Funcionamiento ejecutivo en niños de 4 y 5 años víctimas de alguna forma de violencia en el departamento del Quindío

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Resumen

La investigación aborda la relación entre el desarrollo de las funciones ejecutivas en niños de 4 y 5 años nacidos con antecedentes de violencia en su historia en la ciudad de Armenia, Colombia. Se midió el rendimiento ejecutivo en dos poblaciones de edades similares. Se utilizó el WIPPSI III y la prueba computarizada Hearts and Flowers desarrollada por Adele Diamond para comparar los desempeños de ambos grupos y correlacionar el desempeño ejecutivo con el coeficiente intelectual CI.

Autor: Dr. Diego Alejandro Calle Sandoval

El análisis estadístico permitió destacar la función inhibitoria como independiente del CI y de mayor desarrollo de esta en el grupo de niños nacidos sin antecedentes de violencia. Por tanto, se establece una estrecha relación entre maduración de la región pre frontal, los entornos ambientales favorables  y el desarrollo de las funciones ejecutivas como el control inhibitorio y memoria de trabajo.

Palabras clave: Funciones ejecutivas, violencia, corteza prefrontal.

Introducción

La característica neoténica de la especie humana, hace que el desarrollo de nuestro sistema nervioso dependa no solo de la filogenia, sino también del proceso embrionario y en especial de la experiencia Calle (2017). Por tanto, todas las variables socio ambientales son fundamentales en la maduración de la corteza durante el período de gestación. Al respecto, existen evidencias de estudios de neuroimagen que indican una reducción en la sustancia gris cortical, ampliación de ventrículos y disminución en la densidad del cuerpo calloso Sastre-Riba S. (2009). Los mismos procesos de estimulación o rehabilitación en funciones ejecutivas evidencian la influencia de lo ambiental como el arte en el desarrollo infantil (Ríos-Flórez, 2015).

A partir de estudios desarrollistas y sus riesgos ante condiciones sociales disfuncionales como la violencia, los niños pueden presentar alteraciones en su neurodesarrollo, dadas las limitaciones metabólicas, y los estresores ambientales (Calle & Grañana, 2015). Dicha variable puede incidir en el proceso madurativo del sistema nervioso central, dada la importancia de la estimulación social en la emergencia de funciones frontales como la empatía (Calle, 2016).

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Las más recientes investigaciones sobre la emergencia de la cognición y la función ejecutiva en los primeros años ha demostrado la importancia del control inhibitorio en la emergencia de funciones más complejas como la toma de decisiones, la planificación y la empatía Tirapú-Ustarroz, Muñoz-Céspedes & Pelegrín-Valero (2002) y (Daimond & Wright, 2014). Igualmente, es evidente que el nacimiento de estos precursores se relaciona directamente con maduración de la corteza prefrontal en el desarrollo de procesos ejecutivos (Calle, 2016). Koraly, Bethany, Rebb-Sutherland, Mc Dremoth, Laurent, Heather, Degnan, Hane, Pine y Fox (2011) Investigaron el control inhibitorio y la conducta social durante la niñez. Tomando una muestra de 196 niños de 3 a 5 años se valoró el nivel de atención dirigida y el control inhibitorio en relación con la conducta social. De esta manera se obtuvo al disminuir la inhibición decrece la habilidad social.

Musso (2010) comparó el desarrollo de las funciones ejecutivas en niños bajo condiciones de riesgo como la pobreza. Se valoró el desempeño inhibitorio en 80 niños entre 6 y 10 años. Para ello, se empleó el paradigma simón dice, en el que se evaluó los errores y la demora en el tiempo de respuesta (más de 2 segundos). A diferencia del grupo control, el desempeño de los primeros fue más bajo en las tareas en las que debían inhibir y el tiempo de respuesta más lento.

Por su parte Davidson, Amso, Cruess Anderson y Diamond (2006) proponen tres puntos básicos de la génesis de las funciones ejecutivas: inhibición, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva. La muestra fue de más de 300 sujetos, entre niños, adolescentes y adultos. Para medir control inhibitorio en los más jóvenes se trabajó el paradigma go no go.

Entre los resultados hallaron que la memoria de trabajo y el control inhibitorio no son funciones independientes, ambas emergen simultáneamente. Igualmente reportaron mayor cantidad de fallos en el control inhibitorio en los más pequeños. Al respecto, existen antecedentes genéticos. Briand, Fossella, Gehlbach & et al (2004) quienes revisaron el ADN de 39 niños entre los 9 y los 12 años. En dicha investigación separaron los que eran heterocigotos para el gen catecol O metiltransferasa (COMT), el cual de acuerdo a estudios previos inhibe la acción duradera de la dopamina.

