Síndrome metabólico, enfoque clínico y terapéutico. Revisión bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 8–Agosto 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº8: 95

Autor principal (primer firmante): Silvana Patricia Abarca Aldean

Fecha recepción: 31 de julio, 2022

Fecha aceptación: 12 de agosto, 2022

Ref.: Ocronos. 2022;5(8) 95

Autores

  1. Silvana Patricia Abarca Aldean a
  2. Verónica Alejandra Curipoma Aguinsaca a
  3. Ramón Alfredo Vera Murillo a
  4. Jeymy Alejandra Ontaneda Sánchez a
  5. Tatiana Yaritza Palma Montero b
  6. Jimmy Vicente Chuquimarca Jungal c
  1. Médico General, Consultorio Privado, Loja, Ecuador.
  2. Médico General, Palcodial clínica de salud renal, Zamora Chinchipe, Ecuador.
  3. Médico General, GAD municipal Paquisha, Zamora Chinchipe, Ecuador.

Categoría profesional:

Medicina Interna, Endocrinología, Cardiología

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Resumen

El síndrome metabólico, por definición, no es una enfermedad, sino una agrupación de factores de riesgo metabólicos que incluyen obesidad abdominal, hipertrigliceridemia, hipertensión, hiperglucemia y niveles bajos de colesterol de lipoproteínas de alta densidad. Estos factores de riesgo aumentan significativamente la prevalencia de enfermedades cardiovasculares y de diabetes mellitus tipo 2. La prevalencia del síndrome metabólico varía significativamente según la definición utilizada, la edad, el sexo, el nivel socioeconómico y el origen étnico de las cohortes del estudio.

Estudios clínicos y epidemiológicos han confirmado visiblemente que el síndrome metabólico se inicia con la obesidad central. Debido a que la prevalencia de la obesidad se ha incrementado el doble en todo el mundo durante los últimos 30 años, así también la prevalencia del síndrome metabólico ha aumentado marcadamente en paralelo. Por lo tanto, La obesidad es reconocida como la causa principal del síndrome metabólico ya que está fuertemente relacionada con todos los factores de riesgo metabólicos. La resistencia a la insulina ha esclarecido la mayor parte, si no toda, la fisiopatología del síndrome metabólico ya que contribuye a la hiperglucemia. Asimismo, un factor importante que contribuye al desarrollo de la resistencia a la insulina es la sobreabundancia de ácidos grasos libres.

Los ácidos grasos plasmáticos provienen principalmente de los triglicéridos almacenados en los tejidos adiposos, que se liberan mediante la acción de la lipasa sensible a hormonas. El tratamiento va encaminado a intervenciones en el estilo de vida como primera línea, sin embargo, tienen resultados variables, el tratamiento farmacológico tiene una eficacia modesta. Sin embargo, cuando se combina con intervenciones en el estilo de vida, se asocia con más efectos adversos. Esta revisión resume los últimos conceptos en la definición, fisiopatología, diagnóstico y tratamiento del síndrome metabólico.

Palabras clave: Síndrome X, Síndrome de resistencia a la insulina, Obesidad, Diabetes, Resistencia a la insulina, Dislipidemia, Hiperglucemia.

Introducción

La importancia del síndrome metabólico (SM) no solo está relacionada con su alta tasa de prevalencia en todo el mundo, sino también porque podría ayudar a predecir el desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 (hasta cinco veces más probable) y enfermedades cardiovasculares, ya que el síndrome metabólico al estar asociado con varios factores de riesgo metabólico, tiene 2,5 veces más riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular y cerebrovascular que un paciente sin síndrome metabólico 23,27,31.

