Importancia de la profilaxis en el personal sanitario. Una revisión bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 5–Mayo 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº5: 80

Autor principal (primer firmante): Nuria Huerta González

Fecha recepción: 12 de Abril, 2021

Fecha aceptación: 9 de Mayo, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(5): 80

Autora: Nuria Huerta González

Resumen

INTRODUCCIÓN: La profilaxis realizada principalmente a través del proceso de vacunación, ante las principales enfermedades, es un protocolo a seguir en todos los centros sanitarios, además del establecimiento de medidas a realizar en los centros a través de la limpieza, desinfección y esterilización de materiales u objetos, sin olvidar la asepsia y antisepsia destinada a los pacientes y el propio personal sanitario como medidas profilácticas para el control de infecciones, entre otras.

OBJETIVO: Describir los diferentes tipos de vacunas que deben aplicarse los profesionales que trabajan en el ámbito sanitario.

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METODOLOGÍA: Se llevó a cabo una revisión bibliográfica de la literatura científica existente a través de las bases de datos Elsevier y Google Académico utilizando como descriptores las palabras clave: profilaxis, vacunas, personal sanitario, prevención, infección, precauciones universales. Se consultaron diversos libros y revistas científicas sobre el tema tratado, así como diferentes páginas web.

RESULTADOS: La vacunación de los profesionales sanitarios ha de realizarse de forma reglada e integrada en la vigilancia sanitaria de su estado de salud. Se recomienda mantener un registro activo y actualizado anualmente de la situación vacunal del personal sanitario. Las coberturas de vacunación conseguidas en España entre los trabajadores sanitarios no siempre son las adecuadas. Esto es debido fundamentalmente a una baja percepción del riesgo de enfermedad y a dudas sobre la efectividad y seguridad de determinadas vacunas (p.ej. vacuna frente a la gripe), por parte del personal sanitario. La formación e información periódicas de todo el personal sanitario en los aspectos básicos de las vacunaciones, así como en el caso de la vacunación frente a la gripe estacional, resultan esenciales para aumentar la aceptación de la vacunación en este colectivo.

CONCLUSIONES: El personal sanitario como conocedor de las medidas establecidas debe ponerlas en marcha como requisito imprescindible en cualquier situación por mínima que sea. Para evitar cualquier tipo de infecciones.

Introducción

La lucha contra las infecciones que rodean el ámbito hospitalario donde está inmerso el paciente, es importante, y más aún el tomar medidas preventivas para evitar un agravamiento de su situación. Tan importante es este aspecto como la propia prevención hacia el personal sanitario que se ocupa de los pacientes, tanto para evitar la transmisión de enfermedades como para evitar su infestación en ellos mismos.

Por este motivo se hace necesaria la profilaxis general del personal que trabaja en centros hospitalarios pues en un alto porcentaje evita cuanto menos, el agravamiento de situaciones que en otro caso llevarían incluso a la muerte de las personas.

La profilaxis también denominada prevención, está conformada por todas aquellas acciones de salud que tienden a evitar la aparición o transmisión de enfermedades e incluso de agravamiento de éstas en personas susceptibles de padecerlas, evitando así la infección.

La profilaxis realizada principalmente a través del proceso de vacunación, ante las principales enfermedades, es un protocolo a seguir en todos los centros sanitarios, además del establecimiento de medidas a realizar en los centros a través de la limpieza, desinfección y esterilización de materiales u objetos, sin olvidar la asepsia y antisepsia destinada a los pacientes y el propio personal sanitario como medidas profilácticas para el control de infecciones, entre otras.

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Las precauciones universales se basan en medidas simples, de fácil aprendizaje y manejo, que van a disminuir gran parte de las infecciones. Todo el personal sanitario deberá utilizar de manera rutinaria estas precauciones de barrera destinadas a prevenir la exposición a la sangre y a los líquidos orgánicos indicados. Debe evitarse el contacto directo con líquidos orgánicos de toda persona atendida en el centro sanitario (sangre, secreciones vaginales, líquido amniótico, leche materna, semen, líquido cefalorraquídeo, líquido sinovial, etc.).

