La relación de la instauración de la ley en el sujeto en la hipermodernidad

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 2–Febrero 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº 2: 276

Autor principal (primer firmante): Daisy Olvera Tinoco.

Fecha recepción: 22 de febrero, 2023

Fecha aceptación: 26 de febrero, 2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(2): 276

Publicación de artículo

Para obtener el grado de título de Maestro en psicología clínica.

Autora:

Daisy Olvera Tinoco.

Asesor:

Dr. Héctor Arciga Tovar

Universidad de Morelia Facultad de Psicología

Acuerdo de Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios RVOEMAES091216

MORELIA, MICHOACÁN                                                                                   

Resumen

Diversos temas relacionados a la función paterna y el declive de ésta, en la conformación de un sujeto se han escrito con anterioridad, sin embargo, el interés radica en el análisis de la instauración de la ley en el sujeto en la hipermodernidad.

Debido a que los tiempos actuales y el estilo de vida han venido evolucionando, influye lo anterior en la estructura de las familias y la relación que se da en ellas, con sustento en las teorías clásicas es importante analizar la castración ejercida por el padre en la actualidad y por ende en la introyección de la misma.

Cómo es que, en esta época de la hipermodernidad, término acuñado por Lipovetsky en el 2002, en donde define nuestro tiempo como un terreno inundado por ideales muertos e incertidumbre, ha afectado de algún modo esta instauración.

Palabras clave: La ley, Castración, Hipermodernidad, Función paterna.

Abstract

Various topics related to the paternal function and its decline, in the conformation of a subject have been written previously, however, the interest lies in the analysis of the establishment of the law in the subject in hypermodernity.

Because the times and lifestyles have evolved, it influences the structure of families and the relationship that exists in them with sustenance in the classical theories is important to analyze castration exerted by the father today.

How is that, in this age of hypermodernity term coined by Lipovetsky in 2002, where it defines our time as a field flooded by dead ideals and uncertainty has affected somehow this establishment.

Keywords: The law, castration, hypermodernity, paternal function.

Introducción

El interés del estudio reside en el análisis y exploración de la subjetividad en torno a la falta de ley en el sujeto, nos evoca en primera instancia a la instauración de esta ley por parte del padre.

No se refiere únicamente al padre progenitor, al padre biológico, sino al padre efectivo, agente de la castración; al que instaura la ley, el que rescata al sujeto del goce de la madre y lo proyecta al mundo del deseo mediante una operación que, mucho después de Freud, Lacan llamaría La metáfora paterna, instaurando con ello la prohibición del incesto y la culpa.

A razón de que La ley es un término utilizado en Psicoanálisis, particularmente Lacaniano para figurar al conjunto de normativas que se instalan en el inconsciente de un sujeto en la infancia, y en el mismo sentido la ley sería el Superyó descrito por Sigmund Freud. Es por ello que la corriente psicoanalítica será el enfoque de este artículo.

Teniendo como supuesto de que es el padre quien mediante la ejecución de la castración es lo que permite que se realice la separación entre el sujeto y su madre, surge nuestro interés central, comprendiendo que, debido a ese corte, el sujeto es integrado en el orden simbólico del lenguaje, del discurso de la cultura, así como la organización del psiquismo del sujeto, y así analizar ese efecto en la hipermodernidad descrito por Lipovestsky.

Justificación

El interés de la realización de este artículo radica en la importancia de la instauración de la ley, mediante la función del padre al castrar a su hijo. Al escribir el enunciado anterior, las primeras interrogantes que surgen son ¿cómo es que el padre castra y rescata a su hijo del goce de la madre en la actualidad?, ¿se lleva a cabo?, ¿cómo se ha modificado esta instauración en la época que vivimos? La razón a estas preguntas se sustenta a que es cierto que el hecho de la castración y la instauración de la ley es algo

que se conoce de antaño, sin embargo, el interés se centra en analizar que sucede en los tiempos de la hipermodernidad.

Objetivo general

Analizar cómo se instaura la ley en el sujeto en la hipermodernidad, así como los posicionamientos subjetivos en torno a la falta de la ley.

Hipótesis

El declive de la autoridad paterna como factor predisponente de la falta de ley en el sujeto debido a la vivencia en la era del vacío y consumismo.

Método

Campo (línea de investigación)

Psicoanálisis

Línea de investigación Social.

Tipo de investigación

Descriptiva.

Objeto de estudio

La posición del sujeto ante la falta de la ley.

Naturaleza del objeto de estudio

Subjetivo Intangible

No cuantificable

Paradigma científico

Cualitativo

Psicoanálisis

Paradigma filosófico

Psicoanálisis

Histórico-hermenéutico Comprensivo-interpretativo

Contrastación teórica

Teorías de Sigmund Freud, Jacques Lacan, Gilles Lipovetsky.

