Trabajo Social en el paciente geriátrico: Futuro y nuevas líneas de actuación

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 5–Mayo 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº5: 130

Autor principal (primer firmante): Eduardo Bosque Bañares

Fecha recepción: 20 de Abril, 2021

Fecha aceptación: 16 de Mayo, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(5): 130

Autores:

  1. Eduardo Bosque Bañares, Graduado en Enfermería, Gerontólogo, Profesor Asociado, Universidad de Zaragoza. HU Miguel Servet Zaragoza.
  2. Sara Bareas Bueno, Graduada en Enfermería, HCU Lozano Blesa Zaragoza.
  3. Carlos Sanchez González, Graduado en Enfermería, HCU Lozano Blesa Zaragoza.
  4. Carolina Barroso Esteban. Enfermera Especialista en Ginecología y Obstetricia, HCU Lozano Blesa Zaragoza.
  5. Javier Anía Melón. Enfermero Especialista en Familia y Comunitaria. Doctorado en Ciencias de la Salud y el Deporte de la Universidad de Zaragoza. CS Barbastro.
  6. Ester Belloc Boira, Residente en Ginecología y Obstetricia, HU Miguel Servet Zaragoza.

Resumen

Es incuestionable que la labor del Trabajo Social en España es cada vez más heterogénea y plural, como consecuencia de la mayor complejidad y variedad de las problemáticas a las que debe hacer frente la profesión. El trabajo social gerontológico, se presenta finalmente, como un campo de acción que apunta a potenciar el capital social individual, familiar, grupal y comunitario de los adultos mayores, transformando sus necesidades sociales, mejorando su calidad de vida y sistema de bienestar social.

Palabras clave: Trabajo social, gerontología, futuro

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Conclusiones

Todas las profesiones evolucionan y cambian según la demanda ocupacional y el mercado de trabajo. Y estas dinámicas también afectan al Trabajador Social. De esta manera es incuestionable que la labor del Trabajo Social en España es cada vez más heterogénea y plural, como consecuencia de la mayor complejidad y variedad de las problemáticas a las que debe hacer frente la profesión (la globalización, el avance tecnológico, crecimiento y cambios en el mercado laboral y en la familia, el envejecimiento demográfico, mayor vulnerabilidad social, crisis económica y de valores, el aumento de la violencia, mayor movilidad de las personas…). Es por ello, por lo que hemos querido dedicar dentro nuestro trabajo, un breve espacio a investigar sobre las posibles líneas de evolución y nuevos retos de esta profesión, que en un contexto multidisciplinar, se presenta fundamental (Viscarret, Ballestero, Idaretay Uriz, 2016).

Una forma emergente de participación en el ámbito del Trabajo Social (TS) son las TICs. Se han convertido ya en este momento en pieza fundamental en el desarrollo de la profesión del trabajador social. Las intervenciones sociales on-line, son actualmente uno de los grandes focos emergentes en los procesos de ayuda, si bien hay que destacar que las intervenciones sociales on-line, constituyen una alternativa al modelo de intervención social convencional, y que, en ningún caso, es un procedimiento excluyente.

En este contexto, el Trabajo Social abre la puerta hacia nuevos retos preguntándose: ¿Pueden las TICs, contribuir de forma activa en los procesos de ayuda, y concretamente, en la intervención social? La respuesta es sin duda, afirmativa. Ejemplos claros del uso eficaz de estas tecnologías serian:

