Evaluación farmacéutica de principios activos para controlar la hiperhidrosis

Autora: Ane Barrutia Guenaga, licenciada en farmacia

Palabras clave; hiperhidrosis, olor corporal, antitranspirante, desodorante.

Secreción sudoral

La secreción sudoral engloba una serie de secreciones producidas por dos tipos de glándulas sudoríparas (ecrinas y apocrinas) que se mezclan con las producidas por las glándulas sebáceas y con la denominada «pérdida de agua insensible» o transpiración.

El sudor es inodoro o de olor prácticamente imperceptible; su descomposición por acción de la flora bacteriana saprófita de la piel conduce a la formación de componentes que, en razón de su estructura química, volatilidad, etc., confieren un olor desagradable, especialmente en el entorno de aquellas zonas con mayor densidad de glándulas sudorales (zonas palmo-plantares y axilares).

Posibles alteraciones en la cantidad de sudor producida (por exceso), originan el fenómeno de la hiperhidrosis que, además de acelerar y acentuar el problema del olor corporal, conlleva otros problemas de índole «social». En numerosas ocasiones los pacientes acuden primero al farmacéutico para tratar de solucionar el problema, de ahí la importancia del criterio crítico a la hora de escoger el mejor remedio como parte de una atención farmacéutica integral.

No obstante, el facultativo diagnosticará la etiología del problema, que en casos graves puede, incluso, incapacitar al paciente para una vida normal, y establecerá el tratamiento más adecuado en cada caso. Por ejemplo, anticolinérgicos asociados o no a antidepresivos, tranquilizantes y/o a tratamientos tópicos cosméticos (astringentes, desodorantes). También pueden ser tratamientos dermatológicos a dosis y/o con activos diferentes a los autorizados por la legislación vigente de cosmética. Actualmente, se obtienen buenos resultados mediante terapéutica física (diferentes modalidades de iontoforesis) (1).

Mecanismos de acción para controlar el sudor

Los métodos físicos se basan en la eliminación mecánica de la suciedad (lavados jabonosos), ya que la higiene diaria habitual puede resultar insuficiente. Por otro lado, los métodos químicos se basan en el empleo de activos que reducen o eliminan la secreción sudoral, como desodorantes, inhibidores enzimáticos, absorbentes o correctores de olores, anticolinérgicos (medicamento). El farmacéutico debe conocer estos activos para poder valorar la eficacia de cada producto y adaptarse a la patología de cada paciente (2).

Antitranspirantes (3-5)

Son las sustancias destinadas a limitar la secreción sudoral molesta de axilas, pies y manos por mecanismos de obstrucción parcial y temporal del orificio de los conductos excretores de las glándulas sudoríparas. Deben reducir la cantidad de sudor excretado sin bloquear, totalmente, la transpiración natural. Se consideran eficaces cuando la reducción de sudoración es > 20%.

Entre estas sustancias, podemos distinguir:

  • Clorhidróxidos de aluminio: la concentración máxima autorizada por la legislación cosmética es del 20%. Exclusivamente para uso tópico y nunca en forma de aerosoles por su potencial toxicidad al ser inhalados.
  • Complejos de los clorhidratos con emolientes: Capaces de mitigar la irritación que puedan producir. Entre éstos pueden citarse:
    • Alcloxa®: complejo alantoína-clorhidrato de aluminio.
    • Clorhídrex®: complejo propilenglicol-clorhidrato de aluminio.
  • Clorhidróxidos mixtos de aluminio y circonio: Tiene condiciones restrictivas. La concentración máxima del producto terminado es del 20%, del que no hay más del 5,4% de circonio. No se debe aplicar en piel irritada o dañada. Estos complejos con glicina son menos irritantes.
  • Otros antitranspirantes:
  • Fenolsulfonato de zinc (máx. al 6%)
  • Glutaraldehido (máx. al 0,04%).
  • Sulfato de 8-hidroxiquinoleína (máx. al 0,1%)

Desodorantes (3-5)

Eliminan el mal olor corporal por acción antimicrobiana al impedir la proliferación de los microrganismos de la piel o el mecanismo por el que éstos metabolizan las sustancias secretadas por el sudor en moléculas volátiles de olor desagradable. También pueden neutralizar el olor mediante formación de sales o por complejación de las moléculas que lo poseen.

Estas son las sustancias con capacidad de realizar algunos de estos mecanismos:

  • Triclosán (Irgasan DP300®). Empleado en lociones, jabones líquidos, emulsiones y sticks. Autorizado a concentración < 0,3% en cosméticos.
  • Triclorocarbanilida (TCC). Muy empleado, particularmente, en jabones desodorantes. Concentración máxima autorizada: 0,5%.
  • Bromoclorofeno. Se emplea en formulación de sticks y jabones desodorantes. Concentración máxima autorizada: 0,1%.
  • Farnesol. Líquido oleoso, incoloro, de olor agradable, presente en aceites esenciales (rosa, acacia, etc.) y esencias de flores (tilo, azahar, etc.), con interesantes propiedades bacteriostáticas. Formulado al 0,2-0,3%.
  • Tetrabromo ortocresol. Empleado en todo tipo de formas cosméticas, sólo o combinado con otros antisépticos, desodorantes o antitranspirantes, a concentraciones entre 0,2-2%.
  • Extracto de Usnea Barbata: su acción es debida a su contenido en ácido úsnico. Polvo obtenido a partir del liquen Usnea barbata. Liposoluble, de buena eficacia desodorante, si bien respeta la flora cutánea. Concentración empleada: 0,5-2%.
  • Chitosan. Polvo hidrosoluble, obtenido a partir de quitina de exoesqueleto de crustáceos. Buena actividad desodorante. Muy bien tolerado por la piel. Concentración empleada: 0,05-0,2%.