Aporte científico

Una aportación actualizada de la instauración de la ley en el sujeto en la hipermodernidad y sus agravantes.

La hipermodernidad y la influencia de ésta en la incorporación de la ley

Al transcurrir de este apartado se desarrollarán las ideas conceptuales de la posmodernidad y la evolución social e individual para la incursión a la era que actualmente vivimos, expuesta por Gilles Lipovetsky como hipermodernidad y denominada como la era del vacío.

Ha sido sin duda analizada la idea del acontecer de los tiempos y los cambios exigentes que eso implica desde los tiempos de los grandes pensadores y filósofos como Platón, existía ya la inquietud ante el deterioro de los valores y la aparición de una raza de hierro (Lipovetsky, 2006)

La relación de este deterioro en los valores, percibido como una degradación de los mismos, es vista desde la religión como un fenómeno apocalíptico, sin embargo, en cada época han existido diversos factores que plantean esta situación, por lo que cada contexto refleja una razón justificadora para la explicación de esa decadencia, entonces no es ninguna novedad lo que se está presentando en estos días. En la actualidad la apología se ve orientada hacia el consumismo, la moda y la delincuencia.

Con el devenir de la modernidad se introdujo la idea de descentralizar el presente como un factor primordial, y se invirtió el orden de la temporalidad y traspasar del pasado al futuro el lugar de la felicidad venidera y el fin del sufrimiento. “Esta ruptura esencial en la historia de la humanidad cristalizó con la forma de un discurso radicalmente opuesto al de la decadencia”. (Lipovetsky, 2006, p.14)

La idea optimista que caracterizó el cientificismo del siglo XIX, donde se creía que se podía tener una herencia de condiciones de paz, equidad y justicia, en la actualidad ya ha caducado. Debido a los acontecimientos presentados en el siglo XX, la razón ha perdido en gran medida la visión positiva del futuro.

Los análisis presentados por Lipovetsky muestran un panorama de aspectos como una totalidad y no se limita a detallar sólo una parte, de igual manera no expone juicios excesivos; para con ello despejar la complejidad de lo real y delimitar las contradicciones que lo componen.

Es decir, en una situación social cotidiana, motivada por razones internas pudiera sólo analizarse un aspecto de ella, sin embargo, para la comprensión total del evento, su origen y trascendencia es importante visualizar todos los ángulos. “Tocqueville, fue el primero en diagnosticar la aparición de individuos preocupados por su felicidad personal, con ambiciones limitadas” (Lipovestky, 2006, p.15).

Sus análisis eran juicios meditados sin imposiciones ideológicas, donde proponía la creación de redes analíticas para darle sentido a los hechos y hacerlos hablar. Es por lo que, como legado, cada una de sus obras invita a la reflexión y realización de una crítica más profunda y detallada para entender la complejidad de los fenómenos de nuestro mundo. Los análisis tradicionales se basan en una consecuencia de la autonomía transmitida por la Ilustración, que radica entre la técnica y el liberalismo económico. Los ideales que se habían prometido alcanzar han fallado, en lugar de garantizar una auténtica liberación, han dado lugar a un estado de esclavismo burocrático y disciplinario ejercido sobre cuerpos y espíritus.

Foucault expone a la disciplina como un aspecto lamentable de la modernidad debido a que el objetivo de ésta consiste en el control de las personas, más que en liberarlas. Se dice que la disciplina “es un conjunto de reglas y técnicas concretas destinadas a producir una conducta normalizada y estandarizada” (Lipovestky, 2006, p.16). El objetivo de esta disciplina se enfoca en potencializar sus facultades productivas imponiendo así a las personas pautas generales de comportamiento y de pensar. Por otra parte, Lipovetsky exponía que la modernidad ya no podía limitarse a un esquema disciplinario sin contemplarla desde un dominio efímero, siendo esto, la moda.

La moda es entonces una válvula de escape de lo que manifestaba Foucault, a razón de que se puede escapar de un mundo de tradiciones, creando autonomía, apartándose de la lógica de las distinciones sociales, sin la única representación de la moda como una diferenciación entre clases sociales y rivalidades jerárquicas.

Si bien es cierto la moda es un factor de diferenciación, lo es también como un medio de expresión, el cual permite al individuo ser según su convicción. Se entiende entonces que la moda ha permitido la descalificación del pasado y la valoración de lo nuevo, en un sentido permanente y con la diferenciación de lo marginal.

En lo expuesto anteriormente nos percatamos de que es la primera disyuntiva, de varias que analizaremos, con el fin de analizar las razones y situaciones que nos alejan de lo normativo social e individual, por medio de la disciplina, sobre lo frívolo y superficial personal mediante la elección de lo espectacular.