La identificación temprana de niños y adolescentes que están en riesgo de desarrollar síndrome metabólico, diabetes tipo 2 (DM2) y enfermedad cardiovascular en la edad adulta es extremadamente importante 24. Las condiciones en el útero y en la primera infancia pueden predisponer a un niño a trastornos metabólicos como obesidad, resistencia a la insulina, hipertensión, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, diabetes tipo 2, enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD), esteatohepatitis no alcohólica (NASH), enfermedad cardiovascular y síndrome metabólico 25. Además, se ha descubierto que la urbanización, el consumo excesivo de nutrientes, la dieta poco saludable y el estilo de vida sedentario son los principales contribuyentes a tales trastornos 26

La literatura actual afirma que el síndrome metabólico es un factor de vulnerabilidad 32 y un importante problema de salud pública, aunque la prevalencia de la obesidad es pandémica 28, todavía hay poca conciencia/evidencia del síndrome metabólico, que permanece infradiagnosticado, tratado de manera insuficiente y controlado sin éxito 29

El síndrome metabólico es una condición que evoluciona con el tiempo, con un aumento progresivo en el número de factores de riesgo cardiovascular en paralelo con la historia natural del estado obeso, caracterizado por inflamación crónica de bajo grado, envejecimiento acelerado y desregulación metabólica 30

Para el diagnóstico se pueden emplear los criterios del Programa Nacional de Educación sobre el Colesterol ATP III, los cuales definen el síndrome metabólico como la presencia de tres de los cinco rasgos en los que incluyen circunferencia de la cintura, valor de triglicéridos, valor del colesterol de lipoproteínas de alta densidad, presión arterial y la glucosa plasmática en ayunas, sin embargo, en el 2009 la Federación Internacional de Diabetes (FID) junto con varias organizaciones (incluidas la AHA, el NHLBI, la Federación Mundial del Corazón, la Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad y la Sociedad Internacional de Aterosclerosis) hicieron una modificación de dichos criterios principalmente en la circunferencia de la cintura, con puntos de corte específicos de la etnia.

Para el manejo terapéutico del síndrome metabólico se emplea medidas no farmacológicas como las intervenciones en el estilo de vida las cuales se consideran como primera opción, a pesar de que tienen resultados variables. El tratamiento farmacológico parece tener una eficacia moderada. Sin embargo, cuando se combina con las intervenciones en el estilo de vida, se asocia con más efectos adversos que las intervenciones en el estilo de vida por sí solas.

Objetivo

  • Conocer las implicaciones clínicas del síndrome metabólico, su asociación con otras patologías, criterios diagnósticos y tratamiento.

Métodos

Para la elaboración de la presente revisión sistemática, se realizó una búsqueda bibliográfica en las bases de datos ¨PubMed¨, ¨Uptodate¨, ¨Clinicakey¨ y ¨Medline¨, en donde se empleó palabras claves para facilitar la búsqueda como ¨Síndrome metabólico¨, ¨Síndrome X¨, ¨Implicaciones clínicas del síndrome metabólico¨ ¨avances en el tratamiento del Síndrome metabólico¨, se revisaron alrededor de ochenta fuentes bibliográficas, de las cuales se seleccionaron artículos de gran implicancia clínica, con relevancia científica, que engloben los criterios diagnósticos, la fisiopatología, asociación con diferentes patologías y tratamiento.

Resultados

Definición y diagnóstico

El síndrome metabólico se define como un conjunto de anomalías metabólicas que incluyen obesidad central, obesidad visceral, resistencia a la insulina, hipertrigliceridemia, hipercolesterolemia, hipertensión arterial y concentraciones reducidas de colesterol de lipoproteínas de alta densidad (HDL).1 También se asocia con otras comorbilidades, incluido el estado proinflamatorio, el estado protrombótico, la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD), la enfermedad de cálculos biliares de colesterol y los trastornos reproductivos 22

Para el diagnóstico el Programa Nacional de Educación sobre el Colesterol ATP III, desarrollaron varias pautas en el 2001, las cuales se centraron explícitamente en el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) y no requerían evidencia de anomalías en la insulina o la glucosa, aunque la glucemia anormal es uno de los criterios 56. Los criterios del síndrome metabólico ATP III se actualizaron en 2005 en una declaración de la Asociación Americana del Corazón (AHA)/Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (NHLBI), los cuales definen el diagnóstico del síndrome metabólico como la presencia de cualquiera de los tres de los siguientes cinco rasgos:

