Uso de herramientas digitales en la atención al paciente

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 309

Autor principal (primer firmante): Yudi Tatiana Cano Peña

Fecha recepción: 09/08/2026

Fecha aceptación: 05/09/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 309

Autores:

Yudi Tatiana Cano Peña

Luna Fernanda Gil Cano

María Dolores Marín Ortiz

Marta Moscoso Morales

Andrea Blecua Fumanal

María de la Paz Esteban Borobia

Categorías: Técnica en imagen para el diagnóstico y Medicina nuclear, auxiliar de administrativo, administrativo, técnico en dietética y nutrición, pinche, celadora, limpiadora, lavandera, técnica superior en radioterapia, gestión y servicios.

Palabras clave: salud digital, atención al paciente, telemedicina, historia clínica electrónica, humanización.

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Introducción

Hace no tantos años, la carpeta de cartón y el boli eran los reyes del hospital. Todo pasaba por ahí. Hoy, basta un clic. Y claro… eso cambia muchas cosas.

El uso de herramientas digitales en la atención al paciente no es una promesa de futuro. Es presente absoluto. Está en la consulta, en la habitación del hospital, en el móvil del paciente y hasta en casa, cuando se mide la tensión o la glucosa sin salir del salón.

Este trabajo pretende mirar ese fenómeno de frente. Sin exageraciones. Sin tecnofobia. Con los pies en el suelo.

Principales herramientas digitales en la atención sanitaria

Cuando hablamos de herramientas digitales, no hablamos de una sola cosa. Hablamos de un ecosistema entero que crece cada año.

La historia clínica electrónica permite que todos los profesionales accedan a la información del paciente de forma inmediata y segura. Esto evita duplicidades, reduce errores y mejora la continuidad asistencial.

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La telemedicina ha demostrado su utilidad sobre todo tras la pandemia. Consultas a distancia, seguimiento de pacientes crónicos, control de síntomas… Todo sin desplazamientos innecesarios.

Las aplicaciones móviles de salud ayudan al paciente a controlar su medicación, registrar síntomas, seguir tratamientos o recibir recordatorios. Se convierten, en cierto modo, en un acompañante diario.

Los dispositivos de monitorización remota, como tensiómetros, pulsómetros o sensores de glucosa, permiten una vigilancia continua sin hospitalización.

Y ya asoma con fuerza la inteligencia artificial, que apoya el diagnóstico, analiza pruebas de imagen o predice riesgos clínicos.

Todo esto, bien usado, suma. Mucho.

Beneficios en la atención al paciente

Mejora de la accesibilidad, es importantísimo. Pacientes con movilidad reducida, zonas rurales o personas con dificultad para acudir a consultas pueden recibir atención sin barreras físicas.

También se logra una atención más continua y personalizada. No se espera solo a la próxima cita, sino que el seguimiento es constante. El paciente deja de ser alguien que “aparece de vez en cuando” y pasa a estar realmente acompañado.

Otro aspecto clave es la seguridad del paciente. Menos errores de medicación, menos pérdidas de información, más control sobre alertas clínicas. La tecnología aquí protege.

Además, se gana en eficiencia del sistema sanitario: menos pruebas duplicadas, mejor organización del trabajo, reducción de tiempos de espera.

Y quizá uno de los cambios más bonitos: el paciente se vuelve más activo. Participa. Pregunta. Se implica. Ya no es solo quien recibe, sino quien también gestiona su propio cuidado.

Impacto en los profesionales sanitarios

Aquí la moneda tiene dos caras. Por un lado, las herramientas digitales facilitan muchísimo el trabajo. Acceso inmediato a datos, registros más completos, coordinación entre equipos, toma de decisiones basada en evidencias.

Pero también existe la sobrecarga digital. Pantallas. Contraseñas. Sistemas que fallan. Notificaciones constantes. A veces parece que, en lugar de mirar al paciente, se mira más al ordenador.

Por eso, la formación es fundamental. No basta con implantar tecnología. Hay que enseñar a usarla bien. Y, todavía más importante, saber cuándo apartarla para volver a mirar a los ojos.

Retos éticos y humanos

Aquí está el nudo de todo esto.

La información sanitaria es extremadamente sensible.

Existe también el riesgo de la deshumanización. Cuando la relación se convierte en pantallas, formularios y algoritmos, el vínculo puede debilitarse si no se cuida de forma consciente.

Además, no todos los pacientes tienen el mismo acceso ni las mismas competencias digitales. Aparece la llamada brecha digital, que puede generar nuevas desigualdades en salud.

Y por último, la posible dependencia excesiva de la tecnología. La herramienta debe apoyar al profesional, no sustituir su criterio.

Conclusión

Las herramientas digitales han venido para quedarse. Eso es un hecho. Y bien usadas, pueden ser una auténtica bendición para la atención al paciente: más seguimiento, más seguridad, más accesibilidad, más participación.

Pero la tecnología, por sí sola, no cuida. Cuidan las personas.

El verdadero reto no es digitalizar la sanidad, sino humanizar la digitalización. Que la pantalla no tape la mirada. Que el algoritmo no sustituya a la escucha. Que el dato no pese más que la historia personal que hay detrás.

Si se logra ese equilibrio, entonces sí… la sanidad del futuro no solo será más moderna. Será, sobre todo, más humana.

Bibliografía

  1. Organización Mundial de la Salud. Global strategy on digital health 2020-2025. WHO; 2021.
  2. Ministerio de Sanidad. Estrategia de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud. Madrid; 2021.
  3. Topol E. Deep medicine: how artificial intelligence can make healthcare human again. New York: Basic Books; 2019.
  4. Lluch M. Transformación digital en los sistemas de salud. Rev Esp Salud Publica. 2020;94:e202009102.
  5. Bates DW, Singh H. Two decades since “To Err is Human”: an assessment of progress and emerging priorities in patient safety. Health Aff. 2018;37(11):1736-43.