Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 341
Autor principal (primer firmante): Nuria De La Hoya Millán
Fecha recepción: 29/09/2026
Fecha aceptación: 26/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 341
Autores:
- NURIA DE LA HOYA MILLÁN
- NATALIA RUIZ ORO
- MARIA DEL ROSARIO ZAPATER PIRACÉS
- IONELA SAMSON
- MARIA CRISTINA ZAPATER PIRACÉS
- ROXANA CIRAC COLLADOS
Categoría profesional: Total staff.
Palabras clave: digitalización, interfaz gráfica, sistema informático, GUI, INGESA
Introducción
La digitalización ha transformado profundamente la actividad de los centros sanitarios. La historia clínica electrónica, los sistemas de citación, las plataformas de gestión, los programas de admisión, la receta electrónica, las aplicaciones de comunicación interna y los portales destinados a pacientes forman parte de la actividad cotidiana de numerosos profesionales.
Sin embargo, disponer de una herramienta digital no significa necesariamente que esta sea sencilla de utilizar. Una aplicación puede ofrecer muchas funciones y, al mismo tiempo, resultar lenta, confusa o difícil de manejar. Por ello, adquiere especial importancia el diseño de interfaces gráficas, es decir, la forma en la que una persona visualiza, interpreta y utiliza un sistema informático.
En el ámbito sanitario, este aspecto adquiere una relevancia particular. Los profesionales administrativos utilizan diariamente múltiples aplicaciones y, en muchas ocasiones, trabajan con información que requiere precisión. Una interfaz mal diseñada puede aumentar el número de pasos necesarios para realizar una tarea, dificultar la localización de información o favorecer errores. Por el contrario, un diseño claro y coherente puede facilitar el trabajo y mejorar la experiencia del profesional.
¿Qué es una interfaz gráfica?
La interfaz gráfica de usuario, conocida habitualmente como GUI por sus siglas en inglés, es el conjunto de elementos visuales mediante los cuales una persona interactúa con un programa o dispositivo.
Botones, menús, ventanas, iconos, formularios, cuadros de búsqueda, mensajes de aviso, colores, tipografías y diferentes sistemas de navegación forman parte de esa interfaz.
Su finalidad no debería limitarse a conseguir que una aplicación resulte atractiva. Una buena interfaz debe permitir que el usuario comprenda qué puede hacer, encuentre rápidamente lo que necesita y complete una tarea sin dificultades innecesarias.
Por este motivo, diseño gráfico y usabilidad están estrechamente relacionados. En un sistema sanitario, además, debe añadirse un tercer elemento fundamental: la seguridad.
Cuando el diseño también influye en el trabajo sanitario
Para un profesional administrativo, una jornada puede implicar gestionar citas, modificar datos, consultar agendas, registrar información, tramitar documentación, realizar derivaciones, atender llamadas o comunicarse con diferentes unidades.
Si para completar cada operación es necesario recorrer numerosos menús, recordar códigos, cambiar constantemente de pantalla o interpretar iconos poco intuitivos, la herramienta puede convertirse en una fuente adicional de carga de trabajo.
El problema no siempre está en la capacidad del profesional para manejar la aplicación. En ocasiones, es el propio diseño el que no se adapta adecuadamente a las necesidades de quien la utiliza.
Una interfaz eficaz debería mostrar primero aquello que el usuario necesita para realizar su tarea y reducir al mínimo la información irrelevante. También debería mantener una estructura coherente, de manera que los mismos elementos funcionen de forma similar en diferentes partes del sistema.
La importancia de la usabilidad
La usabilidad hace referencia a la facilidad con la que una persona puede utilizar un sistema para alcanzar un objetivo determinado.
En un entorno administrativo sanitario, una aplicación usable debería permitir, por ejemplo, localizar a un paciente, consultar una cita o introducir un dato sin necesidad de realizar operaciones innecesarias.
Un principio fundamental consiste en no obligar al usuario a recordar información que el propio sistema puede proporcionar. Los menús claros, las opciones visibles, los campos correctamente etiquetados y las ayudas contextuales reducen la necesidad de memorizar procedimientos.
También es importante proporcionar información sobre lo que está ocurriendo. Si una operación tarda unos segundos, el sistema debería indicar que está procesando la solicitud. Si se produce un error, el mensaje debería explicar qué ha sucedido y, siempre que sea posible, cómo solucionarlo.
Una interfaz que simplemente muestra “error” ofrece poca ayuda. Una interfaz que explica qué dato falta o qué formato debe utilizarse permite corregir el problema.
Diseñar para evitar errores
En sanidad, evitar errores no es un aspecto secundario.
Los formularios digitales son un buen ejemplo. Una aplicación correctamente diseñada puede ayudar a prevenir equivocaciones mediante campos obligatorios claramente identificados, listas de opciones, validación de datos, autocompletado o mensajes de confirmación.
Las recomendaciones de accesibilidad cognitiva del W3C incluyen precisamente estrategias orientadas a reducir errores en formularios, como solicitar únicamente la información necesaria, identificar claramente los campos obligatorios y utilizar mecanismos que ayuden al usuario a introducir correctamente los datos.
Esto resulta especialmente relevante en sistemas utilizados durante muchas horas y en tareas repetitivas. Cuando una misma operación se realiza decenas de veces al día, pequeñas dificultades de diseño pueden acumularse y aumentar la carga de trabajo.
La accesibilidad también forma parte del diseño
Una interfaz sanitaria debe ser utilizable por el mayor número posible de personas, incluidas aquellas con discapacidades visuales, auditivas, motoras o cognitivas.