  1. Intervención social on-line cuando existan inconvenientes en el proceso comunicativo: aquellas situaciones en las que el profesional o la persona demandante presenten algún tipo de obstáculo que dificulte el proceso comunicativo. Por ejemplo, personas con discapacidad auditiva o lingüísticas que encuentren en la escritura a través de Internet el modo más eficaz de transmitir sus necesidades o desarrollar su trabajo con el profesional o la profesional de Trabajo Social (Arriazu y Fernández-Pacheco, 2013). En este contexto, se encuentra el estudio realizado por Mayor y Bacallao-Pino (2015), en Zaragoza para la socialización de personas con discapacidad auditiva, con resultados esperanzadores en la formación y socialización de dicho colectivo, además de abrir la puerta a la progresiva implementación de las TICs como recursos útiles para el trabajador social (Mayor y Bacallao-Pino, 2015).
  2. Tratamiento terapéutico de pacientes con problemas de movilidad o determinados trastornos: la intervención social en este grupo se realizaría con personas que presenten problemas de movilidad o posean algún tipo de trastorno o fobia que les impida desplazarse con normalidad a la institución competente.
  3. Tratamiento terapéutico con problemática geo-temporal: En este caso el ejemplo sería una mujer que trabaje y esté al cuidado de sus hijos podría tener problemas para mantener sesiones periódicas con el profesional.
  4. Intervención social en situaciones de riesgo: la intervención en este último grupo tendría lugar cuando las características de la persona demandante supongan un riesgo para afrontar un tratamiento individualizado presencial. Ejemplos de este tipo de tratamiento podría darse en centros penitenciarios donde la regulación interna no permite la intervención presencial con reclusos considerados altamente conflictivos (Arriazu y Fernández-Pacheco, 2013).

A pesar de que actualmente el Trabajo Social “goza de buena salud” en relación al momento crítico que atraviesan los Servicios Sociales (dado que siempre ha sido el pilar más débil del Estado de bienestar, no por su importancia, sino por su sensibilidad a los cambios sociales, políticos, económicos, culturales etc.) (Cercadillo, et al., 2013), gran parte del desarrollo profesional del Trabajador Social se ha visto limitado y recortado por la grave crisis en la que nos encontramos desde hace años y que ha devenido en una sociedad precarizada; donde una trasformación del mercado de trabajo y los cambios acelerados que se han producido en los últimos tiempos, han tenido como consecuencia un evidente desgaste del Estado de bienestar (Hernández, 2013).

Pero, ¿Cómo solucionar esto? Según Wacquant “La solución pasaría por una reconstrucción activa del Estado Social que pondría su estructura y sus políticas en consonancia con las nuevas condiciones económicas. Este nuevo Estado Social debería acometer innovaciones radicales, como la instauración de un salario del ciudadano no condicionado, que separe la subsistencia del trabajo, el acceso gratuito a la enseñanza y a la formación durante toda la vida, la garantía universal de gozar de esos bienes públicos esenciales que son la vivienda, la salud y el transporte”. (Saiz, 2015, p.196)

Es por ello, que se hace indispensable el fortalecimiento de unos Servicios Sociales basados en la prevención, la protección y la promoción. Necesitamos un régimen jurídico que garantice su financiación, aumentar el protagonismo de los municipios, profundizar en la descentralización y potenciar las sinergias entre la igualdad de acceso que debe garantizar el Estado y el desarrollo comunitario que les corresponde a los municipios; para dar a nuestra sociedad una protección y asistencia social de calidad (Alguacil, 2012).

Otro de los retos sociales a los que se enfrenta actualmente el Trabajo Social en España, y en el resto de sociedades demográficamente desarrolladas, es el rápido envejecimiento de la población, producido principalmente, por una disminución de la mortalidad y una mayor esperanza de vida. En este sentido y siguiendo las estimaciones realizadas por el INE, en el 2061, las personas mayores de 65 años llegarían a representar más del 38% de la población española con más de dieciséis millones de personas mayores (Yusta Tirado, 2016).

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Estos datos no solo nos aportan una visión acerca del envejecimiento de la población, también nos acercan a una realidad social al considerar la vejez no como un problema social, sino las condiciones que rodean a la persona en situación de vejez que sí pueden ser un problema, así como las necesidades de estas personas (la presencia de patología crónica, el descenso del nivel económico, la perdida de independencia, soledad, aislamiento social…). Lo que conlleva de manera paralela, un aumento en la frecuencia de hospitalización, peor calidad de vida y mayores situaciones de dependencia de los ancianos.