Con la incursión de la lógica de la moda en el ámbito social entramos en la era posmoderna, trayendo consigo una ampliación de la autonomía individual, y una descentralización de los principios reguladores sociales. Lo que derivó a que en la personalización se diera una desviación en la dinámica de la individualización, “al dejar que los individuos se liberen de la esfera a la que pertenecen, al permitir una autonomía en la que cada cual no tiene ya que seguir un camino preestablecido, sino que goza de márgenes de libertad crecientes”, puede traer consigo dificultades severas de pérdidas de sentido y emersión de derechos liberales sin contención, lo que dificultará la aceptación de leyes y normas regularizadoras.

Lo que es de interés para el presente artículo es precisamente cómo el efecto del cambio de ideología y valores influye en la introyección de la ley, en un contexto cada vez menos contenedor y más liberal. Un punto trascendental es que la liberación referente a las tradiciones y el aumento de una autonomía respecto de las grandes estructuras de sentido no significan que carezcan de éste, ni que se haya eliminado el poder sobre los individuos, y tampoco se cree en que el mundo esté libre de conflictos. Sin embargo, una pregunta queda en el aire, y aún sin contestar.

¿Cómo es que en la era hipermoderna, en donde se respira un aire individualista, y lejos de la opresión normativa social se puede desarrollar un respeto hacía la persona y los semejantes por medio de una introyección de una ley cada vez más difusa, opacada por el consumismo y la moda?

Así cómo también valdría la pena el análisis detallado del simbolismo de la castración en el individuo y determinar los elementos sanos que nos permiten ser seres sociales y adaptados.

Una de las respuestas que expone Lipovetsky en su libro de Los tiempos hipermodernos menciona que “Los mecanismos de control no han desaparecido: se han adaptado haciéndose menos directivos, renunciando a la imposición en beneficio de la comunicación” (Lipovetsky. 2006, p.21).

En relación a lo que se señala con este enunciado se entiende como se le ha otorgado al individuo la responsabilidad, favoreciendo el entendimiento y consciencia de sus actos. Lo que demarcaría entonces al proceso de personalización actual con menor represión y mayor comprensión.

Lipovetsky se ha caracterizado por dejar de lado la negatividad de la posmodernidad, orientándose así a desarrollar la complejidad de los fenómenos y percibirlos como duo-dimensionales, o bipolares, una que favorece la autonomía y otra que aumenta el desenfreno.

Ante la desestructuración de los márgenes sociales, los sujetos dentro del ámbito posdisciplinario anteriormente explicado, puede elegir entre aceptarlo o no hacerlo. Es decir, cuando no existan las obligaciones sociales ni religiosas, aparecen comportamientos responsables, pero también completamente irresponsables, dependerá entonces de esta incorporación individual de la ley.

Es fundamental comprender que el aumento de la autonomía se hace a costa de una nueva dependencia y que el goce posmoderno es advertido como irresponsable para algunos y responsable para otros. Por un lado, se ha dado la liberación de las costumbres y por el otro, se ha desarticulado la concepción de la familia y las relaciones mismas, siendo de mayor complejidad el contacto y convivencia con las personas que en el pasado, cuando la norma tradicional delimitaba el orden social.

Lipovetsky propone una concepción de la posmodernidad donde se ponga en relieve el trabajo paralelo y complementario de lo positivo y negativo de la era; lo cual aportará la base teórica relacionada al contexto de la vivencia de las paradojas existenciales a la que es sometido el individuo hoy en día.

Si bien, hasta ahora hemos realizado un recorrido de la modernidad a la posmodernidad, por lo que ha llegado el turno de entender la de éstos, para llegar a la era del vacío que expone Lipovetsky como Hipermodernidad.

La posmodernidad indicó una ruptura en la historia del individualismo y la perspectiva de esta, se pensaba a través de dos valores, el de la libertad y el de la igualdad; que rompían con el mundo de lo tradicional. Por lo que la hipermodernidad es un momento histórico que representa el resquebrajamiento de las trabas institucionales que obstaculizaban la independencia individual; permitiendo así los deseos personales, la realización individual y por ende la autoestima.

Por otra parte, Lipovetsky expone cómo las estructuras socializadoras pierden su autoridad, de igual manera los ideales, y desde un enfoque particular se puede distinguir lo expuesto en el ámbito familiar; en donde se presenta un incremento considerable en la constante disputa de poder, con el deseo de la libertad sin contención de reglas normativas por parte de los padres.

Lipovetsky (2006) menciona que “El consumo de masas y los valores que éste transmite (la cultura hedonista y psicologista) son los principales responsables del paso de la modernidad a la posmodernidad, una mutación que puede fecharse en la segunda mitad del siglo XX” (p.24). Los primeros elementos que refieren la aparición de la posmodernidad vienen desde el auge industrial, las cadenas de comercio apoyadas por el transporte y comunicaciones; por ende, la lógica de la moda comienza a transmitirse y penetrar en los ámbitos de la producción y consumo.

