Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 735
Autor principal (primer firmante): María Isabel Paz Rodríguez
Fecha recepción: 23/07/2026
Fecha aceptación: 19/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 735
Autores:
- María Isabel Paz Rodríguez
- Francisco Javier Ramos Alda
- Daniel Ángel Prieto Fray
- Andrea Aglio Higueras
- Eduardo Quirós Pérez
- Erica Morago Fuentes
Categoría: Enfermería, TCAE, Celador, Técnico radiodiagnóstico, Documentación sanitaria, Servicios generales
Palabras clave: diverticulitis, intestino, enfermedad, sistema digestivo, inflamación.
Introducción
La diverticulitis es una enfermedad inflamatoria del colon que, tras la resolución del episodio agudo, puede volver a aparecer en un porcentaje significativo de pacientes. Durante muchos años se creyó que la recurrencia era muy frecuente y que cada nuevo episodio aumentaba progresivamente la gravedad de la enfermedad. Sin embargo, las investigaciones más recientes han modificado esta visión. Actualmente se sabe que la mayoría de los pacientes no desarrollan múltiples recurrencias y que, cuando estas aparecen, suelen ser de intensidad similar o incluso menor que el episodio inicial. A pesar de ello, la prevención continúa siendo un objetivo fundamental del tratamiento, ya que permite disminuir la aparición de nuevos episodios, reducir las complicaciones y mejorar la calidad de vida.
Desarrollo
La recurrencia se define como la aparición de un nuevo episodio de diverticulitis tras la resolución completa del cuadro previo. Para considerar un episodio como recurrente debe existir un periodo libre de síntomas y confirmación clínica o radiológica de que la inflamación inicial ha desaparecido.
Los estudios epidemiológicos muestran que aproximadamente entre el 15% y el 30% de los pacientes presentarán al menos una recurrencia después del primer episodio de diverticulitis. La mayoría de estas recurrencias ocurren durante los cinco primeros años, especialmente en los dos primeros años posteriores al episodio inicial.
Aunque el riesgo existe, más del 70% de los pacientes no volverán a presentar un nuevo episodio de diverticulitis a lo largo de su vida, especialmente cuando adoptan medidas preventivas adecuadas.
Antiguamente se consideraba que cada nuevo episodio era más grave que el anterior y que aumentaba progresivamente el riesgo de perforación y cirugía. Sin embargo, los estudios actuales han demostrado que esta afirmación no es correcta.
En la mayoría de los pacientes, las recurrencias suelen presentar una gravedad similar o incluso inferior al episodio inicial. De hecho, el primer episodio continúa siendo el que con mayor frecuencia presenta complicaciones como abscesos o perforación.
Actualmente se considera que la gravedad del primer episodio constituye un mejor predictor del pronóstico que el número total de recurrencias.
Existen diversos factores que aumentan el riesgo de desarrollar nuevos episodios. Uno de los principales es la edad joven en el momento del primer diagnóstico. Los pacientes menores de 50 años presentan mayor probabilidad de recurrencia, probablemente porque disponen de un mayor periodo de exposición durante el resto de su vida.
Sin embargo, este mayor número de recurrencias no implica necesariamente una evolución clínica más grave.
La obesidad representa uno de los factores modificables más importantes. El exceso de grasa visceral mantiene un estado inflamatorio crónico caracterizado por el aumento de citocinas proinflamatorias como la interleucina 6 y el factor de necrosis tumoral alfa.
Además, la obesidad favorece alteraciones de la microbiota intestinal, resistencia a la insulina y cambios metabólicos que aumentan la susceptibilidad a nuevos procesos inflamatorios.
Diversos estudios han demostrado que la pérdida de peso disminuye significativamente el riesgo de recurrencia.
El tabaquismo constituye otro importante factor de riesgo. Los fumadores presentan mayor frecuencia de nuevos episodios, mayor necesidad de hospitalización y mayor probabilidad de cirugía.
El humo del tabaco altera la microcirculación intestinal, aumenta el estrés oxidativo y favorece una respuesta inflamatoria persistente que dificulta la reparación normal de la mucosa intestinal.
El abandono definitivo del tabaco constituye una de las medidas preventivas más eficaces.
La alimentación desempeña un papel fundamental tanto en la recurrencia como en la prevención.
Después de la resolución del episodio agudo se recomienda instaurar progresivamente una dieta rica en fibra. La fibra aumenta el volumen de las heces, mejora su consistencia, disminuye la presión intraluminal del colon y favorece un tránsito intestinal más fisiológico.
Las frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos constituyen las principales fuentes de fibra dietética recomendadas.
Diversos estudios han demostrado que los pacientes con mayor consumo de fibra presentan una menor incidencia de nuevos episodios inflamatorios.
Durante muchos años se recomendó evitar semillas, palomitas de maíz, frutos secos y alimentos con pequeñas partículas por temor a que pudieran alojarse en los divertículos y desencadenar inflamación.
Actualmente existe abundante evidencia científica que demuestra que estos alimentos no aumentan el riesgo de diverticulitis ni de recurrencia.
Por este motivo, las guías clínicas modernas ya no aconsejan restringir su consumo de forma sistemática.
La adecuada hidratación también resulta esencial.
El consumo suficiente de agua facilita la acción de la fibra, mejora la consistencia de las heces y disminuye el estreñimiento, reduciendo el esfuerzo defecatorio y la presión sobre la pared del colon.
La actividad física regular constituye otra medida preventiva de gran importancia.
El ejercicio mejora la motilidad intestinal, reduce el tiempo de tránsito del contenido fecal y favorece una microbiota intestinal más diversa y saludable.
Además, disminuye la inflamación sistémica, mejora el metabolismo de la glucosa y contribuye al control del peso corporal.
