Reducción de la neuroplasticidad por los cambios en el sistema nervioso por el envejecimiento

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 274

Autor principal (primer firmante): María Del Carmen Molina Molina

Fecha recepción: 09/08/2026

Fecha aceptación: 05/09/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 274

Autores:

  1. María del Carmen Molina Molina
  2. Mihaela Mihailovici Mihailovici
  3. Yolanda de la Iglesia Ibáñez
  4. Héctor Yarza Ibarzo
  5. Carol Vanessa Ramírez Duarte
  6. Maida Alejandra Coraspe Piedra

Categoría: Enfermería, TCAE, TSIDMN, Celador, Administrativo, Farmacia, Telefonista, Servicios generales

Palabras clave: Sistema nervioso, envejecimiento, cerebro, cuerpo humano.

Introducción

La neuroplasticidad es la capacidad del sistema nervioso para modificar su estructura y su funcionamiento como respuesta a las experiencias, el aprendizaje, las lesiones o los cambios del entorno. Gracias a este mecanismo, el cerebro puede crear nuevas conexiones entre neuronas, fortalecer o debilitar sinapsis existentes, reorganizar circuitos neuronales e incluso generar nuevas neuronas en determinadas regiones. La neuroplasticidad es fundamental durante toda la vida, ya que permite aprender nuevas habilidades, formar recuerdos, adaptarse a situaciones cambiantes y recuperarse parcialmente tras una lesión cerebral. Sin embargo, con el envejecimiento esta capacidad disminuye de forma progresiva debido a una combinación de cambios estructurales, celulares, bioquímicos y moleculares que afectan al sistema nervioso. Aunque la neuroplasticidad nunca desaparece por completo, su reducción puede influir sobre la memoria, el aprendizaje, la velocidad de procesamiento de la información y la capacidad de adaptación frente a nuevas situaciones.

Desarrollo

El cerebro humano está formado por aproximadamente ochenta y seis mil millones de neuronas que establecen billones de conexiones sinápticas.

Estas conexiones no son estáticas.

A lo largo de la vida se modifican continuamente como respuesta a la experiencia.

Cuando una persona aprende un idioma, practica un instrumento musical o adquiere una nueva habilidad motora, determinadas conexiones neuronales se fortalecen mientras otras disminuyen su actividad.

Este fenómeno constituye la base biológica del aprendizaje. La neuroplasticidad comprende diferentes mecanismos.

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Uno de los más importantes corresponde a la plasticidad sináptica.

Consiste en la capacidad de las sinapsis para aumentar o disminuir su eficacia en la transmisión de información.

Cuando determinadas neuronas se activan repetidamente de forma conjunta, las conexiones entre ellas se fortalecen.

Por el contrario, las conexiones poco utilizadas pueden debilitarse. Otro mecanismo corresponde a la plasticidad estructural.

En este caso las neuronas modifican físicamente sus prolongaciones, formando nuevas dendritas, nuevas espinas dendríticas y nuevos contactos sinápticos.

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También existe la neurogénesis, proceso mediante el cual se generan nuevas neuronas.

Aunque durante muchos años se creyó que esto solo ocurría durante el desarrollo embrionario, actualmente se sabe que determinadas regiones cerebrales, especialmente el hipocampo, conservan cierta capacidad para producir nuevas neuronas durante la vida adulta.

Con el envejecimiento todos estos mecanismos disminuyen progresivamente. Uno de los primeros cambios afecta al número de conexiones sinápticas.

Las sinapsis constituyen los puntos donde las neuronas intercambian información.

Aunque el envejecimiento fisiológico no produce una pérdida masiva de neuronas, sí disminuye parcialmente la densidad sináptica.

Como consecuencia existen menos posibilidades de establecer nuevas redes funcionales. Las dendritas también experimentan importantes modificaciones.

Estas prolongaciones reciben la información procedente de otras neuronas.

Con la edad disminuye la complejidad del árbol dendrítico y el número de espinas dendríticas.

Las espinas representan el lugar donde se establecen la mayoría de las sinapsis excitadoras.