Existe una segunda fase de consumo alrededor de los años 50, en donde deja de ser reservada y privilegiada el consumo de la moda, liberando así el individualismo de las normas tradicionales, volcándose la sociedad a la vivencia del presente y la visión del futuro, desde un pensamiento hedonista. En este contexto se desprenden intereses frívolos, y el gusto por lo novedoso, así como el desarrollo del cuidado personal y el bienestar propio. Y si bien resulta comúnmente conocido en la actualidad, se deja ver entre líneas ya un resquebrajamiento en la sociedad solidaria y participativa, influyendo esta ideología en las familias, y el cuidado de los hijos.

Ya no hay modelos prescritos para los grupos sociales, sino conductas elegidas y asumidas por los individuos; ya no hay normas impuestas sin discusión, sino una voluntad de seducir que afecta indistintamente al dominio público (Lipovetsky, 2006, p.25).

De lo anterior manifiesta Lipovetsky (2006) que aparece la figura Narcisista, un “sujeto cool, adaptable, amante del placer y de las libertades”. (p.26) Este sentido de individualismo fue vivido gracias al alejamiento de las ideologías tradicionales y políticas; panorama que se presenta hoy en día. Es justo como la moda, vuelve a tomar fuerza de los tiempos de gloria para resurgir en el presente y llegar a todos aquellos con sed de libertad.

Algo que resulta relevante y sugiero un análisis de ello, es si esta fase tiene fin. Como se menciona en líneas anteriores parece ser que seguimos inmersos en un modelo narcisista; sin embargo, Lipovetsky sugiere el nacimiento de una nueva era, caracterizada esta por el hiperconsumo, y como una continuación de la posmodernidad y del hipernarcisismo, denominándola hipermodernidad, en donde el nombre de ésta detalla ya su función magnificadora. (Lipovetsky, 2006, p.26)

Se define a la hipermodernidad como:

Una sociedad liberal, caracterizada por el movimiento, la fluidez, la flexibilidad, más desligada que nunca de los grandes principios estructuradores de la modernidad, que han tenido que adaptarse al ritmo hipermoderno para no desaparecer (Lipovetsky, 2006, p.27).

Dentro del esquema hipermoderno se presenta un mundo de paradojas, es decir mientras se progresa en los comportamientos responsables, más irresponsabilidad hay. La sociedad actual se encuentra más orientada e informada, pero de manera conjunta también está más desestructurada y disfuncional, son más abiertos y más influenciables, más críticos y más superficiales. El cambio central radica en la percepción social y la relación con el presente.

La concepción psicoanalítica de la castración en el ámbito social ha sido impuesta, pero con un marco referencial desde lo real, en el contexto internacional se ha presentado el terrorismo y las catástrofes, la lógica neoliberal y sus efectos sobre el empleo; a nivel local, la contaminación urbana, la violencia de los barrios periféricos; y a nivel personal, todo lo relacionado al debilitamiento del equilibrio corporal y psíquico (Lipovetsky, 2006).

Lipovetsky (2006) describe que “la consigna no es ya ´Gozad sin trabas´ sino ´Temblad toda la vida´ “(p.30). A pesar de la presente afirmación, vista como polos opuestos, es a título propio una irrealidad expuesta, en la vida cotidiana se ven y escuchan escenarios combinados; aquellos donde debido a la impertinencia del goce descontrolado se expone a temblar de por vida.

Dentro del subcapítulo Pérdida del sentido y complejidad del presente Lipovetsky expone que “La era del hiperconsumo y de la hipermodernidad ha sellado el declive de las grandes estructuras tradicionales de sentido y su recuperación por la lógica de la moda y el consumo” (p.30) Actualmente la sociedad responde con base a estímulos colectivos, se difumina el individualismo. El rol materno y paterno ha estado sujeto a esta demanda también, orillándolos así a entrelazar, intercambiar, suplir o anular ciertos comportamientos o funciones características básicas de dichos roles, adoptando los hijos de estos padres modelos, valores y creencias de terceros como lo serían los medios informativos de toda índole. Los discursos ideológicos se influenciaron por la lógica de la moda, habiendo sido siempre regidos por la trascendencia de los valores del sacrificio y la abnegación.

En los dos siglos pasados la inmersión de la moda había sido contenida gracias a las ideologías con presión teológicas, de lo cual ahora ha venido a su sustitución de la fe, el entusiasmo, y la permisión del extremismo. Los sistemas de representación se han convertido en objetos de consumo y aparentan ser intercambiables. El supuesto final de la moda se enfoca al bienestar individual y no así en la sociedad. En la actualidad se comercializa ya con la forma de vida sin que esto represente un conflicto estructural, cultural o ideológico, debido a que su organización gira en función del consumismo. Lipovetsky menciona que “las dos primeras fases del consumo habían redundado en la creación del consumidor moderno.