Las personas físicamente activas presentan una incidencia significativamente menor de diverticulitis recurrente.
La microbiota intestinal desempeña un papel cada vez más reconocido en la prevención.
En condiciones normales, el colon alberga una gran diversidad de bacterias beneficiosas que participan en la digestión de la fibra y producen ácidos grasos de cadena corta, especialmente butirato.
Estos metabolitos poseen efectos antiinflamatorios, fortalecen la barrera intestinal y regulan la respuesta inmunitaria local.
La disbiosis o alteración de la microbiota favorece la inflamación persistente y aumenta el riesgo de nuevos episodios.
Actualmente se investiga la posibilidad de modificar la microbiota mediante probióticos, prebióticos y cambios dietéticos.
Aunque algunos estudios muestran resultados prometedores, la evidencia científica todavía resulta insuficiente para recomendar su utilización rutinaria con fines preventivos.
El estreñimiento crónico constituye otro factor que debe corregirse.
Las heces duras aumentan la presión dentro del colon y favorecen el traumatismo repetido sobre la pared diverticular.
El tratamiento del estreñimiento mediante fibra, hidratación, actividad física y, cuando sea necesario, laxantes suaves puede contribuir a disminuir el riesgo de recurrencia.
Determinados medicamentos también influyen en la aparición de nuevos episodios.
Los antiinflamatorios no esteroideos aumentan significativamente el riesgo de perforación y diverticulitis complicada debido a su efecto lesivo sobre la mucosa intestinal.
Siempre que sea posible, se recomienda evitar su utilización prolongada.
Los corticosteroides, inmunosupresores y opioides también pueden incrementar el riesgo de complicaciones y recurrencias, por lo que su empleo debe individualizarse cuidadosamente.
En los últimos años se ha investigado el posible beneficio de algunos tratamientos farmacológicos preventivos.
La rifaximina, un antibiótico de escasa absorción intestinal, ha sido estudiada por su capacidad para modificar la microbiota.
Algunos trabajos muestran una ligera reducción de las recurrencias cuando se administra de forma cíclica junto con dieta rica en fibra, aunque la evidencia continúa siendo insuficiente para recomendar su uso sistemático.
La mesalazina también fue evaluada debido a sus propiedades antiinflamatorias.
Sin embargo, los grandes ensayos clínicos no demostraron beneficios consistentes en la prevención de recurrencias, motivo por el cual actualmente no se recomienda de forma rutinaria.
Los probióticos representan otra línea de investigación.
Algunas cepas bacterianas podrían favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal y disminuir la inflamación de bajo grado.
No obstante, los resultados disponibles siguen siendo heterogéneos y todavía no existen recomendaciones firmes sobre su utilización preventiva.
La cirugía preventiva también ha cambiado considerablemente.
Hace varias décadas se indicaba la resección del colon tras dos episodios de diverticulitis. Actualmente esta recomendación ha sido abandonada.
La decisión quirúrgica debe individualizarse considerando la gravedad de los episodios, la calidad de vida del paciente, la presencia de inmunodepresión, las complicaciones desarrolladas y el riesgo quirúrgico.
Las recurrencias leves por sí solas no justifican una intervención quirúrgica. El seguimiento médico constituye una parte importante de la prevención.
Tras la resolución del episodio agudo suele recomendarse realizar una colonoscopia entre seis y ocho semanas después, especialmente si no existen estudios endoscópicos recientes.
Esta exploración permite descartar cáncer colorrectal, enfermedad inflamatoria intestinal y otras patologías que pueden simular diverticulitis.
Posteriormente, el seguimiento dependerá de la evolución clínica y de los factores de riesgo individuales.
La educación sanitaria desempeña un papel fundamental.
Los pacientes deben conocer los síntomas sugestivos de recurrencia, como dolor persistente en la fosa ilíaca izquierda, fiebre, alteraciones del tránsito intestinal y empeoramiento del estado general.
La consulta precoz ante la aparición de estos síntomas facilita el diagnóstico temprano y disminuye el riesgo de complicaciones.
La prevención también incluye el control de enfermedades asociadas como obesidad, diabetes mellitus, hipertensión arterial y síndrome metabólico.
El adecuado control de estas patologías reduce la inflamación sistémica y mejora la respuesta inmunitaria del organismo.
Las investigaciones actuales continúan explorando nuevos mecanismos implicados en la recurrencia.
Entre ellos destacan los estudios sobre alteraciones del colágeno, remodelado de la matriz extracelular, predisposición genética, biomarcadores inflamatorios y composición de la microbiota intestinal.
La Medicina personalizada permitirá probablemente identificar en el futuro a los pacientes con mayor riesgo de recurrencia y establecer medidas preventivas adaptadas a cada individuo.
Asimismo, se investigan nuevas terapias dirigidas específicamente a modular la inflamación intestinal, restaurar la barrera mucosa y favorecer el equilibrio microbiano sin recurrir al uso prolongado de antibióticos.
Conclusión
En conclusión, la recurrencia de la diverticulitis constituye una posibilidad relativamente frecuente, aunque afecta únicamente a una parte de los pacientes y la mayoría de los nuevos episodios presentan una evolución favorable. La prevención se basa principalmente en la modificación del estilo de vida mediante una alimentación rica en fibra, adecuada hidratación, ejercicio físico regular, control del peso corporal, abandono del tabaquismo y evitación del uso innecesario de antiinflamatorios no esteroideos. El seguimiento clínico adecuado, la educación sanitaria y la individualización del tratamiento permiten reducir significativamente el riesgo de nuevos episodios y mejorar la calidad de vida de los pacientes con enfermedad diverticular.
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