Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 4–Abril 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 4: 515
Autor principal (primer firmante): Noemi Ballano Sánchez
Fecha recepción: 01/04/2026
Fecha aceptación: 28/04/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(4): 515
Autores:
- Noemi Ballano Sánchez
- Ana Carmen Nadal Sánchez
- Enma Sierra Royo
- Patricia Arbiol Sanz
- Alba Brinquis Lázaro
- Yesica Martínez Requena
Categoría: Enfermería, TCAE, Celador, Administrativo, Auxiliar administrativo, servicios generales.
Palabras clave: Envejecimiento, sistema digestivo, intestino, bacterias.
Introducción
El tratamiento de las infecciones causadas por Acinetobacter baumannii constituye un desafío clínico de gran importancia, debido a la notable capacidad de esta bacteria para desarrollar resistencia a múltiples clases de antibióticos y su prevalencia en entornos hospitalarios, especialmente en unidades de cuidados intensivos. A. baumannii puede causar una amplia variedad de infecciones, incluyendo neumonía asociada a ventilador, bacteriemia, infecciones del tracto urinario, infecciones de heridas y quemaduras, meningitis y, menos comúnmente, infecciones oculares. La diversidad de infecciones y la alta resistencia a antimicrobianos exigen un enfoque terapéutico individualizado, basado en la identificación rápida del patógeno, la determinación de su perfil de susceptibilidad y la consideración de factores clínicos del paciente.
Desarrollo
El primer paso en el manejo de infecciones por A. baumannii es la identificación precisa del organismo mediante cultivo y pruebas de susceptibilidad antibiótica. Esta información es crucial, dado que la mayoría de las cepas hospitalarias son multidrogas resistentes (MDR), algunas resistentes a prácticamente todos los antibióticos disponibles, conocidas como cepas pandrug resistentes (PDR). La terapia empírica debe iniciarse solo cuando hay sospecha clínica significativa, pero debe ajustarse tan pronto como se disponga de los resultados de susceptibilidad. La demora en el inicio de tratamiento adecuado se asocia con mayor mortalidad, especialmente en pacientes críticos con sepsis o bacteriemia.
El tratamiento antibiótico de A. baumannii se basa en la utilización de agentes activos contra cepas resistentes. Entre las opciones más utilizadas se encuentran la colistina, los carbapenémicos, los aminoglucósidos, la tigeciclina y algunas fluoroquinolonas, aunque la eficacia depende de la susceptibilidad del aislado. La colistina, un polimixínico, es frecuentemente utilizada como agente de último recurso frente a cepas MDR o PDR, y puede administrarse de manera intravenosa o inhalatoria en casos de neumonía. Su uso requiere monitorización cuidadosa por potencial nefrotoxicidad y neurotoxicidad. Los carbapenémicos, como imipenem y meropenem, pueden ser eficaces frente a cepas sensibles, pero su eficacia se ve limitada por la producción de carbapenemasas, enzimas que confieren resistencia a esta clase de antibióticos.
La tigeciclina ha mostrado actividad frente a muchas cepas MDR de A. baumannii, especialmente en infecciones complicadas de piel, tejidos blandos y abdominales. Sin embargo, su uso en bacteriemia es limitado debido a concentraciones plasmáticas subóptimas. Los aminoglucósidos, como amikacina y gentamicina, se emplean en combinación con otros antibióticos para mejorar la eficacia y reducir la aparición de resistencia. La selección de la combinación depende de la susceptibilidad in vitro y del sitio de infección. Las fluoroquinolonas pueden ser útiles en casos seleccionados, aunque la resistencia a esta clase es frecuente en muchas cepas hospitalarias.
La terapia combinada se considera una estrategia importante en infecciones graves o por cepas MDR, con el objetivo de lograr sinergia antibiótica y reducir la posibilidad de fracaso terapéutico. Ejemplos incluyen colistina combinada con carbapenémico o aminoglucósido. La elección de la combinación se basa en estudios de susceptibilidad, experiencia clínica y evidencia de sinergia in vitro. Aunque la terapia combinada no siempre mejora la mortalidad, puede ser crucial en infecciones severas, especialmente en pacientes inmunocomprometidos o críticamente enfermos.
