Sistema endocrino: cambios hormonales por el envejecimiento

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 254

Autor principal (primer firmante): Maida Alejandra Coraspe Piedra

Fecha recepción: 08/08/2026

Fecha aceptación: 04/09/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 254

Autores:

  1. Maida Alejandra Coraspe Piedra
  2. Mónica López Suárez
  3. María del Carmen Huertas Aguayo
  4. Erica Morago Fuentes
  5. Cristina Morago Lausin
  6. María Elena Morago Fuentes

Categoría: Enfermería, TCAE, Administración, Técnico en documentación y administración sanitaria, telefonista, servicios generales.

Palabras clave: endocrino, hormonas, cuerpo humano, metabolismo, salud.

Introducción

La respuesta hormonal es la capacidad del sistema endocrino para producir, liberar y regular hormonas frente a diferentes estímulos fisiológicos o ambientales. Estos estímulos incluyen cambios en la concentración de nutrientes, el ejercicio físico, el estrés, las infecciones, las variaciones de temperatura, el sueño y las necesidades metabólicas del organismo. Durante el envejecimiento no solo disminuye la producción de determinadas hormonas, sino que también se modifica la capacidad del organismo para responder adecuadamente a ellas. Estos cambios afectan tanto a las glándulas endocrinas como a los receptores celulares, las vías de señalización intracelular y los mecanismos de retroalimentación que mantienen la homeostasis. Como consecuencia, las respuestas hormonales son generalmente más lentas, menos intensas y menos eficaces que en los adultos jóvenes.

Desarrollo

El envejecimiento endocrino se caracteriza por una reducción progresiva de la reserva funcional de las glándulas endocrinas. Esta pérdida de reserva implica que, aunque muchas hormonas puedan mantenerse dentro de valores normales en condiciones basales, la capacidad para aumentar rápidamente su producción ante situaciones de estrés fisiológico disminuye considerablemente.

Uno de los principales cambios ocurre en el eje hipotálamo-hipófisis. El hipotálamo regula la actividad de la mayoría de las glándulas endocrinas mediante la secreción de hormonas liberadoras e inhibidoras. Con el envejecimiento, las neuronas hipotalámicas muestran una menor capacidad para detectar cambios internos y responder a ellos de forma rápida.

Además, disminuye la sensibilidad de los mecanismos de retroalimentación que controlan la secreción hormonal.

La hipófisis también experimenta modificaciones funcionales. Aunque mantiene la producción basal de muchas hormonas, su capacidad para responder a estímulos intensos disminuye. Esto significa que la liberación hormonal suele ser más lenta y menos eficaz cuando el organismo necesita adaptarse rápidamente a cambios fisiológicos.

Uno de los ejemplos más representativos corresponde a la hormona del crecimiento. En adultos jóvenes, esta hormona aumenta rápidamente durante el ejercicio intenso, el sueño profundo, el ayuno o determinadas situaciones de estrés metabólico. Sin embargo, en las personas mayores la respuesta de la hormona del crecimiento frente a estos estímulos disminuye de forma importante.

Publica TFG cuadrado 1200 x 1200

Como consecuencia, la síntesis de proteínas musculares resulta menos eficiente, la recuperación tras el ejercicio es más lenta y disminuye la capacidad para regenerar tejidos lesionados.

La respuesta del factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 también se reduce debido a la menor estimulación por parte de la hormona del crecimiento. Este fenómeno contribuye a la pérdida progresiva de masa muscular, conocida como sarcopenia, así como a la disminución de la densidad mineral ósea y de la capacidad de recuperación frente a enfermedades.

El envejecimiento también modifica la respuesta del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, responsable de la adaptación al estrés.

En condiciones normales, situaciones como infecciones, traumatismos, cirugía o estrés emocional activan rápidamente la secreción de hormona liberadora de corticotropina por el hipotálamo. Esta estimula la liberación de hormona adrenocorticotropa por la hipófisis, la cual induce finalmente la producción de cortisol por la corteza suprarrenal.

En las personas mayores este sistema continúa funcionando, pero la regulación se vuelve menos eficiente.

publica-articulo-revista-ocronos

Con frecuencia existe una respuesta inicial más lenta y una recuperación más prolongada tras el episodio de estrés. Además, los niveles de cortisol pueden permanecer elevados durante más tiempo, aumentando la exposición de los tejidos a sus efectos catabólicos.

La persistencia de concentraciones elevadas de cortisol favorece la pérdida de masa muscular, la disminución de la densidad ósea, la resistencia a la insulina, la acumulación de grasa abdominal y una menor respuesta inmunológica.

Otro cambio importante afecta a la respuesta de la insulina.