  • Obesidad abdominal, definida como una circunferencia de cintura ≥102 cm (40 pulgadas) en hombres y ≥88 cm (35 pulgadas) en mujeres
  • Triglicéridos séricos ≥150 mg/dl (1,7 mmol/l) o tratamiento farmacológico para triglicéridos elevados
  • Colesterol de lipoproteínas de alta densidad (HDL) en suero <40 mg/dL (1 mmol/L) en hombres y <50 mg/dL (1,3 mmol/L) en mujeres o tratamiento farmacológico para el colesterol HDL bajo
  • Presión arterial ≥130/85 mmHg o tratamiento farmacológico para la presión arterial elevada
  • Glucosa plasmática en ayunas (FPG) ≥100 mg/dL (5,6 mmol/L) o tratamiento farmacológico para la glucemia elevada

En 2009, en un intento por armonizar los criterios utilizados para definir el síndrome metabólico, la Federación Internacional de Diabetes (FID) junto con varias organizaciones (incluidas la AHA, el NHLBI, la Federación Mundial del Corazón, la Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad y la Sociedad Internacional de Aterosclerosis), llegaron a un acuerdo: (1) no debería haber un componente obligatorio, pero la medida de la cintura seguiría siendo una herramienta útil de cribado preliminar; (2) tres hallazgos anormales de 5 calificarían a una persona para el síndrome metabólico; (3) se utilizará un solo conjunto de puntos de corte para todos los componentes excepto la circunferencia de la cintura, para la cual se requiere más trabajo; y (4) mientras tanto, se pueden usar puntos de corte nacionales o regionales para la circunferencia de la cintura. 2,3,4

Con la presencia de tres hallazgos anormales de 5, calificarían para el diagnóstico de síndrome metabólico:

  • Aumento de la circunferencia de la cintura, con puntos de corte de la circunferencia de la cintura específicos de la etnia [Tabla 1]
  • Triglicéridos ≥150 mg/dL (1,7 mmol/L) o tratamiento para triglicéridos elevados
  • Colesterol HDL <40 mg/dL (1,03 mmol/L) en hombres o <50 mg/dL (1,29 mmol/L) en mujeres, o tratamiento para HDL bajo
  • Presión arterial sistólica ≥130, presión arterial diastólica ≥85 o tratamiento para la hipertensión
  • FPG ≥100 mg/dL (5,6 mmol/L) o DM2 previamente diagnosticada; se recomienda una prueba de tolerancia a la glucosa oral para pacientes con glucosa plasmática en ayunas (GPA) elevada, pero no es obligatoria.

Prevalencia y factores de riesgo

Debido al uso de diferentes criterios para definir el síndrome metabólico en adultos, las tasas de prevalencia recopiladas de las encuestas epidemiológicas varían mucho de un país a otro, así como de una región a otra, incluso en el mismo país. Por lo tanto, es bastante difícil comparar las tasas de prevalencia informadas del síndrome metabólico en todo el mundo, así como los datos entre estudios debido a estos diferentes criterios de diagnóstico. 2

El peso como factor de riesgo: el aumento de peso corporal es un factor de riesgo importante para el síndrome metabólico. En NHANES III, el síndrome metabólico estaba presente en el 5% de las personas con peso normal, en el 22% de las personas con sobrepeso y en el 60% de las personas obesas 5 En la cohorte del Framingham Heart Study, un aumento de peso de 2,25 kg o más durante 16 años se asoció con un aumento del 21 al 45 % en el riesgo de desarrollar síndrome metabólico 6. Una circunferencia de cintura grande por sí sola identifica hasta el 46% de las personas que desarrollarán síndrome metabólico dentro de cinco años 7.

Algunas personas con peso normal tienen mayor riesgo de hipertensión arterial (HTA), ECV y diabetes 5,8, se desconoce si estos individuos representan un subfenotipo distinto del síndrome metabólico (es decir, «peso normal, obesidad metabólica»). En un estudio de asociación de todo el genoma que evaluó 19 variantes genéticas comunes asociadas con la resistencia a la insulina (definida por concentraciones elevadas de insulina en ayunas), se identificó un perfil metabólico consistente con una forma sutil genéticamente común de lipodistrofia en la población general 9. Estas 11 variantes genéticas se asociaron con mayores niveles de rasgos de riesgo metabólico, marcadores hepáticos, diabetes tipo 2 y enfermedad de las arterias coronarias, pero con un IMC más bajo y una mayor proporción de tejido adiposo visceral a subcutáneo. Estos datos sugieren que la reducción de la adiposidad subcutánea es un mecanismo que vincula los componentes del síndrome metabólico 4.