Apartándolo de las tradiciones y destruyendo el ideal del ahorro; la última fase es una extensión infinita del reinado del consumo”.

En el individuo se ha generado un comportamiento de rápida eficacia, la demora es un factor que ya no es encontrado en la mayoría; requieren la satisfacción inmediata de sus peticiones, sin la creencia ya de salvaguardar cuestiones individuales, económicas, ni morales. Privados así de todo sentido de trascendencia, con opiniones menos arcaicas y más indeterminadas. La opinión sigue teniendo fuerza, pero sin ser concluyente, si no que favorece el sentimiento individual.

Por otra parte, se ha visto que algunas normas sociales y tradiciones, atribuidas a lo femenino han permanecido debido a que la lógica individualista las ha reciclado; ya que funcionan como vectores de identidad, de sentido y de poderes privados (Lipovetsky, 2006).

El funcionamiento del mundo liberal, que genera más beneficios, eficacia y racionalidad tiene como única finalidad el desarrollo de una voluntad primitiva e individual. Entonces si la voluntad anteriormente se encontraba animada por la intención de brindar confort al sufrimiento de la humanidad, se ha transformado en voluntad de poder. Sin más propósito que su propio mando sobre las personas y las cosas, produciendo la obsesión por el éxito.

Entonces, ¿qué tipo de individuos somos los que nos encontramos en la actualidad? Cada vez más alejados del interés común, en pro del beneficio personal, sin un interés en el legado moral y social; donde el consumismo y la moda nos ha traído con ellos valores de oferta y demanda, donde las cosas se desechan y se busca la satisfacción inmediata. Y esto lleva a la siguiente interrogante, ¿cuál es la herencia de hijos que esta postura está dejando?

Lipovetsky (2006) mencionando a Taguieff, expone que “la lógica de la modernización intempestiva ha perdido toda finalidad humana y que la técnica ha declarado en bancarrota todos los valores, y que estos dos factores conducen directamente a una forma de neonihilismo”. Es importante rescatar que no todo se recicla o se reduce al consumo, que existen valores que escapan de esto, siendo la búsqueda de la verdad la prioridad en para rescatar a las nuevas generaciones.

Sería falso afirmar que el consumo gobierna en todos los ámbitos. El conflicto radica en el replanteamiento de la socialización en un marco hipermoderno, cuando los discursos ideológicos carecen de sentido y la desintegración social es un hecho evidente; lo que está en juego ahora es la reorganización social, desde una visión individual.

Desde una perspectiva ética se comenzó a cuestionar sobre el referente de “que no se ve más que almas desamparadas, (…) y la derrota del pensamiento (…). Como si el nihilismo (…) hubiera triunfado efectivamente” (Lipovetsky, 2006, p. 39).

Es verdad que el énfasis de la ética no es igual a la del pasado, según la lógica del deber y sacrificio, la cual ahora es representada por una moral flexible y optativa, que se organiza mediante la obligación o sanción adaptándose a los nuevos valores individualistas.

No se pretende formular que en la sociedad actual carece de valores éticos, sino que algunos ya han sido sustituidos, apareciendo nuevas regulaciones, reforman prohibiciones, reinscribiéndose valores; abriendo un panorama diferenciador de una permisividad propagada. El culto anteriormente otorgado al deber ya no figura con tal magnitud, sin que esto indique que exista un desconcierto de las costumbres y tradiciones. “El bienestar y los placeres se magnifican, pero la sociedad está ávida de orden y moderación” (Lipovetsky, 2006, p.41).

Aspecto donde se le da mérito a la responsabilidad personal y social. Por una parte, se muestra una generación de cambio que permite la evolución de las normas y tradiciones concebido por el contexto y por otra es la débil participación de la ley y el mandato de autoridad, siendo justo lo que se menciona que el pueblo reclama. Esto último genera un fenómeno asocial e individualista que carece de responsabilidad. Lipovetsky los describe como un “cinismo generalizado, negación del esfuerzo y del sacrificio individual, (…), tráfico de drogas y toxicomanías, violencia gratuita.” (p. 42) Favoreciendo el goce del individuo y permitiendo la descarga de responsabilidades, factor que determinará la madurez interna del sujeto.

La moral no ha desaparecido del campo social, sin embargo, está depositada en él desde afuera, siendo los medios de comunicación quienes lo vinculan hacía dentro. Las normas sociales no las imponen como en el pasado la nación, la familia, ni la iglesia, haciendo que estas instituciones carezcan de sentido adaptándose así a la lógica de lo efímero.

Los medios tienen un papel normalizador que influencia en la vida diaria siendo de modo significante, pero no determinante. Debido a la lógica del consumo y la propagación de ella en los medios “ha propiciado la aparición de un individuo amo y señor de su vida, fundamentalmente voluble, sin ataduras profundas, con personalidad y gustos fluctuantes”.

