Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 345
Autor principal (primer firmante): Lorena Salamero Rasal
Fecha recepción: 29/09/2026
Fecha aceptación: 26/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 345
Autores:
- Lorena Salamero Rasal
- Paula Ibañez de Garayo Quilchano
- Rebeca Pilar Martínez de Morentín Navarcorena
Categoría profesional: Enfermeras.
Resumen
Los catéteres venosos centrales (CVC) constituyen dispositivos fundamentales en la atención de pacientes hospitalizados. El mantenimiento adecuado de estos dispositivos resulta esencial para prevenir complicaciones como la obstrucción, la infección relacionada con el catéter, la trombosis y la pérdida de permeabilidad; siendo así un estándar de calidad y seguridad. 1 Una de las cuestiones que genera mayor variabilidad en la práctica enfermera es la elección entre la utilización de solución salina al 0,9 % y soluciones heparinizadas para el mantenimiento de la permeabilidad.
Palabras clave: catéter venoso central; enfermería; solución salina; heparina; permeabilidad; lavado del catéter; obstrucción; seguridad del paciente.
Introducción
Los CVC son dispositivos ampliamente utilizados en el ámbito hospitalario y permiten disponer de un acceso vascular fiable en pacientes con necesidades terapéuticas complejas. Pueden utilizarse para administrar medicamentos, soluciones hiperosmolares, nutrición parenteral, hemoderivados y otros tratamientos que requieren un acceso venoso central.
A pesar de sus beneficios, los CVC no están exentos de complicaciones. Entre las más frecuentes se encuentran la infección relacionada con el catéter, la trombosis y la obstrucción. La prevención de estas complicaciones depende, entre otros factores, de una adecuada inserción, manipulación y mantenimiento del dispositivo. 2
El personal de Enfermería desempeña un papel fundamental en este proceso, ya que participa de forma directa en la valoración del punto de inserción, la realización de curas, la manipulación de las conexiones, la administración de tratamientos y el mantenimiento de la permeabilidad del catéter.
Una de las actuaciones habituales para conservar dicha permeabilidad es el lavado o flush del catéter y, cuando corresponde, el sellado o lock. Tradicionalmente se ha utilizado heparina con el objetivo de disminuir la formación de trombos y prevenir la obstrucción. Sin embargo, el empleo de solución salina al 0,9 % se ha extendido progresivamente debido a su sencillez, seguridad y menor riesgo de efectos adversos.
La controversia entre salinizar o heparinizar continúa presente en diferentes centros sanitarios. Las concentraciones de heparina, los volúmenes y la frecuencia de lavado varían considerablemente entre protocolos. Una revisión sistemática ya señalaba una importante variabilidad en las prácticas de lavado de los CVC y una evidencia insuficiente para establecer recomendaciones universales sobre concentración y volumen de heparina. 3
Objetivos
Objetivo general
Analizar la evidencia científica disponible sobre el mantenimiento de la permeabilidad de los catéteres venosos centrales mediante solución salina al 0,9 % frente a soluciones heparinizadas.
Objetivos específicos
- Comparar la eficacia de la salinización y la heparinización para prevenir la obstrucción de los CVC.
- Identificar los principales riesgos asociados al uso de heparina en el mantenimiento de los catéteres.
- Describir los cuidados enfermeros relacionados con el mantenimiento de la permeabilidad del CVC.
- Analizar la importancia de la utilización de protocolos basados en la evidencia.
- Identificar los factores que deben considerarse antes de seleccionar una solución de lavado o sellado.
Metodología
La revisión bibliográfica del tema en que baso este trabajo, se ha obtenido de artículos de revistas de las siguientes bases de datos científicas: Google Académico y PubMed.
Las palabras clave utilizadas en la búsqueda de los distintos artículos han sido: “sellado catéter venoso”, central venous catheter, central venous access device, saline, heparin, flushing, locking, catheter occlusion y catheter patency.
Se realizó una revisión de estudios publicados sobre efectos en el sellado de catéteres venosos con suero salino al 0,9 % frente a heparina sódica al 1 o 5 %.
Las limitaciones utilizadas han sido: publicaciones posteriores a 2011 hasta la actualidad; texto completo disponible, en inglés y español.
Resultados
La evidencia revisada indica que no existe una diferencia clara de la heparina frente al suero salino para mantener la permeabilidad de los CVC en pacientes adultos. Una revisión sistemática y metaanálisis que incluyó diez ensayos clínicos aleatorizados y 7.875 participantes concluyó que la solución salina podía ser igual o incluso más eficaz que la solución heparinizada para mantener la permeabilidad. Además, los resultados secundarios no demostraron una ventaja de la heparina en variables como trombosis, hemorragia, trombocitopenia inducida por heparina o infección relacionada con el catéter. 4
Estos resultados han sido respaldados por revisiones posteriores. Una revisión sistemática específica sobre el lavado de los CVC concluyó que no existía evidencia suficiente para demostrar que la heparina fuera más eficaz que el suero salino para reducir las obstrucciones. 5
Asimismo, una revisión Cochrane que analizó 11 estudios y 2.392 participantes adultos comparó el sellado intermitente con heparina frente a cloruro sódico al 0,9 %. Los autores señalaron que la evidencia disponible no establece una superioridad clara de una estrategia sobre la otra para prevenir la oclusión del catéter. 6
Una revisión de revisiones sistemáticas publicada posteriormente tampoco encontró diferencias estadísticamente significativas entre heparina y solución salina en la prevención de la oclusión, las infecciones relacionadas con el catéter o la trombosis. 7
Desde el punto de vista de Enfermería, estos resultados adquieren especial relevancia porque el empleo de heparina no está exento de riesgos. Entre ellos se encuentra la trombocitopenia inducida por heparina, además de posibles complicaciones hemorrágicas. Por ello, cuando no existe una indicación específica para utilizar un anticoagulante, la utilización de solución salina puede evitar una exposición innecesaria.