Las principales medidas profilácticas que se deben llevar a cabo son:

  • Lavarse las manos después de explorar a cualquier paciente.
  • El uso de guantes limpios o estériles cuando la situación lo requiera.
  • No utilizar los mismos guantes para distintos pacientes.
  • No reutilizar los guantes desechables.
  • Aplicar las medidas preventivas universales, en relación a la manipulación de residuos biológicos, corporales, sangre, etc.

El mantener registros sobre evaluaciones médicas, inmunizaciones, exposiciones, profilaxis postexposición y pruebas de criba, preferentemente informatizados y fácilmente accesibles permite monitorizar de forma efectiva la salud de los empleados, y asegura la pertinencia de los servicios de prevención de riesgos laborales que se ofrecen a los trabajadores del ámbito de la salud.

Para asegurar el que todos los profesionales tengan capacidad y actitud para evitar la transmisión de enfermedades por fluidos orgánicos, es imprescindible difundir las formas de prevención, por medio de programas de formación continuada o por otras actividades.

En estos programas se debe considerar:

  • El riesgo profesional de contagio de estas infecciones.
  • La importancia de respetar siempre las precauciones estándar.
  • La necesidad de la vacuna contra la hepatitis B.
  • Cómo actuar y a quién acudir en caso de sufrir un accidente con material contaminado.

Una vez que ha ocurrido una exposición a material contaminado, se deben aportar las medidas que se describen a continuación:

  • Tratamiento local de la zona afectada.
  • Evaluación de las características del accidente y, en su caso, selección de la profilaxis post-exposición adecuada.
  • Registro del accidente y seguimiento de la persona expuesta.

Tras el contacto se debe lavar la piel en la zona afectada con agua y jabón. No se ha demostrado que el uso de jabones antisépticos suponga una mayor protección frente al VIH, aunque no está contraindicado. Sí debe evitarse el empleo de agentes irritantes, como la lejía. Las mucosas afectadas deben aclararse abundantemente con agua.

El profesional afectado debe buscar asistencia según lo establecido en los protocolos de cada centro. Habitualmente, y por razones de accesibilidad las 24 horas y los fines de semana, los servicios de Urgencias suelen ser el primer punto de asistencia en estos casos, aunque luego el manejo de la medicación, especialmente la antirretroviral, corre a cargo de servicios experimentados, como Enfermedades Infecciosas o Medicina Interna.

Debe evaluarse el riesgo de infección según la cantidad y la naturaleza del fluido implicado, según la exposición y según la sospecha o certeza de que la fuente de la exposición sea positiva a alguno de los gérmenes de transmisión por fluidos, lo cual determinará la actitud posterior.

Deben registrarse los accidentes y sus características, tanto por motivos de posible repercusión legal en caso de que la persona expuesta se positivizase, como con el fin de definir y atajar las situaciones de mayor riesgo.

Para documentar la posible positivización y tomar, en su caso, las medidas oportunas, se recomienda pedir pruebas en el momento del accidente y a los seis meses. En el caso de la hepatitis C, las pruebas que se deben solicitar son: serología VHC (virus hepatitis C) y actividad ALT. Para el VIH, serología de VIH.

El control de la población sana, ante determinadas enfermedades transmisibles, viene determinada por la prevención, es decir, la profilaxis de manera específica o de disposición, apoyada fundamentalmente en la inmunización, sobre todo de los grupos de riesgo, de forma activa o pasivamente.

Ante este hecho no se debe olvidar la educación para la salud, como un valor a seguir en muchas de las enfermedades transmisibles que nos rodean, y de la que no se tiene una inmunización activa y eficaz, al igual que las medidas higiénicas individuales fundamentales y de máximo interés para todos.

Las ventajas de la profilaxis ante determinadas enfermedades transmisibles deben buscarse en los beneficios derivados de la disminución de la morbimortalidad y de la reducción de las complicaciones que se derivan de las mismas.

Cuando se determina un programa de profilaxis deben tenerse en cuenta al menos algunos aspectos, como son:

  1. Categoría de las personas que se deben cubrir, edad, factores de riesgo, etc.
  2. Los fármacos que se deben utilizar.
  3. Dosis que se deben aplicar.
  4. Duración del tratamiento, etc.
  5. Algo fundamental a tener en cuenta son los efectos adversos, secundarios o tóxicos del fármaco.

