Disfagia

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 896

Autor principal (primer firmante): Esther Sanz Alcaine

Fecha recepción: 27/07/2026

Fecha aceptación: 23/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 896

Autores:

  1. Esther Sanz Alcaine
  2. Patricia Verónica Arellano Lamiral
  3. Pilar Giménez Rubio
  4. Rosa Marco Izquierdo
  5. Awa Kouyate Diabate
  6. Nazaret García Ramos

Categoría: Celador – Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE)

Resumen

La disfagia es un síntoma complejo que puede tener múltiples etiologías, desde trastornos neurológicos hasta patologías estructurales. La identificación temprana y un diagnóstico preciso son fundamentales para prevenir complicaciones severas, como la aspiración y la desnutrición. La evaluación clínica inicial, complementada con estudios instrumentales como la videofluoroscopía de deglución y la endoscopía de deglución, permite determinar la localización y severidad del problema. El manejo de la disfagia varía según la causa, incluyendo intervenciones farmacológicas, terapéuticas y, en algunos casos, procedimientos quirúrgicos.

La rehabilitación mediante terapia del habla y modificaciones dietéticas son pilares en la atención integral. La sensibilización y formación de los profesionales de la salud son esenciales para mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida de los pacientes.

Palabras clave: Disfagia, evaluación diagnóstica, videofluoroscopía, terapia del habla, complicaciones, rehabilitación.

Introducción

La disfagia, definida como la dificultad para deglutir, representa un síntoma frecuente en la población general y en pacientes con diversas patologías neurológicas, musculares y estructurales. Aunque puede parecer una queja simple, su presencia puede indicar la existencia de enfermedades subyacentes graves, afectando la calidad de vida del paciente y aumentando el riesgo de complicaciones como la aspiración, neumonía y desnutrición.

La disfagia representa un desafío clínico por su naturaleza multifactorial y por la variedad de patologías que pueden conducir a ella. La deglución implica, partiendo de una perspectiva fisiológica, una difícil coordinación entre componentes nerviosos y músculos que operan en sucesión para llevar la comida partiendo de la boca hacia la región gastrointestinal. Cualquier alteración en estos mecanismos puede resultar en dificultad para tragar, con diferentes patrones y grados de gravedad. La disfagia puede ser oclusal o funcional, y su presentación clínica varía desde molestias leves hasta una incapacidad total para alimentarse por vía oral.

Causas y evaluación clínica

En el ámbito neurológico, los accidentes cerebrovasculares, la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y los tumores cerebrales son responsables de alteraciones en la coordinación de la deglución. En trastornos estructurales, las estenosis esofágicas, tumores, divertículos o cicatrices postquirúrgicas pueden obstaculizar el paso del alimento. Además, patologías musculares y degenerativas, como la esclerosis lateral amiotrófica, también contribuyen a su aparición. La presencia de comorbilidades, como la osteoporosis o trastornos psiquiátricos, puede agravar la situación, dificultando aún más el diagnóstico y tratamiento.

La valoración sanitaria de la disfagia se inicia con una historia detallada y un examen físico dirigido, en el que se busca identificar signos de aspiración, pérdida de peso, alteraciones en la voz o cambios en la calidad de la deglución. Sin embargo, dado que muchos síntomas pueden ser subjetivos o subestimados, es imprescindible complementar la valoración con estudios instrumentales. La videofluoroscopía de deglución, considerada el estándar de oro, permite visualizar en tiempo real la secuencia de la deglución y detectar anomalías en la coordinación muscular, presencia de penetración o aspiración. La endoscopía de deglución, por otro lado, ofrece una evaluación directa de las estructuras superiores del aparato digestivo, facilitando además la identificación de lesiones estructurales y permitiendo realizar maniobras terapéuticas en tiempo real.

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Tratamiento

Requiere un enfoque individual. En trastornos neurológicos, además del tratamiento de la causa primaria, la rehabilitación mediante terapia del habla y lenguaje es fundamental. La terapia puede incluir ejercicios específicos para fortalecer los músculos de la deglución, técnicas para mejorar la coordinación y estrategias para modificar la consistencia de los alimentos, con el fin de reducir el riesgo de aspiración. La adaptación dietética, que puede ir desde líquidos espesados hasta dietas puré o semilíquidas, es una estrategia para facilitar la deglución segura. En casos de estenosis esofágicas, la dilatación endoscópica puede aliviar la obstrucción y mejorar la función deglutoria.

En situaciones donde las intervenciones conservadoras no son suficientes, las opciones quirúrgicas pueden considerarse. La miotomía en casos de espasmo esofágico, la resección de tumores o la inserción de prótesis para mantener la permeabilidad esofágica son ejemplos de procedimientos que pueden mejorar la calidad de vida del paciente. Además, el soporte nutricional mediante alimentación enteral o parenteral puede ser necesario en pacientes con disfagia severa o cuando la deglución oral no garantiza una ingesta adecuada.

Finalmente, la sensibilización y la capacitación de los profesionales sanitarios son esenciales para identificar oportunamente la disfagia y actuar en consecuencia. La educación del paciente y sus familiares acerca de las técnicas correctas de ingesta, el reconocimiento de signos de aspiración y la importancia de adherirse a las recomendaciones terapéuticas contribuyen significativamente a reducir complicaciones y mejorar la recuperación funcional.

Conclusiones

La disfagia es un síntoma que, si no se aborda adecuadamente, puede derivar en complicaciones graves que afectan la supervivencia y la calidad de vida del paciente. Su diagnóstico requiere de una evaluación clínica minuciosa complementada con estudios instrumentales precisos. El tratamiento, basado en la causa subyacente, la rehabilitación y las modificaciones dietéticas, debe ser multidisciplinario y personalizado. La atención temprana y la coordinación entre los diferentes profesionales implicados son clave para prevenir complicaciones y promover la recuperación funcional. La sensibilización en la comunidad médica y el entrenamiento continuo en las técnicas de evaluación y manejo de la disfagia son fundamentales para optimizar los resultados clínicos y mejorar la atención a esta población vulnerable.

Bibliografía

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