El trabajo social sanitario y la aplicación del modelo ecológico a las problemáticas de salud mental infanto – juvenil

Autores: 1.- Moisés Álvarez Alonso (A), 2.- Rebeca Juesas Celorio (A), 3.- Beatriz García Meré (B), 4.- Benito Otero del Castillo (B). (A) Área IV – SESPA, (B) Área V – SESPA. Trabajadores Sociales del Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA).

Nota de los autores: a lo largo del presente trabajo se empleará el masculino genérico para hacer referencia tanto a hombres como a mujeres, sin que por ello exista discriminación de género alguna.

Introducción

El estudio de los diversos factores que afectan a la situación de la familia, institución de socialización primaria por excelencia, juega un papel esencial para determinar los elementos genéticos y ambientales implicados en la génesis de las patologías psíquicas de sus miembros, especialmente los más jóvenes. La formación interdisciplinar con la que cuentan los Trabajadores Sociales les permite disponer de una perspectiva holística que enriquece la interpretación de las diversas problemáticas sociales en general y de salud en particular.

La transversalidad de las ciencias sociales promueve la comunicación entre las distintas disciplinas que nutren el currículo formativo del Trabajo Social, tales como el Derecho, la Economía, la Sociología, la Antropología Social y Cultural y la Psicología. Ello favorece la comprensión del ser humano desde un punto de vista biopsicosociocultural global que tiene en cuenta varias dimensiones de la realidad que ejercen su influencia sobre la situación vital de las personas.

Palabras clave: salud mental, patología psicológica, estructuras económicas, estratificación social, globalización, neoliberalismo, Estado, política social, familia, jóvenes, menores, exclusión social, modelo ecológico, sistema, diagnóstico social, intervención social.

Los problemas estructurales de las sociedades actuales y su repercusión sobre la salud mental familiar en su conjunto

Las realidades sociales emergentes guardan una estrecha relación con la dinámica estructural de las sociedades modernas postindustriales. El nuevo orden mundial se caracteriza por el incremento de las desigualdades económicas entre los países del norte y los del sur, o en términos de Immanuel Wallerstein, entre centro y periferia, siendo estos últimos denominados también de manera eufemística “países en vías de desarrollo”. Pero los procesos de polarización de la riqueza y el incremento de las diferencias de clase han llegado también a los países del primer mundo. La globalización neoliberal está provocando nefastas consecuencias sobre los procesos de integración del individuo en tanto en cuanto ciudadano y sujeto social, tal y como lo definió Alain Touraine. Las características más notorias de ésta son la internacionalización de la economía, la pérdida de representatividad de los partidos políticos tradicionales, la desregulación de la economía y el deterioro medioambiental.

El paradigma clásico de integración social era hasta la segunda mitad del siglo XX la inserción en el mercado de trabajo. El equilibrio entre Estado, mercado y familia, recuperando las nociones clásicas de Gosta Esping – Andersen, permitía la existencia de un sistema social donde sólo determinados segmentos sociales eran víctimas de la exclusión social: el Welfare State o Estado del Bienestar. La capacitación para desempeñar un oficio o la formación universitaria en el caso de los más afortunados constituían una garantía a la hora de llevar a cabo un proyecto de vida. El pleno empleo favorecía la disponibilidad de trabajos fijos y con derechos sociolaborales consolidados que permitía alcanzar la estabilidad económica de las familias, la existencia de relaciones emocionales duraderas, el crecimiento demográfico necesario para el equilibrio poblacional sostenible y la financiación del sistema público de servicios sociales, entre ellos la sanidad.

La dinámica neoliberal de la globalización ha propiciado la deslocalización empresarial que ha llevado el sector industrial al tercer mundo, puesto que el capital se siente atraído por la mano de obra barata y las políticas medioambientales laxas. Ello ha tenido como consecuencia la terciarización de la economía de los países desarrollados y la precarización del empleo, provocando un profundo deterioro de las condiciones de vida familiares, puesto que los empleos estables, bien remunerados y con derechos laborales han sido sustituidos por trabajos temporales, mal pagados y con una pérdida notable de protección social. Si a la inestabilidad económica de las familias y a la pérdida de volumen de ingresos en su cómputo global se añade el encarecimiento desmesurado de la vivienda de los últimos tiempos, se puede comprender que la realidad sea la existencia de algo inédito hasta el presente: el fenómeno de los trabajadores pobres.

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Los procesos de exclusión social que en momentos históricos precedentes habían afectado solamente a determinados colectivos, dada su singularidad y la coyuntura histórica del momento (p. ej.: toxicómanos, prostitutas, minorías étnicas como los gitanos, etc.), se han extendido al total de la población y han hecho realidad algo que habría sido impensable hace solamente tres o cuatro décadas. Desde el punto de vista sociológico y partiendo de la influencia que la base económica o infraestructural ejerce sobre el mundo de las ideas o el ámbito superestructural, constituido entre otros por el estilo de vida, las representaciones colectivas y el ethos o el tipo de comportamiento de los individuos que forman parte de una sociedad, las repercusiones emocionales que sobre las familias ha supuesto la crisis del paradigma laboral como vía de integración social han sido devastadoras: desajustes psicológicos a consecuencia del desempleo, rupturas de pareja, adicciones, violencia de género, conflictos paterno – filiales, conductas antisociales, bullying, etc.