Otras moléculas con acción desodorante (3-5)

Alcohol: Utilizado como vehículo en múltiples preparados desodorantes presenta, per se, acción antibacteriana. Si bien su principal interés en estas formulaciones reside en su poder solubilizante. Su rápida evaporación provoca al paciente una sensación de frescor, higiene y bienestar. En algunas ocasiones, un contenido importante en alcohol puede causar al usuario deshidratación de la piel o irritación local, por lo que en la actualidad se emplean, en este tipo de formulaciones, otros productos volátiles, generalmente ciclosiliconas, mejor toleradas que el alcohol, si bien no producen, per se, la sensación de frescor dado su inferior calor de vaporización.

Aceites esenciales: Algunos componentes de los aceites esenciales poseen propiedades bacteriostáticas, como vainillina, timol, isoborneol, eugenol, presentes en alta proporción en los aceites de tomillo, eucalipto o romero.

Própolis: Sustancia natural segregada por las abejas por transformación de sustancias resinosas. Posee ciertas propiedades bacteriostáticas debido a su contenido esencial, además de propiedades emolientes por su alto contenido en resinas, bálsamos y ceras. Se emplea en desodorantes al 1-10%.

Perfumes: Acción «cubriente» de olores desagradables, lo que no siempre proporciona resultados aconsejables.

Inhibidores enzimáticos (3-5)

La descomposición del sudor se debe, en gran parte, a la formación de ácidos grasos libres. El desdoblamiento enzimático de los triglicéridos en ácidos grasos libres se impide por vía tópica mediante el empleo de C12-C13 alquil lactato (Cosmacol ELI®) o esteres trietílicos del ácido cítrico (Hydagen deo®). La hidrólisis de éstos reduce el pH de la zona de aplicación, lo que permite la inactivación de una serie de enzimas (esterasas) que actúan en las cadenas de degradación metabólica de diversos microorganismos de la flora cutánea.

Absorbentes de olores (3-5)

Por ejemplo, el ricinoleato de cinc. Actúa por formación de complejos con numerosos compuestos orgánicos (grupos amino, amido, aldehido, tioéter o mercapto), usuales entre los componentes del sudor causante de olor desagradable. Al estar complejados, el olor desaparece. Dosis de empleo: 1,5-3%. No impide la transpiración.

Consejo farmacéutico (1,3)

  • Realizar una correcta higiene diaria (una o dos veces al día, según casos y circunstancias externas), con objeto de reducir al máximo de forma natural la proliferación bacteriana y los productos de degradación del sudor.
  • Aplicar los productos sobre la piel bien seca: ello facilita su adherencia y la localización en la zona tratada de los activos.
  • Respetar la frecuencia de aplicación recomendada por el fabricante. Un exceso puede conllevar sensibilizaciones, aparición de rojeces, picor o escozor, etc., mientras que un defecto implica necesariamente una falta de eficacia del remedio.
  • Efectuar, para los pies, baños fríos (los calientes estimulan la actividad sudoral). Eventualmente, se recomienda pulverizar la planta de los pies, los espacios interdigitales y el interior de los calcetines y zapatos con un producto específico.
  • Evitar el empleo de preparados antitranspirantes y/o desodorantes sobre pieles irritadas o después de la depilación (excepto en casos en los que el fabricante especifique lo contrario).
  • Evitar el empleo de fórmulas que contienen alcohol sobre pieles sensibles y reactivas, o en caso de exposiciones al sol.
  • Evitar la maceración en los pies. Para ello, se debe utilizar calzado abierto, si es posible, y en cualquier caso, se debe prescindir de materiales sintéticos tanto en calzado como en calcetines.
  • Cambiarse, diariamente, de ropa interior y de calcetines; es recomendable utilizar preferentemente ropa amplia y transpirable.
  • Afeitarse o depilarse el vello axilar puede atenuar el olor desagradable eferente de la modificación bacteriana del sudor, puesto que el vello axilar retiene el sudor apocrino.
  • Recomendar las presentaciones de desodorante que no comporten un contacto directo con la piel (p.ej., aerosoles), por razones obvias de higiene, si éste se comparte con toda la familia.

En conclusión, la combinación de antitranspirantes con desodorantes puede resultar una estrategia terapéutica interesante para controlar la hiperhidrosis y el mal olor derivada de esta. Ambos grupos tienen principios activos con distintos mecanismos, y es aconsejable que el producto abarque un amplio abanico de ellos. Por tanto, el farmacéutico debe conocer si los productos que indica contienen principios activos con distintos mecanismos de acción en concentraciones eficaces y seguras para poder realizar una atención farmacéutica práctica. La accesibilidad de la oficina de farmacia hace que el farmacéutico pueda realizar con asiduidad un seguimiento del paciente y considerar su derivación al médico en caso necesario.

Bibliografía

  1. Hamm H. Impact of hyperhidrosis on quality of life and its assessment. Dermatologic Clinics. 2014; 32(4):467-76. doi: 10.1016/j.det.2014.06.004.
  2. Garrote A, Bonet R. Desodorantes y antitranspirantes. Elsevier. 2005; 24(2):11-136
  3. Abrutyn ES. Antiperspirants and deodorants. Cosmetic dermatology. 2016; 18:160- 164.
  4. European Comission. Health and Consumers. [citado el 7 de mayo de 2019]. Disponible en: http://ec.europa.eu/growth/tools-databases/cosing/
  5. Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. [citado el 11 de mayo de 2019]. Disponible en:
    https://www.aemps.gob.es/ cosmeticosHigiene/ cosmeticos/ docs/ inventario_ cosmet _ junio06.pdf
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