El suicidio en ancianos

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VII. N.º 7–Julio 2024. Pág. Inicial: Vol. VII; N.º 7: 88

Autor principal (primer firmante): Francisco Delgado Quintana

Fecha recepción: 03/06/2024

Fecha aceptación: 30/06/2024

Ref.: Ocronos. 2024;7(7): 88

Autores:

Francisco Delgado Quintana (Celador)

Irene Figuer Enciso (Fisioterapeuta)

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Elena Royo Mar (Enfermera)

Daniel Sáenz Trallero (Celador)

Carlos Enrique Rastrero (Celador)

Natalia Ortiz Martínez (TCAE)

Palabras clave

Ancianos, Población geriátrica, Factor de riesgo, Autolesión, Suicidio

Resumen

El riesgo de suicidio en ancianos es un problema minusvalorado hoy en día en comparación con otros grupos de edad más jóvenes. Aun así, es un problema importante a tratar más aún teniendo en cuenta el paulatino envejecimiento de la población. En el presente trabajo, se analizan someramente los factores y las señales más importantes a tener en cuenta a la hora de detectar tendencias suicidas en ancianos.

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Introducción

Una de las mayores preocupaciones en la salud del anciano es el suicidio, particularmente para aquellos mayores de 60 años. A pesar de esto, la investigación sobre el suicidio en este grupo de edad es relativamente escasa en comparación con los estudios sobre poblaciones más jóvenes.

El suicidio es un importante problema relacionado con la salud mental que puede ocurrir en cualquier punto a lo largo de la vida de la persona. Implica terminar intencionalmente con la propia vida, lo que resulta en una muerte prematura. La Organización Mundial de la Salud predice que uno de cada seis individuos tendrá 60 años o más en 2030 y en el 2050 habrá 1400 millones de personas con más de 60 años. en comparación con los mil millones en 2020. En 2050, alrededor de 2100 millones de personas tendrán 60 años o más.

El suicidio en los ancianos a menudo se pasa por alto o se desatiende en comparación con el suicidio entre grupos de menor edad, particularmente jóvenes adultos y adolescentes, porque la muerte en los ancianos es menos impactante que la muerte en otros grupos sociales.

En las últimas décadas, los avances en la atención médica, la mayor esperanza de vida y los cambios en los patrones sociales han llevado a un incremento significativo en la población anciana. Sin embargo, estos cambios demográficos no han estado libres de desafíos siendo uno de los mayores problemas que se han presentado el alarmante incremento de las tasas de suicidio entre los adultos de más edad. Esas personas de 65 años o más que nunca habían experimentado depresión antes ahora parece que sufren depresión en la vejez. Se manifiesta en sentimientos de infelicidad como resultado de diversas situaciones como pérdidas, metas no alcanzadas, o relaciones fallidas.

En la población geriátrica, la enfermedad física y el deterioro funcional son predominantes, resultando en una pérdida de autonomía e independencia, en soledad, dolor, un incremento en la demanda de las redes asistenciales y la aparición de depresión.

La teoría del envejecimiento biopsicosocial del suicidio busca combinar factores clave en biología como el debilitamiento físico, psicológicos como la depresión, y en las relaciones sociales como la el aislamiento, que contribuyen al desarrollo de las tendencias suicidas. En combinación con una edad avanzada estos factores pueden amplificar los sentimientos de desesperanza resultando en un mayor riesgo de suicidio. Se puede concluir que a medida que la edad en las personas mayores se incrementa hay una mayor probabilidad de suicidio por métodos no violentos.

Estudios recientes han encontrado que la depresión está asociada con una habilidad más lenta a la hora de procesar la información y dificultades en la memoria de trabajo lo que juega un importante papel a la hora de causar problemas cognitivos. Esto puede aumentar la probabilidad de desarrollar Alzheimer en personas con depresión.

El proceso secuencial de pensamiento que lleva al suicidio entre ancianos

En primer lugar, el anciano siente desaliento y desesperación debido a enfermedades crónicas como por ejemplo cáncer, diabetes, EPOC e hipertensión que conducen a enfermedades físicas. Piensan que no vale la pena seguir viviendo y planean el suicidio y llegado un momento dado lo perpetran.

La Secuencia es la siguiente:

  • Sensación de desamparo y desesperación
  • Considerar que la vida no merece ser vivida
  • Idear el suicidio
  • Planificar el suicidio
  • Intento de suicidio
  • Lograr el suicidio

Las señales de alarma de suicidio en ancianos

Cuando creamos que pueda existir un potencial riesgo de suicidio en el anciano hay que estar alerta ante una serie de señales que pueden indicar que sufre angustia. Estos signos abarcan una variedad de señales emocionales, de comportamiento y verbales que probablemente sugieren que la persona está padeciendo.