La secreción de insulina tras la ingesta de alimentos continúa produciéndose durante el envejecimiento, aunque la respuesta de las células beta pancreáticas puede retrasarse ligeramente.

Más importante aún es la disminución progresiva de la sensibilidad de los tejidos periféricos a la acción de la insulina.

Este fenómeno, conocido como resistencia a la insulina, implica que músculo, hígado y tejido adiposo necesitan mayores concentraciones hormonales para captar glucosa y mantener niveles normales de glucemia.

Como consecuencia, aumenta el riesgo de intolerancia a la glucosa y diabetes mellitus tipo 2 en edades avanzadas.

Diversos factores contribuyen a esta alteración, entre ellos el aumento del tejido adiposo visceral, la disminución de la masa muscular, la reducción de la actividad física y el estado inflamatorio crónico asociado al envejecimiento.

La respuesta hormonal de la glándula tiroides también experimenta modificaciones.

Aunque las concentraciones basales de hormonas tiroideas suelen mantenerse relativamente estables, la capacidad para aumentar rápidamente la actividad tiroidea frente a determinadas demandas metabólicas puede disminuir.

Asimismo, algunos tejidos presentan una menor conversión de tiroxina en triyodotironina activa, reduciendo parcialmente la intensidad de la respuesta metabólica.

Esta situación contribuye al descenso del metabolismo basal, una menor producción de calor corporal y una reducción del gasto energético.

La respuesta de las hormonas sexuales también cambia de manera significativa.

En la mujer, la desaparición de la función ovárica durante la menopausia elimina prácticamente la respuesta hormonal cíclica característica de la edad reproductiva.

Desaparece la respuesta ovulatoria a las gonadotropinas y disminuye notablemente la producción de estrógenos y progesterona.

Como consecuencia, numerosos tejidos que dependen de estas hormonas muestran una menor capacidad funcional.

Entre ellos destacan el hueso, el aparato cardiovascular, la piel, el sistema nervioso y el aparato genitourinario.

En el hombre, aunque la disminución de testosterona es más gradual, también se reduce la respuesta testicular a la hormona luteinizante.

La menor producción de testosterona contribuye a una disminución progresiva de la fuerza muscular, la densidad ósea, la producción de glóbulos rojos y el deseo sexual.

Además, diversos tejidos muestran una menor sensibilidad a esta hormona debido a cambios en la expresión de los receptores androgénicos.

La respuesta hormonal del metabolismo del calcio también cambia con el envejecimiento.

La piel sintetiza menos vitamina D tras la exposición solar y el riñón reduce parcialmente su capacidad para convertirla en su forma biológicamente activa.

Como consecuencia disminuye la absorción intestinal de calcio.

El organismo responde aumentando la secreción de hormona paratiroidea.

Aunque este mecanismo intenta mantener concentraciones normales de calcio en sangre, también incrementa la movilización del calcio almacenado en el hueso, favoreciendo la pérdida progresiva de masa ósea y el desarrollo de osteoporosis.

Otro aspecto importante es la disminución de la respuesta de la melatonina.

La glándula pineal produce menores cantidades de esta hormona y, además, los centros cerebrales encargados de regular los ritmos circadianos muestran una menor sensibilidad a su acción.

Como consecuencia aparecen alteraciones del sueño, despertares nocturnos frecuentes, menor duración del sueño profundo y alteraciones del ritmo sueño-vigilia.

Estas modificaciones afectan posteriormente a otras respuestas hormonales, ya que muchas hormonas siguen ritmos circadianos estrechamente relacionados con la calidad del sueño.

El tejido adiposo también modifica su comportamiento endocrino durante el envejecimiento. Este tejido produce diversas hormonas y citocinas denominadas adipocinas.

Con el aumento progresivo de la grasa visceral disminuye la respuesta fisiológica a algunas de estas hormonas, especialmente a la leptina.

La leptina regula el apetito y el gasto energético mediante su acción sobre el hipotálamo.

En muchas personas mayores aparece resistencia a la leptina, lo que dificulta el adecuado control del apetito y favorece alteraciones del metabolismo energético.

Al mismo tiempo aumentan diversas citocinas inflamatorias como interleucina 6 y factor de necrosis tumoral alfa.

Estas sustancias interfieren con múltiples vías hormonales y favorecen la inflamación crónica de bajo grado característica del envejecimiento, conocida como inflammaging.

La respuesta hormonal al ejercicio físico también disminuye.

En personas jóvenes, el ejercicio estimula intensamente la liberación de hormona del crecimiento, testosterona, catecolaminas e insulina, favoreciendo la adaptación muscular.

