Seguimiento clínico del hígado graso no alcohólico (HGNA)

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 22

Autor principal (primer firmante): Zoila Del Carmen Fajardo López

Fecha recepción: 03/08/2026

Fecha aceptación: 30/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 22

Autores:

  1. Zoila del Carmen Fajardo López
  2. Erica Morago Fuentes
  3. María Elena Morago Fuentes
  4. Héctor Yarza Ibarzo
  5. Jair Ruben Arapa Ale
  6. María Isabel Paz Rodríguez

Categoría:

Enfermería, TCAE, TSIDMN, Celador, Administrativo, Farmacia, Telefonista, Conductor, Servicios generales.

Palabras clave:

Hígado, envejecimiento, cambios, sistema digestivo.

Introducción

El seguimiento clínico del hígado graso no alcohólico (HGNA), actualmente denominado enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), constituye un componente esencial del manejo integral de esta enfermedad. Su objetivo principal es evaluar la evolución del daño hepático, identificar de forma precoz la progresión hacia fibrosis, cirrosis o carcinoma hepatocelular, controlar los factores de riesgo metabólicos asociados y valorar la respuesta al tratamiento instaurado. Debido a que el HGNA suele presentar una evolución lenta y frecuentemente asintomática, el seguimiento periódico permite detectar cambios clínicos antes de que aparezcan complicaciones irreversibles.

Desarrollo

El HGNA representa una enfermedad dinámica. Algunos pacientes permanecen estables durante muchos años, mientras que otros experimentan una progresión progresiva desde la esteatosis simple hasta la esteatohepatitis, fibrosis avanzada y cirrosis. Esta variabilidad hace imprescindible individualizar el seguimiento según las características de cada paciente y el grado de afectación hepática.

El primer aspecto del seguimiento consiste en la valoración clínica periódica. En cada consulta debe actualizarse la historia clínica, registrando cambios en el peso corporal, hábitos alimentarios, actividad física, consumo de alcohol, adherencia al tratamiento y aparición de nuevos síntomas. La presencia de cansancio persistente, dolor abdominal, edema, ictericia, ascitis o alteraciones cognitivas puede indicar progresión de la enfermedad hacia estadios más avanzados.

La exploración física también forma parte del seguimiento rutinario. Deben evaluarse el peso, el índice de masa corporal, el perímetro abdominal y la presión arterial. La disminución del peso corporal constituye uno de los principales indicadores de respuesta favorable al tratamiento, mientras que el aumento del perímetro abdominal puede sugerir persistencia de adiposidad visceral y resistencia a la insulina.

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En pacientes con enfermedad avanzada, la exploración física permite detectar signos de hipertensión portal o insuficiencia hepática, como hepatomegalia, esplenomegalia, ascitis, circulación colateral abdominal, edema de miembros inferiores o ictericia.

El control periódico de los factores metabólicos representa uno de los pilares del seguimiento clínico. La mayoría de los pacientes con HGNA presenta obesidad, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemia o síndrome metabólico. Estas enfermedades no solo favorecen la progresión del daño hepático, sino que también incrementan considerablemente el riesgo cardiovascular.

En cada revisión deben valorarse las cifras de glucemia, hemoglobina glucosilada, perfil lipídico y presión arterial. Asimismo, resulta importante reforzar las recomendaciones relacionadas con la alimentación saludable, el ejercicio físico y la pérdida progresiva de peso.

Las pruebas de laboratorio constituyen otra herramienta fundamental durante el seguimiento. Habitualmente se solicitan alanina aminotransferasa (ALT), aspartato aminotransferasa (AST), gamma-glutamil transferasa (GGT), fosfatasa alcalina, bilirrubina, albúmina, tiempo de protrombina y hemograma.

Aunque la normalización de las transaminasas puede reflejar mejoría del proceso inflamatorio, es importante recordar que algunos pacientes desarrollan fibrosis significativa con valores normales de enzimas hepáticas. Por este motivo, los resultados analíticos siempre deben interpretarse junto con el resto de las pruebas diagnósticas.

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El hemograma también aporta información relevante. La disminución progresiva del número de plaquetas puede constituir un marcador indirecto del desarrollo de hipertensión portal secundaria a fibrosis avanzada o cirrosis.

