Revisión de los aspectos clínico-prácticos de la terapia farmacológica en el tratamiento del aborto diferido de primer trimestre

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 5–Mayo 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº5: 215

Autor principal (primer firmante): Ester Belloc Boira

Fecha recepción: 3 de Mayo, 2021

Fecha aceptación: 26 de Mayo, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(5): 215

Autores

  • Ester Belloc Boira. Graduada en Medicina. Residente en Ginecología y Obstetricia. HU Miguel Servet Zaragoza.
  • Ana Sanz Arenal. Graduada en Medicina. Residente en Ginecología y Obstetricia. HU Miguel Servet Zaragoza.
  • Sara Bareas Bueno. Graduada en Enfermería. HCU Lozano Blesa Zaragoza.
  • Eduardo Bosque Bañares. Graduado en Enfermería, Gerontólogo, Profesor asociado de la Universidad de Zaragoza. HU Miguel Servet Zaragoza.

Categoría profesional

Medicina y Enfermería

Resumen

Los abortos diferidos suponen uno de cada cinco gestaciones y su incidencia aumenta a medida que avanza el grupo de edad. El tratamiento farmacológico del aborto ha supuesto un avance médico importante con la consiguiente reducción del número de legrados obstétricos de primer trimestre y ha generado una disminución importante del coste a nivel hospitalario con minimización de las consecuencias clínicas para las pacientes.

Palabras clave

Aborto farmacológico, Misoprostol, Minimización de costes aborto, Aborto diferido, Aborto de primer trimestre.

Introducción

En palabras de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) se considera aborto a la “expulsión o extracción de su madre de un embrión o de un feto de menos de 500 gramos de peso o de otro producto de gestación de cualquier peso o edad gestacional absolutamente no viable” siendo precoz si es menor a 12 semanas de gestación y tardío si es mayor.

Las causas son variadas, aproximadamente el 50% de los abortos espontáneos están asociados a anomalías cromosómicas fetales. La edad materna es un factor determinante a la hora de valorar los motivos. El número de abortos aumenta de manera exponencial a partir de los 35 años hasta hacerse efectivo en uno de cada 2 embarazos llegada la cifra de los 40 años.

Hasta hace unos años, casi todos los abortos diferidos se programaban para legrado, este hecho, suponía multitud de costes materiales, económicos y personales.

El tratamiento farmacológico de la pérdida gestacional en el primer trimestre, supone la finalización de la gestación con tratamiento vía oral para inducir un proceso de pérdida lo más similar al aborto espontáneo y ahorra costes económicos y personales.

Conclusiones

En las primeras semanas del embarazo se considera que el método farmacológico es más eficaz que el quirúrgico, especialmente cuando la práctica clínica no incluye una inspección detallada del tejido aspirado (no se recomienda el estudio histológico rutinario de los restos abortivos (grado recomendación B).

El tratamiento farmacológico debe basarse en el diagnóstico ecográfico del mismo, identificándolo por las medidas obtenidas (saco gestacional > 25 mm sin embrión o > 20 mm sin vesícula vitelina).

Los fármacos utilizados son por un lado el Misoprostol y por otro la Mifepristona.

El primero se trata de un análogo de la prostaglandina E1 que favorece el ablandamiento y dilatación cervical y tiene un efecto uterotónico.

Su eficacia como agente abortivo único varía de acuerdo a la vía de administración, la dosis, la pauta de administración y la edad gestacional.

Utilización de Misoprostol en solitario tiene tasas de expulsión completa entre el 57% y el 87%. Alrededor del 15 al 40% de las pacientes requerirán una segunda dosis de Misoprostol o deberán someterse a legrado si este se administra en solitario.

El segundo, es un antagonista de la progesterona que promueve la maduración y la dilatación cervical, potencia el efecto de las prostaglandinas y reduce el tiempo hasta la expulsión en un 40-50%, cuando se compara con el uso de las prostaglandinas en solitario.

La combinación secuencial de misoprostol y mifepristona es superior al uso del misoprostol en solitario, con tasas de expulsión completa de hasta el 95%.

Para la inclusión de las pacientes debe tenerse en cuenta entre otros, la no existencia de alergia a los fármacos mencionados, el nivel de hemoglobina mayor a 10 g/dL, la ausencia de gestación ectópica o concomitante con DIU y el buen estado clínico materno.

La presencia criterios que hagan sospechar de aborto séptico o enfermedad trofoblástica gestacional deberá también considerarse criterio de exclusión.

Así mismo, determinadas características clínicas maternas como la insuficiencia suprarrenal, el asma severo, el glaucoma, la estenosis mitral o el uso de corticoterapia crónica también se consideraran criterios de exclusión clínica.

Las diferentes pautas de tratamiento de elección se basan en la administración de una dosis de Mifepristona de 200 mg oral y una dosis de Misoprostol de 600 mcg vaginales a las 48 horas. Si tras 4 horas desde la colocación de los comprimidos vaginales no se ha producido sangrado, se puede colocar una dosis adicional de otros 400 mcg de misoprostol intravaginal.

Las tasas de éxito con este método son cercanas al 97% en gestaciones de menos de 49 días.

Los posibles efectos secundarios son mínimos y van desde dolor hipogástrico en ocasiones acompañado de náuseas y vómitos al sangrado vaginal profuso.

En general, pueden ser controlados con tratamiento antiemético y analgésico en la mayoría de los casos.

Un análisis cuasiexperimental llevado a cabo por un grupo español entre los años 2013 y 2015 en el que se compararon los costes de tratamiento farmacológico versus legrado en abortos de primer trimestre concluyó con que el tratamiento médico con misoprostol es una alternativa más económica que la cirugía en el Sistema Español de Salud Pública.

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