Otros factores de riesgo: además de la edad, la raza y el peso, otros factores asociados con un mayor riesgo de síndrome metabólico en NHANES incluyeron el estado posmenopáusico, el tabaquismo, los bajos ingresos familiares, la dieta alta en carbohidratos y la inactividad física 5,10. En el Framingham Heart Study, el consumo de refrescos y bebidas azucaradas también se asoció con un mayor riesgo de desarrollar rasgos metabólicos adversos y síndrome metabólico 11,12. El uso de medicamentos antipsicóticos atípicos, especialmente clozapina, aumenta significativamente el riesgo de síndrome metabólico 13. Los antecedentes de síndrome metabólico en los padres aumentan el riesgo, y los factores genéticos pueden representar hasta el 50 % de la variación en los niveles de los rasgos del síndrome metabólico en la descendencia 14-17.

Fisiopatología

El daño a los órganos diana se produce a través de múltiples mecanismos en el síndrome metabólico.

Obesidad, resistencia a la insulina, hiperglucemia y diabetes: el exceso de grasa visceral se asocia con una alta resistencia a la insulina. El tejido adiposo expandido más grande conduce a una mayor renovación de ácidos grasos libres (AGL), que se liberan en la circulación portal y se transportan al hígado, donde se almacenan como triglicéridos (la teoría portal del síndrome metabólico)58. Debido a la resistencia a la insulina, la insulina en sí misma no puede inhibir adecuadamente la lipólisis, lo que lleva a un mayor flujo de ácidos grasos libres que se liberan en la circulación plasmática 59

Se ha demostrado que la acción de la insulina hepática se ve afectada por el aumento del flujo de ácidos grasos libres 60. La resistencia a la insulina hepática y la abundancia de ácidos grasos libres conducen a un aumento de la gluconeogénesis que conduce a la hiperglucemia 61. La resistencia a la insulina en el tejido muscular también da como resultado una disminución de la eliminación de glucosa en la periferia. Con el tiempo, la célula beta pancreática se continúa descompensando debido a la mayor necesidad de insulina para vencer la resistencia, y el resultado es la diabetes tipo 2.

Resistencia a la insulina e HTA: la relación entre la resistencia a la insulina y la hipertensión ha sido bien establecida y es probable que sea multifactorial: parcialmente mediada por disfunción endotelial causada por la generación de especies reactivas de oxígeno mediada por ácidos grasos libres, activación del sistema nervioso simpático inducida por hiperinsulinemia y la inhibición del óxido nítrico sintasa y los efectos de las citocinas derivadas del tejido adiposo 60,62.

La hiperactividad del sistema renina-angiotensina-aldosterona se observa en la obesidad. La atención se ha centrado en el papel de la resistina y la leptina derivadas de los adipocitos y su contribución a la patogenia de la hipertensión en pacientes con resistencia a la insulina 63

Síndrome metabólico y desregulación de las adipocinas: el tejido adiposo es un órgano endocrino activo que secreta péptidos o proteínas bioactivas llamados adipocinas, fundamentales para la patogenia del síndrome metabólico. El aumento de la adiposidad se asocia con la sobreproducción de adipocinas con propiedades proinflamatorias, mientras que otras adipocinas con propiedades antiinflamatorias o sensibilizantes a la insulina disminuyen. La desregulación de las adipocinas desempeña un papel en los trastornos metabólicos y las enfermedades cardiovasculares relacionados con la obesidad 64. Las adipocinas nocivas que se producen en exceso en la obesidad incluyen el factor de necrosis tumoral alfa (TNF alfa), la interleucina 6 (IL-6), la proteína 1 quimioatrayente de monocitos, el factor 1 de activación del plasminógeno, el angiotensinógeno, la proteína 4 de unión al retinol y la proteína de unión a los ácidos grasos de los adipocitos 64. Las adipoquinas beneficiosas desreguladas en la obesidad incluyen leptina, adiponectina, apelina, resistina y visfatina 64,65.

