El silencio terapéutico: influencia de las pausas comunicativas en la relación enfermera-paciente

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 791

Autor principal (primer firmante): Ana Julian Martinez

Fecha recepción: 24/07/2026

Fecha aceptación: 20/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 791

Autores:

Ana Julian Martinez- Enfermera especialista familiar y comunitaria

Ana Mañas Bernad- Enfermera especialista familiar y comunitaria

María del Mar Bueso Alberdi- TCAE

M. Carmen Sanchez Sanchez- Enfermera especialista familiar y comunitaria

Beatriz Villar Brun- Enfermera

Alba María Maldonado Calvo- Fisioterapeuta

Palabras clave:

Silencio terapéutico; comunicación enfermera-paciente; relación terapéutica; escucha activa; cuidados humanizados; Enfermería.

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Resumen

La comunicación constituye una herramienta esencial en la práctica enfermera y no se limita únicamente al intercambio verbal. El silencio terapéutico, entendido como una pausa intencionada y respetuosa durante la interacción asistencial, puede favorecer la expresión emocional, aumentar la confianza y fortalecer la relación entre el profesional y el paciente. Sin embargo, su utilización continúa siendo poco estudiada y, en ocasiones, genera incomodidad tanto en los profesionales como en las personas atendidas.

El objetivo de este trabajo es analizar la influencia del silencio terapéutico en la relación enfermera-paciente y revisar las principales aportaciones de la literatura científica sobre su aplicación en distintos contextos asistenciales. Los resultados muestran que las pausas comunicativas, cuando se emplean de forma adecuada, favorecen la escucha activa, mejoran la calidad de los cuidados y contribuyen a una atención más humana y centrada en la persona.

Introducción

La comunicación es uno de los pilares fundamentales de la Enfermería. A través de ella se establece la relación terapéutica, se transmiten conocimientos y se identifican las necesidades físicas y emocionales del paciente. Tradicionalmente, la comunicación se ha asociado a la palabra y a la capacidad del profesional para ofrecer información o apoyo verbal. Sin embargo, existen otros elementos igualmente importantes que intervienen en el proceso comunicativo, entre ellos el silencio.

En el ámbito sanitario, el silencio suele interpretarse como una ausencia de comunicación o como un momento incómodo que debe ser llenado rápidamente. No obstante, diversas investigaciones han puesto de manifiesto que las pausas comunicativas pueden tener un gran valor terapéutico. Permanecer en silencio de manera consciente y respetuosa permite al paciente organizar sus pensamientos, expresar emociones difíciles y sentirse escuchado sin ser interrumpido.

El silencio terapéutico adquiere especial relevancia en situaciones de sufrimiento, enfermedad crónica, procesos oncológicos o cuidados al final de la vida, donde las palabras no siempre son suficientes para acompañar a la persona. En estos contextos, la presencia y la escucha pueden resultar más significativas que cualquier explicación.

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Por ello, comprender el papel del silencio como herramienta de cuidado puede contribuir a mejorar la práctica enfermera y a fortalecer la relación con los pacientes.

Desarrollo

El silencio terapéutico puede definirse como una pausa deliberada dentro de la comunicación asistencial que tiene como finalidad favorecer la expresión del paciente y reforzar la relación de ayuda. A diferencia del silencio derivado de la falta de interés o de conocimientos, este tipo de silencio implica atención, empatía y disponibilidad emocional.

Diversos autores coinciden en señalar que las pausas comunicativas ofrecen al paciente un espacio para reflexionar y expresar sentimientos que, en ocasiones, resultarían difíciles de verbalizar de manera inmediata. El profesional de Enfermería, al evitar interrupciones innecesarias, transmite respeto por el ritmo de la persona y reconoce la importancia de su experiencia.

En la práctica clínica, el silencio terapéutico puede utilizarse en situaciones muy diversas. Por ejemplo, durante la comunicación de un diagnóstico complejo, tras la expresión de emociones intensas o cuando el paciente necesita tiempo para tomar decisiones relacionadas con su tratamiento. En estos momentos, la tendencia natural puede ser ofrecer consejos o buscar rápidamente palabras de consuelo. Sin embargo, permanecer presente y acompañar desde el silencio puede resultar más beneficioso.

Los estudios revisados indican que los pacientes suelen valorar positivamente aquellas interacciones en las que se sienten escuchados y comprendidos. El silencio, acompañado de una actitud abierta y de una comunicación no verbal adecuada, favorece la creación de un clima de confianza y seguridad. Asimismo, permite al profesional obtener una comprensión más profunda de las preocupaciones y necesidades de la persona atendida.

No obstante, el uso del silencio también presenta dificultades. Muchos profesionales manifiestan sentirse incómodos ante las pausas prolongadas o interpretan el silencio del paciente como una señal de rechazo o falta de colaboración. Esta percepción puede llevar a interrumpir prematuramente la conversación o a proporcionar información excesiva, dificultando la expresión emocional.

Por ello, distintos autores destacan la importancia de incorporar la formación en habilidades comunicativas durante la educación de los profesionales de Enfermería. Aprender a tolerar el silencio, reconocer su significado y utilizarlo de forma adecuada puede mejorar la calidad de la relación terapéutica y favorecer unos cuidados más humanizados.

Además, el silencio terapéutico debe entenderse como una herramienta flexible y adaptada a cada situación. No todos los pacientes viven las pausas de la misma manera ni todas las circunstancias requieren la misma actitud por parte del profesional. La sensibilidad, la experiencia clínica y la capacidad de observación resultan esenciales para determinar cuándo el silencio puede ser beneficioso y cuándo es necesario intervenir verbalmente.

En una sociedad caracterizada por la rapidez y la necesidad constante de respuestas, recuperar el valor del silencio supone reconocer que cuidar también implica saber esperar, acompañar y estar presente.

Conclusiones

El silencio terapéutico constituye una herramienta de comunicación con gran potencial en la práctica enfermera. Lejos de representar una ausencia de interacción, las pausas comunicativas pueden facilitar la expresión emocional, fortalecer la confianza y favorecer una atención centrada en las necesidades de la persona.

La evidencia disponible sugiere que el uso consciente del silencio mejora la calidad de la relación enfermera-paciente y contribuye a humanizar los cuidados. No obstante, su aplicación requiere formación, sensibilidad y capacidad para adaptarse a las características individuales de cada situación.

Promover el desarrollo de competencias comunicativas que incluyan el manejo adecuado del silencio puede ayudar a los profesionales de Enfermería a ofrecer una atención más cercana, respetuosa y eficaz. En definitiva, aprender a escuchar también significa aprender a valorar aquellos momentos en los que las palabras dejan paso a la presencia y al acompañamiento.

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