Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 882
Autor principal (primer firmante): Patricio Andrés Freile Pazmiño
Fecha recepción: 26/07/2026
Fecha aceptación: 22/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 882
Autores:
Freile Pazmiño, Patricio Andrés; Lu Zhu, David; García Esqués, Andrea; Calavia Galé, Pablo; Muñoz Donlo, Sergio; Salinas Fernández, Lydia Aizea
Categoría profesional:
F.E.A. Cirugía Ortopédica y Traumatología, Servicios Médicos Privados, HLA Montpellier Zaragoza
Introducción
Las fracturas abiertas representan una de las lesiones más complejas en traumatología debido al elevado riesgo de infección, pseudoartrosis y amputación. La exposición del foco de fractura al medio externo favorece la contaminación bacteriana de los tejidos blandos y del hueso, siendo las fracturas abiertas grado III de la clasificación de Gustilo-Anderson las que presentan mayor incidencia de infección por la extensa lesión de partes blandas, el daño vascular asociado y la elevada contaminación del foco traumático (1,2).
El manejo inicial de estas lesiones se basa en una estrategia multidisciplinar que incluye estabilización hemodinámica, irrigación, cobertura temporal de la herida, profilaxis antitetánica, antibioterapia precoz y desbridamiento quirúrgico urgente. Entre todos estos factores, la administración temprana de antibióticos constituye una de las medidas más eficaces para disminuir la incidencia de infección profunda (3). Sin embargo, persisten controversias respecto al régimen antibiótico óptimo, la necesidad de ampliar la cobertura frente a microorganismos gramnegativos o anaerobios y la duración del tratamiento tras la cirugía definitiva.
El objetivo de esta revisión narrativa es resumir la evidencia científica más reciente sobre la antibioterapia en las fracturas abiertas Gustilo III, diferenciando el tratamiento profiláctico inicial administrado en urgencias del manejo antibiótico posterior a la cirugía definitiva.
Antibioterapia profiláctica en la fase aguda
La administración precoz de antibióticos constituye un pilar fundamental del tratamiento inicial. Diversos estudios han demostrado que iniciar la antibioterapia durante la primera hora tras el ingreso hospitalario disminuye significativamente la incidencia de infección profunda en comparación con administraciones más tardías (4,5).
Las recomendaciones actuales de la American Academy of Orthopaedic Surgeons (AAOS), la Eastern Association for the Surgery of Trauma (EAST) y múltiples sociedades europeas coinciden en que el antibiótico debe administrarse lo antes posible, incluso antes del traslado al quirófano, sin esperar al desbridamiento definitivo (2,6).
En las fracturas Gustilo III, el régimen antibiótico recomendado incluye una cefalosporina de primera generación, habitualmente cefazolina intravenosa, asociada a un aminoglucósido como gentamicina para ampliar la cobertura frente a bacilos gramnegativos (2,6,7). Esta combinación continúa siendo el esquema de referencia debido a su eficacia demostrada frente a los microorganismos más frecuentemente implicados, entre ellos Staphylococcus aureus, estreptococos y enterobacterias.
En pacientes con alergia grave a betalactámicos pueden emplearse alternativas como clindamicina o vancomicina para la cobertura frente a grampositivos, asociadas a aztreonam o fluoroquinolonas cuando se requiere cobertura gramnegativa (8).
La contaminación agrícola, heridas por maquinaria o lesiones con contacto directo con suelo presentan un riesgo aumentado de infección por Clostridium spp., por lo que se recomienda añadir penicilina G o metronidazol para proporcionar cobertura frente a anaerobios (2,7).
Respecto a la duración de la profilaxis inicial, existe un cambio progresivo hacia tratamientos más cortos. La evidencia reciente demuestra que prolongar la antibioterapia más allá de 24–72 horas tras el cierre definitivo de la herida no disminuye la incidencia de infección y favorece la aparición de resistencias bacterianas y complicaciones relacionadas con los antibióticos (9,10).
Papel del desbridamiento en la eficacia antibiótica
La antibioterapia nunca sustituye al adecuado tratamiento quirúrgico. El desbridamiento exhaustivo continúa siendo el factor más importante para disminuir la carga bacteriana y eliminar tejidos desvitalizados (3).
