Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 949
Autor principal (primer firmante): María Isabel Paz Rodríguez
Fecha recepción: 27/07/2026
Fecha aceptación: 23/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 949
Autores:
- María Isabel Paz Rodríguez
- Zoila del Carmen Fajardo López
- Erica Morago Fuentes
- María Elena Morago Fuentes
- Héctor Yarza Ibarzo
- Jair Ruben Arapa Ale
Categoría: Enfermería, TCAE, TSIDMN, Celador, Administrativo, Farmacia, Telefonista, Conductor, Servicios generales.
Palabras clave: Envejecimiento, sistema digestivo, intestino, bacterias.
Introducción
Pseudomonas aeruginosa es uno de los patógenos oportunistas más difíciles de tratar debido a su elevada resistencia intrínseca y adquirida frente a múltiples antibióticos. La combinación de una membrana externa poco permeable, bombas de expulsión de fármacos, producción de enzimas inactivadoras, formación de biopelículas y gran capacidad de adaptación genética convierte a este microorganismo en una de las principales amenazas para la salud pública mundial. Por ello, el tratamiento de las infecciones causadas por esta bacteria requiere una valoración individualizada que tenga en cuenta la gravedad de la infección, el estado clínico del paciente, el foco infeccioso, los mecanismos locales de resistencia y el resultado del antibiograma.
Desarrollo
El objetivo principal del tratamiento consiste en erradicar la bacteria, controlar el foco infeccioso, prevenir la aparición de resistencias durante la terapia y reducir la morbimortalidad asociada. Para conseguir estos objetivos es imprescindible instaurar un tratamiento antibiótico precoz, especialmente en pacientes con sepsis o infecciones invasivas, ya que el retraso terapéutico se asocia a un aumento significativo de la mortalidad.
Antes de iniciar el tratamiento es fundamental obtener muestras microbiológicas adecuadas para realizar cultivos y estudios de sensibilidad antibiótica. Dependiendo del tipo de infección, las muestras pueden incluir sangre, esputo, secreciones bronquiales, orina, líquido cefalorraquídeo, exudados de heridas o líquidos articulares. Aunque el tratamiento empírico debe iniciarse de inmediato en pacientes graves, el resultado del antibiograma permitirá posteriormente ajustar la terapia al perfil de sensibilidad del aislamiento bacteriano.
Pseudomonas aeruginosa presenta resistencia intrínseca a numerosos antibióticos utilizados habitualmente frente a otras bacterias gramnegativas. Entre ellos se incluyen aminopenicilinas, cefalosporinas de primera y segunda generación, ceftriaxona, cefotaxima, ertapenem y muchos antibióticos orales. Esta resistencia natural obliga a seleccionar fármacos específicamente activos frente a este microorganismo.
Los betalactámicos antipseudomónicos constituyen la base del tratamiento en la mayoría de las infecciones graves. Entre ellos destaca piperacilina asociada a tazobactam, combinación que amplía el espectro de actividad mediante la inhibición de diversas betalactamasas bacterianas. Este antibiótico resulta especialmente útil en infecciones respiratorias, urinarias, abdominales y de tejidos blandos cuando las cepas son sensibles.
Otra opción ampliamente utilizada es ceftazidima, una cefalosporina de tercera generación con elevada actividad frente a Pseudomonas aeruginosa. Su mecanismo de acción consiste en inhibir la síntesis de la pared celular bacteriana mediante la unión a proteínas fijadoras de penicilina. Aunque continúa siendo eficaz frente a numerosas cepas, la aparición progresiva de resistencias limita su utilidad en determinados hospitales.
Cefepima, cefalosporina de cuarta generación, constituye otra alternativa de primera línea. Presenta mayor estabilidad frente a determinadas betalactamasas cromosómicas y una excelente penetración tisular, siendo especialmente útil en pacientes con neutropenia febril y neumonía hospitalaria.
Entre los carbapenémicos activos frente a Pseudomonas aeruginosa destacan meropenem, imipenem y doripenem. Estos antibióticos poseen un amplio espectro de actividad y elevada estabilidad frente a numerosas betalactamasas. Sin embargo, el incremento de cepas productoras de carbapenemasas y otros mecanismos de resistencia ha reducido progresivamente su eficacia en algunos centros hospitalarios.
Meropenem suele preferirse en infecciones del sistema nervioso central debido a su mejor penetración en líquido cefalorraquídeo y menor riesgo de inducir convulsiones en comparación con imipenem.
Aztreonam representa el único monobactámico disponible para uso clínico. Su actividad se limita prácticamente a bacterias gramnegativas aerobias, incluyendo determinadas cepas de Pseudomonas aeruginosa. Constituye una alternativa especialmente útil en pacientes con alergia grave a betalactámicos, siempre que el aislamiento conserve sensibilidad.
Los aminoglucósidos también presentan actividad frente a Pseudomonas aeruginosa. Entre ellos destacan amikacina, tobramicina y gentamicina. Estos antibióticos actúan inhibiendo la síntesis proteica bacteriana mediante su unión irreversible a la subunidad ribosomal 30S.
Generalmente se utilizan en combinación con un betalactámico durante las primeras fases del tratamiento de infecciones graves, especialmente bacteriemias y sepsis. La combinación busca ampliar la cobertura antibiótica y aumentar la rapidez de la actividad bactericida, aunque actualmente la mayoría de las guías recomienda evitar tratamientos combinados prolongados debido al riesgo de nefrotoxicidad y ototoxicidad.
Las fluoroquinolonas constituyen una de las pocas familias con formulaciones orales activas frente a Pseudomonas aeruginosa. Ciprofloxacino presenta la mayor actividad entre ellas, mientras que levofloxacino posee una eficacia algo inferior. Actúan inhibiendo las enzimas ADN girasa y topoisomerasa IV, esenciales para la replicación bacteriana.