Objetivos

Objetivo general

  • Describir las principales medidas profilácticas que deben llevar a cabo los profesionales que trabajan en el ámbito sanitario.

Objetivos específicos

  • Enumerar las principales vacunas que deben aplicarse los profesionales sanitarios.
  • Detallar las pautas recomendadas en la profilaxis específica del personal sanitario.

Metodología

Se llevo a cabo una revisión bibliográfica de la literatura científica existente a través de las bases de datos Elsevier y Google Académico utilizando como descriptores las palabras clave: profilaxis, vacunas, personal sanitario, prevención, infección, precauciones universales Se consultaron diversos libros y revistas científicas sobre el tema tratado, así como diferentes páginas web. Se seleccionaron estudios publicados en los últimos 20 años, tanto en castellano como en inglés.

Los criterios de selección empleados fueron los siguientes:

Criterios de inclusión

  • Fecha de publicación: últimos 20 años.
  • Idioma: castellano o inglés.
  • Disponibilidad: Gratuito y en texto completo.
  • Temática: Directamente relacionada con la profilaxis en el personal sanitario.

Criterios de exclusión

  • Fecha de publicación: anterior al año 2000.
  • Idioma: Cualquier idioma que no fuese castellano e inglés.
  • Disponibilidad: Se descartaron todos los artículos que no estuviesen publicados en texto completo.
  • Temática: Se excluyó toda la información que no estaba directamente relacionada con el tema en estudio.

Resultados

Hepatitis

La mayoría de los pacientes con hepatitis vírica aguda no necesitan ingreso, pero en caso de ser así, este ingreso se producirá en la fase aguda de la enfermedad, recomendándose reposo, cuidando la dieta alimentaria, aunque este aspecto no es necesario en todos los casos, a menos que se presente otra patología asociada a la enfermedad.

Es recomendable no administrar fármacos que afecten a nivel hepático, especialmente los sedantes y los antitérmicos, ya que pueden provocar alteraciones del nivel de conciencia y dificultar su diagnóstico. El aislamiento del enfermo dependerá de la hepatitis diagnosticada.

La profilaxis de la hepatitis se ha basado principalmente en la administración de inmunoglobulina inespecífica para la hepatitis A y de inmunoglobulina hiperinmune para la hepatitis B. Estas evitan o atenúan la infección viral produciendo infecciones asintomáticas.

Hepatitis A

Las medidas fundamentales son el control de la potabilidad del agua de consumo, la correcta eliminación de aguas residuales y la educación sanitaria centrándose sobre todo en el lavado de manos principalmente después de defecar y antes de la preparación de alimentos.

Se deben desinfectar las heces del enfermo y todos los objetos que hayan estado en contacto con ellas.

El tratamiento debe basarse en medidas sintomáticas y de régimen de vida.

La inmunoprofilaxis utilizada de forma pasiva es la gammaglobulina humana inespecífica y la activa es a través de vacunas de virus inactivados o, en su caso, atenuados.

Hepatitis E

Se deben aplicar las mismas medidas que en la Hepatitis A.

Es aconsejable el aislamiento entérico del paciente. No existe un tratamiento específico ni vacuna, para este tipo. La profilaxis principal son las medidas higiénicas.

Hepatitis B

Debemos evitar el contacto con sangre infectada. Se deben evitar conductas de riesgo. El lavado de las manos es fundamental siempre que se toquen objetos no identificados con el paciente, ante la manipulación de alimentos, etc.

Hepatitis C

La principal medida profiláctica es el cribado de anti VHC en donantes de sangre.

Ante este tipo de hepatitis no se ha demostrado la eficacia de la inmunoglobulina estándar en su prevención postransfusional. Actualmente no se dispone de una vacuna específica eficaz.

Este cribado se realiza mediante el test de ELISA de primera, segunda y tercera generación y con él se puede disminuir el número de casos de hepatitis C.

Hepatitis D

El tratamiento y diagnóstico oportunos de la infección por hepatitis B pueden ayudar a prevenir la hepatitis D.

