Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 801
Autor principal (primer firmante): Najima Darkaoui Bouarbi
Fecha recepción: 24/07/2026
Fecha aceptación: 20/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 801
Autores:
- Najima Darkaoui Bouarbi
- Miren Josune Muñoz García
- Mihaela Mihailovici Mihailovici
- Miguel Ángel Ramos Alda
- María del Carmen Molina Molina
- Carol Vanessa Ramírez Duarte
Categoría: Enfermería, TCAE, Celador, Farmacia, Servicios Generales
Palabras clave: diverticulitis, intestino, enfermedad, sistema digestivo, inflamación
Introducción
La diverticulitis es una enfermedad inflamatoria del colon que aparece cuando uno o varios divertículos se inflaman o se infectan. Aunque la presencia de divertículos, conocida como diverticulosis, es muy frecuente en la población adulta y especialmente en las personas mayores, únicamente una parte de estos individuos desarrollará diverticulitis a lo largo de su vida. La aparición de esta complicación depende de la interacción de múltiples factores de riesgo relacionados con la edad, la genética, la alimentación, el estilo de vida, la microbiota intestinal, determinadas enfermedades y algunos tratamientos farmacológicos. Comprender estos factores resulta fundamental para establecer estrategias preventivas eficaces y reducir la incidencia de esta enfermedad.
Desarrollo
Uno de los principales factores de riesgo es la edad. La frecuencia de diverticulosis aumenta progresivamente con el envejecimiento y, en consecuencia, también lo hace el riesgo de diverticulitis. Este fenómeno se debe a una serie de modificaciones estructurales que experimenta la pared del colon con el paso del tiempo.
Durante el envejecimiento disminuye la elasticidad del tejido conectivo, se producen alteraciones en la organización del colágeno tipo I y tipo III y aumenta la rigidez de la pared intestinal. Además, la musculatura del colon pierde eficiencia funcional y aparecen cambios en la motilidad intestinal que favorecen el aumento de la presión intraluminal. Estas modificaciones facilitan tanto la formación de divertículos como el desarrollo posterior de procesos inflamatorios.
Sin embargo, en las últimas décadas se ha observado un incremento significativo de la diverticulitis en personas menores de 50 años. Este aumento parece relacionarse principalmente con cambios en los hábitos de vida, la obesidad, el sedentarismo y las modificaciones dietéticas características de las sociedades occidentales.
La predisposición genética constituye otro importante factor de riesgo. Diversos estudios realizados en familias y gemelos han demostrado que aproximadamente entre el 40% y el 50% del riesgo de desarrollar enfermedad diverticular posee un componente hereditario.
Se han identificado múltiples variantes genéticas relacionadas con la organización del colágeno, la estructura de la matriz extracelular, la respuesta inmunitaria, la motilidad intestinal y la función neuromuscular del colon. Estas alteraciones pueden favorecer una menor resistencia mecánica de la pared intestinal y una mayor susceptibilidad a desarrollar inflamación diverticular.
La alimentación desempeña un papel central en la aparición de la enfermedad. Las dietas pobres en fibra constituyen uno de los factores de riesgo mejor establecidos. La fibra dietética aumenta el volumen de las heces, favorece su hidratación y acelera el tránsito intestinal.
Cuando la alimentación contiene escasa fibra, las heces son más pequeñas y consistentes, obligando al colon a generar contracciones más intensas para movilizarlas. Como consecuencia aumenta la presión intraluminal, especialmente en el colon sigmoide, favoreciendo tanto la formación de divertículos como el desarrollo de lesiones inflamatorias.
Por el contrario, una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales disminuye significativamente el riesgo de diverticulitis al mejorar la función intestinal y mantener una microbiota saludable.
El consumo elevado de carnes rojas y carnes procesadas también se ha asociado con un mayor riesgo de diverticulitis. Diversos estudios epidemiológicos indican que las personas con un consumo elevado de estos alimentos presentan una mayor incidencia de enfermedad inflamatoria diverticular.