Síndrome metabólico e inflamación: varios estudios han demostrado una relación entre la obesidad, la inflamación crónica y el síndrome metabólico 63. El síndrome metabólico se asocia con un estado inflamatorio elevado 67. Esto se evidencia por la presencia de concentraciones elevadas de moléculas inflamatorias que incluyen proteína C reactiva, TNF alfa, resistina plasmática, IL-6 e IL-1868, en consonancia con el aumento de la masa de tejido adiposo característico del síndrome metabólico. Como se observa en la obesidad, los niveles de la adiponectina antiinflamatoria adipocina están deprimidos en el síndrome metabólico 69. A medida que aumenta la cantidad de componentes del síndrome metabólico que presenta un individuo, los marcadores inflamatorios, incluida la proteína C reactiva, el TNF alfa, la IL-18 y la actividad del inhibidor del activador del plasminógeno 1 también aumentan 70-73.

Un tejido adiposo visceral funciona como un órgano paracrino y endocrino, secretando una serie de adipocinas, algunas de las cuales son proinflamatorias y aterogénicas, como la leptina, el TNF alfa, la resistina, la IL-6 y la proteína 4 de unión a ácidos grasos y otros, que tienen efectos antiinflamatorios y protectores como la adiponectina 74.

En los pacientes con SM, los niveles séricos de adiponectina están disminuidos, mientras que las citocinas proinflamatorias están elevadas. La desregulación de las adipoquinas como biomarcadores del metabolismo del tejido adiposo juega un papel esencial en todas las enfermedades relacionadas con la obesidad 74. La secreción de adipocinas se ve alterada por el aumento del tejido adiposo visceral, lo que conduce a un estado inflamatorio crónico de bajo grado mediado por la infiltración de macrófagos en el propio tejido adiposo.

Los macrófagos desempeñan un papel importante en la función secretora del tejido adiposo y representan la principal fuente de citocinas inflamatorias, como el TNF alfa y la IL-6. Un aumento en los niveles circulantes de estos factores inflamatorios derivados de los macrófagos en la obesidad conduce a una enfermedad crónica, estado inflamatorio de bajo grado que se ha relacionado con el desarrollo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2 75.

Implicaciones clínicas

El síndrome metabólico es un factor de riesgo importante para el desarrollo posterior de diabetes tipo 2 y/o enfermedad cardiovascular (ECV). Por lo tanto, la implicación clínica clave de un diagnóstico de síndrome metabólico es la identificación de un paciente que necesita una modificación agresiva del estilo de vida centrada en la reducción de peso y el aumento de la actividad física 18.19,20.

Identificación de pacientes con alto riesgo metabólico: los proveedores de atención médica deben evaluar el riesgo metabólico de las personas en las visitas clínicas de rutina. Las guías clínicas de la Endocrine Society sugieren una evaluación a intervalos de tres años en individuos con uno o más factores de riesgo 21 La evaluación debe incluir la medición de la presión arterial, la circunferencia de la cintura, el perfil de lípidos en ayunas y la glucosa en ayunas 4.

En pacientes identificados con síndrome metabólico, se justifica una intervención agresiva en el estilo de vida (reducción de peso, actividad física) para reducir los riesgos de diabetes tipo 2 y ECV. La evaluación del riesgo de enfermedades cardiovasculares (CVD) a 10 años, utilizando un algoritmo de evaluación de riesgos, como la puntuación de riesgo de Framingham o la evaluación sistemática de riesgo coronario (SCORE), es útil para identificar a las personas con intervención médica para reducir la presión arterial y el colesterol 4.

Riesgo de diabetes tipo 2: los estudios observacionales prospectivos demuestran una fuerte asociación entre el síndrome metabólico y el riesgo de desarrollo posterior de diabetes tipo 2, ya que el SM se asocia con un riesgo aproximadamente cinco veces superior para el desarrollo de diabetes, especialmente en presencia de obesidad 4,36.

