Síndrome de Raynaud

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 7–Julio 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº7: 214

Autor principal (primer firmante): María del Pilar Igual Tejero

Fecha recepción: 26 de junio, 2023

Fecha aceptación: 22 de julio, 2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(7) 214

Autores:

  1. María del Pilar Igual Tejero.
  2. Sheila Monzón Sancho.
  3. Sonia Sánchez Ortiz.
  4. María Elena Benito Belmonte.
  5. Elisabet Barranco Heras.
  6. Cheila Fernandes Dos Santos.

Palabras clave:

Inflamación, espasmos, disestesia, sincopal, asfíctica, hiperémico, esclerodermia, trombosis, trombosis venosa, arterial, capilaroscopia, inmunológica, fatiga crónica, esclerosis, artritis, reuma, osteoporosis, rubeosis, vasoespástico, vasos sanguíneos, síndrome, fenómeno Raynaud, trastorno.

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Introducción

Raynaud no se considera propiamente una enfermedad sino, más bien, un trastorno o síndrome denominado como fenómeno.

Esta patología se caracteriza por producir ciertos sucesos con una sensación de frío y entumecimiento en algunas partes del cuerpo. Esto ocurre en respuesta a episodios de estrés o por el contrario, cuando sienten frío.

Las zonas principalmente afectadas visiblemente son los finales de las extremidades como son los dedos de las manos y/o de los pies.

Consiste en que las arterias más pequeñas del cuerpo que trasladan la sangre se estrechan conllevando que el flujo sanguíneo sea limitado, a este fenómeno se le denomina vasoespasmo.

Estos vasoespasmos transmiten que, en las áreas afectadas, se origine una decoloración por la falta de sangre y/o oxígeno en esa parte. Además, pueden producir otros síntomas.

Estos episodios vasoespásticos originados pueden producirse de forma intermitente en fases iniciales llegando a ser agudizados con el avance de la patología.

Principalmente son agravados en las partes acras del cuerpo; estas zonas son las que están mayoritariamente expuestas a la congelación o con menos protección, donde las características propias del tejido epitelial acompañados con la interrelación musculoesquelética del cuerpo se comprometen a la integridad de la piel que la recubre.

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Cuando estas partes se encuentran comprometidas el enfermo padece dolor y disestesias (percepción táctil anómala y desagradable) en el territorio afectado.

La semiología distingue tres fases continuadas en el fenómeno Raynaud, donde existen diversos cambios de coloración en la piel; se comienza por palidez, cianosis y rubeosis. No obstante, ocasionalmente puede no darse alguna de ellas.

Generalizadamente, entre la fase temprana y la secundaria se distinguen por si existe o no asociación de las EAS.

Su prevalencia es dependiente a las diferencias climáticas además de la zona geográfica donde se resida. Recientemente se han publicado estudios donde demuestran que las mujeres tienden a padecer este fenómeno con mayor probabilidad que los hombres.

Clínica

La fisiopatología del fenómeno de Raynaud es diferente en cada una de las fases:

  • Fase 1º o sincopal: produce palidez.
  • Fase 2º o asfíctica: muestra cianosis.
  • Fase 3º o hiperémica: arroja rubeosis.

Estas son las primeras muestras de padecer la enfermedad. Asimismo, los enfermos de esclerodermia (enfermedades autoinmunes fibrosantes de tejidos conjuntivos) manifiestan estas fases.

La patología de Raynaud es el primer signo para desarrollar EAS cuando inicia entorno a la mediana edad convirtiéndose en una lesión cutánea bastante grave como las ulceras necróticas digitales.

Diagnóstico

La anamnesis inicial de estos tipos de pacientes en los centros de atención primaria, abordan las siguientes causas para descartar que sufre esta patología. Entre los causantes se encuentran:

  • Posibles traumatismos vibracionales repetitivos.

  • Elementos desencadenantes de sufrir crisis como el estrés, frío, vibraciones y posibles fármacos.

  • Descripción de los patrones episódicos como duración, frecuencia, sintomatología, localización del dolor, estado de las articulaciones de las manos y de los pies, así como número de fases del fenómeno: monofase-bifase-trifase).

  • Exploración física: ayuda a eliminar lesiones en la piel preexistentes, descartar trombosis del tipo venosa, palpación del pulso arterial.

Además, existen pruebas complementarias encaminadas a examinar si existe presencia de FR del tipo secundario o, por el contrario, de forma individual. Esto ayuda en su valoración y posible repercusión. Para ello se realizan las siguientes pruebas:

  • Analítica completa con hemograma, coagulación, proteinograma y VSG.

  • Prueba inmunológica incluyendo ANA, factor del reuma, A-Anticentrómero, A- antiSCL-70 y crioglobulinas.

  • Exámenes radiodiagnósticos para descartar posible costilla cervical.

  • Capilaroscopia donde concluye el patrón de afectación.

  • Ecografía doppler por si existe ateromatosis.

  • Arteriografía.

  • Electromiografía que ayuda a descartar el síndrome del desfiladero torácico o del túnel metacarpiano.

Todas estas pruebas permiten la tipificación de gravedad y sintomatología del FR.

No obstante, en FR va asociado como secundario si el paciente sufre alguna de estas patologías:

  • Artritis reumatoide.

  • Esclerosis.

  • Lupus eritematoso.

  • Enfermedades mixtas del tejido conjuntivo.

  • Síndrome de Sjögren del tipo primario.

  • Arteriopatías, etc.

Tratamiento

El tratamiento básico para el FR consiste en la disminución de los episodios y/o crisis aumentando el periodo entre ellas. Además, se intenta de minimizar la gravedad de los ataques de vasoespasmo. Se mantiene la fluidez del torrente sanguíneo y la prevención de ulceraciones.

Para ello, se pautan unas medidas terapéuticas generales de tipo preventivo. Se les enseñan a identificar sus propios episodios instruyéndoles en terapias de relajación.

Deberán prevenir la perdida de calor corporal sobre todo en aquellas zonas de mayor exposición. Evitaran la ingesta de fármacos que pueden inducir riesgos de crisis como los betabloqueantes, ergotamínicos, citotóxicos y medicamentos para la migraña.

Mediante los tratamientos farmacológicos encontramos fármacos a utilizar como: bloqueadores de los canales de calcio, vasodilatadores percutáneos y tópicos, prostaglandinas, antagonistas de la endotelina, derivados estrogénicos, etc.

También existen tratamientos quirúrgicos como última opción terapéutica.

Bibliografía

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