La albúmina sérica y el tiempo de protrombina permiten valorar la función sintética del hígado. Su alteración puede indicar deterioro funcional y evolución hacia insuficiencia hepática.

Uno de los aspectos más importantes del seguimiento actual consiste en la evaluación periódica de la fibrosis hepática. Numerosos estudios han demostrado que el grado de fibrosis constituye el principal factor pronóstico del HGNA, incluso por encima del grado de esteatosis.

Para ello se emplean inicialmente métodos no invasivos basados en parámetros clínicos y analíticos. Entre los más utilizados se encuentran el índice FIB-4 y el NAFLD Fibrosis Score. Estas herramientas permiten clasificar a los pacientes según su probabilidad de presentar fibrosis avanzada y seleccionar aquellos que requieren estudios adicionales.

En pacientes con resultados de bajo riesgo, puede mantenerse un seguimiento periódico en atención primaria con reevaluaciones cada uno o dos años, dependiendo de la presencia de factores metabólicos y de la evolución clínica.

Cuando existe riesgo intermedio o elevado de fibrosis, se recomienda realizar pruebas complementarias mediante elastografía hepática. La elastografía de transición, ampliamente utilizada en la práctica clínica, permite estimar la rigidez del tejido hepático de forma rápida, indolora y no invasiva.

La elastografía puede repetirse periódicamente para monitorizar la progresión o regresión de la fibrosis. Un aumento progresivo de la rigidez hepática puede indicar empeoramiento de la enfermedad, mientras que una disminución puede reflejar respuesta favorable al tratamiento.

En algunos centros también se utilizan técnicas avanzadas de elastografía por resonancia magnética, especialmente en pacientes con obesidad importante o cuando los resultados de otras pruebas son poco concluyentes.

La ecografía abdominal forma parte del seguimiento habitual de muchos pacientes con HGNA. Aunque su sensibilidad para detectar cambios pequeños en el contenido de grasa es limitada, resulta útil para identificar alteraciones estructurales, hepatomegalia, signos de hipertensión portal o lesiones focales hepáticas.

En pacientes con cirrosis establecida, la vigilancia ecográfica adquiere especial importancia debido al riesgo de desarrollar carcinoma hepatocelular. Las guías internacionales recomiendan realizar ecografía abdominal cada seis meses para favorecer la detección precoz de tumores susceptibles de tratamiento curativo.

En algunos casos, la ecografía se complementa con la determinación de alfa-fetoproteína como marcador tumoral, aunque actualmente este biomarcador posee menor sensibilidad y especificidad que las técnicas de imagen.

Los pacientes con fibrosis avanzada o cirrosis también requieren vigilancia de las complicaciones derivadas de la hipertensión portal. La realización de endoscopia digestiva alta permite detectar várices esofágicas o gástricas con riesgo de hemorragia y establecer medidas preventivas cuando sea necesario.

Otro aspecto importante del seguimiento es la valoración continua de la respuesta terapéutica. La reducción del peso corporal, la mejoría del perfil metabólico y la estabilización de la fibrosis constituyen indicadores de evolución favorable.

El seguimiento nutricional desempeña un papel esencial. El apoyo por parte de nutricionistas especializados facilita la adherencia a la dieta mediterránea y ayuda a mantener una pérdida de peso sostenida a largo plazo. La recuperación del peso perdido constituye una de las principales causas de recaída de la enfermedad.

Asimismo, el seguimiento de la actividad física permite reforzar la importancia del ejercicio regular. La combinación de ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza ha demostrado mejores resultados sobre la sensibilidad a la insulina y la reducción de la grasa hepática que cualquiera de estas modalidades por separado.

En pacientes tratados con medicamentos específicos para la diabetes, la obesidad o la esteatohepatitis, es necesario monitorizar tanto la eficacia como la aparición de posibles efectos adversos. La evaluación periódica permite ajustar las dosis o modificar el tratamiento cuando sea necesario.

El seguimiento también debe centrarse en la prevención cardiovascular. La enfermedad cardiovascular representa la principal causa de mortalidad en pacientes con HGNA. Por ello, resulta imprescindible controlar de forma intensiva la hipertensión arterial, la diabetes, la dislipidemia y el tabaquismo.

