploración clínica de pacientes con dolor en la base del pulgar.

El trapecio también forma parte de la arquitectura del arco carpiano. Los huesos carpianos de la fila distal forman una estructura relativamente estable que proporciona una base para los metacarpianos. El trapecio constituye el extremo radial de esta fila y, al mismo tiempo, proporciona una articulación muy móvil para el pulgar.

La combinación de estabilidad y movilidad es probablemente la característica funcional más importante del trapecio. Por un lado, sus articulaciones con el escafoides, trapezoide y segundo metacarpiano forman una estructura relativamente estable. Por otro, su articulación con el primer metacarpiano permite una amplitud de movimiento excepcional. Esta diferencia funcional permite que el pulgar sea móvil sin comprometer excesivamente la estabilidad del resto de la mano.

Conclusión

En conclusión, el hueso trapecio es uno de los ocho huesos del carpo y ocupa la posición más radial de la fila distal. Se encuentra entre el escafoides y el trapezoide y se articula principalmente con el primer metacarpiano, formando la articulación trapeciometacarpiana. Esta articulación presenta una configuración en silla de montar que permite una gran amplitud de movimientos, incluyendo flexión, extensión, abducción, aducción, rotación y, sobre todo, oposición del pulgar. La movilidad del trapecio y del primer metacarpiano es esencial para la prensión y para los movimientos de precisión de la mano. Al mismo tiempo, esta elevada movilidad hace que la articulación sea dependiente de ligamentos y músculos para mantener su estabilidad.

El trapecio también participa en la formación del túnel carpiano y se relaciona con estructuras ligamentarias y musculares importantes de la región radial de la muñeca. Su principal importancia clínica está relacionada con la artrosis trapeciometacarpiana, una enfermedad degenerativa que puede provocar dolor, pérdida de fuerza y dificultad para realizar movimientos de pinza. También puede sufrir fracturas, especialmente aquellas que afectan a la superficie articular. Por todo ello, el trapecio es un hueso pequeño pero fundamental para la movilidad del pulgar, la estabilidad de la muñeca y la capacidad de la mano humana para realizar movimientos precisos y complejos.

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