¿Tratamiento conservador o quirúrgico en las fracturas diafisarias de húmero? A propósito de una serie de casos

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 12–Diciembre 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº 12: 19

Autor principal (primer firmante): Natalia Cartiel Marco

Fecha recepción: 04/11/2023

Fecha aceptación: 30/11/2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(12): 19

Autores:

  1. Natalia Cartiel Marco. MIR. Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Universitario San Jorge
  2. Ricardo José Gutiérrez de Torres. MIR. Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Universitario San Jorge
  3. Iraia Berasategi Noriega. MIR. Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Universitario San Jorge
  4. Victor Mallén Gracia. MIR. Hospital Universitario Miguel Servet
  5. Paúl Vicente Alonso de Armiño. FEA. Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Universitario San Jorge
  6. Antonio Lobo Escolar. Jefe de Servicio. Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Universitario San Jorge

Abstract

Revisar el manejo, el tratamiento y la evolución de una serie de casos de fracturas diafisarias desplazadas de húmero llevados a cabo el nuestro hospital.

Aunque el tratamiento conservador es el Gold Standar en el tratamiento de este tipo de fracturas, en ocasiones, el trazo fractuario, la angulación y el desplazamiento dificultan la toma de decisión de tratamiento definitivo.

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Palabras clave: Diáfisis humeral. Férula U. Enclavado Endomedular

Introducción

Se considera el manejo conservador de las fracturas diafisarias de húmero como el gold standar para el tratamiento de este tipo de fracturas. Está indicado en aquellos casos que cumplan los criterios de menos de 30º de varo, 20º de angulación anteroposterior y menos de 3 cm de acortamiento.

El tratamiento de las fracturas diafisarias de húmero es un proceso progresivo. Inicialmente se utilizada una férula en U y cabestrillo que se mantiene alrededor de 2 semanas, aunque es conveniente revisarla cada 3-4 días.

Esta inmovilización se puede retirar a las 2 semanas, algunos autores lo mantienen hasta 6, se comprueba estabilidad de foco de fractura y se puede colocar, en su lugar, una órtesis funcional.

Está demostrado que la ausencia de inmovilizaciones rígidas favorece la formación de un callo de mejor calidad.

Las fuerzas angulares y rotacionales están controladas por las fuerzas musculares del brazo. Por el contrario, las fuerzas de acortamiento dependen más del patrón de la fractura, y son más difícil de controlar con los yesos funcionales.

Se requiere un estricto seguimiento de estos pacientes para una adecuada evolución.

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Evaluando los diferentes casos de no-unión, parece que es más probable que esta se desarrolle sobre un patrón transverso y sobre el tercio proximal de la diáfisis.

Por otro lado, la opción quirúrgica es una opción en diversos supuestos: aquellos casos que no se consiga una alineación aceptable bajo maniobras de manipulación cerrada, en fracturas abiertas o cuando la situación de las partes blandas no haga aceptable el uso de una órtesis, en fracturas por arma de fuego de alta energía, asociadas a lesiones vasculares o del plexo braquial, cuando se evidencie una parálisis del nervio radial secundaría a la manipulación cerrada, en fracturas patológicas, fracturas que afecten a alguna superficie articular o que formen parte de un hombro o codo flotante

Material y métodos

Se realiza una revisión de siete casos que acudieron al Servicio de Urgencias de nuestro hospital. Los ocho casos presentaban fracturas diafisarias desplazadas de húmero, sin alteraciones nerviosas ni vasculares asociadas.

Tres casos presentaron un trazo espiroideo, un caso un trazo transverso, un caso se trataba de una fractura bifocal con trazo espiroideo y, otros dos, fractura desplazada con un tercer fragmento en mariposa.

Siete de los casos fueron mayores de 60 años, sin antecedentes médicos de interés.

Un caso se trataba de hombre de 52 años con antecedentes de encefalopatía infantil, epilepsia y hemiplejia espástica de hemicuerpo izquierdo con antecedente de fractura diafisaria de húmero en la infancia.

En seis casos se optó por tratamiento ortopédico porque el control postreducción resultó satisfactorio presentando superficie de contacto, en otro caso por antecedentes del paciente y riesgos derivados de la cirugía y el último de la serie por decisión propia del paciente.

Resultados

Se realizaron controles radiográficos en sucesivas consultas.

A los 15 días se realizó cambio a órtesis tipo Brace en todos ellos.

No se visualizó callo de fractura hasta los 3 meses en la mayoría de los casos. Dado el tipo de fractura y la ausencia de signos de consolidación se propuso la posibilidad de intervención quirúrgica que los pacientes rechazaron.

Se visualizó callo de fractura a partir de los 3 meses en cuatro casos, a partir de los 4 meses en tres casos, siendo en un caso visible a los 12 meses.

La movilidad fue completa, no dolorosa, sin movilización de foco de fractura y se evidenció buena estabilidad ósea en todos ellos.

Conclusiones

La preocupación más común relacionada con el tratamiento no quirúrgico es la falta de unión de los fragmentos.

Es por ello por lo que se debe realizar un seguimiento estrecho de los pacientes controlando la adecuada consolidación de la fractura.

Sin embargo, a pesar de la posibilidad de sufrir estas complicaciones el tratamiento conservador es el tratamiento de elección actualmente en las fracturas diafisarias de húmero.

Anexos – Tratamiento conservador o quirúrgico en las fracturas diafisarias de húmero. A propósito de una serie de casos.pdf

Bibliografía

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