El tratamiento debe adaptarse al sitio de infección. En neumonía asociada a ventilador, se requiere una penetración adecuada del antibiótico en el parénquima pulmonar, por lo que la administración inhalatoria de colistina puede complementar la terapia intravenosa. En infecciones urinarias complicadas, la elección de antibióticos con buena excreción renal es esencial. En bacteriemia, se requieren agentes sistémicos con actividad demostrada frente a la cepa aislada. En infecciones de heridas o quemaduras, además de antibióticos sistémicos, es necesario el manejo local mediante limpieza quirúrgica, desbridamiento y, en casos graves, curaciones especiales para prevenir diseminación y facilitar la cicatrización.
En infecciones de sistema nervioso central, como meningitis asociada a derivaciones ventriculares, la penetración del antibiótico en el líquido cefalorraquídeo es crucial. La colistina intraventricular o intratecal puede ser requerida en combinación con terapia sistémica, dada la limitada penetración de muchos antibióticos en el sistema nervioso central. La monitorización estrecha de niveles séricos y observación de efectos adversos son esenciales en estos casos.
La duración del tratamiento varía según la gravedad y el sitio de infección. Infecciones leves pueden requerir siete a diez días de tratamiento, mientras que infecciones graves o complicadas, como bacteriemia, neumonía asociada a ventilador o infecciones profundas de heridas, pueden requerir dos a tres semanas o más de terapia. La respuesta clínica y microbiológica guía la duración del tratamiento, siendo importante realizar cultivos de control para confirmar la erradicación del patógeno.
La resistencia adquirida y la formación de biofilm son factores que complican el tratamiento.
A. baumannii puede formar biofilm en catéteres, derivaciones, prótesis y superficies de heridas, lo que limita la acción antibiótica y favorece la persistencia de la infección. En estos casos, además de terapia antimicrobiana dirigida, es fundamental retirar o reemplazar dispositivos colonizados, realizar desbridamiento de tejido necrosado y aplicar medidas locales para reducir la carga bacteriana.
El manejo de infecciones por A. baumannii también implica medidas de soporte y prevención de complicaciones. Los pacientes críticamente enfermos pueden requerir soporte ventilatorio, hemodinámico o renal. La monitorización estrecha de parámetros clínicos y de laboratorio permite ajustar la terapia, detectar complicaciones tempranas y mejorar los resultados. La prevención de la diseminación nosocomial es esencial y se logra mediante aislamiento de pacientes infectados o colonizados, higiene estricta de manos, desinfección de superficies y equipos, y control racional del uso de antibióticos para reducir la presión selectiva que favorece la resistencia.
El desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas es un área activa de investigación. Se estudian nuevas combinaciones de antibióticos, agentes antimicrobianos de última generación, inhibidores de biofilm, terapias basadas en fagos y moléculas que bloqueen mecanismos de resistencia como carbapenemasas o bombas de expulsión. Estas estrategias buscan mejorar la eficacia, reducir la toxicidad y controlar infecciones por cepas pandrug resistentes, que actualmente representan una amenaza significativa en hospitales de todo el mundo.
El pronóstico de las infecciones por A. baumannii depende de varios factores, incluyendo la gravedad de la infección, la susceptibilidad del aislado, la rapidez del diagnóstico, la prontitud y adecuación del tratamiento, y las comorbilidades del paciente. La mortalidad asociada a bacteriemia, neumonía grave o meningitis por A. baumannii MDR es alta, llegando a superar el 40-60% en algunos estudios, especialmente en pacientes críticos. La identificación temprana y la terapia dirigida son determinantes clave para mejorar los resultados clínicos.
Conclusión
En conclusión, el tratamiento de las infecciones causadas por Acinetobacter baumannii requiere un enfoque integral que combine diagnóstico rápido, terapia antibiótica dirigida basada en pruebas de susceptibilidad, manejo del sitio de infección, retiro de dispositivos colonizados, medidas de soporte clínico y estrategias de prevención nosocomial. La alta resistencia a antibióticos y la capacidad de formar biofilm hacen que la elección del tratamiento sea compleja y a menudo requiera combinaciones de agentes de última línea. La investigación continua en nuevas terapias y la implementación de protocolos hospitalarios de control de infecciones son fundamentales para reducir la morbilidad y mortalidad asociadas a este patógeno.
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