Tratamiento para el síndrome de Cushing

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 950

Autor principal (primer firmante): María Isabel Paz Rodríguez

Fecha recepción: 27/07/2026

Fecha aceptación: 23/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 950

Autores:

  1. María Isabel Paz Rodríguez
  2. Zoila del Carmen Fajardo López
  3. Erica Morago Fuentes
  4. María Elena Morago Fuentes
  5. Héctor Yarza Ibarzo
  6. Jair Ruben Arapa Ale

Categoría: Enfermería, TCAE, TSIDMN, Celador, Administrativo, Farmacia, Telefonista, Conductor, Servicios generales.

Palabras clave: Envejecimiento, síndrome de Cushing, factores, hormonas, aumento, colágeno.

Introducción

El tratamiento del síndrome de Cushing tiene como objetivo eliminar la causa responsable del exceso de cortisol, normalizar las concentraciones hormonales, prevenir las complicaciones asociadas al hipercortisolismo y mejorar la calidad de vida del paciente.

Debido a que el cortisol elevado afecta prácticamente a todos los órganos y sistemas, el tratamiento debe ser integral, individualizado y coordinado por un equipo multidisciplinario formado por endocrinólogos, cirujanos, neurocirujanos, oncólogos, radiólogos, anestesiólogos, cardiólogos, nutricionistas, rehabilitadores y especialistas en salud mental. La elección del tratamiento depende principalmente de la causa del síndrome de Cushing, la gravedad del hipercortisolismo, la edad del paciente, la presencia de enfermedades asociadas y el estado general de salud.

Desarrollo

El primer paso consiste en identificar si el síndrome de Cushing es exógeno o endógeno.

El síndrome de Cushing exógeno es la forma más frecuente y se produce por la administración prolongada de glucocorticoides como prednisona, dexametasona, metilprednisolona o hidrocortisona para tratar enfermedades inflamatorias, autoinmunes, respiratorias o trasplantes de órganos.

En estos casos, el tratamiento consiste en reducir progresivamente la dosis del glucocorticoide hasta suspenderlo cuando sea posible.

La retirada nunca debe realizarse de forma brusca, ya que el uso prolongado de glucocorticoides inhibe el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal mediante retroalimentación negativa, provocando atrofia de las glándulas suprarrenales.

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Si la medicación se suspende de manera repentina, el organismo es incapaz de producir cortisol suficiente y puede aparecer una insuficiencia suprarrenal aguda, una complicación potencialmente mortal caracterizada por hipotensión, hipoglucemia, deshidratación y alteraciones electrolíticas.

La reducción debe realizarse lentamente bajo supervisión médica, permitiendo que las glándulas suprarrenales recuperen progresivamente su capacidad funcional.

Cuando el síndrome de Cushing es endógeno, el tratamiento depende de la causa específica.

La enfermedad de Cushing, originada por un adenoma hipofisario productor de hormona adrenocorticotropa (ACTH), constituye la causa más frecuente de hipercortisolismo endógeno.

En estos pacientes, el tratamiento de elección es la cirugía transesfenoidal.

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Este procedimiento consiste en acceder a la hipófisis a través de la cavidad nasal y del seno esfenoidal sin necesidad de realizar una craneotomía.

La cirugía permite extirpar el adenoma preservando la mayor cantidad posible de tejido hipofisario sano.

En centros especializados, la tasa de remisión tras la intervención supera el 70-80% en pacientes con microadenomas.

Tras la cirugía, muchos pacientes desarrollan insuficiencia suprarrenal transitoria debido a la supresión prolongada del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal.

Por este motivo suele administrarse tratamiento sustitutivo con hidrocortisona durante varios meses hasta que la función suprarrenal se recupera.

Cuando el hipercortisolismo está causado por un adenoma suprarrenal, el tratamiento indicado es la adrenalectomía unilateral.

La intervención puede realizarse mediante cirugía laparoscópica, técnica mínimamente invasiva que ofrece menor dolor postoperatorio, recuperación más rápida y menor estancia hospitalaria.

En la mayoría de los casos, la resección completa del adenoma consigue normalizar la producción de cortisol.

Los carcinomas suprarrenales representan una situación más compleja.

Además de la cirugía radical, pueden requerir tratamiento complementario con mitotano, quimioterapia o radioterapia según la extensión tumoral.

En pacientes con secreción ectópica de ACTH, el tratamiento consiste en localizar y extirpar el tumor responsable siempre que sea posible.

Los tumores carcinoides bronquiales, algunos tumores pancreáticos y determinadas neoplasias neuroendocrinas pueden curarse mediante cirugía cuando son detectados precozmente.

Si el tumor no puede resecarse completamente o presenta metástasis, el tratamiento dependerá del tipo de neoplasia e incluirá cirugía paliativa, quimioterapia, radioterapia, terapias dirigidas o Medicina nuclear.

Cuando la cirugía no consigue controlar completamente el hipercortisolismo o no puede realizarse, se emplea tratamiento farmacológico.

Los medicamentos disponibles actúan mediante diferentes mecanismos. El primer grupo está formado por los inhibidores de la síntesis de cortisol.

El ketoconazol inhibe varias enzimas implicadas en la esteroidogénesis suprarrenal, disminuyendo la producción de cortisol.

Aunque inicialmente fue desarrollado como antifúngico, actualmente constituye uno de los fármacos más utilizados para controlar el hipercortisolismo.

Su principal limitación es el riesgo de hepatotoxicidad, por lo que requiere controles periódicos de la función hepática.

La metirapona actúa inhibiendo la enzima 11β-hidroxilasa, responsable de uno de los pasos finales de la síntesis de cortisol.