Las Pautas de Accesibilidad para el Contenido Web (WCAG) 2.2 organizan sus recomendaciones alrededor de cuatro principios: que la información sea perceptible, que la interfaz sea operable, que el contenido resulte comprensible y que sea robusto y compatible con diferentes tecnologías.
La accesibilidad no significa únicamente aumentar el tamaño de la letra. También implica utilizar suficiente contraste, proporcionar alternativas textuales, permitir la navegación mediante teclado, ofrecer instrucciones comprensibles y evitar que el color sea el único mecanismo utilizado para transmitir una información.
El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA), por ejemplo, recoge entre los aspectos que deben revisarse en materia de accesibilidad cuestiones como el contraste, el uso del color, la navegación mediante teclado y la correcta identificación de los componentes de una interfaz.
Por tanto, accesibilidad y usabilidad no deberían considerarse elementos independientes. Una interfaz accesible suele resultar también más clara y manejable para muchos usuarios.
La importancia de la sencillez
Una de las dificultades habituales de los sistemas digitales es la acumulación de funciones. Cuantas más posibilidades ofrece una aplicación, mayor es el riesgo de que la interfaz termine mostrando demasiadas opciones simultáneamente.
Diseñar bien no significa colocar toda la información disponible en una misma pantalla.
La solución puede encontrarse en una adecuada jerarquía visual. La información principal debe destacar sobre la secundaria y las funciones más utilizadas deben encontrarse fácilmente.
Los principios de accesibilidad cognitiva del W3C recomiendan utilizar estructuras claras, jerarquías visuales reconocibles, controles identificables y patrones de diseño familiares.
En el trabajo administrativo sanitario, esto puede traducirse en algo tan sencillo como que una pantalla de citación permita identificar rápidamente al paciente, la fecha, la hora, el profesional y la ubicación, sin tener que recorrer múltiples apartados.
El usuario debe participar en el diseño
Uno de los errores que puede cometerse al desarrollar una aplicación es diseñarla exclusivamente desde el punto de vista técnico.
Los profesionales que utilizarán diariamente el sistema pueden aportar información que difícilmente puede obtenerse únicamente desde el desarrollo informático.
El personal administrativo conoce los procedimientos reales, las tareas que se repiten, los problemas habituales y las situaciones excepcionales que pueden aparecer durante una jornada.
Por ello, antes de implantar una nueva herramienta resulta útil observar cómo trabajan sus futuros usuarios, identificar las tareas principales y realizar pruebas con profesionales reales.
La interfaz no debería obligar al trabajador a modificar constantemente su forma de trabajar para adaptarse al programa. Siempre que sea posible, debe producirse el proceso inverso: el sistema debe diseñarse teniendo en cuenta las necesidades reales del usuario.
Interfaces consistentes y fáciles de aprender
La coherencia es otro elemento fundamental.
Si un botón sirve para guardar información en una pantalla, debería mantener la misma función y una apariencia similar en el resto de la aplicación. Si los menús cambian continuamente de posición, el usuario tendrá que volver a aprender el sistema.
Una interfaz familiar reduce el esfuerzo necesario para aprender nuevas herramientas. El W3C recomienda precisamente utilizar diseños familiares y permitir, cuando sea apropiado, determinadas posibilidades de personalización para favorecer una experiencia más comprensible.
Esto tiene especial importancia en organizaciones sanitarias donde conviven profesionales con diferentes niveles de experiencia digital.
El papel del personal administrativo
El personal administrativo sanitario ocupa una posición especialmente relevante en este ámbito porque suele encontrarse entre los principales usuarios de los sistemas de gestión.
Además, en muchas ocasiones actúa como intermediario entre el paciente y la organización. Una aplicación que dificulta la consulta de una cita, la gestión de una prueba o la localización de determinada información puede repercutir indirectamente sobre la atención que recibe el ciudadano.
Por ello, mejorar las interfaces no debería considerarse únicamente una cuestión tecnológica.
También es una forma de facilitar la actividad profesional, reducir tareas innecesarias y favorecer una atención más organizada.
Los sistemas sanitarios españoles llevan años avanzando hacia la historia clínica electrónica, la interoperabilidad y la utilización de herramientas digitales. El propio Ministerio de Sanidad ha situado entre sus líneas de actuación la extensión de las aplicaciones de historia clínica y el intercambio de información clínica entre profesionales y dispositivos asistenciales.
A medida que aumenta esta digitalización, también crece la necesidad de que las herramientas sean comprensibles, accesibles y adaptadas a quienes deben utilizarlas.
Conclusión
El diseño de interfaces gráficas no es simplemente una cuestión estética. En el ámbito sanitario puede influir directamente en la facilidad con la que los profesionales realizan sus tareas, en la prevención de errores y en la accesibilidad de los sistemas digitales.
Para el personal administrativo sanitario, disponer de aplicaciones claras, coherentes y sencillas puede significar menos tiempo dedicado a resolver dificultades informáticas y más capacidad para concentrarse en sus funciones.
Una buena interfaz debería pasar desapercibida: permitir que el profesional se centre en su trabajo y no en averiguar cómo funciona el programa. En una sanidad cada vez más digital, diseñar pensando en las personas no es un complemento, sino una necesidad.
Bibliografía
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- Ministerio de Sanidad. Accesos a la Historia Clínica Digital del Sistema Nacional de Salud de las comunidades autónomas [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad; Disponible en: Ministerio de Sanidad – HCDSNS
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- Ministerio de Transformación Digital y de la Función Pública. Accesibilidad web y aplicaciones móviles del sector público [Internet]. Madrid: Gobierno de España; Disponible en: Administración electrónica – Accesibilidad



