Soledad y aislamiento social del paciente: tratamiento en Atención Primaria

Autora: Samantha Fernández Vidal.

Resumen

El número de afectados y víctimas no para de crecer. A pesar de que su avance es imparable nadie parece hablar de ello, como si nombrarla estuviese prohibido, como si reconocer sufrirla estuviese condenado socialmente. Hablamos de la soledad, la gran epidemia silenciosa del siglo XXI que calladamente se extiende y afecta ya a una gran parte de la población occidental.

Cada vez me pasa más, encontrarme con cadáveres de ancianos que llevan muchos días muertos, en avanzado estado de descomposición. No sé si está fallando la intervención social o los lazos familiares. Pero indica el tipo de sociedad hacia el que nos dirigimos. Estas son palabras del magistrado Joaquim Bosch Grau.

Cada vez hay más personas que mueren solas, en muchos casos, abandonadas por sus familiares y olvidadas por el resto de la sociedad. Parece una paradoja, en el siglo de las redes sociales mucha, muchísima gente se siente sola. Cuando todo parece estar al alcance de un click, nunca antes ha habido más gente que declara sentirse sola.

La soledad tiene además un tremendo impacto en la salud pública que debe atender las consecuencias de esta epidemia (depresión, adicciones y deterioro de la salud en general). Se estima que la soledad podría tener un impacto global calculado de 3 billones de dólares.

En el Reino Unido se ha creado el Ministerio de la Soledad para dar respuestas a una certeza: la cantidad de personas que viven solas no tiene precedentes en la historia.

Desde 1960 se triplicó esa estadística. En España la situación no es mejor. Casi cinco millones de españoles viven solos, y a medida que envejece la población, a velocidad de vértigo, serán muchos más. Una gran parte de ellos son ancianos que, en ocasiones, pasan meses sin que nadie se pregunte por su paradero.

En EEUU, nos encontramos con un panorama muy similar. Según una estadística publicada en Pnas, el número de ciudadanos americanos que no tendrán familia cercana se doblará en tan solo 25 años

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Así pues estamos ante una epidemia global de todos los países occidentales. (1)

El aumento de hogares unipersonales, los nuevos tipos de familia, el descenso de la natalidad, el paro, la precariedad en el empleo, la frenética vida en las grandes ciudades y la tendencia a relaciones personales menos duraderas y con lazos menos consistentes son algunos de los factores que intervienen en el aumento imparable de la soledad.

Es la soledad no deseada ni elegida, un problema cada vez más frecuente y más complejo en las sociedades actuales definida como «epidemia social» por expertos en psicología, psiquiatría y sociología.

Los perfiles de las personas que se sienten solas son variados y no siempre obedecen a patrones comunes. El sentimiento de sentirse solo no entiende de edad, sexo o estatus social. Desde niños a adolescentes y jóvenes hiperconectados, pero solos; pasando por adultos con pareja o familia o sin ellas que se ven inmersos en el oscuro agujero al que puede llevar la soledad profunda, crónica y severa. El grupo de mayor prevalencia es el de los mayores que, en muchos casos, viven solos en el final de sus días y mueren solos.

En España hay 4,7 millones de hogares unipersonales, según la Encuesta continua de hogares del INE de 2017, una cifra que no deja de crecer y que ya representa el 25,4% del total de los hogares. Pero lo cierto es que no siempre vivir solo y sentirse solo es equivalente. (2)

Por las cifras estadísticas anteriormente expuestas que señalan la soledad como problema de salud actual, es motivación para el autor para desarrollar esta investigación.

Introducción

La soledad es un problema que puede llegar a ser grave. De hecho, se sabe que va de la mano con muchos otros problemas, como el debilitamiento de las redes de apoyo que proporciona la sociedad, y la adopción de formas de vida poco saludables.

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Los principales tipos de soledad

Soledad contextual

La soledad no siempre se extiende a todos los ámbitos de la vida; a veces, queda limitada a un único contexto.

Por ejemplo, alguien que no tenga amigos ni conocidos en la facultad a la que asiste a clases o en el trabajo puede experimentar soledad ahí, aunque en cualquier otro lugar sienta la cercanía de muchos seres queridos.

Soledad transitoria

Es importante tener en consideración el factor tiempo al analizar los tipos de soledad que experimentan las personas. En el caso de la transitoria, esta aparece en situaciones concretas y no dura mucho más de un día.

Por ejemplo, cuando aparece un conflicto en una relación amorosa o de amistad, puede surgir la sensación de que hay una barrera que nos separa del otro, o que nos ha revelado una faceta de su personalidad que nos hace replantearnos si la conocemos.