Tradicionalmente se recomendaba realizar el desbridamiento durante las primeras seis horas ("regla de las seis horas"); sin embargo, la evidencia actual demuestra que la calidad del desbridamiento resulta más determinante que el tiempo exacto hasta la cirugía, especialmente cuando la antibioterapia se ha iniciado precozmente (11).
La combinación de antibioterapia temprana, irrigación abundante y desbridamientos seriados consigue reducir significativamente la incidencia de osteomielitis en fracturas de alta energía.
Tratamiento antibiótico tras la cirugía definitiva
Una vez realizada la fijación definitiva y obtenida una cobertura adecuada de las partes blandas, la antibioterapia continúa teniendo un papel preventivo, aunque su duración depende de diversos factores clínicos.
En ausencia de infección establecida, las guías actuales recomiendan suspender la profilaxis antibiótica entre las 24 y 72 horas posteriores al cierre definitivo de la herida (2,6,9). Esta estrategia ha demostrado resultados equivalentes a tratamientos prolongados en términos de prevención de infección profunda.
No existe evidencia que apoye la administración sistemática de antibióticos durante una semana o más únicamente por tratarse de una fractura Gustilo III (10).
En aquellos pacientes con contaminación masiva, retraso en la cobertura de partes blandas, lesiones vasculares asociadas o múltiples desbridamientos, algunos autores consideran razonable individualizar la duración del tratamiento, aunque las recomendaciones continúan basándose principalmente en consenso de expertos debido a la escasez de ensayos clínicos específicos (12).
Manejo cuando existe infección establecida
Si durante la evolución clínica aparecen signos compatibles con infección profunda u osteomielitis, el tratamiento deja de ser profiláctico para convertirse en terapéutico.
En estos casos resulta imprescindible obtener múltiples muestras intraoperatorias antes de iniciar nuevos antibióticos con el fin de identificar el microorganismo responsable y ajustar posteriormente el tratamiento según el antibiograma (13).
Las infecciones precoces suelen estar causadas por Staphylococcus aureus, mientras que las infecciones tardías presentan con mayor frecuencia microorganismos multirresistentes, estafilococos coagulasa negativos y bacilos gramnegativos (14).
El tratamiento suele iniciarse de forma empírica con cobertura frente a grampositivos resistentes (vancomicina o daptomicina según el contexto epidemiológico) y gramnegativos (cefepima, piperacilina-tazobactam o carbapenémicos en situaciones seleccionadas), ajustándose posteriormente a los resultados microbiológicos (13).
La duración habitual del tratamiento antibiótico en presencia de osteomielitis asociada a material de osteosíntesis oscila entre seis y doce semanas, combinándose con nuevos desbridamientos y estrategias de control del foco infeccioso (14,15).
Antibióticos locales
Durante los últimos años ha aumentado el interés por la administración local de antibióticos mediante cemento de polimetilmetacrilato o matrices biodegradables impregnadas con gentamicina o vancomicina.
Diversos estudios sugieren que esta estrategia consigue concentraciones locales muy superiores a las alcanzadas por vía intravenosa con una toxicidad sistémica mínima, reduciendo la incidencia de infección en fracturas abiertas graves (16). Sin embargo, la evidencia aún no permite recomendar su utilización rutinaria en todos los pacientes, reservándose principalmente para lesiones con elevada contaminación o grandes defectos óseos.
Conclusiones
La antibioterapia precoz constituye una intervención esencial en el manejo de las fracturas abiertas grado III de Gustilo. La administración intravenosa dentro de la primera hora tras la llegada al hospital, asociando una cefalosporina de primera generación y un aminoglucósido, continúa siendo la estrategia recomendada por la mayoría de las guías internacionales. En situaciones de contaminación agrícola o riesgo de infección anaerobia debe añadirse cobertura específica frente a Clostridium spp.
Tras la cirugía definitiva, la evidencia disponible apoya limitar la profilaxis antibiótica a un máximo de 24–72 horas después del cierre de la herida en ausencia de infección establecida. La prolongación innecesaria del tratamiento no reduce la incidencia de osteomielitis y favorece el desarrollo de resistencias bacterianas. Finalmente, la aparición de infección requiere un abordaje multidisciplinar basado en desbridamiento quirúrgico, obtención de cultivos múltiples y antibioterapia dirigida según los resultados microbiológicos.
Referencias
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