Su utilización resulta especialmente útil para completar tratamientos por vía oral cuando el paciente presenta mejoría clínica y el antibiograma confirma sensibilidad. Sin embargo, el aumento global de resistencias limita progresivamente su empleo empírico.
Durante la última década se han desarrollado nuevos antibióticos dirigidos específicamente frente a cepas multirresistentes. Entre ellos destaca ceftolozano-tazobactam, combinación especialmente diseñada para conservar actividad frente a numerosos mecanismos de resistencia presentes en Pseudomonas aeruginosa.
Otro avance importante ha sido ceftazidima-avibactam. El avibactam inhibe diversas betalactamasas, restaurando la actividad de la ceftazidima frente a determinadas cepas resistentes. Aunque su eficacia frente a algunas carbapenemasas es limitada, constituye una herramienta terapéutica de gran valor.
Imipenem-relebactam y meropenem-vaborbactam representan otras combinaciones recientes desarrolladas para combatir determinados mecanismos de resistencia. Su utilización depende del perfil microbiológico local y del tipo específico de betalactamasa presente en cada aislamiento.
Cefiderocol constituye uno de los antibióticos más innovadores disponibles en la actualidad. Se trata de una cefalosporina siderófora que aprovecha los sistemas bacterianos de captación de hierro para penetrar en el interior de la célula. Gracias a este mecanismo consigue mantener actividad frente a numerosas cepas extremadamente resistentes, incluidas algunas resistentes a carbapenémicos.
En determinadas situaciones clínicas continúa utilizándose colistina, también denominada polimixina E. Este antibiótico altera directamente la membrana externa bacteriana produciendo rápida lisis celular. Sin embargo, su elevada nefrotoxicidad y neurotoxicidad limitan considerablemente su empleo, reservándose para infecciones causadas por microorganismos multirresistentes cuando existen pocas alternativas terapéuticas.
La duración del tratamiento depende de la localización de la infección, la evolución clínica y el estado inmunológico del paciente. Las infecciones urinarias complicadas suelen requerir entre siete y diez días de tratamiento, mientras que la neumonía hospitalaria generalmente necesita entre siete y catorce días, dependiendo de la respuesta clínica. Las osteomielitis, endocarditis e infecciones asociadas a prótesis requieren tratamientos considerablemente más prolongados.
Además del tratamiento antibiótico, el control del foco infeccioso constituye un elemento esencial del manejo terapéutico. En muchas ocasiones resulta necesario retirar catéteres venosos, sondas urinarias, prótesis infectadas o dispositivos médicos colonizados por biopelículas, ya que estas estructuras dificultan enormemente la erradicación bacteriana.
En pacientes con abscesos, colecciones purulentas o infecciones profundas puede ser necesario realizar drenaje quirúrgico para reducir la carga bacteriana y favorecer la penetración de los antibióticos.
Las infecciones en pacientes con fibrosis quística requieren un enfoque particular. Durante las exacerbaciones pulmonares suelen administrarse combinaciones de antibióticos intravenosos adaptadas al antibiograma. Además, algunos pacientes reciben antibióticos inhalados como tobramicina, colistina o aztreonam lisina para disminuir la carga bacteriana y retrasar el deterioro de la función pulmonar.
La monitorización clínica resulta imprescindible durante todo el tratamiento. Deben evaluarse periódicamente la evolución de los síntomas, parámetros analíticos de inflamación, función renal, función hepática y posibles efectos adversos de los antibióticos empleados. En el caso de aminoglucósidos y colistina resulta especialmente importante vigilar la función renal mediante determinaciones seriadas de creatinina.
Uno de los principales retos actuales es la creciente aparición de cepas multirresistentes, extensamente resistentes e incluso panresistentes. Estas bacterias poseen múltiples mecanismos simultáneos de resistencia, incluyendo producción de carbapenemasas, hiperexpresión de bombas de expulsión, pérdida de porinas y modificación de las proteínas diana de los antibióticos.
Ante esta situación, la optimización del uso de antibióticos adquiere una enorme importancia. Los programas de optimización de antimicrobianos o antimicrobial stewardship promueven la utilización racional de los antibióticos mediante selección adecuada del tratamiento, ajuste de dosis, desescalada terapéutica tras conocer el antibiograma y reducción de tratamientos innecesariamente prolongados.
Paralelamente, la investigación actual desarrolla nuevas estrategias terapéuticas dirigidas frente a Pseudomonas aeruginosa. Entre ellas destacan bacteriófagos específicos, anticuerpos monoclonales, inhibidores del quorum sensing, moléculas capaces de alterar las biopelículas, vacunas experimentales y nuevos antibióticos con mecanismos de acción innovadores.
La prevención continúa siendo uno de los pilares fundamentales para disminuir la incidencia de estas infecciones. La higiene de manos, el correcto mantenimiento de dispositivos invasivos, la esterilización del material sanitario, el aislamiento de pacientes colonizados por cepas multirresistentes y la vigilancia epidemiológica hospitalaria representan medidas esenciales para limitar la transmisión del microorganismo.
Conclusión
En conclusión, el tratamiento de las infecciones por Pseudomonas aeruginosa constituye un importante desafío debido a la elevada capacidad de resistencia y adaptación de esta bacteria. La elección del antibiótico debe basarse en la gravedad clínica, la localización de la infección y el resultado del antibiograma, combinándose cuando sea necesario con el control del foco infeccioso y medidas de soporte. El desarrollo de nuevos antimicrobianos y la aplicación de programas de uso racional de antibióticos representan herramientas fundamentales para afrontar el creciente problema de la resistencia bacteriana y mejorar el pronóstico de los pacientes afectados.
Bibliografía
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