Su reducción limita la capacidad para formar nuevas conexiones neuronales. La neurogénesis también disminuye significativamente.

El hipocampo mantiene cierta capacidad para generar nuevas neuronas durante toda la vida.

Sin embargo, la producción disminuye progresivamente con el envejecimiento.

La menor incorporación de nuevas neuronas limita parcialmente la formación de nuevos recuerdos y reduce la capacidad de adaptación frente a experiencias novedosas.

El hipocampo constituye una de las regiones cerebrales más afectadas.

Esta estructura participa en la memoria, el aprendizaje y la orientación espacial. Durante el envejecimiento experimenta una reducción progresiva de volumen.

La disminución de la neuroplasticidad hipocampal contribuye a las dificultades para aprender información nueva y recordar acontecimientos recientes.

La corteza prefrontal también presenta importantes modificaciones.

Esta región participa en la planificación, el razonamiento, la atención y las funciones ejecutivas.

La disminución de su plasticidad limita la capacidad para adaptarse rápidamente a nuevas situaciones y resolver problemas complejos.

Los neurotransmisores desempeñan un papel esencial en la neuroplasticidad. La acetilcolina facilita el aprendizaje y la consolidación de la memoria.

Con el envejecimiento disminuye parcialmente su producción.

La dopamina participa en la motivación, la recompensa y el aprendizaje basado en la experiencia.

Su reducción disminuye la capacidad para modificar circuitos neuronales mediante nuevas experiencias.

El glutamato constituye el principal neurotransmisor excitador del sistema nervioso. Participa directamente en los mecanismos responsables del fortalecimiento de las sinapsis. Las alteraciones de su regulación disminuyen la eficacia de la plasticidad sináptica.

El ácido gamma-aminobutírico, principal neurotransmisor inhibidor, también experimenta modificaciones que alteran el equilibrio entre excitación e inhibición neuronal.

Uno de los factores más importantes para mantener la neuroplasticidad corresponde al factor neurotrófico derivado del cerebro.

Esta proteína favorece la supervivencia neuronal, estimula el crecimiento de dendritas, facilita la formación de nuevas sinapsis y participa en la neurogénesis.

Durante el envejecimiento disminuyen progresivamente sus concentraciones.

Como consecuencia se reduce la capacidad del cerebro para reorganizar sus circuitos. Otros factores neurotróficos también experimentan modificaciones.

Entre ellos destacan el factor de crecimiento nervioso y el factor neurotrófico derivado de la glía.

La disminución conjunta de estas moléculas limita los procesos de reparación neuronal. El envejecimiento también altera la función de las células gliales.

Los astrocitos proporcionan soporte metabólico a las neuronas y regulan el ambiente químico necesario para la transmisión sináptica.

Durante el envejecimiento desarrollan cambios funcionales que disminuyen parcialmente su capacidad de apoyo.

La microglía constituye el sistema inmunitario del cerebro.

Con la edad permanece parcialmente activada de forma persistente. Esta activación favorece la producción de citocinas inflamatorias.

La neuroinflamación mantenida altera el funcionamiento de las sinapsis y dificulta la formación de nuevas conexiones neuronales.

El estrés oxidativo representa otro mecanismo fundamental.

El cerebro consume aproximadamente el veinte por ciento del oxígeno utilizado por el organismo.

Como consecuencia produce continuamente especies reactivas de oxígeno. Con el envejecimiento disminuye la capacidad antioxidante.

Los radicales libres lesionan proteínas, membranas celulares y ADN neuronal. Este daño limita la capacidad de adaptación de las neuronas.

Las mitocondrias también experimentan importantes modificaciones.

Estas estructuras producen la energía necesaria para mantener la actividad neuronal. Con el paso de los años disminuye su eficiencia metabólica.

La menor disponibilidad energética reduce la capacidad de las neuronas para formar nuevas conexiones y mantener procesos de plasticidad.

La disminución del flujo sanguíneo cerebral constituye otro factor importante.

Las alteraciones vasculares reducen parcialmente el aporte de oxígeno y nutrientes al tejido nervioso.

Las neuronas disponen de menos recursos metabólicos para sostener procesos complejos de reorganización estructural.