Si la negatividad de los medios de información se podría poner en función de la representación de su capacidad normalizadora, su positividad no debe pasarse por alto. Actualmente ha venido operando con un rol defensor de difundir los valores de placer y la libertad. Sin embargo, ha brindado a la sociedad una diversidad de información, favoreciendo la inclusión de ideologías y valores.

De esta manera se le otorga la responsabilidad y la capacidad de elección promoviendo una mayor autonomía de pensamiento y de acción, sobre los fenómenos incesantes. Referente a lo anterior es de importancia relacionarlo con el marco de la normatividad que requiere el sujeto para la conformación de éste como tal.

La función del padre

La función del padre constituye la base de la estructuración psíquica del sujeto, debido a que esta función es la que permite vehiculizar al significante fálico que es lo que separa a la madre del hijo, instituyéndose de esta manera la castración, y colocando así al sujeto en una posición de falta, falta fundamental para el surgimiento del deseo en el sujeto. Razón por la cual es primordial para el presente artículo adentrarnos al desarrollo de esta función paterna.

Para comprender la importancia de tal función, y en lo posterior de la instauración de la ley es necesario realizar un clavado a la teoría básica que expone Sigmund Freud.

Debido al autoanálisis al que se sujetó el mismo Freud fue como descubrió un hallazgo que le generaba incredulidad; siendo que la seducción del hijo que atribuía al padre, en realidad disfrazaba los deseos incestuosos del hijo, lo cual marcó un sentido radical en la cuestión teórica, debido a que en primer lugar exonera de cualquier responsabilidad de seducción a su padre, ayudándolo a convencerse a él mismo de que la teoría de la seducción era insostenible.

Al reconocer Freud los impulsos edípicos como un fenómeno universal y al desplazar el acento de las seducciones a las vivenciales sexuales, sugiere entonces que la patogénesis de las psiconeurosis entraña una interacción entre las experiencias y los impulsos sexuales.

La revelación del mito edípico no se convierte todavía en una categoría fundamental, estructurante de la identidad sexual del sujeto, sino como algo que sucede desde el sujeto y se proyecta hacia los padres.

En tres ensayos sobre teoría sexual y otros escritos (Freud 1972/2003) expone dos premisas fundamentales para el complejo de Edipo: a) la existencia de la sexualidad infantil; y b) un nuevo concepto de sexualidad, más allá de la genitalidad. Como resultado de ese análisis Freud hace uso de los prejuicios de la época sobre las perversiones, para cuestionarse sobre la intentada armonía entre sexo biológico y objeto sexual. De lo anterior surge un nuevo concepto denominado pulsión, lo cual es la energía que empuja a la satisfacción, pero sin tener una meta preestablecida, explicando que no hay relación alguna entre la determinación de la pulsión y su objeto.

Debido al concepto anterior y entendiendo que la pulsión no tiene un objeto dado naturalmente, la identificación sexual es un factor que se le asume con total responsabilidad al sujeto. Perfilando de esta manera la idea de que el modo de transición por el complejo de Edipo es la clave de las neurosis.

La organización de la sexualidad, desde la concepción freudiana, se estructura por diferentes puntos, siendo el central para la constitución de esta la referencia al complejo de castración, es decir, el paso por el Edipo.

Desde la mirada lacaniana la conceptualización de la función paterna tiene otros órdenes de registro, debido a que descentra la función paterna con respecto a la materna. Además de ello destaca el papel mediador que la madre tiene con respecto al vínculo entre la función materna y el hijo, así como su acción radicalmente diferenciadora en relación previa, dual, especular.

A la madre se le atribuye también una función estructurante del deseo del niño, pero esta estructuración sólo puede considerarse en función de la doble prohibición paterna. “Con ello el padre introduce la ley en el vínculo previo, que determina una ruptura y un reordenamiento. El niño y la madre deben reconocer que el deseo es imposible de colmar con objeto alguno, que la ilusión de llenar la falta es imposible de alcanzar” (Greiser, 2010). Recordemos que el niño desea ser todo para la madre, el complemento de su carencia es el deseo de la madre y para satisfacerla se identifica en el lugar del falo.

La función paterna, desde la óptica de Lacan, sólo adquiere tal dimensión en la medida en que la metáfora paterna logra reprimir el deseo materno; en tanto ella acepta la prohibición del incesto. Así se dispone la declinación del Edipo, en la medida en que el niño asiente la castración simbólica que efectúa el padre al separarlo de la madre, como no siendo el falo (Aranda. B 1999).

La función paterna posibilita esa condición de falta en la existencia del sujeto, abriendo un vacío que no puede ser colmado. Esta falta posibilita el deseo, la demanda inagotable pues remite a la carencia generada siempre por la castración. Siendo importante para la presente el análisis de este factor en la hipermodernidad.

