Medicina y mujer: el sesgo de género en la atención sanitaria

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VII. Nº 1–Enero 2024. Pág. Inicial: Vol. VII; nº 1: 180

Autor principal (primer firmante): Nuey Alba Montero Sanz

Fecha recepción: 13/12/2023

Fecha aceptación: 09/01/2024

Ref.: Ocronos. 2024;7(1): 180

Autores:

Nuey Alba Montero Sanz (TCAE)

Francisco Delgado Quintana (Celador)

Publica TFG cuadrado 1200 x 1200

Carlos Enrique Rastrero (Celador)

Irene Figuer Enciso (Fisioterapeuta)

Natalia Ortiz Martínez (TCAE)

Diego Jeria Ordóñez (Enfermero)

Resumen

La investigación y la atención médicas están atravesadas por el discurso del heteropatriarcado, de la misma manera que lo están los demás ámbitos de la vida. Una Medicina ética y justa con todas las personas debería estar basada en la evidencia.

Sin embargo, la investigación clínica y la atención sanitaria sufren la influencia de la mirada androcéntrica por la que está construido el mundo. Es decir, que se toma al varón como medida de todas las cosas y la mujer es tenida en cuenta como una variación del mismo.

Esto se traduce, en términos médicos, en que el sujeto clínico objeto de estudio y de atención es el hombre y no la mujer. De manera que los diagnósticos, los tratamientos y la inversión en investigación se realizan en función de las particularidades masculinas, invisibilizando o infravalorando las problemáticas de las mujeres (tanto las específicamente femeninas, como las compartidas con los hombres si se presentan en cuerpos femeninos).

publica-articulo-revista-ocronos

Palabras clave

Medicina, mujeres, sesgo de género, feminismo.

Introducción

Hasta la década de los años 70 la perspectiva de género en Medicina era ninguneada; no fue hasta entrados los años 80 cuando se empezó a constatar y aceptar cuestiones como el retraso en el diagnóstico de patologías en mujeres con respecto a los hombres.

Actualmente hay diversos estudios que demuestran cómo la Medicina atiende con menor atención a mujeres que a hombres, así como la invalidación de su dolor alegando somatización.

También se dedica menor esfuerzo a diagnosticar sus enfermedades, argumentando con demasiada frecuencia que se trata simplemente de ansiedad o estrés.

Discusión

En concreto, la perspectiva de género en Medicina demuestra a través de diversos estudios que a las mujeres no se les ha tenido en cuenta como objeto de estudio en los ensayos clínicos (ni siquiera en aquellos que tenían que ver con cuestiones específicamente femeninas). Los diagnósticos en mujeres tienden a ser más genéricos, alegando ansiedad, estrés o somatizaciones, sin tratar de ir más allá en la búsqueda.

La sintomatología tenida en cuenta ha sido y es, generalmente, la del hombre, pero se ha empezado a demostrar, como en el caso del infarto de miocardio, que los síntomas son diferentes en las mujeres. La prevalencia de enfermedades por sexos, la respuesta al tratamiento o la edad de inicio de la enfermedad también son cuestiones en los que no se ha marcado la diferencia entre ambos sexos.

Otros estudios refieren, además, que en la atención sanitaria se da una minimización o deslegitimación de las problemáticas específicamente femeninas y se constata un retraso en el diagnóstico de patologías, así como en la aplicación del tratamiento, cuando el paciente es una mujer.

Sin ir más lejos, hay estudios que han denunciado que las vacunas contra el COVID-19 podrían estar desregulando los procesos menstruales de algunas mujeres, sin que ello se haya tenido en cuenta a la hora de crear el inmunógeno.

El sesgo de género en la atención médica se hace patente también en la medicalización rutinaria de las pacientes. En muchas ocasiones se les recetan antidepresivos o ansiolíticos, cuando la causa que genera su malestar tiene que ver con condiciones sociopolíticas y estructurales: precariedad feminizada, monomarentalidad, doble jornada laboral, etc.

Otro aspecto en el que se evidencia este sesgo de género es en el uso de técnicas de dudosa efectividad o beneficio en procesos fisiológicos de las mujeres; hablamos de la instrumentalización y el excesivo intervencionismo durante el parto (cesáreas y episiotomías no justificadas, uso de la maniobra de Kristeller) o de la práctica injustificada de histerectomías.

Dos ámbitos que resultan paradigmáticos son el manejo de la sintomatología de la angina de pecho, por un lado. En estos casos, se ha demostrado que en mujeres se realizan las intervenciones de manera más tardía y con menor intensidad terapéutica, a pesar de ser esta la primera causa de mortalidad entre la población femenina.

Otro caso paradigmático es el de las patologías coronarias. En un estudio realizado tomando como muestra a hombres y a mujeres se demostró que, ante similar sintomatología e intensidad del dolor torácico, se diagnosticó antes a los varones que a las mujeres; además, a los hombres se les prescribió tratamiento farmacológico con mayor celeridad y de manera más específica que a las mujeres.

Conclusión

La Medicina debería atender a las diferencias y particularidades que se dan entre los cuerpos y la fisiología femeninos y masculinos. Solo así se podrá ofrecer una atención sanitaria ajustada y justa para todas las personas -hombres y mujeres por igual-.

Esto supone ofrecer una mirada feminista y alejada del androcentrismo imperante. Y, aunque es cierto que en España ha habido cambios y algunas voces científicas están señalando este abordaje injusto y sesgado, esto no se traduce todavía en políticas públicas ni en formación para que los profesionales sanitarios tengan conciencia de este sesgo de género.

Bibliografía

  1.   Fundación Dr. Antoni Esteve. https://www.esteve.org/capitulos/perspec tiva-de-genero-en- Medicina/
  2.   Revista Cuadernos de psicosomática y psiquiatría de enlace. https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/406 247
  3.   Newtral. https://www.newtral.es/sesgo-de-genero-M edicina-mujeres-salud/20210912/