Ambos grupos fueron sometidos a tareas de inhibición y memoria de trabajo, la primera a través del instrumento tipo go no go the hearts and flowers. Los resultados evidenciaron que los sujetos poco influenciados por la acción de dicho gen, obtuvieron mejores desempeños a la vez que un nivel óptimo de dopamina en la porción dorsolateral de la corteza pre frontal.

Sobre la condición social de violencia y sus repercusiones en el neurodesarrollo, Marueta y Guzmán (2015) aseguran que esta suele vincularse directamente estrechamente con muchos de los problemas cognitivos y de conducta como la inadaptación en el ámbito educativo, bajas calificaciones y fracaso escolar. Específicamente en el caso de preescolares, se ha identificado que la violencia entre los padres presenciada o vivida por el niño se asocia con irritabilidad, retardo en el desarrollo lingüístico, control de esfínteres, ansiedad de separación y dificultades en la adaptación social (Calle & Gonzáles, 2016).

Por su parte, Pineda y Trujillo, (2008) creen que los niños con antecedentes de violencia suelen relacionarse con compañeros de menor edad y presentan dificultad en asumir reglas en la vinculación con sus pares. Es común observar en ellos conductas violentas como forma de resolver conflictos. También es común la exclusión del resto del grupo. Incluso a nivel cognitivo se ha reportado en los niños bajo situación de maltrato menores rendimientos en escalas de inteligencia y de memoria, así como dificultades en el funcionamiento ejecutivo (García Molina, Enseñatt Cantallops, Tirapu-Ustarrotz, 2009).

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Las investigaciones en neuropsicología de la primera infancia dan cuenta de la necesidad de conocer de manera más profunda las relaciones entre los antecedentes de violencia y el surgimiento de funciones ejecutivas paralelo al desarrollo de la corteza pre frontal. En este orden de ideas, el estudio de la variable violencia como condición de riesgo, es de vital importancia para el desarrollo cognoscitivo y comportamental de la población infantil. Por tanto, en la presente investigación se pretendió como Objetivo: Indagar la influencia de los antecedentes de violencia en el desarrollo neuropsicológico de las funciones ejecutivas en infantes de 4 y 5 años residentes en el departamento del Quindío Colombia.

Método

La investigación fue de corte empírico analítico, de alcance descriptivo y con un diseño no experimental correlacional. Adicionalmente, la investigación ofreció un panorama comparativo, dado que a través de la estadística se determinaron las diferencias entre el grupo de niños con antecedentes de violencia y sus pares sin dicha condición.

Adicionalmente, se correlacionó el desarrollo cognitivo general con las funciones ejecutivas para poder determinar si las diferencias en funciones ejecutivas entre grupos obedecían a los antecedentes de violencia y/o a su coeficiente intelectual global CI. Por tanto, las variables independientes fueron antecedentes o no de alguna forma de violencia durante el desarrollo. Esta se operacionalizó a partir de la revisión de historia personal desde el nacimiento y el reporte de los acudientes. Las variables dependientes consideradas fueron: funciones ejecutivas control inhibitorio, memoria de trabajo, las cuales se midieron a través de la prueba canadiense hearts and flowers y coeficiente intelectual tomado desde el WIPPSI III.

Sujetos

La muestra de 56 niños se obtuvo de grados transición y jardín provenientes de instituciones educativas de la ciudad de Armenia. Los sujetos provenían de familias funcionales, de estratos medios y sin antecedentes neurológicos ni psiquiátricos. La muestra fue de carácter no probabilístico por conglomerados y se compuso de dos grupos: uno de niños con antecedentes de alguna forma de violencia en su historia y otro de menores sin dicha condición. El grupo que reportó la variable: antecedentes de violencia fue de 31 menores, con escolaridad convencional y sin reportes de alteraciones neurológicas y/o psiquiátricas en sus historias. El grupo control fueron 25 niños con las mismas características de los primeros y con el mismo tipo de escolaridad. La única diferencia es que estos no habían sido víctimas de ningún tipo de violencia en sus primeros años.

Instrumentos

Para medir el funcionamiento ejecutivo se empleó la prueba computarizada Hearts and Flowers.  En general el test Hearts and Flowers hace parte de los reactivos para medir las funciones ejecutivas como el control inhibitorio tipo “conflicto”, ya que exige, durante gran parte de la aplicación suprimir la respuesta dominante. El puntaje se da sobre el número de aciertos en las tres fases: congruencia, incongruencia y mixto.