Debe evitarse el consumo de drogas por vía intravenosa, pero si se hace, hay que abstenerse de compartir agujas.

Existe una vacuna disponible para la prevención de la hepatitis D. Los adultos que estén en alto riesgo de contraer la infección por hepatitis D y todos los niños deben considerar la posibilidad de hacerse aplicar esta vacuna.

VIH

Principal medida profiláctica es evitar el contagio mediante la adopción de medidas de seguridad universal, ante la exposición de los riesgos. Se han establecido tres niveles de riesgo, definidos por la vía o el tipo de exposición, el estado serológico de la fuente, la práctica de riesgo y los factores de riesgo añadidos. En los casos con riesgo apreciable, la profilaxis estaría recomendada, en los de bajo riesgo podría ser considerada y en los de riesgo mínimo se desaconsejaría. En cualquier caso, estaría indicado realizar el seguimiento de la persona expuesta.

La decisión de administrar tratamiento antirretroviral como profilaxis postexposición deberá ser tomada por el médico y el paciente de forma individualizada y conjunta. La profilaxis se debe iniciar lo antes posible, idealmente dentro de las primeras seis horas. El periodo de tiempo tras la exposición dentro del cual se aconseja administrar el tratamiento es de 48-72 horas. Aunque sin evidencias claras, se considera que la efectividad de este tipo de profilaxis disminuye rápidamente tras la exposición. A las personas que acudan pasado este periodo de 48-72 horas se les realizará igualmente un seguimiento, que detallaremos más adelante. La profilaxis postexposición al VIH con antirretrovirales se aconsejaría únicamente a personas que tengan exposiciones de riesgo de forma esporádica y excepcional. En el caso de aquellas personas que tengan exposiciones repetidas se les desaconsejará la profilaxis postexposición y se les informará de los riesgos y de las medidas de prevención que deben adoptar para disminuirlos.

No obstante, toda persona atendida con ocasión de una exposición al VIH debe recibir una adecuada información sobre las prácticas de riesgo y las medidas de prevención.

Pautas recomendadas en la profilaxis postexposición al VIH:

  • Siempre que se recomiende o se considere iniciar una pauta de PPE se habrán de administrar las dosis diarias adecuadas durante 4 semanas, incluyendo siempre alguna de las combinaciones siguientes antirretrovirales:
    • Dos inhibidores de la transcriptasa inversa nucleósidos (ITIN) y un inhibidor de la proteasa (IP).
    • Dos inhibidores de la transcriptasa inversa nucleósidos (ITIN) y un inhibidor de la transcriptasa inversa no nucleósido (ITINN).
  • La pauta escogida debería ser matizada por la historia farmacológica y la situación clínica de la persona fuente.

Tétanos

Existen dos maneras importantes para prevenir el tétano: vacunarse contra el tétano, junto con otras inmunizaciones de rutina, o recibir una vacuna después de sufrir una herida que podría provocar tétano (profilaxis contra el tétano posterior a la exposición).

En el caso de los niños, la inmunización contra el tétano forma parte de las vacunas DTa (difteria, tétano y pertusis acelular). Se suele aplicar una serie de cuatro dosis de DTaP antes de los dos años, seguida de una dosis de refuerzo entre los 4 y los 6 años de edad. Después, se recomienda aplicar una dosis de refuerzo (Tdap) entre los 11 y los 12 años, y en la edad adulta, un refuerzo de la vacuna antitetánica y difteria cada 10 años. Establecer que los niños no salten las visitas al pediatra, para que las inmunizaciones sean aplicadas a tiempo.

Como en el caso de todos los programas de inmunización, existen importantes excepciones y circunstancias especiales. El médico contará con la información más actualizada.

La profilaxis contra el tétano después de la exposición a la bacteria también consiste en vacunas, pero que se aplican cuando hay una herida presente. Las vacunas que se aplican dependen de la cantidad de años que hayan transcurrido desde que el paciente recibió el último refuerzo, de la cantidad total de vacunas antitetánicas que haya recibido y de la naturaleza de la herida. Es posible que el médico recomiende aplicar un refuerzo de la vacuna antitetánica (Td, DTap, o Tdap, según la edad del paciente y las inmunizaciones previas) y/o las inyecciones de inmunoglobulina antitetánica (TIG) para neutralizar cualquier toxina liberada por la bacteria.