Riesgo de enfermedad cardiovascular: Todos los estudios epidemiológicos refieren aumento del riesgo cardiovascular en el SM que aproximadamente es entre 1,5 y 3 veces superior al de la población general, el mayor riesgo parece estar relacionado con la acumulación de factores de riesgo o la resistencia a la insulina asociada con el síndrome metabólico y no simplemente con la obesidad, ya que no todas las personas con obesidad moderada tienen el mismo riesgo de desarrollar ECV o diabetes; los riesgos difieren en función de la sensibilidad a la insulina, siendo los individuos resistentes a la insulina los de mayor riesgo 4,36.

Enfermedad del hígado graso con esteatosis, fibrosis y cirrosis: El SM se asocia de forma muy frecuente con la acumulación de grasa en el hígado con o sin esteatohepatitis. La prevalencia de esteatosis hepática en el SM se sitúa en torno al 55-70% de los casos y algunos autores lo consideran una de sus manifestaciones más características. La esteatosis hepática guarda relación con el riesgo cardiovascular, incluso ajustando por otros factores de riesgo, y suele acompañarse de elevaciones en las enzimas gamma glutamil transferasa y alanina aminotransferasa. La transformación a esteatohepatitis y cirrosis hepática desde una esteatosis no alcohólica es una posibilidad poco frecuente, pero potencialmente muy importante 36.

Enfermedad renal crónica: (ERC; definida como una tasa de filtración glomerular inferior a 60 ml/min por 1,73 m 2) y microalbuminuria. En un informe de NHANES III, el síndrome metabólico en el análisis multivariante aumentó significativamente el riesgo de ERC y microalbuminuria 37 El síndrome metabólico asocia un aumento de la grasa visceral que también incluye la grasa renal. Este aumento del tejido adiposo renal se acompaña de proliferación microvascular, aumento de la filtración glomerular, proliferación celular y fibrosis. Los sujetos con SM tienen con mayor frecuencia enfermedad renal crónica subclínica, y el síndrome metabólico empeora el pronóstico de los sujetos con enfermedad renal crónica 34.

Síndrome del ovario poliquístico: La mayor parte de las mujeres con ovario poliquístico tienen obesidad o sobrepeso, y una elevada prevalencia de hipertensión arterial, resistencia a la insulina, hipertrigliceridemia y colesterol HDL bajo. Por tanto, una gran parte de estas mujeres cumplen los criterios diagnósticos del síndrome metabólico que llega hasta el 50% en algunas series. La pérdida de peso en estas mujeres mejora sus ciclos menstruales y su fertilidad, y también mejoran todos los componentes del SM. La asociación entre SM y ovario poliquístico es compleja, ya que las mujeres con ovario poliquístico en la juventud y sin criterios de SM, desarrollan con el tiempo un SM, lo que indica que existe una asociación patogénica de ambas entidades 38

Síndrome de apnea del sueño: Está bien demostrado que la disnea obstructiva del sueño se asocia con el sobrepeso, la resistencia a la insulina, la dislipidemia aterogénica, la hipertensión arterial y un mayor riesgo cardiovascular. La asociación es mayor de lo esperado tras ajustar por índice de masa corporal (IMC), por lo que posiblemente el síndrome de apnea del sueño (SAS) tenga una relación causal con el síndrome metabólico, posiblemente por la elevación en ácidos grasos libres, la disfunción ventricular izquierda y la hipertensión que asocia. Una prueba de la asociación independiente es que el tratamiento con presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) mejora los componentes metabólicos y hemodinámicos del SM 39

Terapia

En 2001, el Adult Treatment Panel III (ATP III) recomendó dos objetivos terapéuticos principales en pacientes con síndrome metabólico. Estos objetivos fueron reforzados por un informe de la Asociación Americana del Corazón (AHA) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y por las guías clínicas de la Endocrine Society40 [tabla 2]:

  • Tratar las causas subyacentes (sobrepeso/obesidad e inactividad física) intensificando el control del peso y aumentando la actividad física
  • Tratar los factores de riesgo cardiovascular si persisten a pesar de la modificación del estilo de vida