Su acción es rápida y resulta especialmente útil cuando se necesita controlar de forma urgente el exceso hormonal.

Entre sus efectos secundarios destacan hipertensión, hipopotasemia, acné e hirsutismo debido al aumento de precursores androgénicos.

El osilodrostat es un inhibidor más reciente de la 11β-hidroxilasa.

Diversos ensayos clínicos han demostrado una elevada eficacia para normalizar las concentraciones de cortisol en pacientes con enfermedad de Cushing persistente o recurrente.

Actualmente representa una de las principales alternativas farmacológicas cuando la cirugía no resulta curativa.

El mitotano posee un mecanismo diferente.

Además de inhibir la síntesis hormonal, ejerce un efecto citotóxico directo sobre la corteza suprarrenal.

Su utilización es especialmente importante en pacientes con carcinoma suprarrenal.

Sin embargo, requiere un seguimiento estrecho debido a sus numerosos efectos adversos y a la necesidad de ajustar cuidadosamente las dosis.

Otro grupo terapéutico está formado por los antagonistas del receptor glucocorticoide.

La mifepristona bloquea la unión del cortisol a su receptor, impidiendo que ejerza sus efectos biológicos sin modificar necesariamente sus concentraciones plasmáticas.

Este medicamento resulta especialmente útil en pacientes con diabetes mellitus secundaria al síndrome de Cushing.

No obstante, debido a que el cortisol permanece elevado, el seguimiento clínico debe basarse en la evolución de los síntomas y no en las determinaciones hormonales.

También existen fármacos que actúan sobre el adenoma hipofisario.

La pasireotida es un análogo de la somatostatina que inhibe directamente la secreción de ACTH por las células tumorales.

Puede utilizarse en pacientes con enfermedad de Cushing persistente tras la cirugía o cuando esta no resulta posible.

Su principal efecto secundario consiste en la aparición o empeoramiento de hiperglucemia.

La cabergolina, un agonista dopaminérgico, también puede reducir la secreción de ACTH en algunos adenomas hipofisarios, aunque su eficacia suele ser menor que la de otros tratamientos.

La radioterapia constituye otra alternativa terapéutica.

Se utiliza principalmente cuando persiste tejido tumoral hipofisario tras la cirugía o cuando el paciente no es candidato a una nueva intervención.

La radiocirugía estereotáctica permite administrar dosis elevadas de radiación sobre el adenoma preservando los tejidos sanos circundantes.

Sin embargo, la respuesta suele ser lenta y puede requerir varios años para alcanzar un control completo del hipercortisolismo.

En casos excepcionales, cuando todas las alternativas anteriores fracasan, puede indicarse adrenalectomía bilateral.

Esta intervención elimina definitivamente la producción de cortisol al extirpar ambas glándulas suprarrenales.

Como consecuencia, el paciente necesita tratamiento sustitutivo con glucocorticoides y mineralocorticoides durante toda la vida.

Además, existe riesgo de desarrollar el síndrome de Nelson, caracterizado por crecimiento progresivo del adenoma hipofisario debido a la ausencia de retroalimentación negativa del cortisol.

El tratamiento del síndrome de Cushing también incluye el control de sus múltiples complicaciones.

La hipertensión arterial requiere tratamiento antihipertensivo individualizado.

La diabetes mellitus debe controlarse mediante dieta, ejercicio físico, antidiabéticos orales o insulina según las necesidades del paciente.

La osteoporosis se trata con suplementos de calcio, vitamina D y bisfosfonatos cuando existe pérdida importante de masa ósea.

Las alteraciones psiquiátricas pueden requerir apoyo psicológico y, en algunos casos, tratamiento farmacológico específico.

La nutrición desempeña un papel importante durante todo el proceso terapéutico.

Se recomienda una dieta equilibrada con restricción moderada de sodio para controlar la hipertensión y el edema.

Debe mantenerse un adecuado aporte proteico para favorecer la recuperación muscular y suficiente calcio y vitamina D para preservar la salud ósea.

La actividad física supervisada contribuye a mejorar la fuerza muscular, reducir la resistencia a la insulina y disminuir el riesgo cardiovascular.

El seguimiento a largo plazo es imprescindible.

Incluso tras un tratamiento aparentemente curativo, algunos pacientes presentan recurrencia del hipercortisolismo años después.

Por ello son necesarios controles periódicos mediante exploración clínica, determinaciones hormonales y estudios de imagen cuando exista sospecha de recidiva.

Las investigaciones actuales se centran en desarrollar nuevos inhibidores más selectivos de la síntesis de cortisol, antagonistas específicos del receptor glucocorticoide, terapias dirigidas frente a adenomas hipofisarios y tratamientos moleculares personalizados basados en las alteraciones genéticas de cada paciente.

Estas estrategias buscan aumentar las tasas de curación, reducir los efectos secundarios y mejorar la calidad de vida.

Conclusión

En conclusión, el tratamiento del síndrome de Cushing debe individualizarse según la causa responsable del exceso de cortisol. La cirugía constituye el tratamiento de elección en la mayoría de las formas endógenas, mientras que la retirada progresiva de glucocorticoides representa la medida fundamental en el síndrome de Cushing exógeno. Cuando la cirugía no es posible o no resulta curativa, pueden emplearse medicamentos inhibidores de la síntesis de cortisol, antagonistas del receptor glucocorticoide, radioterapia o adrenalectomía bilateral en casos seleccionados. El control de las complicaciones metabólicas, cardiovasculares, óseas y psicológicas, junto con un seguimiento prolongado, resulta esencial para mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes.

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