Soledad crónica

Este tipo de soledad no depende de un contexto o situación determinada, sino que se perpetúa en el tiempo, manteniéndose en diferentes ámbitos de la vida de una persona. Eso sí, eso no significa que no vaya a desaparecer nunca ni que no podamos hacer nada para que se desvanezca; dadas las condiciones adecuadas, puede ir debilitándose hasta desaparecer, pero esto cuesta más que en otras clases de soledad más circunstanciales.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la diferencia entre la soledad crónica y la transitoria es solo una cuestión de grado, y no hay una separación clara entre ellas.

Por eso, por ejemplo, podemos encontrarnos casos en los que una persona está sometida a una vida extremadamente monótona que solo consiste en un tipo de ambiente, y se siente sola: en este caso, no estaría muy claro si se trata de la crónica o de la transitoria, dado que podemos entender que se ha quedado estancada en un momento de su vida que se repite una y otra vez día tras día.

Soledad autoimpuesta

Hay casos en los que la soledad es la consecuencia de un aislamiento que uno mismo ha decidido utilizar como elemento definitorio de su propia vida. Por ejemplo, personas con miedo a sentirse defraudadas por amigos o seres queridos, y que desarrollan actitudes misántropas o, en general, de desconfianza hacia los demás. En algunos casos, esta forma de soledad también puede aparecer por causas religiosas, como la voluntad de consagrarse a una vida de dedicación a uno o más dioses, sin que por ello se abracen sentimientos de hostilidad hacia el resto de personas.

Soledad impuesta

La soledad impuesta es consecuencia de una serie de privaciones materiales a las que se somete a la persona, en contra de la voluntad de esta última. La incapacidad de tener relaciones normales y de manera sostenida hace que aparezca la sensación de aislamiento, sensación que se corresponde con hechos objetivos, como la falta de tiempo libre o el hecho de vivir en un lugar muy reducido y apenas salir de él.

Por otro lado, que la soledad sea impuesta por otros no significa que la existencia de esta emoción sea el objetivo de las medidas impuestas a quien las sufre. Por ejemplo, puede ser causada por unas jornadas laborales muy exigentes, en las que lo importante es hacer dinero.

Soledad existencial

La soledad existencial es muy diferente al resto de tipos de soledad, porque en ella influye relativamente poco la calidad y la cantidad de las interacciones que mantenemos con el resto de personas. Se trata más bien de un estado en el que la emoción de la soledad se mezcla con la duda existencial de para qué se vive y qué es exactamente lo que nos conecta a los otros.

Si la consciencia de uno mismo es una experiencia subjetiva, privada y que no puede ser compartida, nuestra existencia puede llegar a ser percibida como algo radicalmente separado de nuestro entorno y quienes habitan en él.

Por otro lado, la ausencia de un sentido para la propia vida puede llegar a contribuir a que nos sintamos desconectados del resto del cosmos. Es decir, es una experiencia que normalmente genera malestar o inquietud, y que no puede ser afrontada intentando hacer más amigos o conociendo a más gente. (3)

Consejos para dejar de estar solo o sentirse solo

• Determina qué te falta.
• Transforma el sentimiento soledad.
• Consigue una mascota.
• Toma un paseo por la naturaleza.
• Desconéctate de Internet con más frecuencia.
• Preocúpate de las personas.
• Cultiva la gratitud.
• Deja de estar solo encontrando actividades para distraerte.
• Evita la inactividad.
• Convierte en voluntario.
• Comienza a leer de nuevo.
• Participar en actividades físicas.
• Coge una cámara y has turismo.
• Práctica la meditación.
• Descubre el placer de hacer las cosas por tu cuenta.
• Toma la iniciativa.
• Pasa más tiempo con tu familia.
• Únete a comunidades en Internet.
• Usa ese tiempo para tu crecimiento personal.
• Aprende a pensar más positivamente acerca de la soledad.
• Entiende que la soledad no es un hecho, es una sensación.
• Se compasivo contigo mismo.
• Elimina el diálogo interno negativo.
• Deja de lado las relaciones tóxicas.
• Ponte en contacto con otras personas que están solas. (4)

La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente.

Carmen Martín Gaite (1925-?) Novelista española. (5)

Referencias bibliográficas

  1.  https:// elreydesnudo.es /la-gran-epidemia-silenciosa-del-siglo-xxi/
  2. https:// www.google.com /amp/s/amp. rtve.es/ noticias/ 20181227/ soledad-epidemia creciente/ 1859003.shtml
  3. https:// psicologiaymente. com/cookies.
  4. https://www. exitoysuperacion personal.com /dejar-de-estar-solo-sentirse.
  5. https:// proverbia.net/ frases-de-soledad.