Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1172
Autor principal (primer firmante): Jezabel Navarro Lahuerta
Fecha recepción: 01/08/2026
Fecha aceptación: 28/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1172
Autores:
- Jezabel Navarro Lahuerta, TCAE
- Luz Raquel, Contreras Picon.
- Reyna Isabel Hernández Treminio, TCAE
- Isela Patricia Hernández Treminio, TCAE
- Yazmin Camila Avilés Quilodrán, TCAE
- Ruth Gracia Pérez, Administrativa
Resumen
El trastorno del espectro autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por dificultades persistentes en la comunicación e interacción social, junto con patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidos y repetitivos. Su prevalencia ha aumentado durante las últimas décadas debido a una mayor sensibilización social, la ampliación de los criterios diagnósticos y la mejora en la detección precoz. El diagnóstico temprano y el inicio de intervenciones individualizadas constituyen los principales factores asociados a un mejor pronóstico funcional.
En la actualidad, el abordaje del TEA requiere la participación coordinada de profesionales de diferentes disciplinas sanitarias, educativas y sociales, con el objetivo de favorecer el desarrollo integral y la inclusión de las personas afectadas. El presente artículo revisa la evidencia científica más reciente sobre la epidemiología, etiopatogenia, manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento del trastorno del espectro autista, proporcionando una actualización útil para los profesionales sanitarios.
Palabras clave: trastorno del espectro autista; TEA; neurodesarrollo; diagnóstico precoz; intervención temprana; atención multidisciplinar.
Introducción
El trastorno del espectro autista constituye una de las alteraciones del neurodesarrollo más estudiadas en la actualidad debido a su impacto clínico, familiar y social. Se caracteriza por la presencia de alteraciones persistentes en la comunicación social, dificultades para establecer relaciones interpersonales y patrones repetitivos de comportamiento que aparecen durante los primeros años del desarrollo.
El término "espectro" refleja la gran variabilidad clínica existente entre las personas diagnosticadas. Algunos individuos presentan necesidades importantes de apoyo debido a discapacidad intelectual o ausencia de lenguaje funcional, mientras que otros desarrollan un elevado grado de autonomía e incluso capacidades cognitivas superiores a la media.
Durante las dos últimas décadas se han producido importantes avances en el conocimiento de los mecanismos neurobiológicos implicados, así como en las estrategias diagnósticas y terapéuticas. Estos progresos han permitido abandonar concepciones erróneas sobre el trastorno y potenciar un modelo de atención centrado en la persona, basado en la evidencia científica y en la intervención precoz.
Objetivos
Objetivo general:
Actualizar los conocimientos clínicos sobre el trastorno del espectro autista mediante una revisión de la evidencia científica disponible.
Objetivos específicos:
- Describir las principales características clínicas del trastorno.
- Revisar los factores etiológicos implicados en su desarrollo.
- Analizar los criterios diagnósticos actuales.
- Exponer las principales estrategias terapéuticas basadas en la evidencia.
- Destacar la importancia del abordaje multidisciplinar en la atención sanitaria.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa utilizando publicaciones científicas indexadas en PubMed, Scopus y Google Scholar, además de documentos oficiales elaborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la American Psychiatric Association (APA), el National Institute for Health and Care Excellence (NICE) y el Ministerio de Sanidad de España.
Se seleccionaron artículos publicados preferentemente durante los últimos años, junto con documentos considerados de referencia internacional para el diagnóstico y tratamiento del trastorno del espectro autista.
Epidemiología
Actualmente, el trastorno del espectro autista afecta aproximadamente al 1-2% de la población infantil mundial, aunque las cifras pueden variar entre países debido a diferencias metodológicas y organizativas.
El aumento de la prevalencia observado desde finales del siglo XX se relaciona principalmente con una mayor capacidad diagnóstica, una mayor concienciación de la sociedad y de los profesionales sanitarios, así como con la ampliación de los criterios diagnósticos.
El TEA continúa diagnosticándose con mayor frecuencia en varones que en mujeres. Sin embargo, diversos estudios recientes indican que muchas niñas presentan manifestaciones clínicas diferentes, con mayor capacidad para compensar las dificultades sociales, lo que puede retrasar el diagnóstico.
Etiopatogenia
La etiología del trastorno del espectro autista es compleja y multifactorial.
La susceptibilidad genética constituye uno de los factores más importantes. Se han identificado numerosas variantes genéticas relacionadas con la formación de conexiones neuronales, la sinaptogénesis y el desarrollo cerebral temprano. Ninguna de ellas explica por sí sola el trastorno, lo que respalda un modelo de herencia poligénica.