Modificación del estilo de vida: la modificación agresiva del estilo de vida centrada en la reducción de peso y el aumento de la actividad física es la terapia principal para el tratamiento del síndrome metabólico 41. La importancia del control del peso en la prevención de la progresión de los componentes del síndrome metabólico se ilustra en el estudio Coronary Artery Risk Development in Young Adults (CARDIA). En este estudio observacional de 5115 adultos jóvenes (de 18 a 30 años), el aumento del índice de masa corporal (IMC) durante 15 años se asoció con una progresión adversa de los componentes del síndrome metabólico en comparación con los adultos jóvenes que mantuvieron un IMC estable durante el período de estudio, independientemente de IMC basal 42. La reducción de peso se logra de manera óptima con un enfoque multimodal que incluye dieta, ejercicio y posible terapia farmacológica.

Dieta: se han recomendado varios enfoques dietéticos para el tratamiento del síndrome metabólico. La mayoría de los pacientes con síndrome metabólico tienen sobrepeso, por lo tanto, la reducción de peso, tiene un gran beneficio para el tratamiento de todos los componentes del síndrome metabólico, incluida la adiposidad excesiva, la dislipidemia, la hipertensión, la resistencia a la insulina y la hiperglucemia. Aunque cada caso debe tratarse individualmente, es importante recomendar una dieta saludable baja en calorías totales, colesterol, grasas saturadas y sodio, así como alta en grasas insaturadas, carbohidratos complejos y fibra 44,45,46.

Por el contrario, los carbohidratos simples, especialmente los carbohidratos refinados, como los azúcares agregados, deben limitarse, ya que elevan rápidamente los niveles de glucosa en sangre y aumentan el riesgo de resistencia a la insulina. Por ejemplo, los alimentos con un índice glucémico bajo pueden mejorar los componentes del síndrome metabólico, es decir, la hiperlipidemia y la hiperglucemia, mientras que los alimentos con un índice glucémico alto pueden aumentar el riesgo de resistencia a la insulina y síndrome metabólico 47

Es muy probable que una dieta rica en ácidos grasos insaturados y baja en ácidos grasos saturados mejore la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de los lípidos y las lipoproteínas en plasma 48

El estudio Dietary Approaches to Stop Hypertension, indica que una menor ingesta de sodio reduce la presión arterial en personas con hipertensión leve o moderada, además que la restricción de sodio puede estar asociada con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular e insuficiencia cardíaca congestiva. Por lo tanto, se recomienda enfáticamente que se administre restricción de sodio o dieta baja en sodio a niños y adolescentes, especialmente a jóvenes obesos. Este es un paso clave para la prevención y el tratamiento de la hipertensión, un componente importante del síndrome metabólico 49

Ejercicio: puede ser beneficioso más allá de su efecto sobre la pérdida de peso al eliminar de forma más selectiva la grasa abdominal, al menos en las mujeres. La recomendación de ejercicio aeróbico estándar es un mínimo diario de 30 minutos de actividad física de intensidad moderada (como caminar a paso ligero)50, se ha demostrado que una mayor aptitud cardiorrespiratoria y una actividad física intensa mejoran el metabolismo de la glucosa y la sensibilidad a la insulina y reducen la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, así como el riesgo de diabetes tipo 2, NAFLD y NASH 51

Debido a que no hay artículos publicados que informen ensayos controlados aleatorios doble ciego sobre el tratamiento del síndrome metabólico, actualmente no hay guías o recomendaciones específicas disponibles para tratar el síndrome metabólico 52. Las estrategias terapéuticas actualmente disponibles se centran principalmente en el tratamiento de los componentes individuales del síndrome metabólico, con los objetivos generales de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2 o prevenirlas 53.

