Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 886
Autor principal (primer firmante): Carolina Giner Pérez
Fecha recepción: 26/07/2026
Fecha aceptación: 22/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 886
Autores:
- Carolina Giner Pérez.
- Irene Clavería Carcas.
- Juncal Mateo Bueno.
- María Aznar Chicote.
- Nuria Lagota Frago.
- Sandra Quílez Artal.
Categoría: DUE.
Palabras clave: UPP, lesiones, problema, prevalencia, pacientes, presión, cizallamiento, piel, tejidos, movilidad, infección.
Introducción
Las úlceras por presión (UPP), también denominadas lesiones por presión, constituyen uno de los principales indicadores de calidad de los cuidados enfermeros y representan un importante problema de salud pública debido a su elevada prevalencia, el sufrimiento que ocasionan a los pacientes y el considerable impacto económico que generan en los sistemas sanitarios. Estas lesiones aparecen como consecuencia de la presión mantenida o de la combinación de presión y fuerzas de cizallamiento sobre la piel y los tejidos subyacentes, afectando especialmente a personas con movilidad reducida o dependencia funcional. Su aparición no solo incrementa el riesgo de infección, dolor, prolongación de la estancia hospitalaria y mortalidad, sino que también deteriora de forma significativa la calidad de vida del paciente y de sus cuidadores.
Factores de riesgo
Los pacientes dependientes constituyen el grupo de mayor riesgo para desarrollar este tipo de lesiones. Personas de edad avanzada, pacientes hospitalizados durante largos periodos, individuos con enfermedades neurológicas, lesiones medulares o patologías crónicas incapacitantes presentan limitaciones para cambiar de posición de manera autónoma, lo que favorece la aparición de daño tisular. A estos factores se añaden otros como la desnutrición, la incontinencia urinaria y fecal, las alteraciones de la perfusión tisular, la disminución de la sensibilidad y la presencia de múltiples comorbilidades, circunstancias que incrementan considerablemente la vulnerabilidad de la piel.
¿Por qué aparecen las úlceras por presión?
El desarrollo de una úlcera por presión responde a un proceso fisiopatológico complejo en el que la presión mantenida sobre una prominencia ósea supera la presión capilar durante un periodo prolongado, provocando isquemia, hipoxia y necrosis de los tejidos. Las zonas anatómicas más afectadas suelen ser el sacro, los talones, los trocánteres, los maléolos, los codos y el occipucio, aunque cualquier área sometida a presión continua puede resultar lesionada. La combinación de humedad, fricción y fuerzas de cizallamiento acelera este proceso y favorece la progresión del daño cutáneo. El primer paso en la prevención consiste en la valoración sistemática del riesgo.
Escalas de lesiones
Para ello, el profesional de Enfermería utiliza escalas validadas, como la escala de Braden, Norton o Waterlow, que permiten identificar a los pacientes con mayor probabilidad de desarrollar lesiones. Estas herramientas valoran aspectos como la movilidad, la actividad física, el estado nutricional, la percepción sensorial, la humedad de la piel y la presencia de fricción o cizallamiento. No obstante, aunque estas escalas facilitan la toma de decisiones, siempre deben complementarse con el juicio clínico del profesional y una valoración individualizada de cada paciente. La inspección periódica de la piel constituye otra intervención esencial. La observación diaria permite detectar precozmente cambios como enrojecimiento persistente, aumento de la temperatura, edema o endurecimiento de los tejidos, signos que pueden indicar el inicio de una lesión por presión. Esta valoración debe realizarse especialmente sobre las prominencias óseas y en aquellas zonas donde existan dispositivos médicos que ejerzan presión continua, como mascarillas de oxigenoterapia, férulas o sondas.
Prevención
La Enfermería realiza un trabajo fundamental tanto en la identificación precoz de los factores de riesgo como en la planificación y ejecución de medidas preventivas basadas en la evidencia científica. La mayoría de las úlceras por presión pueden prevenirse mediante una valoración integral del paciente y la aplicación sistemática de cuidados específicos. Por ello, la prevención constituye una prioridad asistencial y un indicador directo de la calidad y seguridad de los cuidados enfermeros.