Richard Wilkinson ha señalado que la redistribución de la riqueza y la igualdad económica implican cohesión social y una mejor salud poblacional general. De esta manera cabe señalar que los países europeos escandinavos disponen de mayor calidad de vida que otros con mayores desigualdades económicas y de clase como EEUU. El incremento de las diferencias provoca que se pierdan el soporte social y la estabilidad psicológica necesarios para poder enfrentarse a los retos vitales y en definitiva se produce un déficit de resiliencia. Es un hecho constatado que los grupos menos favorecidos tienen una esperanza de vida inferior a los más prósperos y que además cuentan con más riesgo de padecer enfermedades, entre ellas las mentales.

El enfoque del modelo ecológico del Trabajo Social como marco de referencia para comprender las patologías psicológicas infanto – juveniles más frecuentes

El modelo biomédico de tratamiento de las enfermedades mentales presupone que el paciente es un sujeto pasivo en manos de especialistas formados capaces de diferenciar las conductas patológicas de las normales. El enfoque científico de la Psiquiatría o la Psicología asigna a los profesionales un status de expertos que adquieren una posición de superioridad a la cual no es posible prestar objeciones. Los intereses de las industrias farmacéuticas y el rol profesional de los técnicos de salud mental ha supuesto una medicalización de los tratamientos e incluso el sobrediagnóstico de determinadas patologías como el TDAH, la depresión y la ansiedad. Además, el individuo afectado por un problema de salud o “enfermo” tiene que ser tratado de manera independiente, sin considerar la importancia concurrente de otros factores que hayan podido ser determinantes en la génesis del malestar.

El modelo ecológico del Trabajo Social parte del marco teórico de Bronfenbrenner y posibilita el esclarecimiento de la relación existente entre los núcleos familiares y los factores ambientales en un sentido amplio. Los individuos no pueden ser aislados de los sistemas en los que se integran. A la carga genética de la persona hay que añadir la influencia del entorno, incluida la que ejerce la propia familia, la cual se encuentra al mismo tiempo condicionada por agentes externos a la misma. Así adquieren importancia factores como el espacio geográfico, la cultura, la forma política del Estado, el sistema económico y la estratificación social. La calidad de vida de las familias y las patologías psíquicas que puedan desarrollar guardan una estrecha relación con estas dimensiones de la realidad.

Los contextos en los cuales se produce el desarrollo de un menor constituyen entramados de disposición concéntrica, de tal manera que cada ordenación se halla contenida dentro de otra y así sucesivamente. La familia se configura como un sistema en interacción con otros que al mismo tiempo se integran en un sistema con otros adicionales y así sucesivamente. Si hay una relación de equilibrio se generará una situación de homeostasis multifactorial. De esta manera se puede dilucidar cómo el bienestar mental de los menores depende de la posesión de solvencia económica familiar, una red de parientes saludable, un nivel de integración adecuado entre el grupo de iguales, el tipo de políticas sociales desarrolladas, el cuidado del medio ambiente, la existencia de un régimen político democrático, etc.

Se pueden distinguir las siguientes estructuras:

  1. Microsistema: comprende el conjunto de roles y relaciones sociales que existen en un contexto concreto (p.ej.: la familia, el grupo de iguales o los profesionales del ámbito educativo).
  2. Mesosistema: se compone de los microsistemas sociales y la interacción entre los mismos. Así se comprende que lo que ocurra en la familia repercuta en la escuela o a la inversa y que el tipo de amistades de las que se rodeen los menores tenga sus consecuencias en el medio familiar. El entendimiento de la evolución psicológica personal será tanto más adecuado cuantos más microsistemas se tengan en cuenta a la hora de proceder a su estudio.
  3. Exosistema: conjunto de entornos en los cuales el menor no se encuentra físicamente, pero que ejercen su influencia sobre el mismo mediante los efectos que ejercen sobre los microsistemas en los cuales éste interactúa. En ese sentido se entiende la importancia de la situación laboral paterna, la red de parentela extensa o la relación con el entorno vecinal en su sentido amplio.
  4. Macrosistema: hace referencia a los factores culturales e ideológicos de una sociedad dada, como el sistema normativo, las formas de religiosidad o las reglas de parentesco.
  5. Cronosistema: tiene que ver con los acontecimientos históricos que se producen a lo largo de la vida de los más jóvenes. En ese sentido pueden resultar determinantes las opiniones que un menor se forme sobre cuestiones como la igualdad de género, la legislación favorable a la eutanasia o a las técnicas de reproducción asistida.

