Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 10–Octubre 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº10: 154
Autor principal (primer firmante): Olga Diana Valiente Medina
Fecha recepción: 26 de Julio, 2021
Fecha aceptación: 20 de Octubre, 2021
Ref.: Ocronos. 2021;4(10) 154
Autoras:
- Olga Diana Valiente Medina
- Ana María Garcés Carrasco
Se sabe que, en el año 2019, en los servicios de urgencias, el 15% de los pacientes son diagnosticados de algún tipo de proceso infeccioso 1. Pese a que su tratamiento se basa en la mayoría de los casos en la observación y en la propia experiencia, fundamentando su sospecha en la afectación clínica del órgano o sistema en cuestión 2, el diagnóstico del microorganismo implicado se realiza mediante la extracción de los hemocultivos en un 14.6% de los casos 1, pues no solo permiten la fácil detección de la infección, sino que además aportan información importante sobre la sensibilidad del microorganismo responsable de manera que favorecen su tratamiento antimicrobiano.
Por otro lado, en los servicios de cuidados intensivos (UCI), donde, según la SEMICYUC, la tasa de incidencia de bacteriemias (presencia de bacterias en el flujo sanguíneo) relacionadas, sobre todo, con el uso de los catéteres, se ha multiplicado por cuatro en los últimos años, los hemocultivos son la primera herramienta diagnóstica utilizada por las enfermeras ante la presencia de fiebre 3.
Sin embargo, no sólo el aumento de temperatura hace necesaria la extracción de hemocultivos. Hay autores que hablan de la falta de consenso en los criterios de indicación 1, y otros que dicen que deben darse ciertos parámetros para que el médico solicite dicha técnica, como por ejemplo una disminución de la tensión arterial o cambios analíticos 4, ya que someter a los pacientes a este tipo de análisis de manera innecesaria puede provocar falsos positivos y además aumentar los gastos en sanidad 3.
En lo que sí están de acuerdo es en la gran cantidad de muestras contaminadas que llegan a laboratorio, haciendo que se planteen que la técnica de extracción quizá no sea la óptima 1,2, ya que en los centros donde se han pautado hemocultivos sólo cuando eran necesarios y se han extraído de manera correcta, la contaminación y la tasa de bacteriemia ha sido menos significativa 1,2,3,4,5.
Esto, unido a las grandes cargas de trabajo que soportan las enfermeras de urgencias y UCI, y las rotaciones frecuentes de personal durante el año por dichos servicios, justifican la más que necesaria formación continua en la correcta extracción de los hemocultivos 5,6 (con su correspondiente implantación de protocolos), evitando, en la medida de lo posible, el aumento injustificado de los costes, el alargamiento innecesario de la estancia hospitalaria o el tratamiento inapropiado con antibióticos 1.
Para ello lo ideal es utilizar Guías de Práctica Clínica (recomendaciones basadas en la evidencia utilizadas como herramienta para facilitar la toma de decisiones en el momento y lugar en el que se presenta una duda sobre una forma de actuar determinada) en forma de infografías como ésta, que hacen que la información esté al alcance de todos los profesionales de manera más visual facilitando su puesta en práctica en el día a día. En este caso concreto la información se extrae de la Guía de Práctica Clínica Enfermera sobre Hemocultivos realizada por el Instituto de Investigación Enfermera y el Consejo General de Enfermería durante los años 2018 y 2019. Fue publicada en el año 2020 en la página web www.portal.guiasalud.es, donde se habla de la necesidad de que exista colaboración de todos los profesionales de la salud, y no sólo de las enfermeras, en seguir las recomendaciones para prevenir y reducir la contaminación de las muestras de hemocultivos.
Bibliografía
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