También resulta importante diferenciar entre lavado (flushing) y sellado (locking). El lavado tiene como finalidad limpiar el interior del catéter y mantener su permeabilidad después de determinados usos, mientras que el sellado consiste en dejar una solución en el interior del dispositivo cuando este permanece sin utilizar durante un periodo determinado.
Los estudios disponibles ponen de manifiesto que una técnica correcta de lavado y sellado es un elemento fundamental para mantener la funcionalidad del acceso. Un consenso internacional sobre soluciones de sellado concluyó que no existe evidencia que apoye de forma generalizada el sellado con heparina en catéteres venosos centrales no destinados a diálisis y destacó la importancia de una correcta técnica de lavado y sellado con solución salina. 8
En determinados dispositivos, como los reservorios venosos totalmente implantados, también se ha estudiado la posibilidad de sustituir la heparina por solución salina. Los resultados disponibles sugieren que la solución salina puede ser una alternativa adecuada para mantener la permeabilidad en determinados pacientes oncológicos. 9
Discusión
La cuestión de si un CVC debe salinizarse o heparinizarse no puede responderse únicamente mediante una norma universal. La elección debe tener en cuenta el tipo de dispositivo, su diseño, el material del catéter, el régimen de utilización, las características del paciente, las recomendaciones del fabricante y el protocolo establecido por cada institución.
La evidencia actualmente disponible cuestiona la necesidad de utilizar sistemáticamente heparina en los CVC de pacientes adultos. Los resultados de diferentes revisiones sistemáticas y metaanálisis coinciden en que el suero salino al 0,9 % presenta una eficacia comparable a la heparina para mantener la permeabilidad en numerosas situaciones. 4-7
La utilización de solución salina presenta además algunas ventajas desde el punto de vista de la seguridad. Se evita la exposición innecesaria a un anticoagulante y se simplifica el procedimiento, especialmente en aquellos pacientes con mayor riesgo de sangrado o antecedentes relacionados con la heparina.
Sin embargo, estos resultados no significan que la heparina deba eliminarse de todos los protocolos. Existen diferentes tipos de dispositivos y situaciones clínicas que requieren recomendaciones específicas. Por este motivo, la enfermera debe conocer el tipo de CVC que está manipulando y consultar las instrucciones del fabricante y el protocolo institucional antes de realizar el procedimiento.
Además, es fundamental evitar interpretar una obstrucción como un problema que deba resolverse aplicando presión excesiva sobre el catéter. Ante una resistencia durante el lavado, se debe valorar la causa y seguir el procedimiento establecido por el centro. Las obstrucciones pueden estar relacionadas con precipitados, acodamientos, malposición, trombos u otras causas, y pueden requerir intervenciones específicas.
La prevención de las infecciones también constituye una prioridad. La técnica aséptica durante la manipulación, la correcta desinfección de las conexiones, la vigilancia del punto de inserción y la retirada del catéter cuando deja de ser necesario forman parte de las medidas esenciales para disminuir complicaciones.
Por tanto, la evidencia apoya un cambio desde una práctica basada en la tradición hacia una práctica enfermera sustentada en la evidencia científica. La decisión de salinizar o heparinizar debe integrarse dentro de protocolos actualizados y revisados periódicamente.
Conclusiones
La evidencia científica disponible no demuestra que la heparina sea de elección ante el cloruro sódico al 0,9 % para mantener la permeabilidad de los catéteres venosos centrales en pacientes adultos. Diversas revisiones sistemáticas, metaanálisis y una revisión Cochrane muestran resultados similares entre ambas estrategias.
La salinización puede constituir una alternativa eficaz y segura en numerosos tipos de CVC, evitando además la exposición innecesaria a heparina y sus posibles complicaciones. Sin embargo, no debe establecerse una recomendación universal para todos los dispositivos y pacientes.
La práctica enfermera debe basarse en la valoración individual, el conocimiento del dispositivo, las recomendaciones del fabricante y los protocolos de cada centro sanitario. La correcta realización del lavado y sellado, junto con una técnica aséptica rigurosa, son elementos esenciales para prevenir la obstrucción y las infecciones asociadas al catéter.
En consecuencia, la elección entre salinizar o heparinizar debe realizarse siguiendo la evidencia científica disponible y las características específicas del dispositivo y del paciente, evitando mantener prácticas tradicionales cuando no existe evidencia suficiente que demuestre su beneficio.
Bibliografía
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