Índice
- 1 Resumen
- 2 Introducción
- 3 Recepción de la queja: el primer momento importa
- 4 Registro formal y clasificación
- 5 Análisis interno: buscar la raíz sin buscar culpables
- 6 Respuesta al usuario: claridad, no burocracia
- 7 Implementación de mejoras: donde realmente cambia algo
- 8 Cierre y evaluación continua
- 9 Conclusión
- 10 Bibliografía
Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 12–Diciembre 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 12: 1253
Autor principal (primer firmante): Jesús Soler Pérez
Fecha recepción: 02/12/2025
Fecha aceptación: 28/12/2025
Ref.: Ocronos. 2025;8(12): 1253
Autores:
- Jesús Soler Pérez
- Pilar Salvador Aldana
- Almudena Díaz Prieto
- Begoña García Lon
- Rosa María López Rodero
- Daniel Cantero López
Categoría:
Celador, Gestión y servicios, TCAE
Resumen
Las quejas y reclamaciones en los servicios sanitarios no son solo un buzón de desahogo; son una brújula que señala dónde mejorar. Este artículo analiza, de forma clara y humana, cómo deben gestionarse estos procesos para garantizar una atención segura, respetuosa y centrada en la persona. Se describen los pasos esenciales del protocolo, la importancia del registro, la comunicación eficaz y el seguimiento final. Todo ello con un enfoque práctico que facilita su aplicación real en hospitales y centros de salud.
Palabras clave:
Quejas, reclamaciones, protocolo sanitario, seguridad del paciente, gestión asistencial.
Introducción
Todos los que trabajamos cerca del mundo sanitario sabemos que las quejas llegan cuando algo se tuerce. A veces por un malentendido. A veces por una espera larga. O por esa sensación —tan humana— de no sentirse escuchado. Las reclamaciones no son un ataque personal, aunque a veces duelan. Son, más bien, como esas señales rojas en el salpicadero: avisan de que algo necesita atención.
Tener un protocolo claro no solo ordena el proceso, sino que protege al paciente y también al profesional. Y, lo más importante, evita que un problema pequeño se convierta en una bola de nieve.
Recepción de la queja: el primer momento importa
Cuando una persona decide expresar una queja, suele venir con un cóctel de emociones: frustración, cansancio, miedo…
Por eso, el primer paso es simple pero crucial: escuchar.
La recepción debe hacerse con una actitud tranquila, sin interrumpir y sin adoptar una postura defensiva. Una frase tan sencilla como “entiendo que esto le haya molestado, vamos a revisarlo juntos” puede bajar la tensión más que cualquier procedimiento escrito.
En esta fase se deben recoger datos clave: identificación del usuario, descripción del hecho, lugar, fecha y posibles testigos. Cuanto más claro quede aquí, menos confusiones habrá después.
Registro formal y clasificación
Aquí empieza la parte “técnica”. Una vez recogida la queja, debe registrarse en el sistema oficial del centro.
¿Por qué es tan importante? Porque lo que no se registra… se pierde. Y lo que se pierde, no se mejora.
Tras el registro, la queja debe clasificarse:
- Asistencial
- Administrativa
- Relacionada con trato personal
- Organizativa
- Otras categorías específicas del centro
Esta clasificación permite derivarla al responsable adecuado y analizar patrones a largo plazo.
Análisis interno: buscar la raíz sin buscar culpables
Aquí es donde el protocolo demuestra su valor.
Un análisis serio no se queda en “esto pasó porque alguien se equivocó”. La mirada debe ir más hondo: ¿falló la comunicación? ¿el proceso? ¿los recursos? ¿la coordinación entre equipos?
Investigar una reclamación es un poco como revisar un motor: no basta con oír el ruido, hay que abrir la tapa y ver de dónde viene.
El responsable del área implicada debe aportar información, revisar documentación asistencial y, si es necesario, entrevistar al personal.
Lo ideal es que el análisis se haga en un plazo razonable —normalmente entre 7 y 15 días— para no dejar al usuario en el limbo.
Respuesta al usuario: claridad, no burocracia
La respuesta es la cara final del proceso. Y hay algo que siempre repito (porque funciona): una buena explicación calma más que una respuesta perfecta pero fría.
La comunicación debe ser:
- Clara
- Respetuosa
- Sin tecnicismos
- Con información suficiente, pero sin vulnerar la confidencialidad de los profesionales
La persona debe comprender qué se investigó, qué conclusiones se obtuvieron y si se han tomado medidas de mejora.
Implementación de mejoras: donde realmente cambia algo
Una queja mal gestionada se queda en papel. Una bien gestionada genera cambios reales.
Aquí entra la parte más transformadora del protocolo: implantar mejoras para evitar que el problema se repita. Puede ser una revisión del circuito asistencial, una formación al personal, un ajuste en los tiempos o, a veces, algo tan sencillo como mejorar la señalización interna.
Lo importante es documentarlo y darle seguimiento.
Cierre y evaluación continua
El cierre del caso no significa que el centro “se olvide”.
Tras la resolución, el equipo de calidad debe revisar periódicamente los registros, detectar tendencias y valorar si las acciones aplicadas están teniendo efecto.
Se trata de mirar las quejas como un mapa vivo del servicio: cambian, se repiten, avisan.
Conclusión
Las quejas y reclamaciones no deberían verse como un problema, sino como una oportunidad extraordinaria para ajustar la brújula del sistema sanitario hacia una atención más humana y eficaz. Un protocolo bien aplicado ayuda a que cada caso, incluso los difíciles, se convierta en un aprendizaje. Escuchar, registrar, analizar, responder y mejorar… pasos sencillos que, bien hechos, transforman la calidad asistencial y fortalecen la confianza entre profesionales y pacientes.
Bibliografía
- Martín-Santos M, López J, Roldán A. Gestión de reclamaciones sanitarias en hospitales públicos. Rev Calid Asist. 2021;36(4):201-8.
- Pérez-Ruiz L, Gómez V. Protocolos de atención al usuario en servicios de salud. Salud Publica. 2020;45(2):115-22.
- Herrera P, Molina F. Seguridad del paciente y comunicación asistencial. Evid En Salud. 2019;17(3):89-96.
- Sánchez B, Torres M. Análisis y respuesta a quejas en atención primaria. Gest Sanit. 2022;30(1):33-40.