La metodología del Trabajo Social Sanitario en el modelo ecológico

El modelo ecológico de intervención sociosanitaria guarda una estrecha relación con la propia naturaleza del Trabajo Social, dada la vocación holística e integradora de ambos. La comprensión de los sistemas de los cuales forma parte la familia del menor y aquellos otros con los que interactúa es esencial para poder detectar las disfuncionalidades cognitivas y conductuales del entorno más próximo de los jóvenes. Para ello convendrá tener en cuenta el microsistema, el mesosistema, el exosistema, el macrosistema y el cronosistema.

Diagnóstico social sanitario

Será más acertado cuanto mayor sea el número de posibles sistemas a considerar: microsistema (familiares, parientes próximos), mesositema (centro educativo, grupo de iguales), exosistema (ámbito laboral paterno, relaciones comunitarias y vecinales), macrosistema (sistema de creencias colectivo, ideología dominante) y cronosistema (cambios de gobierno, geopolítica).

El modelo ecológico suele emplear las siguientes técnicas de diagnóstico social:

Ecomapa

Permite representar gráficamente al núcleo familiar del individuo dentro de un círculo, el cual se encuentra rodeado así mismo de otros círculos distintos que simbolizan las diferentes partes de las estructuras y sus componentes: microsistema, mesosistema, exosistema, macrosistema y cronosistema. De esta manera se deja constancia del núcleo de convivencia y se reflejan los factores ambientales que influyen sobre el mismo. Un recurso muy útil puede ser representar con mayor o menor tamaño cada círculo, en función de la importancia que tenga en relación al sistema familiar del que se trate.

Culturograma

Representa los aspectos culturales de la familia en un sentido amplio y juega un papel cada vez más importante dado el incremento de las tasas migratorias entre países. Normalmente se señalan cuatro áreas compuestas a su vez por diversos subgrupos: la comunidad (tipo de permiso de residencia o nacionalidad, motivos del movimiento geográfico y duración de la estancia), la familia (estilo de vida, nivel de integración cultural en el entorno social próximo, problemáticas familiares), permeabilidad (racismo – xenofobia, apoyos comunitarios integradores) y valores (costumbres, modo de vida, relaciones de género e intergeneracionales)

Mapa de redes

Facilita la esquematización de las redes sociales y los apoyos en el entorno con los que cuenta cada miembro de la unidad familiar. Resulta complementario al ecomapa.

Esta técnica es muy útil porque permite conocer los soportes sociales con los que cuenta un individuo a la hora de afrontar una problemática personal de cualquier tipo, por ejemplo, económica, social o de salud. Se puede efectuar la representación mediante círculos concéntricos respecto a un ego de referencia que se ubica en la parte central. Los círculos más cercanos evidencian la existencia de relaciones más estrechas y los más alejados los vínculos más superficiales, yendo desde los familiares más cercanos hasta las personas menos conocidas.

Intervención social

Se llevará a cabo sobre los siguientes ámbitos:

  1. Puntos de soporte social en relación a los sistemas mencionados: se incluirá a la familia, las redes sociales formales e informales y el apoyo en el entorno obtenido a través de las entidades públicas y/o privadas, a ser posible las pertenecientes al tercer sector o iniciativa privada sin ánimo de lucro.
  2. Políticas sociales que promuevan el desarrollo familiar y colectivo: un enfoque tan completo como el que proporciona el modelo ecológico implica fijar objetivos más ambiciosos que trasciendan lo meramente individual y familiar, de tal manera que resulta oportuno tener en cuenta las problemáticas económicas y sociales extrafamiliares de cada calle, barrio, ciudad y región.

Aplicación del diseño

Se puede actuar directamente sobre las familias reforzando los apoyos sociales existentes, creando unos nuevos, cambiando el sistema de valores del núcleo de convivencia y ayudando a comprender los procesos históricos acaecidos. También se puede actuar de manera indirecta sobre las instituciones y el diseño de las políticas sociales que se realizan y que afectan a los diversos colectivos sociales.

Evaluación

La valoración del proceso de intervención social tendrá en cuenta el cumplimiento de los objetivos marcados previamente a través de los indicadores señalados como oportunos. Algunos de dichos objetivos pueden ser la correcta comprensión del contexto ambiental familiar, la detección precisa de las problemáticas existentes, el adecuado análisis de la red social y de apoyo en el entorno, la óptima dotación de recursos necesitados por la unidad familiar en relación a las posibilidades existentes, el descubrimiento acertado de la composición de los diversos sistemas y el reconocimiento de las carencias institucionales para promover su mejora en relación a los problemas sociales existentes.

Conclusión

Los individuos pueden sufrir diversas situaciones de contingencia al comienzo de su ciclo vital que impliquen la aparición de problemas psicológicos importantes: el fracaso escolar, el bullying, el déficit de socialización, el maltrato infantil, etc. Los profesionales del Trabajo Social emplean recursos de las instituciones públicas y privadas para paliar o ayudar a superar todos estos factores de estrés ambiental que pueden recaer sobre la vida de los más jóvenes y sus familias. Para ello cuentan con modelos teóricos de referencia, metodologías y técnicas que posibilitan su labor de intervención social. Un de estos paradigmas de referencia más efectivos lo constituye la perspectiva ecológica.

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