Aproximación a los trastornos del comportamiento

Autor: Alejandro Micó Marinas

Palabras clave

Trastornos del comportamiento, salud, adolescencia, factores de riesgo

Desarrollo

Los trastornos del comportamiento perturbador suponen uno de los diagnósticos más frecuentes en las unidades de salud mental infanto-juveniles tanto en nuestro país, donde equivale a algo más de la mitad de las consultas, como en otros países.

Los diferentes autores estiman la prevalencia del trastorno disocial como del negativista desafiante entre un 2-16 % según distintas investigaciones (Larroy y De la Puente, 1998; Fernández y Olmedo, 1999; Aláez, Martínez- Arias y Rodríguez-Sutil, 2000; Díaz-Sibaja, 2005; López-Soler, Castro Alcántara, Fernández y López, 2009). Un dato relevante es que la frecuencia de los trastornos del comportamiento perturbador, así como otros diagnósticos psicopatológicos, aumenta en función de la edad. Los estudios indican que la prevalencia del trastorno negativista desafiante o del trastorno disocial es aproximadamente de un 3 % a los 10 años y aumenta al 8-9 % a los 16, es decir, se duplica en la adolescencia.

Si tenemos en cuenta el sexo, las investigaciones indican que estos trastornos son más frecuentes entre los chicos que entre las chicas, en una proporción de tres a uno aunque las diferencias disminuyen con la edad.

Prácticamente todos los investigadores coinciden en la existencia de un continuo que va desde la normalidad hasta los trastornos disociales, pasando por los problemas de conducta propios del desarrollo evolutivo normal del niño, los problemas paternofiliales, los comportamientos antisociales en la niñez o la adolescencia y el trastorno negativista desafiante.

Los factores que determinarán la presencia y significación de un trastorno clínico serán la edad, la frecuencia y la intensidad de las conductas. Por ejemplo, el trastorno negativista desafiante suele iniciarse antes de los 8 años de edad, se mantiene de forma gradual durante meses o años con conductas leves o poco frecuentes y posteriormente se produce una mayor frecuencia y generalización desde el entorno familiar a otros contextos, convirtiéndose en un trastorno del comportamiento.

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No obstante, no todos los trastornos negativistas desafiantes se convierten en trastornos disociales, aunque sí una cierta proporción. En estos casos habrá que tener en cuenta los factores de riesgo y los factores protectores así como una intervención adecuada cuando se produzcan los problemas.

Por otra parte, cuando las conductas disociales son graves, como el uso de armas, violaciones, robos con enfrentamiento o destrozos, éstas serán consideradas en todos los casos problemáticas y, por tanto, el objeto de intervención desde el primer momento aunque sean conductas aisladas y de baja frecuencia.

Factores de riesgo y protectores

La influencia de los factores de riesgo o protectores no es sumativa, sino que se influyen de manera recíproca y también hay que tener en cuenta el momento de su aparición (Fernández y Olmedo, 1999). El estudio, la comprensión y la valoración de su influencia son importantes tanto para diseñar estrategias preventivas como para realizar su evaluación e intervención una vez establecido el cuadro clínico.

Para la descripción de estos factores, tanto de riesgo como protectores, se ha seguido básicamente a Fernández y Olmedo (1999) y Díaz-Sibaja (2005).

Factores de riesgo

Factores biológicos

Hace referencia a los factores como el género, los cerebrales y bioquímicos, los pre y perinatales, la dieta y los niveles subclínicos de plomo.

Factores personales

Hacen referencia a trastornos del comportamiento perturbador como las variables de personalidad (temperamento difícil, neuroticismo, impulsividad, inestabilidad afectiva), variables cognitivas (impulsividad cognitiva, baja capacidad verbal y distorsiones cognitivas), variables de habilidades sociales y otros trastornos como (déficit de atención, consumo de drogas).

Factores familiares

Hacen referencia a la familia, siendo el grupo por excelencia para transmitir normas, valores, actitudes y conductas. Existen aspectos que pueden influir como son las psicopatologías de los padres (alcoholismo, drogadicción, depresión). Además, también podemos encontrar familias desestructuradas, conflictos graves de familia, falta de supervisión…

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Factores protectores

A continuación enumeraré los factores protectores que se consideran relevantes (Pedreira 2004):

Soporte familiar adecuado, en la que exista una supervisión constante y coherente.

Soporte social adecuado, para favorecer las relaciones sociales.

Características individuales del niño o adolescente, puesto que será un factor de protección si como premisa se cumplen aspectos como una alta autoestima, un CI elevado o una buena capacidad para solucionar problemas.

Bibliografía

– Aláez, F. M., Martínez-Arias, R. y Rodríguez-Sutil, C. (2000). Prevalencia de trastornos psicológicos en niños y adolescentes, su relación con la edad y el género. Psicothema, 12, 525-532.

– Díaz-Sibaja, M. A. (2005). Trastornos del comportamiento perturbador: trastorno negativista desafiante y trastorno disocial. En Comeche, Mª. I. y Vallejo-Pareja, M. A.: Manual de terapia de conducta en la infancia. (pp. 465-517) Madrid: Dykinson.

– Fernández, E. y Olmedo, M. (1999). Trastorno del comportamiento perturbador. Madrid: UNED-FUE.

– Larroy, C. y De la Puente, M. L. (1998). Trastornos de conducta en los niños. En Vallejo-Pareja, M. A. Manual de terapia de conducta. Vol. II. (pp. 463-496) Madrid: Dykinson.

– López-Soler, C., Castro, M., Alcántara, M., Fernández, V. y López, J. A. (2009). Prevalencia y características de los síntomas externalizantes en la infancia. Diferencias de género. Psicothema, 21, 353-358.

– Pedreira, J. L. (2004). Introducción: agresión y comportamiento en la adolescencia. Monografías de psiquiatría: Los trastornos del comportamiento en la adolescencia, 1, 1-20.