Este efecto podría relacionarse con modificaciones de la microbiota intestinal, aumento de metabolitos proinflamatorios y una menor producción de ácidos grasos de cadena corta beneficiosos para la mucosa intestinal.
La obesidad representa uno de los factores modificables más importantes. Numerosas investigaciones han demostrado que tanto el índice de masa corporal elevado como el aumento del perímetro abdominal incrementan significativamente el riesgo de desarrollar diverticulitis complicada.
El tejido adiposo visceral actúa como un órgano endocrino capaz de producir numerosas citocinas inflamatorias, como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), la interleucina 6 (IL-6) y diversas adipocinas que mantienen un estado de inflamación sistémica de bajo grado.
Además, la obesidad altera la composición de la microbiota intestinal, favorece la resistencia a la insulina y modifica la respuesta inmunitaria, creando un entorno favorable para el desarrollo de procesos inflamatorios intestinales.
El sedentarismo también constituye un importante factor de riesgo. La actividad física regular mejora el tránsito intestinal, disminuye el tiempo de permanencia de las heces en el colon y reduce la presión intraluminal.
Asimismo, el ejercicio favorece una microbiota intestinal más diversa, disminuye la inflamación sistémica y mejora el metabolismo energético. Las personas físicamente activas presentan una menor incidencia tanto de diverticulosis como de diverticulitis complicada.
El tabaquismo representa otro factor claramente asociado al desarrollo de diverticulitis. Los componentes tóxicos del humo del tabaco alteran la microcirculación intestinal, incrementan el estrés oxidativo y modifican la respuesta inmunitaria local.
Los fumadores presentan mayor riesgo de diverticulitis recurrente, perforación, formación de abscesos y necesidad de tratamiento quirúrgico. Además, el tabaco favorece la alteración de la microbiota intestinal y aumenta la producción de radicales libres responsables del daño tisular.
El consumo excesivo de alcohol también puede incrementar el riesgo, especialmente cuando se mantiene durante largos periodos. El alcohol modifica la permeabilidad intestinal, altera la composición de la microbiota y favorece procesos inflamatorios crónicos que pueden predisponer al desarrollo de diverticulitis.
No obstante, la evidencia científica disponible sobre este factor es menos consistente que la existente para el tabaquismo o la obesidad.
La microbiota intestinal desempeña actualmente un papel protagonista en la fisiopatología y en los factores de riesgo de la diverticulitis. En condiciones normales, el colon alberga una enorme diversidad de microorganismos que contribuyen al mantenimiento de la barrera intestinal y regulan la respuesta inmunitaria.
Cuando se produce una alteración del equilibrio bacteriano o disbiosis, disminuyen las bacterias beneficiosas productoras de butirato y aumentan microorganismos potencialmente inflamatorios.
Esta situación favorece el aumento de la permeabilidad intestinal, la activación del sistema inmunitario y la aparición de inflamación localizada en los divertículos.
Las alteraciones del colágeno y de la matriz extracelular también representan un importante factor predisponente. Con el envejecimiento y determinadas enfermedades del tejido conectivo se modifica la organización del colágeno tipo I y tipo III presentes en la pared intestinal.
Estas alteraciones reducen la resistencia mecánica del colon y favorecen la formación de divertículos. Además, una respuesta anormal del colágeno durante los procesos de reparación puede facilitar el desarrollo de fibrosis y estenosis tras episodios repetidos de diverticulitis.
Algunas enfermedades hereditarias del tejido conectivo, como el síndrome de Ehlers-Danlos o el síndrome de Marfan, presentan una mayor frecuencia de enfermedad diverticular debido a las alteraciones estructurales del colágeno.
La motilidad intestinal constituye otro factor determinante. Diversos pacientes presentan contracciones exageradas del colon sigmoide, aumento de la presión intraluminal y alteraciones en la coordinación de la musculatura intestinal.
