Traumatismo con cuerpo extraño intracraneal: manejo multidisciplinar y desafíos

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 4–Abril 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 4: 1209

Autor principal (primer firmante): Carla Esparza Soler

Fecha recepción: 01/04/2025

Fecha aceptación: 28/04/2025

Ref.: Ocronos. 2025;8(4): 1209

Autores:

  • Carla Esparza Soler 1
  • Raquel Correa Selva 2
  • Angie Nataly María Sotillo 3
  • Teresa Velilla Alonso 4
  • Pilar Esther Gil Marín 5

Categoría profesional:

1 MIR de cuarto año en el Hospital de Alcañiz, Teruel, España.

2 MIR de cuarto año en el Hospital Príncipe de Asturias, Alcalá de Henares, Madrid, España.

3 MIR de segundo año en el Hospital de Alcañiz, Teruel, España.

4 Facultativo Especialista de Área (FEA) de la Unidad de Urgencias del Hospital del Hospital Universitario San Jorge, Huesca, España.

5 Facultativo Especialista de Área (FEA) de la Unidad de Urgencias del Hospital del Hospital Universitario San Jorge, Huesca, España

Resumen

Los traumatismos craneoencefálicos (TCE) graves con cuerpos extraños intracraneales son eventos poco frecuentes, pero de gran relevancia clínica debido a sus potenciales complicaciones. Este artículo presenta el caso de un paciente que sufrió un TCE tras un accidente laboral con una piedra de amolar, que resultó en una fractura craneal abierta, un cuerpo extraño intracraneal y neumoencéfalo, junto con fracturas orbitarias. El diagnóstico se realizó mediante tomografía computarizada (TAC), que evidenció la presencia del cuerpo extraño y de las fracturas asociadas.

El manejo incluyó vigilancia intensiva, profilaxis antibiótica, anticonvulsivos y seguimiento quirúrgico. A través de este caso se destacan los riesgos de infecciones intracraneales y complicaciones derivadas del cuerpo extraño, así como la relevancia de un enfoque multidisciplinario que involucre neurocirujanos, cirujanos maxilofaciales y traumatólogos. La evaluación temprana con TAC es esencial para la planificación del tratamiento y la prevención de secuelas graves. Este caso ilustra la importancia de la atención rápida y especializada en pacientes con TCE graves y cuerpos extraños intracraneales para optimizar los resultados a largo plazo.

Palabras clave:

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Traumatismo craneoencefálico, cuerpo extraño intracraneal, neumoencéfalo, tomografía computarizada.

Introducción

Los traumatismos craneoencefálicos (TCE) son una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial, con un amplio espectro de gravedad que varía desde lesiones leves hasta eventos fatales. Las causas de los TCE incluyen accidentes de tráfico, caídas, lesiones deportivas y accidentes laborales. Entre las complicaciones asociadas a estos traumatismos, los cuerpos extraños intracraneales representan una entidad rara, pero de gran relevancia clínica debido a los riesgos que implican para la salud cerebral del paciente.

La presencia de un cuerpo extraño dentro del cráneo puede ser consecuencia de un trauma penetrante, que resulta en una fractura ósea y la introducción de un objeto extraño en el tejido cerebral. Estas lesiones pueden ocasionar daños directos a las estructuras cerebrales, hemorragias, infecciones e incluso neumoencéfalo, un hallazgo radiológico caracterizado por la presencia de aire dentro del espacio intracraneal. La evaluación y manejo de estos casos requieren de un diagnóstico preciso y un tratamiento quirúrgico oportuno para minimizar el riesgo de complicaciones graves, como la meningitis o el daño cerebral irreversible.

En este contexto, la tomografía computarizada (TAC) se ha consolidado como la técnica de imagen fundamental para la valoración inicial de los pacientes con TCE, ya que permite detectar con alta precisión la localización y extensión de las lesiones, así como la presencia de cuerpos extraños o de aire en el espacio intracraneal.