Así, puede darse que el anciano parezca constantemente triste, deprimido, abandona actividades que alguna vez le reportaron felicidad, también pueden experimentar sentimientos de ansiedad y tener alteraciones del sueño, los cambios de humor podrían volverse frecuentes e intensos, se descuidan en la higiene personal, se abandonan físicamente, evitan las interacciones sociales, tienden al aislamiento de amigos y familia, tienen sentimientos desproporcionados de culpa o vergüenza, pérdida de interés en la comida. Puede llevarse a un incremento del consumo de tabaco y alcohol.

La verbalización de pensamientos sobre la muerte como, por ejemplo, que ya han tenido suficiente o que la vida ya no tiene sentido pueden ser preocupantes. Un anciano que ha dejado de tomar pastillas y otras drogas no terapéuticas mientras visita de forma inesperada a familia y amigos para despedirse son señales que de un potencial riesgo de suicidio.

Por eso, hay que prestar atención si hablan sobre sentirse como una carga para otros o expresan pensamientos acerca de la soledad, o verbaliza ideas acerca de verse atrapado en un daño emocional insoportable. Además, un aumento en el uso de sustancias puede ser indicativo que el anciano intenta hacer frente a algún problema.

Un signo de aviso muy serio es cuando buscan el acceso a métodos letales o hablan sobre estos medios. Si empiezan a hablar o comparten contenido en línea sobre tener deseos de morir es fundamental abordar la situación. Además, hay que tener cuidado extremo cuando los ancianos idean planes específicos de suicidio. En estos casos, es imperativo ofrecer soporte y ponerles en contacto con recursos de salud mental apropiados lo antes posible, ya que estas señales subrayan un mayor riesgo de pensamientos y comportamientos suicidas.

Posibles factores de riesgo de suicido en ancianos

El riesgo de suicidio es un problema multifactorial influenciado por varios factores como son la demencia, acceso a sustancias letales, problemas financieros, problemas familiares, problemas físicos, manifestaciones psicológicas duelo por personas perdidas.

Las manifestaciones psicológicas

Las manifestaciones psicológicas pueden variar ampliamente y pueden incluir:

  1. Sentimientos de desesperanza y desesperación: El individuo puede expresar una sensación abrumadora de desesperanza sobre su situación y el futuro.
  2. Depresión persistente: Puede haber una tristeza persistente y una falta de interés en actividades que solían disfrutar.
  3. Ansiedad intensificada: Un aumento en los niveles de ansiedad, acompañado a menudo de preocupaciones excesivas y pensamientos intrusivos.
  4. Irritabilidad y agitación: La persona puede mostrar signos de irritabilidad, enojo y agitación sin motivo aparente.
  5. Sentimientos de culpa o vergüenza: Pueden expresar un fuerte sentido de culpa o vergüenza, incluso por asuntos menores o fuera de su control.
  6. Desesperanza y pesimismo: Una visión pesimista del futuro y la creencia de que las cosas nunca mejorarán.
  7. Pérdida de interés en la vida: Una disminución significativa en el interés por la vida en general, incluyendo hobbies, relaciones y metas.
  8. Pensamientos suicidas: Pueden expresar pensamientos recurrentes sobre la muerte, el deseo de morir o la creencia de que sería mejor no estar vivo.

Estas manifestaciones pueden variar en intensidad y duración, pero si se observan de manera persistente o intensificada, es importante buscar ayuda profesional de inmediato.

El duelo

El duelo es un proceso natural y complejo que experimentan las personas después de la pérdida de un ser querido. Las manifestaciones psicológicas del duelo pueden incluir:

  1. Dolor emocional: Sentimientos intensos de tristeza, angustia y desesperación.
  2. Negación: La negación inicial de la realidad de la pérdida, a veces acompañada de la sensación de que el ser querido aún está presente.
  3. Enojo: Sentimientos de ira hacia uno mismo, hacia el ser querido fallecido, hacia otras personas o incluso hacia situaciones injustas.
  4. Culpa: Sentimientos de culpa sobre acciones o palabras no dichas hacia el ser querido, o incluso por sentir que podrían haber hecho más para prevenir la pérdida.
  5. Ansiedad: Preocupación constante sobre el futuro y la capacidad para enfrentar la vida sin la presencia del ser querido.
  6. Aislamiento social: La tendencia a retirarse de actividades sociales y de otras personas, a veces debido a la sensación de que nadie puede comprender su dolor.
  7. Desorientación: Sentimientos de confusión y dificultad para concentrarse en tareas cotidianas.
  8. Tristeza profunda: Una sensación abrumadora de tristeza que puede persistir durante un período prolongado.