Prevención de la diabetes tipo 2: los ensayos clínicos han demostrado que las modificaciones en el estilo de vida pueden reducir sustancialmente el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y los niveles de factores de riesgo de CVD en pacientes con mayor riesgo 4. Con el fin de identificar a las personas que son candidatas adecuadas para las intervenciones preventivas, medimos la hemoglobina glucosilada (A1C) o la glucosa plasmática en ayunas (FPG) en adultos ≥45 años, en mujeres con antecedentes de diabetes gestacional y en adultos de cualquier edad con índice de masa corporal (IMC) ≥25 kg/m 2 (≥23 kg/m 2 en asiático-americanos) que tienen uno o más factores de riesgo adicionales para la diabetes como:

  • Antecedentes familiares de diabetes mellitus en un familiar de primer grado
  • Raza/origen étnico de alto riesgo (p. ej., ascendencia africana, latina, asiática o nativa americana)
  • Estilo de vida sedentario
  • HTA
  • dislipidemia
  • Historia de enfermedad cardiovascular
  • Síndrome de ovario poliquístico

La modificación del estilo de vida en todos los pacientes debe contar con un programa integral de modificación del estilo de vida que incluya:

  • Modificación de comportamiento
  • Terapia dietética
  • Actividad física
  • Dejar de fumar

El objetivo de la intervención en el estilo de vida es la pérdida de peso con el retorno a la glucemia normal. Sin embargo, en quienes las intervenciones en el estilo de vida no logran mejorar los índices glucémicos, se sugiere el uso de metformina para la prevención de la diabetes (850 mg una vez al día durante un mes; si lo tolera, aumente a 850 mg dos veces al día)54

Reducción del riesgo cardiovascular: la reversión del síndrome metabólico puede estar asociada con una reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular. Las directrices recomiendan la reducción de los factores de riesgo de ECV que componen el síndrome metabólico, incluido el tratamiento de la hipertensión, la mejora del control glucémico en pacientes con diabetes y la reducción del colesterol sérico 55. El control de la hipertensión es importante en pacientes con diabetes mellitus. La presión arterial objetivo puede ser algo más baja que la de la población general y varía con la presencia o ausencia de nefropatía diabética con proteinuria, aún existen datos contradictorios sobre si los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ACE) o los bloqueadores de los receptores de angiotensina II (BRA) utilizados para tratar la hipertensión en la diabetes tipo 2 también pueden ayudar a reducir la resistencia a la insulina 4.

Reducción de lípidos: el ATP III recomendó un nivel de LDL sérico objetivo de menos de 100 mg/dL (2,6 mmol/L) para la prevención secundaria en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 56, y estudios posteriores han sugerido una reducción más agresiva de menos de 80 mg/dL (2,1 mmol/L) con un régimen que incluye la administración de una estatina 4. Tratamiento de pacientes con enfermedad coronaria conocida y SM con atorvastatina 80 mg, en comparación con 10 mg de atorvastatina, disminuyó la tasa de eventos cardiovasculares importantes a los cinco años (9,5 frente a 13 %, cociente de riesgos instantáneos [HR] 0,71, IC del 95 %: 0,61-0,84)57.

Conclusiones

  • El síndrome metabólico se define como la coexistencia de factores de riesgo metabólicos tanto para la diabetes mellitus tipo 2 (DM2), como para la enfermedad cardiovascular (ECV) (obesidad abdominal, dislipidemia, hiperglucemia, e hipertensión). Hay varios criterios para el síndrome metabólico entre los más usados El Panel de Tratamiento de Adultos III (ATP III) del Programa Nacional de Educación sobre el Colesterol (NCEP) y los criterios de la Federación Internacional de Diabetes (FID).
  • El síndrome metabólico es un factor de riesgo importante para el desarrollo posterior de diabetes mellitus tipo 2 y/o CVD. Por lo tanto, la implicación clínica clave de un diagnóstico de síndrome metabólico es la identificación de un paciente que requiere modificación agresiva del estilo de vida centrada en la reducción de peso, dieta y el aumento de la actividad física.
  • Las intervenciones en el estilo de vida y otros tratamientos no farmacológicos a menudo se consideran la primera opción, pero dichas intervenciones tienen resultados variables, las cuales podrían mejorar significativamente la resistencia a la insulina, la presión arterial y el metabolismo de los lípidos y lipoproteínas en plasma. El tratamiento farmacológico parece tener una eficacia modesta. Sin embargo, cuando se combina con intervenciones en el estilo de vida, se asocia con más efectos adversos que las intervenciones en el estilo de vida solas.

Anexos – Síndrome metabólico, enfoque clínico y terapéutico. Revisión bibliográfica.pdf

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