Entre las medidas preventivas con mayor respaldo científico destacan los cambios posturales programados. La redistribución periódica de la presión disminuye el tiempo durante el cual los tejidos permanecen comprimidos, reduciendo el riesgo de isquemia. En pacientes encamados suele recomendarse realizar cambios de posición aproximadamente cada dos o tres horas, mientras que en personas sentadas es aconsejable modificar la postura con mayor frecuencia, siempre adaptando estas recomendaciones al estado clínico y a la tolerancia individual del paciente. Durante estas movilizaciones, la Enfermería debe aplicar técnicas adecuadas que eviten la fricción y el cizallamiento, utilizando dispositivos de ayuda cuando sea necesario. La utilización de superficies especiales para el manejo de la presión constituye otro pilar de la prevención. Colchones dinámicos de aire alternante, colchones viscoelásticos, cojines anti escaras y taloneras permiten distribuir el peso corporal de manera más uniforme, reduciendo la presión sobre las prominencias óseas. Estas superficies no sustituyen los cambios posturales, sino que actúan como una medida complementaria dentro del plan integral de cuidados.
El cuidado de la piel desempeña igualmente un papel determinante. Mantener la piel limpia, hidratada y protegida frente a la humedad disminuye el riesgo de deterioro cutáneo. La incontinencia urinaria y fecal representa uno de los principales factores de riesgo, ya que favorece la maceración y altera la función protectora de la piel. Por ello, el profesional de Enfermería debe realizar una higiene adecuada utilizando productos suaves, evitar el uso de sustancias irritantes y aplicar cremas barreras cuando sea necesario para proteger la integridad cutánea. El estado nutricional constituye otro aspecto estrechamente relacionado con la prevención de las úlceras por presión. La desnutrición y la deshidratación disminuyen la capacidad de regeneración tisular y aumentan la susceptibilidad al daño cutáneo. La valoración nutricional precoz permite identificar pacientes con riesgo de malnutrición y establecer intervenciones dirigidas a garantizar un aporte adecuado de proteínas, calorías, vitaminas y minerales. En este ámbito, la colaboración entre Enfermería, Medicina y nutrición resulta esencial para ofrecer una atención integral.
Educación sanitaria
La educación sanitaria representa una herramienta imprescindible tanto para los pacientes como para sus familiares y cuidadores. Muchas personas dependientes reciben cuidados en el domicilio, por lo que es fundamental enseñar técnicas correctas de movilización, cambios posturales, inspección de la piel y utilización adecuada de dispositivos preventivos. La participación activa de la familia favorece la continuidad de los cuidados y contribuye a reducir la incidencia de lesiones tras el alta hospitalaria. El trabajo interdisciplinar también resulta determinante en la prevención. Esta colaboración facilita la planificación de cuidados individualizados y mejora la continuidad asistencial entre los distintos niveles de atención sanitaria. En los últimos años, la investigación ha impulsado el desarrollo de nuevas estrategias preventivas basadas en la evidencia científica. La incorporación de protocolos estandarizados, programas de formación continuada para los profesionales y sistemas de registro electrónico ha contribuido a mejorar la identificación de pacientes de riesgo y la aplicación sistemática de medidas preventivas. Asimismo, la utilización de tecnologías innovadoras para monitorizar la presión ejercida sobre determinadas zonas corporales abre nuevas posibilidades para optimizar la prevención de estas lesiones.
Conclusión
Las úlceras por presión continúan siendo una de las complicaciones más frecuentes y, al mismo tiempo, más prevenibles en los pacientes dependientes. Su aparición repercute negativamente sobre la salud, la autonomía y la calidad de vida de las personas afectadas, además de incrementar la utilización de recursos sanitarios y los costes asistenciales. La evidencia científica demuestra que la mayoría de estas lesiones pueden evitarse mediante la aplicación sistemática de medidas preventivas basadas en la valoración integral del riesgo y en la planificación individualizada de los cuidados. El personal de Enfermería realiza un trabajo importante gracias a su contacto permanente con el paciente y su capacidad para identificar precozmente factores de riesgo, realizar una vigilancia continua de la piel, promover cambios posturales, garantizar un adecuado cuidado cutáneo y coordinar intervenciones con el resto del equipo multidisciplinar.
La prevención de las úlceras por presión representa una responsabilidad compartida entre los profesionales sanitarios, las instituciones y las familias, aunque la Enfermería ocupa una posición central dentro de este proceso. La actualización permanente de conocimientos, la aplicación de protocolos basados en la evidencia y el desarrollo de cuidados individualizados permiten disminuir la incidencia de estas lesiones y mejorar la seguridad del paciente.
Bibliografía
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