El duelo es un proceso único para cada persona y puede manifestarse de diferentes maneras. Es importante permitirse sentir y procesar estas emociones, y buscar apoyo de amigos, familiares o profesionales de la salud mental si es necesario.

El historial de intentos de suicidio previos y otros factores

Es otro factor de riesgo de suicidio en ancianos importante. Las personas que han intentado suicidarse en el pasado tienen un mayor riesgo de intentos futuros, normalmente debido a problemas emocionales no resueltos.

El abuso de sustancias, particularmente alcohol y drogas, también contribuyen al incremento de la vulnerabilidad. El abuso de sustancias puede afectar al juicio, amplificar la angustia emocional y disminuir las inhibiciones haciendo que los pensamientos suicidas escalen más rápidamente hacia acciones concretas.

Además, los sentimientos de soledad y aislamiento pueden intensificar el riesgo de suicidio, las conexiones humanas juegan un papel crucial en la estabilidad mental y los individuos que carecen de un fuerte soporte emocional pueden sentirse atrapados en su daño emocional.

Un historial de desórdenes afectivos en la familia y de suicidio pueden elevar el riesgo indicando una predisposición genética y ambiental hacía problemas mentales. Ciertos rasgos de personalidad como la obsesión,

La rigidez mental puede aumentar la vulnerabilidad. Estos rasgos pueden llevar a dificultades de adaptación a cambios y desafíos elevando la ansiedad emocional.

Los problemas con las interacciones personales pueden agravar el problema en el futuro, debido a las relaciones tensas o los conflictos sociales pueden amplificar la desesperanza y la desesperación.

Estrategias de prevención del suicidio en ancianos

Una estrategia adecuada debe ser no solo prevenir el suicidio sino aumentar el estándar de vida de los ancianos. Es fundamental tratar a los ancianos con respeto y compasión.

Comprender los factores de riesgo asociados con el suicidio entre los ancianos es esencial para designar estrategias de prevención efectivas. Algunos factores de riesgo clave incluyen el aislamiento social, enfermedades crónicas, depresión y el acceso a sustancias letales. Abordar estos factores es solo un punto clave sobre los que se fundamenta cualquier esfuerzo de prevención del suicidio. Ofrecer información y aumentar la conciencia entre los ancianos acerca de la salud mental, en la prevención del suicidio y servicios de soporte accesibles hacia ellos puede hacer disminuir el estigma social asociado y animarlos a que busquen ayuda. Se puede conseguir a través de talleres comunitarios e iniciativas de divulgación.

Se ha demostrado la eficacia de los tratamientos psicoterapéuticos como la terapia de comportamiento cognitivo y la terapia de comportamiento dialéctico en la reducción del suicidio en los ancianos. Estas terapias ayudan abordando los problemas psicológicos subyacentes, mejorando las habilidades y aumentando la regulación emocional lo que finalmente reduce la probabilidad de suicidio en este grupo de edad.

Promover evaluaciones de salud mental rutinarias para ancianos puede ser determinante para la detección de riesgos potenciales de suicidio.

Conclusiones

En conclusión, debido a las variables distintivas indicadas anteriormente, el riesgo de suicidio es alto en la población geriátrica, es decir, aquellas personas de 60 años o más. Esta situación representa una preocupación pública significativa, lo que requiere medidas preventivas y tratamientos enfocados.

Es esencial que los centros sanitarios, autoridades sanitarias y los familiares identifiquen las señales de advertencia en los ancianos y brinden apoyo y recursos para prevenir un intento de suicidio.

Reducir las percepciones negativas asociadas con los problemas de salud mental, mejorar la disponibilidad de atención en salud mental, gestionar los recursos de manera efectiva y brindar apoyo son pasos esenciales para ayudar a los ancianos a preservar su autonomía, su calidad de vida y sus relaciones sociales. Al implementar un plan completo e interdisciplinar, podemos ayudar a disminuir la incidencia de suicidios en la población geriátrica y promover un envejecimiento saludable.

Bibliografía

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  2. El hombre contra sí mismo. Alejandro Rocamora. Teléfono de la Esperanza. Asetes 1992.
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  5. A systematic review of physical illness, functional disability, and suicidal behaviour among older adults. Fässberg MM, Cheung G, Canetto SS, et al. Aging Ment Health. 2016