Cualquier herida (en especial las punzantes y profundas o las heridas que puedan contaminarse con heces, tierra o saliva) en la piel se debe limpiar y cubrir inmediatamente. Si bien es importante limpiar todas las heridas, la limpieza no reemplaza a la inmunización.

El toxoide tetánico se administra en dosis de 0.5 ml, ya sea en su presentación monovalente o en las combinadas. Debe administrarse por vía intramuscular, ya que se ha relacionado el uso de la vía subcutánea profunda con un mayor número de reacciones adversas locales.

Tuberculosis

Las medidas de prevención contempladas son el aislamiento respiratorio y las medidas de control del aire ambiente (Sánchez-Arcilla).

Aislamiento respiratorio:

Los enfermos con un mayor potencial infeccioso son los diagnosticados de tuberculosis pulmonar o laríngea, con baciloscopia positiva, tos productiva o cavitación pulmonar.

El inicio del aislamiento está indicado en:

  • Sospecha de tuberculosis (TBC) pulmonar o de vía aérea tinción positiva para microbacterias.
  • Paciente en espera de confirmación bacteriológica y con lesiones pulmonares no diagnosticados y sospecha de tuberculosis en un paciente VIH +, o clínica respiratoria sospechosa y antecedentes de tuberculosis resistente, mal tratada o postexposición.

Para la reducción de la contaminación del aire, más eficaz es la ventilación correcta.

Cuando las medidas ambientales no son suficientes se deben utilizar las medidas de protección respiratoria.

Las características de las mascarillas a utilizar deben ser principalmente la de filtrar partículas de una micra de tamaño, con una eficiencia de más del 95% para flujos de aire superiores a 50 litros/minuto.

Según el Consenso Nacional para el control de la tuberculosis en España la vacunación con BCG no está justificada de forma sistémica. No obstante, podría considerarse su utilización de forma individualizada en personal sanitario de alto riesgo, sobre todo si hay una alta proporción de aislamientos resistentes a Isoniacida y Rifampicina.

Debe excluirse del puesto de trabajo al personal con enfermedad tuberculosa pulmonar o laríngea hasta que se haya puesto el tratamiento adecuado, no tosa y se hayan documentado.

Gripe

Medidas generales para disminuir el riesgo de transmisión:

  1. Se recomienda como medida fundamental el lavado de manos siempre que se ha estado en contacto con un paciente en su ambiente.
  2. De sospecharse casos de influenza en centros de atención ambulatoria o de urgencia, es recomendable el manejo del paciente en forma ambulatoria, en la medida que ello sea posible.
  3. En caso de un paciente hospitalizado con influenza, se recomienda aislamiento respiratorio, en pieza individual o en cohorte, por 5 días después de iniciado el tratamiento.
  4. Restringir las visitas al paciente, sobre todo en personas susceptibles (no vacunadas).

La vacunación es la principal medida preventiva contra la gripe. La vacuna anti-influenza es una vacuna trivalente, compuesta por tres virus inactivados, fraccionados y desprovistos de lípidos reactogénicos, lo que la hace una vacuna de buena calidad inmunógena y con muy pocos efectos secundarios a su administración.

Conclusiones

La complicación o inquietud principal que presenta el personal sanitario es el desconocimiento que se puede presentar ante las diferentes enfermedades transmisibles. Es por ello que las medidas preventivas alcanzan tanta importancia para el personal que debe manipular sustancias orgánicas, corporales, residuos, etc., de igual manera debe prestar cuidado ante la manipulación de objetos y materiales contaminados, poniendo en práctica las precauciones universales establecidas en los centros hospitalarios.

El personal sanitario como conocedor de las medidas establecidas debe ponerlas en marcha como requisito imprescindible en cualquier situación por mínima que sea. Para evitar cualquier tipo de infecciones.

Bibliografía

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  3. www.pediatraldia.cl/01BODEGA1/ Gripe%20%20influenza.htm.