Es en este contexto donde cobra mayor importancia el trabajo social gerontológico, como “un campo de acción que apunta a potenciar el capital social individual, familiar, grupal y comunitario de los adultos mayores, transformando sus necesidades sociales, mejorando su calidad de vida y sistema de bienestar social, configurando políticas sociales dirigidas a la vejez.”, a través de intervenciones sociales basadas en Modelos de Atención desde el Trabajo Social (Piña Morán, 2006).

Entre las innumerables intervenciones del Trabajo Social gerontológico, destacamos entre otras:

  • La detección precoz y prevención de los problemas sociales que dificulten la integración social de las personas mayores
  • La promoción de la utilización de recursos para satisfacer sus necesidades sociales
  • La rehabilitación y reinserción social de aquellas personas mayores que han sufrido algún tipo de disminución física, psíquica o social
  • La Información sobre derechos y recursos sociales para las personas mayores, así como asesoramiento ante las demandas planteadas
  • La potenciación de los recursos de la comunidad en la resolución y prevención de problemática social
  • La creación de apoyos para los familiares que se ocupan del cuidado de los ancianos –

El cuidado y atención de los cuidadores, entre otros (Filardo, 2011).

A modo de conclusión, cabe mencionar en este apartado, la importancia de la intervención interdisciplinar y el trabajo en equipo con medicina, Psicología y Enfermería para lograr el principal objetivo común, el bienestar del paciente (Adámez y Correa, 2016).

Bibliografía

  1. Adámez, R., y Correa, A. (2016). El Rol del Trabajo Social en Psicogeriatría. Norte de salud mental, 13(54).
  2. Alguacil Gómez, J. (2012). La quiebra del incompleto sistema de Servicios Sociales en España. Cuadernos de Trabajo Social, 25(1), 63-74.
  3. Arriazu Muñoz, R. y Fernández-Pacheco Sáez, J.L. (2013). Internet en el ámbito del Trabajo Social: formas emergentes de participación e intervención socio-comunitario. Cuadernos de Trabajo Social, 26(1), 149-158.
  4. Cercadillo Isla, M. et al. (2013). Cambios en la realidad social: dinamismo y procesos de ajuste en el marco de los Servicios Sociales de Atención Primaria. Cuadernos de Trabajo Social, 26(2), 265-274.
  5. Filardo Llamas, C. (2011). Trabajo Social para la Tercera Edad. Documentos de Trabajo Social, 49, 204-219.
  6. Hernández Echegaray, A. (2013). El papel del Trabajo Social sobre los Servicios Sociales del futuro. Documentos de Trabajo Social, 53, 60-81.
  7. Mayor Pérez, M. y Bacallao-Pino, L.M. (2015). Apropiaciones de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para la socialización de personas con discapacidad auditiva. Un estudio de caso: Zaragoza. Cuadernos de Trabajo Social, 28(1), 103-113.
  8. Piña Morán, M. (2006). Trabajo Social gerontológico: investigando y construyendo espacios para la integración social para las personas mayores. Revista Rumbos TS, 1(1), 13-32.
  9. Saiz Vargas, L.F. (2015). El papel del trabajador social en una sociedad precarizada. Cuadernos de Trabajo Social, 28(2), 187-197.
  10. Viscarret Garro, J.J., Ballestero Izquierdo, A., Idareta Goldaracena, F. y Uriz Pemán, M.J. (2016). Tipologías actuales de los trabajadores sociales en España. Cuadernos de Trabajo Social, 29(2), 239-262.
  11. Yusta Tirado, R. (2016). Los tres aspectos fundamentales de la intervención social en el ámbito geriátrico-residencial. Trabajo Social Hoy, 78, 85-94.