IMC y composición corporal: por qué el peso por sí solo no define el estado nutricional

Pocas cosas generan tanta ansiedad como subirse a la báscula un lunes por la mañana. Aparece el número y lo comparas con la tabla que encontraste buscando tu peso ideal según edad y altura. En Generali, como aseguradora centrada en la prevención y el cuidado de la salud, saben que esa cifra pesa mucho en cómo nos vemos, y que en dos segundos ya has decidido si estás bien o si toca ponerse a dieta. El problema es que ese número cuenta mucho menos de lo que parece.

Piensa en dos personas que miden 1,70 y pesan exactamente 75 kilos. Una entrena fuerza cuatro días por semana y tiene poca grasa. La otra apenas se mueve, come a deshoras y acumula grasa en el abdomen. La báscula les da el mismo resultado a las dos. El peso mide cuánto hay, pero no dice nada de qué es lo que hay.

Lo que el IMC sí hace bien (y por qué se sigue usando)

El índice de masa corporal se calcula dividiendo el peso en kilos entre la altura en metros al cuadrado. Para esa persona de 1,70 y 75 kilos sale un IMC de unos 26. La Organización Mundial de la Salud lo clasifica así en adultos:

  • Por debajo de 18,5: bajo peso.
  • Entre 18,5 y 24,9: peso normal.
  • Entre 25 y 29,9: sobrepeso.
  • A partir de 30: obesidad.

Es rápido, gratis y no necesita ningún aparato, así que sigue presente en cualquier consulta. A gran escala funciona razonablemente bien: cuando sube el IMC medio de un país, suben también los casos de diabetes tipo 2 y de enfermedad cardiovascular. El IMC es una buena herramienta para estudiar a millones de personas y una bastante torpe para valorar a una sola.

Donde la fórmula se queda ciega

La fórmula trata igual un kilo de músculo que uno de grasa, y ahí empiezan los resultados engañosos. Los casos más típicos son estos:

  • Deportistas con mucha masa muscular que salen con «sobrepeso» o incluso «obesidad» sin tener exceso de grasa.
  • Personas mayores que pierden músculo con los años (lo que se conoce como sarcopenia) y mantienen un IMC normal mientras su grasa va en aumento.
  • Gente delgada que no hace ejercicio y tiene un porcentaje de grasa alto pese a un IMC de manual. En inglés lo llaman «skinny fat».
  • Diferencias entre sexos: con el mismo IMC, las mujeres suelen tener más grasa corporal que los hombres, y es algo fisiológico.

La grasa importa, pero sobre todo dónde se acumula

Si hay un dato que añade información útil al peso, es el perímetro de la cintura. La grasa que se acumula alrededor de los órganos del abdomen, la llamada grasa visceral, se relaciona mucho más con la resistencia a la insulina, el hígado graso o la hipertensión que la que se queda en caderas y muslos.

Medirlo es sencillo. Te pones de pie, colocas la cinta métrica a la altura del ombligo y sueltas el aire sin meter tripa. Una referencia práctica es el índice cintura-altura: si tu cintura supera la mitad de lo que mides, conviene prestarle atención. Con 1,70 de altura, el límite estaría en 85 centímetros. Es una medida casera que cuesta diez segundos y que muchas veces dice más que la báscula.

Cómo se mira la composición corporal de verdad

Para saber qué parte de tu peso es grasa, cuál es músculo y cuál es agua, hay varias opciones con distinto grado de precisión.

La bioimpedancia es lo que usan esas básculas con placas metálicas para los pies o asideros para las manos. Hacen pasar una corriente muy débil por el cuerpo y estiman la composición según la resistencia que encuentran. Sirve para ver tendencias, aunque el resultado cambia bastante según lo hidratado que estés o si acabas de comer o entrenar, así que lo ideal es medirse siempre en las mismas condiciones.

La plicometría, en manos de un dietista-nutricionista con experiencia, mide pliegues de piel en varios puntos del cuerpo y resulta barata y fiable. La densitometría DEXA es la más precisa, pero casi siempre se reserva para investigación o casos clínicos concretos.

Más que el dato de un día, lo que vale es la evolución. Si en tres meses pesas lo mismo pero has perdido grasa y ganado músculo, has mejorado aunque la báscula no se haya movido ni un gramo.

El estado nutricional es un retrato con más piezas

Ni siquiera la composición corporal cierra el tema. Una valoración nutricional completa también tiene en cuenta qué comes en un día normal, si una analítica muestra déficit de hierro, vitamina D o B12, cómo duermes, cuánto te mueves o si has perdido peso sin buscarlo. Alguien con un IMC impecable puede tener anemia por una dieta pobre, y alguien con sobrepeso puede comer muy poca proteína. El peso no avisa de las carencias, y eso pasa más de lo que se cree, por ejemplo en personas mayores que viven solas y cocinan poco.

Entonces, ¿tiro la báscula a la basura?

Tampoco hace falta. Pesarse sigue siendo útil, sobre todo para detectar cambios rápidos que no esperabas. Lo que conviene es dejar de tratar ese número como un veredicto. Combínalo con la cinta métrica, con cómo te queda la ropa, con la fuerza que tienes al subir escaleras o cargar la compra, y con una analítica de vez en cuando. Tu peso es un dato más, no una nota sobre cómo estás. Si quieres afinar de verdad, una consulta con un dietista-nutricionista colegiado te dará una foto mucho más completa que cualquier tabla de internet.

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