Para correlacionar el coeficiente intelectual de ambos grupos con su respectivo rendimiento en funciones ejecutivas, se utilizó la escala de inteligencia de Wechsler para preescolar y primaria WIPPSI III. Inicialmente, se hizo el análisis estadístico descriptivo de las variables estudiadas en cada uno de los grupos. Luego se establecieron correlaciones entre el desempeño cognitivo general o CI y el desempeño en las funciones ejecutivas control inhibitorio y memoria de trabajo. Finalmente, se establecieron las diferencias entre los desempeños de los grupos y las muestras.

Recaudos éticos de la investigación

Acorde con los lineamientos éticos para la investigación de la Asociación Americana de Psicología (APA) y el colegio colombiano de psicólogos, se acordó con las instituciones y los padres de familia de los menores participantes del estudio varios puntos: primero socializar la propuesta y firmar un consentimiento informado por cada padre de familia, aplicar los protocolos o pruebas dentro de la institución y en los horarios académicos, también compartir los resultados del estudio por medio de una presentación general y a nivel individual con cada acudiente si lo solicita.

Resultados

La población total fue de 56 menores entre los 4 y 5 años de edad. La población obtuvo una media de 93 en cuanto al coeficiente intelectual. Tomando en consideración que el CI mínimo fue de 80 y el máximo de 110, se puede afirmar que no hay patología neuropsicológica en la muestra. Los puntajes ante la prueba de función ejecutiva en número de aciertos también evidencian resultados propios de niños en la etapa pre escolar. Las desviaciones estándar y las varianzas evidencian distribuciones similares para cada una de las variables estudiadas.

Los resultados generales de aciertos en la prueba ejecutiva (20 a 30) indica que los menores participantes presentan un desarrollo cognitivo acorde con la maduración cortical de la región dorsolateral pre frontal. Este hecho indica, que la memoria de trabajo inicial le permitió a los infantes resolver la tarea en la fase de congruencia. Ahora, el 15% logró un rendimiento de 6 aciertos sobre un máximo de 8. De ello se puede deducir que los procesos de maduración cortical pre frontal pueden mediar en dicho rendimiento, entre ellos la condición de estrés por violencia durante el desarrollo.

Algo similar sucedió en la fase de incongruencia. En la fase mixta o de inhibición pura el porcentaje de rendimiento óptimo es inferior a los ítems anteriores. No obstante, la cantidad de rendimientos cercanos al ideal (17 o 16) son del 31%, lo cual indica que la población valorada está dentro de los rangos esperados para su nivel de desarrollo neuropsicológico.

La figura 1 ilustra un desempeño superior de los menores sin antecedentes de violencia y sus pares bajo dicha condición, tanto en la fase combinada, como el total del funcionamiento ejecutivo. Algo similar sucedió con el CI de ambas poblaciones. Por su parte las desviaciones estándar de la tabla 1 evidencia mayor homogeneidad y normalidad en el grupo control.

Figura 1. Promedio de rendimientos entre el grupo de menores con antecedentes de violencia y sin dicho rasgo en las distintas etapas de la medición de la función ejecutiva y con sus respectivos CI.

Ver: Anexos – Funcionamiento ejecutivo en niños de 4 y 5 años víctimas de alguna forma de violencias, al final del artículo

En la sumatoria global de la prueba en todas las fases se denotó dicha superioridad. De un puntaje máximo de 30 aciertos, un porcentaje alto de los niños sin antecedentes de violencia lograron el rendimiento óptimo.

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Igualmente, en los gráficos de cajas y bigotes (ver figuras 2 y 3) se halla el grupo sin antecedentes de violencia con un promedio superior y una distribución de los datos en su mayoría ubicada en los cuartiles superiores a diferencia de sus pares con historia de violencia. Este hecho se hace notorio tanto en la comparación del rendimiento total en funciones ejecutivas, como en el subdominio fase combinada o mixta del reactivo empleado para medir el control inhibitorio y la memoria operativa. También en los puntos dispersos o de bigotes se hace evidente en ambas figuras que es más probable hallar rendimientos bajos en los menores que tienen antecedentes de violencia que sus pares sin dicha condición en su desarrollo.

Figura 2. Gráfico de cajas y bigotes para el desempeño total ejecutivo entre el grupo de menores con y sin antecedentes de violencia.

Figura 3. Gráfico de cajas y bigotes en el desempeño de la fase mixta o control inhibitorio entre el grupo de menores con y sin antecedentes de violencia.