Las alteraciones hormonales propias del envejecimiento también influyen.

La disminución de estrógenos durante la menopausia reduce parcialmente la producción de factores neurotróficos.

En los hombres, la reducción progresiva de testosterona también puede afectar diversos mecanismos relacionados con la plasticidad cerebral.

La disminución de hormona del crecimiento y del factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 limita igualmente la capacidad regenerativa del sistema nervioso.

La reducción de la neuroplasticidad tiene importantes consecuencias funcionales. El aprendizaje de nuevas habilidades requiere más tiempo.

La adquisición de nuevos idiomas o conocimientos puede resultar más lenta.

La memoria reciente experimenta pequeñas dificultades debido a una menor capacidad para consolidar nueva información.

La velocidad de procesamiento disminuye porque el cerebro necesita reorganizar con mayor dificultad sus redes neuronales.

La capacidad para recuperarse tras lesiones cerebrales también se reduce.

Después de un accidente cerebrovascular o un traumatismo craneoencefálico, la reorganización funcional suele ser más lenta que en personas jóvenes.

No obstante, la neuroplasticidad permanece activa durante toda la vida. Aunque disminuye con la edad, nunca desaparece completamente.

Esta característica explica por qué muchas personas mayores continúan aprendiendo nuevas habilidades y mejorando su rendimiento mediante el entrenamiento adecuado.

Diversos factores pueden acelerar la reducción de la neuroplasticidad.

La hipertensión arterial, la diabetes mellitus, la obesidad, la hipercolesterolemia y el tabaquismo favorecen alteraciones vasculares que disminuyen el aporte sanguíneo cerebral.

El sedentarismo reduce la producción de factores neurotróficos.

La depresión y el aislamiento social también disminuyen la estimulación cerebral necesaria para mantener conexiones neuronales activas.

Por el contrario, numerosas estrategias favorecen el mantenimiento de la neuroplasticidad. La actividad física regular constituye una de las intervenciones más eficaces.

El ejercicio aumenta la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro y mejora la circulación cerebral.

La alimentación mediterránea aporta antioxidantes, vitaminas y ácidos grasos omega-3 que protegen las neuronas frente al estrés oxidativo.

La estimulación cognitiva mediante lectura, aprendizaje continuo, idiomas, música, resolución de problemas y juegos de estrategia favorece la formación de nuevas conexiones neuronales.

Dormir adecuadamente también resulta esencial.

Durante el sueño se consolidan los recuerdos y se fortalecen numerosas conexiones sinápticas establecidas durante el día.

La interacción social constituye otro potente estímulo para la neuroplasticidad.

Las conversaciones, actividades grupales y relaciones interpersonales activan simultáneamente múltiples redes neuronales.

El control adecuado de enfermedades cardiovasculares y metabólicas contribuye igualmente a preservar la función cerebral.

Actualmente se investigan nuevas estrategias destinadas a potenciar la neuroplasticidad durante el envejecimiento.

Entre ellas destacan terapias basadas en factores neurotróficos, programas avanzados de entrenamiento cognitivo, estimulación cerebral no invasiva, tratamientos antioxidantes, moduladores de la neuroinflamación, terapias celulares y estrategias dirigidas a estimular la neurogénesis.

Estos avances representan una prometedora línea de investigación para retrasar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento.

Conclusión

En conclusión, la reducción de la neuroplasticidad constituye uno de los cambios funcionales más importantes del sistema nervioso durante el envejecimiento. La disminución de conexiones sinápticas, la reducción de la neurogénesis, las alteraciones de los neurotransmisores, la menor producción de factores neurotróficos, el estrés oxidativo, la neuroinflamación y las modificaciones vasculares limitan progresivamente la capacidad del cerebro para adaptarse, aprender y reorganizar sus circuitos neuronales. A pesar de ello, el cerebro conserva un importante potencial de adaptación durante toda la vida. La actividad física, la estimulación cognitiva, una alimentación saludable, el sueño adecuado y la participación social permiten mantener activa la neuroplasticidad y favorecen un envejecimiento cerebral más saludable.

Bibliografía

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