Asimismo, determinados factores ambientales pueden incrementar el riesgo en individuos genéticamente predispuestos. Entre ellos destacan la edad avanzada de los progenitores, algunas infecciones durante la gestación, la prematuridad extrema y determinadas complicaciones obstétricas.
La evidencia científica ha descartado de forma concluyente cualquier relación entre la vacunación infantil y el desarrollo del trastorno del espectro autista.
Manifestaciones clínicas
Los primeros signos suelen aparecer antes de los tres años de edad. Entre las alteraciones más frecuentes destacan:
- Escaso contacto ocular.
- Limitada reciprocidad social.
- Retraso o ausencia del lenguaje.
- Dificultad para compartir intereses o emociones.
- Escasa utilización de gestos comunicativos.
- Preferencia por actividades solitarias.
- Resistencia a los cambios de rutina.
- Movimientos repetitivos como balanceos o aleteo de manos.
- Intereses muy restringidos.
- Alteraciones del procesamiento sensorial.
Muchos pacientes presentan hipersensibilidad a determinados sonidos, luces, olores o texturas, mientras que otros muestran escasa respuesta frente a estímulos potencialmente dolorosos.
La expresión clínica cambia con la edad, siendo frecuentes durante la adolescencia problemas relacionados con ansiedad, autoestima, dificultades sociales y trastornos afectivos.
Comorbilidades
Las enfermedades asociadas son frecuentes y condicionan la calidad de vida. Entre las más habituales destacan:
- Trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
- Trastornos de ansiedad.
- Trastornos del sueño.
- Epilepsia.
- Discapacidad intelectual.
- Trastornos gastrointestinales.
- Depresión en adolescentes y adultos.
- Trastornos obsesivo-compulsivos.
La identificación precoz de estas comorbilidades resulta esencial para establecer un tratamiento integral.
Diagnóstico
El diagnóstico continúa siendo exclusivamente clínico. Las recomendaciones internacionales indican combinar:
- Historia clínica detallada.
- Entrevista con los familiares.
- Observación directa del comportamiento.
- Valoración del desarrollo.
- Exploración neurológica.
- Escalas diagnósticas validadas cuando estén indicadas.
Los criterios diagnósticos establecidos por el DSM-5-TR y la CIE-11 exigen la presencia de alteraciones persistentes en la comunicación social junto con patrones repetitivos y restringidos de conducta, con inicio durante el periodo del desarrollo.
No existen biomarcadores ni pruebas analíticas capaces de confirmar el diagnóstico.
Tratamiento
Actualmente no existe un tratamiento curativo para el TEA.
El objetivo terapéutico consiste en potenciar el desarrollo funcional y favorecer la máxima autonomía posible.
Las intervenciones con mayor respaldo científico incluyen:
- Atención temprana.
- Programas psicoeducativos individualizados.
- Logopedia.
- Terapia ocupacional.
- Intervención psicológica.
- Entrenamiento en habilidades sociales.
- Apoyo familiar.
El tratamiento farmacológico debe reservarse para el control de síntomas asociados, como irritabilidad intensa, agresividad, ansiedad, hiperactividad o trastornos del sueño. No modifica las alteraciones nucleares del trastorno.
Papel de los profesionales sanitarios
La Atención Primaria desempeña un papel esencial en la detección precoz mediante la identificación de signos de alarma durante los programas de salud infantil.
Posteriormente, la coordinación entre pediatría, neuropediatría, psiquiatría infantil, psicología clínica, Enfermería, logopedia, terapia ocupacional y servicios educativos resulta fundamental para garantizar una atención integral.
Los profesionales de Enfermería participan activamente en la educación sanitaria, el seguimiento de tratamientos, la coordinación asistencial y el apoyo a las familias, contribuyendo a mejorar la adherencia terapéutica y la calidad de vida.
Conclusiones
El trastorno del espectro autista constituye una condición del neurodesarrollo con una importante repercusión sanitaria y social. La evidencia científica demuestra que el diagnóstico precoz, la intervención temprana y el abordaje multidisciplinar mejoran significativamente el desarrollo funcional, la comunicación y la autonomía de las personas con TEA.
La actualización permanente de los profesionales sanitarios resulta imprescindible para garantizar una atención basada en la evidencia, disminuir el retraso diagnóstico y favorecer la inclusión social de las personas afectadas y sus familias.
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