Este artículo presenta el caso de un paciente que sufrió un traumatismo craneoencefálico grave con cuerpo extraño intracraneal, asociado a fracturas craneofaciales y neumoencéfalo, que fue manejado de manera integral con un enfoque multidisciplinario. Se discuten los hallazgos clínicos, las estrategias terapéuticas empleadas y el pronóstico de este tipo de lesiones, con el fin de resaltar la importancia de un diagnóstico temprano y un manejo adecuado para la prevención de complicaciones a largo plazo.

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Caso clínico

Un paciente masculino de 58 años con antecedentes médicos significativos de asma bronquial, enfermedad de reflujo gastroesofágico tratada con erradicación de Helicobacter pylori y antecedentes quirúrgicos de cirugía del tabique nasal por poliposis, acudió a urgencias tras sufrir un traumatismo craneal con una piedra de amolar. El paciente relató que la piedra se había estallado mientras afilaba una broca, fragmentándose en varios trozos. Uno de estos fragmentos impactó en la región frontal izquierda, provocando una herida incisa con sangrado abundante, mientras que otros fragmentos afectaron la región hipogástrica y el pulgar de la mano derecha. El paciente refirió sangrado profuso, sensación de mareo y visión borrosa, sin embargo, no experimentó pérdida de conciencia en ningún momento.

Al llegar al hospital, el paciente se encontraba consciente y orientado, sin signos neurológicos focales. La exploración física reveló una herida incisa en la frente izquierda, sin focalidad neurológica ni déficits motores o sensitivos. La exploración cardiopulmonar y abdominal no mostró hallazgos significativos. Se realizó una tomografía computarizada (TAC) de cráneo que evidenció una fractura abierta en la región frontal izquierda con un defecto óseo de aproximadamente 18 mm de diámetro, hundido hacia el interior del cráneo. En el interior de la fractura se identificó un cuerpo extraño de alta densidad de 20 x 10 mm.. Además, se observó un pequeño hematoma intraparenquimatoso, un leve edema vasogénico sin efecto masa ni desplazamiento de la línea media, y la presencia de un neumoencéfalo con múltiples burbujas de aire en diversas localizaciones intracraneales. También se evidenció una fractura del techo de la órbita izquierda con comunicación con la cavidad intracraneal.

Un estudio adicional de TAC abdominal y pélvico no mostró alteraciones significativas, salvo la presencia de un quiste cortical simple en el riñón izquierdo. La analítica reveló leucocitosis moderada con un aumento de los neutrófilos, así como una leve elevación de las transaminasas y la creatincinasa, probablemente asociada al trauma. El resto de los parámetros analíticos y los gases venosos se encontraban dentro de los límites normales. La radiografía de tórax fue normal, y la radiografía de mano derecha evidenció una fractura no desplazada de la falange distal del primer dedo.

El diagnóstico fue de traumatismo craneoencefálico con cuerpo extraño intracraneal, fractura abierta frontal izquierda, fractura del techo de la órbita izquierda, neumoencéfalo y fractura de falange distal del primer dedo de la mano derecha. Se inició tratamiento con profilaxis antibiótica para la herida traumática intracraneal, así como profilaxis anticonvulsiva. Se administró la vacuna antitetánica tras la confirmación de que el paciente tenía su esquema de vacunación incompleto. Además, se solicitó la consulta con neurocirugía para la vigilancia neurológica y la planificación de un estudio adicional para la reconstrucción del macizo facial al día siguiente. Traumatología fue avisada para la colocación de una férula en la mano derecha.

El paciente fue ingresado en la unidad de cuidados intensivos (UCI) para un monitoreo neurológico estricto. En conjunto con el manejo multidisciplinario, se espera una evolución favorable, aunque la gravedad del traumatismo craneal y las lesiones asociadas requieren un seguimiento cercano para prevenir posibles complicaciones. Este caso subraya la importancia de una evaluación exhaustiva en pacientes con traumatismos craneales graves, en especial cuando hay cuerpos extraños intracraneales, para asegurar un tratamiento adecuado y evitar secuelas neurológicas a largo plazo.