Ver: Anexos – Funcionamiento ejecutivo en niños de 4 y 5 años víctimas de alguna forma de violencias, al final del artículo

Los resultados del desarrollo intelectual medidos a través del CI mostraron rendimientos semejantes entre ambos grupos. Si bien los niños sin antecedentes de violencia presentan coeficientes más altos, sus pares arrojan una distribución cercana y con desempeños normales. El rendimiento descrito por la figura 4 demuestra una distribución poblacional muy similar, incluso más homogénea entre ambos grupos en contraste con lo obtenido en la medición de funciones ejecutivas, en los que las cajas solían estar en cuartiles distintos y poco los compartían. Se observa además, que la distribución del grupo sin antecedentes de violencia es corta y homogénea al punto de encontrarse en la parte superior de la caja. La media de los sujetos sin historia de violencia se ubica en la mitad del segundo cuartil entre 91 y 100 de coeficiente, mientras que los niños víctimas de alguna forma de violencia arrojan una media cercana a 100. Por tanto, es evidente que son más homogéneas las cajas del rendimiento cognitivo global o CI que los desempeños ejecutivos.

Figura 4. Gráfico de cajas y bigotes en el desempeño cognitivo global o CI entre el grupo de menores con y sin antecedentes de violencia.

Ver: Anexos – Funcionamiento ejecutivo en niños de 4 y 5 años víctimas de alguna forma de violencias, al final del artículo Para fortalecer la hipótesis descrita en el objetivo de la investigación se aplicó un test de correlación para indagar si el rendimiento de cada grupo en funciones ejecutivas dependía positivamente de su propio desarrollo intelectual. Las pruebas empleadas demostraron que la correlación estaba por debajo de los 0.5, arrojó 0,432, es decir correlación moderada entre el total del desempeño ejecutivo y el CI. Entre la fase mixta o inhibitoria y el CI la correlación fue 0,31, ello significa que el control inhibitorio obtuvo una baja correlación con la inteligencia global.

Discusión

Los resultados demostraron que el rendimiento de los menores sin antecedentes de violencia en su historia fue mayor que el de sus pares bajo dicha condición. Además, al comparar la dispersión y varianza entre los dos grupos, se encontró que fue más alto el arrojado por los niños con antecedentes de alguna forma de violencia. De otro lado, la correlación aplicada demostró que no es óptima sino moderada la relación positiva entre inteligencia y función ejecutiva.

Por tanto, la evolución del control inhibitorio y la memoria operativa como ejes del funcionamiento ejecutivo son procesos influenciados por distintos factores ambientales, elementos filogenéticos y ontogenéticos que facilitan o no en gran medida el desarrollo anatómico y funcional de la corteza pre frontal dorsolateral. Es decir, que cualquier tipo de interrupción neuroquímica como el cortisol producto del estrés propio de las situaciones de violencia, podría implicar un riesgo al menoscabar el potencial de crecimiento axónico y dendrítico especialmente, el correspondiente a las regiones piramidales dopaminérgicas de las áreas pre frontales (Fuster, 2008). Esta misma alteración neuroquímica se podría evidenciar en situaciones de abandono, desapego o vinculación afectiva patológica de acuerdo a variables etológicas como el apego y la resiliencia (Calle, 2012).

Por su parte, Portellano (2008) y Marron-Muñoz (2009) aseguran que los infantes víctimas de violencia intrafamiliar están expuestos a condiciones que afectan procesos metabólicos como el sueño, el apetito y el aprendizaje, ya que la hormona de crecimiento se inhibe ante el exceso de cortisol.

Ahora bien, los resultados del presente estudio también exigen ser cautelosos en la influencia de la violencia en el desarrollo ejecutivo, ya que la base anatómica incide en la evolución funcional Flórez y Ostrosky (2012). Es decir, habría que describir lo sucedido en las etapas previas a la abordada en el presente estudio para ratificar la influencia de la violencia en el control inhibitorio, ya que la capacidad de inhibir una actividad placentera por poner atención a su cuidador aparece en un 40 % al cabo de los primeros ocho meses de vida. Este porcentaje, se incrementa al llegar a los 2 años (Calle, 2016).

Otro hallazgo neuropsicológico a resaltar en el presente estudio es la cercana relación existente entre la memoria de trabajo y el control inhibitorio. Ello ya se había reportado por Diamond y Wright (2014) encontrando que el desempeño inhibitorio aumenta a medida que la memoria operativa crece en la primera infancia. Esta última se evidencia en las fases e congruencia e incongruencia, mientras que la segunda se valora en la fase mixta. Es decir que cuando la retención ejecutiva de la información se amplía, las posibilidades de inhibir se potencializan. En este sentido, el desarrollo de procesos básicos para la emergencia de las funciones ejecutivas como lo es el control inhibitorio, la memoria de trabajo y/o la flexibilidad cognitiva, tendrían conexión con el desarrollo de la empatía, dado que inhibir es suprimir la respuesta motriz, cognitiva y emocional. (Calle & Gonzáles, 2016).

Anexos – Funcionamiento ejecutivo en niños de 4 y 5 años víctimas de alguna forma de violencias

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