Se pretende destacar la función del padre simbólico como pilar de la ley al prohibir el incesto, debido a que posibilita el ingreso del sujeto al orden de la cultura y accediendo el niño a la metáfora paterna se instala en el orden simbólico.

Dentro del artículo de subjetivación en la posmodernidad (Reyes, 2011) se enuncia la declinación de “su majestad el bebé” y del complejo de Edipo, de manera significativa por los actores sociales en turno que hoy en día forman parte de la “posmodernidad”.

Es la participación de los actuales actores sociales, los que fungen como auxiliares en la declinación del complejo de Edipo donde se genera el duelo en el niño, debido a la falta de castración y mantenido el deseo de la majestuosidad del bebé afectando así la instauración de la ley del padre.

También es cierto que mucho se ha dicho sobre la importancia que gira en etiquetar al “niño” como el futuro de la sociedad, razón por la cual dicen no debe faltarle “nada” pero ¿cuál sería el futuro que le depara al niño que cree que lo merece todo, inmerso en un contexto social tergiversado?

Se contrapone en cierta medida la afirmación anterior respecto a la creencias transmitidas de padres a hijos respecto a esta libertad sin medida, ni limitación alguna, con la falta de cuidados, atenciones básicas de los hijos, siendo que las nuevas cuidadoras de ellos en la hipermodernidad son la televisión, los videojuegos, computadoras, celulares y demás tecnología que los hace tener control total de cada una de sus acciones, enseñándoles así uno de sus principios fundamentales de la economía capitalista: el consumismo y la sustitución de casi todo lo que se puede obtener en el mercado, tapando así la soledad y la falta por ésta impuesta.

Conclusiones

Se describe como conflicto la conmoción de la sociedad, de las costumbres, del sujeto contemporáneo de la era del derroche masificado, la emergencia de un modo de socialización y de individualización inédito, que rompe con el instituido de los siglos pasados; ha generado un universo de objetos, imágenes y de información con los valores hedonistas y permisivos que se le asocian, forjando una nueva forma de control de los comportamientos, a la vez una diversificación incomparable de los modos de vida, una nueva fase en la historia del individualismo occidental.

El proceso de personalización procede de una perspectiva comparativa e histórica, designa la línea directriz, el sentido nuevo, el tipo de organización y de control social. Que nos arranca del orden disciplinario convencional que prevaleció hasta los años cincuenta. Ruptura con la fase inaugural de las sociedades modernas, democráticas, disciplinarias y coercitivas.

Pareciera que se trata de una mutación sociológica global que está en curso, una creación histórica entre la sinergia de organizaciones y de significaciones, de acciones y valores.

Categóricamente, el proceso de personalización remite a la fractura de la socialización disciplinaria; positivamente, corresponde a la elaboración de una sociedad flexible basada en la información y en la estimulación de las necesidades, el sexo y la asunción de los factores humanos, en el culto a lo natural, a la cordialidad y al sentido del humor.

Así opera el sentido de la personalización, nueva manera para la sociedad de organizarse y orientarse, nuevo modo de gestionar los comportamientos, no ya por la opresión de los detalles sino por el mínimo de coacciones y el máximo de elecciones privadas posible, con el mínimo de austeridad y el máximo de deseo, con la menor represión y la mayor comprensión posible.

Proceso de personalización en la medida en que las instituciones desde este momento se adaptan a las motivaciones y deseos, incitan a la participación.

Desaparece esa imagen rigorista de la libertad, dando paso a nuevos valores que se apuntan al libre despliegue de la personalidad íntima. El ideal moderno pulverizó las reglas racionales colectivas, encarnado un valor fundamental, el de la realización personal.

Es la transformación de los estilos de vida, unida a la revolución del consumo lo que ha permitido ese desarrollo de los derechos y deseos del individuo, esa mutación en el orden de los valores individualistas. El fin de la edad moderna se caracteriza por la alianza de dos lógicas, la unión cada vez más ostensible de las esferas de la vida social y el retroceso del proceso disciplinario, es lo que nos ha llevado a hablar de sociedad posmoderna, una sociedad que generaliza una de las tendencias de la modernidad inicialmente minoritaria.

De acuerdo con la ponencia Violencias hipermodernas. El adolescente que marca su cuerpo, Soria (2011. señala “se expone a la hipermodernidad como un vacío generalizado que lleva al encuentro de sujetos que, en medio de ese vacío buscan erigirse como actores de sí mismos”. Y en ese sentido lejos de una concepción de ley, autoridad, normativas y reglas, el sujeto se enfrenta a un miedo inherente a la inseguridad que caracteriza nuestro tiempo.