Discusión

El caso presentado describe a un paciente que sufrió un traumatismo craneoencefálico (TCE) grave debido a un cuerpo extraño intracraneal, resultado de la fragmentación de una piedra de amolar durante un accidente. Aunque los cuerpos extraños intracraneales son eventos raros, son especialmente significativos debido a su potencial para provocar lesiones cerebrales graves, infecciones y complicaciones a largo plazo. Estos casos requieren una evaluación exhaustiva, diagnóstico temprano y tratamiento quirúrgico adecuado para evitar secuelas permanentes.

La presencia de un cuerpo extraño intracraneal en el contexto de un TCE con fractura abierta y neumoencéfalo, como en este caso, subraya la gravedad de la lesión. Los cuerpos extraños dentro del cráneo pueden causar daño directo al tejido cerebral, generar hemorragias, edema y aumento de la presión intracraneal, además de ser un foco potencial para infecciones. El diagnóstico por imagen, especialmente la tomografía computarizada (TAC), es crucial para identificar la localización exacta del cuerpo extraño, las fracturas asociadas y las complicaciones, como el neumoencéfalo, que en este caso se presentó de manera difusa. A pesar de la presencia de aire intracraneal, no se observó desplazamiento de la línea media ni efectos de masa, lo que permitió un manejo más conservador inicialmente, aunque la vigilancia intensiva sigue siendo esencial.

El neumoencéfalo es una complicación común en los TCE con fracturas abiertas, que ocurre cuando el aire entra en el espacio intracraneal. Aunque puede ser asintomático en casos leves, su presencia debe ser monitoreada, ya que puede incrementar el riesgo de infecciones, sobre todo si hay comunicación con el ambiente externo a través de una fractura abierta o un cuerpo extraño. La combinación de estos factores aumenta el riesgo de meningitis o abscesos cerebrales, lo que requiere un enfoque preventivo con profilaxis antibiótica y un seguimiento cercano.

Las fracturas orbitarias, como la observada en este paciente, también son complicaciones importantes de los traumatismos craneales. Estas fracturas pueden dañar estructuras delicadas como los nervios ópticos y los músculos extraoculares, lo que podría resultar en pérdida de visión o problemas oculares posteriormente. Además, la fractura del techo de la órbita puede asociarse con lesiones intracraneales adicionales, lo que requiere una evaluación quirúrgica para restaurar la anatomía facial y evitar complicaciones funcionales.

El tratamiento de los traumatismos craneales graves con cuerpos extraños intracraneales debe ser multidisciplinario, involucrando tanto a neurocirujanos como a especialistas en cirugía maxilofacial y traumatología. En este caso, se inició un tratamiento profiláctico con antibióticos y anticonvulsivos para prevenir infecciones y convulsiones postraumáticas, que son comunes en las primeras horas tras un TCE grave.

La fractura en la mano del paciente, aunque menos grave, también requirió atención. El manejo de fracturas no desplazadas de los dedos, como la observada en este caso, es generalmente conservador, utilizando férulas para inmovilizar la zona afectada y permitir la cicatrización del hueso.

Conclusiones

El manejo de traumatismos craneoencefálicos con cuerpos extraños intracraneales requiere una intervención rápida y coordinada para prevenir complicaciones graves. La identificación temprana mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada, es esencial para evaluar la extensión de las lesiones y guiar el tratamiento.

Aunque la presencia de un cuerpo extraño intracraneal representa una complicación significativa, la vigilancia intensiva y el uso de medidas profilácticas, como antibióticos y anticonvulsivos, pueden prevenir infecciones y convulsiones. El tratamiento debe ser multidisciplinario, involucrando a varios especialistas para tratar las fracturas asociadas y optimizar la recuperación. En casos de fracturas abiertas y cuerpos extraños que afectan la estructura cerebral, la cirugía temprana es crucial.

A pesar de la complejidad de estas lesiones, un enfoque planificado y un monitoreo constante pueden mejorar el pronóstico del paciente, minimizando secuelas a largo plazo. Un diagnóstico preciso, un tratamiento oportuno y una gestión preventiva son fundamentales para reducir riesgos y asegurar una recuperación favorable.

Anexos – Traumatismo con cuerpo extraño intracraneal- manejo multidisciplinar y desafíos.pdf

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