Estas modificaciones funcionales incrementan el estrés mecánico sobre la pared colónica y favorecen la inflamación de los divertículos ya existentes.
El estreñimiento crónico también ha sido considerado tradicionalmente un factor de riesgo. Aunque los estudios actuales ofrecen resultados variables, el tránsito intestinal lento favorece una mayor presión dentro del colon y puede contribuir al desarrollo de la enfermedad en determinados pacientes.
El uso de determinados medicamentos aumenta el riesgo de diverticulitis complicada. Los antiinflamatorios no esteroideos lesionan la mucosa intestinal, disminuyen la síntesis de prostaglandinas protectoras y favorecen la aparición de perforaciones.
Los corticosteroides también incrementan el riesgo debido a su efecto inmunosupresor y a la alteración de los mecanismos normales de reparación tisular.
Los opioides enlentecen el tránsito intestinal y aumentan la presión intraluminal, mientras que algunos inmunosupresores pueden favorecer infecciones más graves y complicaciones inflamatorias.
La diabetes mellitus constituye otro factor asociado. La hiperglucemia mantenida favorece la inflamación sistémica, altera la respuesta inmunitaria, modifica la microbiota intestinal y dificulta la cicatrización de los tejidos, aumentando el riesgo de complicaciones.
Las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial y el síndrome metabólico también muestran asociación con la diverticulitis, probablemente debido a mecanismos comunes relacionados con inflamación crónica, alteraciones vasculares y envejecimiento del tejido conectivo.
La inmunodepresión representa un factor especialmente importante. Pacientes trasplantados, personas con infección por VIH avanzada, enfermedades hematológicas o tratamientos inmunosupresores presentan mayor riesgo de desarrollar formas graves de diverticulitis con abscesos, perforaciones y sepsis.
El sexo también influye parcialmente en la epidemiología. Antes de los 50 años la enfermedad es ligeramente más frecuente en hombres, mientras que después de la menopausia aumenta progresivamente en mujeres, posiblemente debido a cambios hormonales que afectan al colágeno y al tejido conectivo.
La deficiencia de vitamina D ha despertado interés en los últimos años. Diversos estudios sugieren que concentraciones bajas de esta vitamina podrían asociarse con mayor riesgo de diverticulitis debido a sus efectos sobre el sistema inmunitario y la regulación de la inflamación intestinal.
Aunque todavía no existe evidencia definitiva, esta línea continúa siendo objeto de investigación.
Las recurrencias también presentan factores predisponentes específicos. Los pacientes jóvenes, obesos, fumadores y con episodios iniciales complicados presentan mayor probabilidad de sufrir nuevos episodios inflamatorios.
Sin embargo, la mayoría de las recurrencias suelen ser menos graves que el episodio inicial y pueden tratarse mediante tratamiento conservador.
Desde el punto de vista preventivo, la modificación de los factores de riesgo constituye la estrategia más eficaz. Mantener una alimentación rica en fibra, practicar ejercicio físico de forma regular, controlar el peso corporal, abandonar el tabaquismo, limitar el consumo de alcohol y evitar el uso innecesario de antiinflamatorios no esteroideos contribuyen significativamente a reducir la probabilidad de desarrollar diverticulitis.
Las investigaciones actuales continúan explorando el papel de la microbiota intestinal, la genética, la inflamación de bajo grado y el metabolismo del colágeno con el objetivo de identificar nuevos factores de riesgo y desarrollar estrategias preventivas más eficaces.
Conclusión
En conclusión, la diverticulitis es una enfermedad multifactorial cuyo desarrollo depende de la interacción entre factores no modificables, como la edad y la predisposición genética, y factores modificables relacionados con la alimentación, el estilo de vida, la obesidad, el tabaquismo, la microbiota intestinal y determinadas enfermedades o tratamientos farmacológicos. El conocimiento de estos factores permite identificar individuos con mayor riesgo, establecer medidas preventivas personalizadas y reducir tanto la incidencia como las complicaciones de esta frecuente enfermedad digestiva.
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