En adultos mayores, la respuesta de estas hormonas resulta menos intensa, por lo que la recuperación muscular es más lenta y se necesita mayor tiempo para obtener los beneficios del entrenamiento.

No obstante, la práctica regular de ejercicio continúa siendo una de las intervenciones más eficaces para mejorar la sensibilidad hormonal durante el envejecimiento.

La respuesta hormonal frente al ayuno también experimenta modificaciones.

En condiciones normales, el organismo aumenta la producción de glucagón, cortisol y hormona del crecimiento para mantener concentraciones adecuadas de glucosa.

Durante el envejecimiento estos mecanismos permanecen funcionales, aunque la capacidad para mantener el equilibrio metabólico disminuye.

Las personas mayores presentan mayor riesgo tanto de hipoglucemia como de hiperglucemia durante enfermedades agudas debido a una regulación hormonal menos eficiente.

La respuesta hormonal frente a las infecciones también cambia.

Las hormonas relacionadas con el estrés, como cortisol y catecolaminas, participan en la regulación de la respuesta inmunológica.

Con el envejecimiento esta interacción se altera, favoreciendo una respuesta inflamatoria prolongada y menos eficaz frente a microorganismos.

Ello contribuye al aumento de la susceptibilidad a infecciones observado en edades avanzadas.

Otro fenómeno característico es la disminución de la sensibilidad de los receptores hormonales.

Muchos tejidos expresan menor número de receptores o presentan alteraciones en las proteínas encargadas de transmitir la señal hormonal hacia el interior celular.

Como consecuencia, incluso cuando las concentraciones hormonales son normales, la respuesta biológica puede resultar insuficiente.

Esta resistencia hormonal afecta especialmente a la insulina, la hormona del crecimiento, la leptina, las hormonas sexuales y diversas citocinas reguladoras del metabolismo.

Las alteraciones de la respuesta hormonal también influyen sobre la capacidad del organismo para mantener la homeostasis frente a cambios ambientales.

La regulación de la temperatura corporal resulta menos eficiente debido a respuestas hormonales más lentas.

La adaptación al esfuerzo físico requiere mayor tiempo.

La recuperación tras intervenciones quirúrgicas o enfermedades agudas se prolonga.

La cicatrización de heridas disminuye y aumenta la vulnerabilidad frente a situaciones de estrés metabólico.

A pesar de estos cambios, la respuesta hormonal puede mantenerse relativamente conservada mediante hábitos de vida saludables.

La práctica regular de ejercicio físico mejora la sensibilidad a la insulina y favorece la secreción de diversas hormonas anabólicas.

Una alimentación equilibrada proporciona los nutrientes necesarios para la síntesis hormonal.

El mantenimiento de un peso corporal adecuado reduce la inflamación crónica y mejora la respuesta endocrina.

Asimismo, un sueño de buena calidad favorece la regulación de la melatonina, el cortisol y la hormona del crecimiento.

Conclusión

En conclusión, el envejecimiento modifica profundamente la respuesta hormonal del sistema endocrino. Aunque muchas glándulas conservan una producción basal relativamente adecuada, disminuye la rapidez, intensidad y eficacia con la que responden a los diferentes estímulos fisiológicos. Además, numerosos tejidos desarrollan una menor sensibilidad a la acción hormonal debido a alteraciones de sus receptores y de las vías de señalización intracelular. Estas modificaciones contribuyen al desarrollo de cambios metabólicos, pérdida de masa muscular y ósea, alteraciones del metabolismo de la glucosa, trastornos del sueño y una menor capacidad de adaptación frente al estrés. Sin embargo, la adopción de hábitos saludables permite preservar parcialmente la función endocrina y favorecer un envejecimiento más saludable.

Bibliografía

  1. Melmed S, Auchus RJ, Goldfine AB, Koenig RJ, Rosen CJ. Williams Textbook of Endocrinology. 15th ed. Philadelphia: Elsevier; 2024. Disponible en: https://www.elsevier.com/books/williams-textbook-o f-endocrinology/melmed/978-0-323-87814-2.
  2. Hall JE. Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology. 15th ed. Philadelphia: Elsevier; 2024. Disponible en: https://www.elsevier.com/books/guyton-and-hall-tex tbook-of-medical-physiology/hall/978-0-323-59712-8 .
  3. National Institute on Aging. AgePage: Endocrine changes with aging. Bethesda (MD): National Institute on Aging. Disponible en: https://www.nia.nih.gov/health.
  4. Ferri FF. Ferri’s Clinical Advisor 2025. Philadelphia: Elsevier; 2025. Disponible en: https://www.elsevier.com/books/ferris-clinical-adv isor/ferri/978-0-323-87508-0.