Es por lo que al analizar la relación entre la instauración de la ley en esta época se explican los fenómenos actuales en torno a la falta de ley. Refiriéndose al sujeto inconsciente, como aquel que sólo tiene posibilidades de captarse por el decurso y tramitación de la vía sintomática o de alguna de sus formaciones psíquicas de manera que un sujeto advertido de su incompletud, de su falta y de su deseo, sólo podrá captarse en un lapsus, un sueño, en una operación fallida. Razón que se interpreta en relevancia a esta carencia de formación, de integración y de instauración de la ley, que enmarca de seguridad y tranquilidad al sujeto, y que en cambio de eso se juega en el terreno de la incertidumbre, de la angustia, del vacío y de la nada que se tornan cada vez más acuciantes en la complejidad de la posmodernidad a todo nivel, podemos preguntarnos no sólo por el sujeto sino también por sus vías y sus formas y figuras de captación inesperadas.

Esta captación inesperada se genera por el capitalismo, el ultra neoliberalismo buscando el desamparo del otro, así como la invasión tecnológica, la política distorsionada, figuras todas ellas de las dimensiones de lo real que confluyen en la subjetividad del sujeto.

Por otra parte, el siglo XX fue considerado como el siglo del niño, así lo define (Buenaventura, 2000) según menciona el artículo de formas de subjetivación en la posmodernidad (Reyes, 2011, p. 16).

Actualmente, debido a los programas de sobreprotección y movimientos en pro de considerar a los infantes como merecedores de todo, aunado a los privilegios legislativos, la tarea de los padres para generar la castración y la sensación de falta en el niño aunado al legado cultural, se imposibilita esta acción, así como su educación, por lo que se requiere de mediadores para esta tarea quienes dictan el deber ser y los saberes necesarios para la educación de los niños. De tal modo que se establece un “modelo sano” de educación, el cual está determinado por los patrones de comportamiento del capitalismo actual y sustituyen roles que desempeñaban los padres.

Debido a la economía capitalista presente en la actualidad, obliga a que ambos padres trabajen cada vez más horas al día, teniendo que dejar a sus hijos al cuidado de otras personas y en edades cada vez más tempranas. Por lo que es relevante en la actualidad el papel de las estancias infantiles que tienen a a su cargo el cuidado de los hijos y que además se puedan ofertar como espacios donde se disminuye la vulnerabilidad de los niños ante la ausencia parental y la falta de ley. La lucha consistirá en la búsqueda del entendimiento genuino por parte de los padres para mantener el corte en la división del deseo que impone que el objeto niño no lo sea todo para el sujeto materno, o bien, no sea compensado de canonjías por deliberadamente estar los padres subyugados al legado globalizado económico social de la actualidad; siendo que esta falta es la que posibilita el deseo pues remite a la carencia generada siempre por la castración y con ella la introyección de la ley.

En épocas pasadas la familia era considerada como la base institucional de la sociedad, sin embargo, actualmente la familia ha perdido fuerza como una de las instituciones formadoras de los valores sociales, y tanto padres como hijos, buscan fuera de ella los nuevos referentes a seguir. Constituyéndose así el mercado como un referente social.

Referencias

  1. Aranda. B, Ochoa. B, Aguado. I y Palomino. L. (1999). La Función Paterna en la Clínica Psicoanalítica, Revista electrónica de psicología Iztacala, 2(1). http://www.revistas.unam.mx/index.php/re pi/article/view/22837
  2. Freud, S (2003) Tres ensayos sobre teoría sexual y otros escritos. México: Alianza.
  3. Greiser, I. (2010). El declive de la autoridad paterna y su incidencia en los síntomas actuales, Síntomas e Ideales del Siglo XXI, 4.
    http://www.letraurbana.com/articulo/2 70
  4. Lipovetsky, G. (2006). El individualismo paradójico. En Los tiempos hipermodernos (pp.11-51). Barcelona: Anagrama
  5. Lipovetsky, G. (2009). Modernismo y posmodernismo. En La era del vacío, Ensayos sobre el individualismo contemporáneo (pp.79-135). Barcelona: Anagrama
  6. Pérez, L. (2009). Valoración de la función paterna en la dinámica familiar actual por parte de los hijos varones entre 20 a 35 años de edad de familias de clase media en la ciudad de Tepic Nayarit. Revista electrónica de psicología Iztacala, 12(4), 1-27. www.revistas.unam.mx/index.php/repi/arti cle/download/…/14717
  7. Reyes, G. (2011) Formas de subjetivación en la posmodernidad. Uaricha Revista de Psicología, 15, 13-27.
    http://www.revistauaricha.org/Art iculos/Uaricha_15_013-027.pdf
  8. Soria, H. (2011). Violencias hipermodernas. El adolescente que marca su cuerpo. Ponencia presentada en LI Congreso Nacional De Psicoanálisis De La Asociación Psicoanalítica Mexicana, México, D.F.
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