Los pacientes con alto riesgo cardiovascular pueden requerir valoración por cardiología para realizar estudios adicionales que permitan detectar enfermedad aterosclerótica subclínica.

La educación sanitaria constituye otro componente fundamental del seguimiento clínico. El paciente debe comprender la naturaleza crónica de la enfermedad y la importancia de mantener de forma permanente hábitos saludables. La adherencia al tratamiento depende en gran medida del conocimiento de la enfermedad y de la participación activa del paciente en su propio cuidado.

Durante las consultas también deben reforzarse las recomendaciones sobre reducción del consumo de alcohol, abandono del tabaco, vacunación frente a hepatitis A y B cuando esté indicada y utilización responsable de medicamentos potencialmente hepatotóxicos.

En pacientes con obesidad importante, el seguimiento puede incluir la valoración periódica por endocrinología o cirugía bariátrica cuando las medidas conservadoras no consiguen una pérdida de peso suficiente.

En casos de enfermedad hepática avanzada, el seguimiento multidisciplinario adquiere especial relevancia. Hepatólogos, endocrinólogos, nutricionistas, médicos de atención primaria, cardiólogos y otros especialistas trabajan de forma coordinada para controlar todas las manifestaciones de la enfermedad.

Los pacientes con cirrosis compensada requieren revisiones más frecuentes debido al riesgo de descompensación. Debe vigilarse la aparición de ascitis, encefalopatía hepática, hemorragia digestiva, ictericia o deterioro de la función renal.

Cuando aparece insuficiencia hepática avanzada, algunos pacientes pueden requerir evaluación para trasplante hepático. La indicación depende del grado de deterioro funcional, la presencia de complicaciones y la ausencia de contraindicaciones importantes.

La investigación actual está incorporando nuevos biomarcadores séricos relacionados con inflamación, apoptosis, fibrosis y metabolismo lipídico. En el futuro, estos marcadores podrían mejorar el seguimiento permitiendo identificar precozmente cambios en la actividad de la enfermedad sin necesidad de procedimientos invasivos.

La inteligencia artificial y los modelos predictivos también están comenzando a integrarse en el seguimiento clínico. Estas herramientas permiten combinar información clínica, analítica, genética y radiológica para estimar el riesgo individual de progresión y personalizar la frecuencia de las revisiones.

El seguimiento psicológico tampoco debe descuidarse. Muchos pacientes presentan ansiedad o frustración debido a la naturaleza crónica de la enfermedad y a la dificultad para mantener cambios prolongados en el estilo de vida. El apoyo psicológico puede mejorar significativamente la adherencia terapéutica.

En la actualidad, las recomendaciones internacionales promueven un seguimiento individualizado basado en el riesgo. Los pacientes con esteatosis simple y ausencia de fibrosis pueden ser controlados con menor frecuencia, mientras que aquellos con fibrosis significativa requieren revisiones más estrechas y monitorización especializada.

Conclusión

En conclusión, el seguimiento clínico del hígado graso no alcohólico constituye un proceso continuo que integra la valoración clínica, las pruebas analíticas, las técnicas de imagen, la evaluación no invasiva de la fibrosis y el control intensivo de los factores metabólicos. Su finalidad es detectar precozmente la progresión de la enfermedad, prevenir complicaciones, optimizar el tratamiento y mejorar el pronóstico a largo plazo. El abordaje multidisciplinario, la participación activa del paciente y la aplicación de estrategias de seguimiento individualizadas representan los pilares fundamentales para reducir la carga clínica y las complicaciones asociadas a esta enfermedad.

Bibliografía

  1. European Association for the Study of the Liver (EASL). EASL Clinical Practice Guidelines on metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD). Disponible en: https://www.easl.eu.
  2. American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Practice Guidance on the clinical assessment and management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease. Disponible en: https://www.aasld.org.
  3. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. Nonalcoholic Fatty Liver Disease. Disponible en: https://www.niddk.nih.gov/health-information/liver -disease/nafld-nash.
  4. Younossi ZM, Golabi P, Paik JM, Henry L, Van Dongen C, et al. Global epidemiology, management and outcomes of nonalcoholic fatty liver disease. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC10029 944/.